miércoles, 11 de marzo de 2015

Argentina, Córdoba. Megacausa La Perla. Rafael Velasco: “Trataban de cambiar las causas de la injusticia”

Katy García (PRENSA RED)

En la mañana de ayer declararon cuatro testigos convocados por la fiscalía y las querellas. Aportaron datos que echan luz sobre los hechos englobados en los expedientes Romero, Chechi, Maffei y Morard, sobre los que se investigan delitos de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado.

En la sala de audiencias del TOF 1, ante el tribunal integrado por los jueces Fabián Falcucci y Camilo Quiroga Uriburu y presidido por Jaime Díaz Gavier testimoniaron Sara Castro, hija de Liliana Barrios, asesinada mediante el llamado “operativo ventilador”; Marcela Mathus, estudiante de arquitectura secuestrada y luego liberada y Mary Estela Moyano, hermana de crianza de Miguel Casal, estudiante de ingeniería electrónica que permanece detenido-desaparecido. El último en ofrecer un breve pero contundente testimonio fue el ex decano de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) Rafael Velasco quien destacó el trabajo de base realizado por sus colegas víctimas de la dictadura cívico militar.

Sara Castro: “La hubieran juzgado”

Cerca del mediodía ingresó la testigo Sara Gladis Castro -hija de Liliana Barrios de Castro, secuestrada y asesinada en La Perla -quien relató que entre fines de marzo y principios de abril de 1977 un grupo de tareas secuestró a su madre. A ella y su hermano menor los dejaron solos. Tenían cuatro y casi dos años respectivamente.

Los niños fueron retirados por los abuelos paternos quienes los criaron. La testigo comentó que a los 13 años su abuela le relató lo que ella siendo pequeña vivió. Dos años vivieron en Catamarca huyendo de la persecución.

Con el pasar de los años, supo que la madre había estado en La Perla y que el cuerpo fue encontrado en una fosa común del cementerio San Vicente. Y su cuerpo le fue restituido a la familia. Alejandro Castro, el padre, militaba en el PRT-ERP.

Por un recorte del diario La Voz del Interior la familia se enteró que “tres guerrilleros habían sido abatidos en un enfrentamiento con fuerzas policiales y militares y que -la mujer- tenía tres impactos de bala”. Este tipo de procedimientos de la dictadura se conoce como “operativo ventilador” y consistía en asesinar y luego tirar los cuerpos acribillados en la vía pública.

“Me hubiese gustado que si mi mamá era culpable de algo hubiera sido juzgada. Tras las rejas, la hubiera tenido”, expresó.

Marcela Mathus: “La tiene Gastón y es un carnicero. Hay que sacarla de aquí”

La segunda testigo de la mañana relató que el 16 de abril de 1976, a eso de las 8, varias personas vestidas de civil, fuertemente armadas, ingresaron a su domicilio expresando que “eran del Comando Libertadores de América”. La retiraron del dormitorio. Rompieron una sábana y con las tiras le vendaron los ojos y trasladaron a un lugar desconocido, donde la interrogaron. Estudiaba arquitectura en la UNC. Tenía 19 años cuando ocurrió el secuestro. En ese momento trabajaba en el estudio del abogado Luis Prol como recepcionista.

Tras permanecer un par de días –sin saberlo- en el Batallón 141, la cargaron “en forma abrupta en un automóvil diciéndome que era la jefa de una célula montonera”. “Estaba aterrorizada, me llevaron a los patadones…y me tiraron en una colchoneta. Ahí pude advertir que había otra gente, unos lloraban, otros hablaban, y se quejaban”, recordó. Y prosiguió: “La pasé mal”, y dio pocos detalles sobre los tormentos recibidos.

El 23, la dejaron en libertad a media cuadra de su domicilio. Relató que a través de su amiga Laura Pagliari conoció “a una persona muy extraña, bastante mayor llamado Jaime Di Tommaso”. Fue este hombre, aviador retirado, que contaba con custodia, quien la “salvó” por medio de sus influencias.

Este testimonio expone de manera brutal un entramado de relaciones entre miembros de diferentes fuerzas. Según la exposición de la testigo Di Tommaso la ubicó y le dijo a su madre “te voy a llevar a donde está Marcela pero te tenés que olvidar del lugar y la sacamos. Quedáte tranquila”, le había dicho.

Se trataba del Batallón 141. No dejó que la viera porque estaba golpeada. “A Marcela la tiene Gastón y es un carnicero. Hay que sacarla de aquí”, dijo Di Tommaso. Y así lo hizo. (N de la R. Gastón es uno de los alias de Héctor Pedro Vergez).

“Recuerdo que cuando llegué me quería bañar. Estaba sucia, con sangre. Y justo estaba cortada el agua…”, evocó. Al día siguiente apareció Jaime y “ahí empezó una locura. Hay un antes y un después (…) Por este hombre me enteré que había estado en La Perla”, afirmó. Poco tiempo después, la conminó a que viniera a la casa de su amiga Laura porque quería presentarle a una persona.

Como el SIDA

“Estaba aterrorizada, temblaba como un papel”, rememoró. Ingresaron a la casa de Laura tres hombres y hablaron con Jaime a puertas cerradas. Uno de ellos, contó, le dijo “chau Magdalena”, burlándose. Ella, afirmó, que “cuando no dormía lloraba, todo el tiempo”.

