viernes, 6 de marzo de 2015

Aguafuertes ambientales: ¿Planes de ahorro o trampa cazabobos?

Ricardo Luis Mascheroni (especial para ARGENPRESS.info)

Si bien la máxima jurídica expresa que: “Nemo auditur propiam turpitudinem allegans” (nadie puede alegar su propia torpeza), yo intentaré en mi nombre y creo que en el de muchos, fundamentar una excepción a la regla.

Esto se relaciona con el sistema extendido y aceptado por todos, sin objeciones, incluidos los organismos de control del Estado y las organizaciones de consumidores, en torno a la comercialización de automotores, entre otros bienes, mediante planes de ahorro previo.

Esta mecánica legalizada, es un atractivo imán, que por sus aparentes facilidades y conveniencias, atrae a miles de personas y que pese a las kilométricas explicaciones que brindan las comercializadoras, los adherentes no alcanzan a comprender en toda su magnitud.

Muchos aspectos se conjugan para ello; la ilusión del acceso “barato” a la posesión de un automotor; las maquinaciones desplegadas por las empresas para tal fin y nuestra propia ligereza, todo es como la luz que atrae a los insectos y los termina quemando.

No hay dudas que las empresas de planes no son inexpertas ni improvisadas, y por ello toman los recaudos para que el marketing de venta no pueda ser asociado con alguna forma de publicidad engañosa, menos de dolo y como si fuera poco cuentan con el respaldo oficial, vía las autorizaciones pertinentes, lo que garantiza la legalidad, despejando posibles acciones judiciales en su contra.

No obstante, nadie puede afirmar rotundamente que las comercializadoras no se aprovechen de la inexperiencia, ignorancia o ligereza de los consumidores, por lo menos desde lo ético, apoyados por campañas de mercadotecnia que generan una tendencia a sublimar al automotor como un paradigma de vida, al que adhieren millones de personas y que les permite obtener ganancias desproporcionadas.

Que lleva a creer a muchos, que podrán elevarse en la escala social alcanzando ese oscuro objeto del deseo, muchas veces innecesario o suntuario, y así trabajan comprometiendo su futuro frente al peso del desafío.

El destello de las primeras y reducidas cuotas iniciales diferidas, los ciega y a partir de ese momento comienzan sus penurias, las que se prolongarán a través de los años, siempre que no caigan en la imposibilidad de pago y pierdan todos sus esfuerzos y restricciones económicas y familiares.

A poco de andar, ya sea a los 6, 8 o 12 meses, nota que el valor de las cuotas se ha incrementado considerablemente y toma conciencia que además de la cuota pura actualizada, debe pagar un plus absolutamente desproporcionado por otros rubros, que rondan un porcentaje superior al 30% del valor total del bien.

No obstante el adherente se resigna y dice: “ya que estoy en el baile, tengo que bailar” y sigue haciendo el esfuerzo a costa de mayores privaciones.

Agrava la situación, el aumento descontrolado del precio de los automotores en los últimos meses, superando en casi un 100% los valores que rigen en otros países. Cómo bien ha dicho la Sra. Presidenta, la juntan con palas, pero mecánicas y viven apostando a la devaluación.

Todo este panorama se complica más, si Ud. tiene la suerte (según como se mire) de haber salido sorteado o licitado el vehículo y pide la liquidación para retirarlo. Ahí apreciará que pese a todos los años de cumplimiento riguroso de pago, el saldo es más que importante, a lo que debe sumar los siguientes gastos: derecho de adjudicación, alistaje y preentrega, prenda, flete, inscripción inicial, patente, no olvidando que el terminar de pagarlo, está el levantamiento de la prenda, todo lo cual, pesos más o menos, hace otro 15% más del monto del auto.

Al suscribir el plan, uno cree de buena fe, que el derecho de adjudicación estará incluido, ya que es como si al ganar una rifa le cobran para entregarle el premio.

Veamos: si uno compra una heladera en cuotas, cuando la va a retirar no le dicen, tiene que pagar para que le pongamos gas y un enchufe, se la dan directamente, nada de alistaje y preentrega, menos le exigen que pague el flete desde Tierra del Fuego u otra zona de producción, hasta el lugar donde realizó la operación.

Al final, después de largos meses de espera, recibe el bien con un color que no era el elegido, a veces tampoco el modelo, y termina abonando casi un injustificado 50% más sobre el valor, rigurosamente actualizado y sobre precios que arbitrariamente fijan las terminales.

Lo dejo, piense antes de adherir a un plan de ahorros y me despido hasta la próxima aguafuertes.

Ricardo Luis Mascheroni es docente.

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