La mujer comparó a la dictadura con el SIDA porque “al principio afectó a los grupos de riesgo y luego a toda la sociedad. Yo no tenía ninguna militancia, solo una estrecha amistad con el doctor Luis Prol”, señaló.

Reveló que su vida cambió para siempre tras la situación vivida. No pudo seguir estudiando y la afectó psicológicamente.

También recordó a un hombre corpulento, rubio, de ojos claros que le dijo “esto es una guerra (…) una bomba no cae dos veces en el mismo lugar”. Y sin más le recordó que ella “nació el día que la liberaron”. Así se lo dijo quien se erigió en su responsable, un tal Coco Pedrotti.

Cuando finalizó dijo unas palabras de agradecimiento para sus sobrinas, hermana, y para Luis Prol que la acompañó y le dio fortaleza. “Me cambiaron la vida. Si dios existe, que los perdone. Yo no”, afirmó.

Mary Estela Moyano “Mi hermano era un laburante”

La hermana de crianza de Miguel Andrés Casal declaró sobre el secuestro y desaparición del joven ocurrida entre el 27 y 28 de noviembre de 1977. Ingresaron al domicilio en calle Junín y Solares. “Mi madre estaba sentada en la calle”, recordó. Miraban un partido de fútbol con un amigo Juan Carlos Ferreyra.

En ese momento ingresaron dos hombres -uno joven y otro mayor- y se llevaron a los muchachos Casal y Ferreyra.

“No dijeron ni buenas noches. Entraron como si fueran unos choros. Iban en un falcon verde. Así me lo dijeron los vecinos”, afirmó. Y añadió que con las tiras de un delantal de cocina de la madre los vendaron.

Cuando pasaron entre 15 y 20 días gente del ejército fue a buscarla a su trabajo “en un camión verde” y le comunicaron que allanarían la casa. “Hurgaron el ropero y no llevaron nada. Para mi fueron los militares”, expresó. Aunque luego se dio cuenta que le robaron un anillo y una cadenita de oro. Tras este procedimiento le dieron un escrito que está adjuntado a la causa. Un vecino le contó que el camión se fue “rumbo a La Ribera donde estaban los militares”. Nunca más supo algo de su hermano. “Tenía asma, si lo torturaron, esa noche debe haber muerto”, consideró.

A Ferreyra lo dejaron libre a los tres meses. Ninguna de las personas a las que es preguntó vio a su hermano.

La testigo hizo un reconocimiento a la labor desarrollada por la abogada María Elba Martínez que además les brindó contención afectiva. “Tenía lo que hay que tener”, enfatizó, dando a entender con un gesto elocuente que se refería a los testículos. “Mi hermano era un pobre laburador. ¿Quiénes eran –dijo mirando a los represores- para matarlo? ¿Eran Dios? ¿Con tres tiros les iban a cambiar las ideas políticas?”, interpeló, con la voz quebrada pero firme.

Luis Rafael Velasco: “Trabajaban en las villas y cooperativas”

El último en declarar fue el sacerdote jesuita Rafael Velasco ex rector de la Universidad Católica de Córdoba quien actualmente desempeña sus tareas pastorales en una parroquia de San Miguel, en la provincia de Buenos Aires. Fue citado por la querella que representa a las víctimas Daniel Andrés García Carranza, Alejandro Ramón Dausá, al excura párroco Santiago Weeks, y a otros cuatro seminaristas, secuestradas el 3 de agosto de 1976. Fueron liberados gracias a las gestiones llevadas a cabo por la monja estadounidense Joan Mc Carthy. (Fallecida el año pasado en La Rioja)

Sobre la causa específica el sacerdote expresó que todo lo que sabe lo conoce a través del trabajo de tesis realizado por Gustavo Morello y que es público.

No obstante recordó a los “secuestrados, torturados y desaparecidos” integrantes de la iglesia católica y de la congregación Jesuita víctimas del terrorismo de Estado. Entre otros, nombró a (Juan Luis) Moyano, (Orlando) Yorio, (Francisco) Jalics. A Carlos González y a otros como (Gabriel) Longueville, (Carlos)Murias, Enrique Angelelli y el laico Wenceslao Pedernera.

El religioso dijo que “los sacerdotes y militantes católicos estaban insertos en trabajos de base, en villas de emergencia, en cooperativas, haciendo un trabajo que no solo era pastoral sino que trataban de cambiar las causas de la injusticia”, sintetizó.

Ante una pregunta de la abogada Patricia Chalup acercqa de las corrientes de pensamiento que existían en aquel momento afirmó que “Adscribían a la doctrina de la Teología de la Liberación que comenzó en Medellín con los curas del Tercer mundo y que en Argentina tuvo mucho auge”.

Cabe recordar que los testigos directos de la causa, Dauzá y Carranza, condenaron la actitud cómplice de la jerarquía eclesiástica que no solo los abandonó sino que justificó y avaló la tortura y el genocidio. También denunciaron la actitud pasiva del arzobispo Raúl Francisco Primatesta que no hizo nada por las víctimas.

Rechazan recusación

Durante el primer tramo de la jornada se resolvieron incidentes relacionados con presentaciones efectuadas por la defensa. Por caso, la recusación realizada al fiscal Rafael Alberto Vhels, cuatro meses después de su incorporación al equipo de fiscales. Fue presentada por el imputado Orestes Padován y su abogado defensor Casas Nóblega . El Tribunal tras una breve deliberación rechazó a solicitud. En otro orden, el abogado Juan Carlos Vega acercó una resolución internacional sobre el caso Mackentor para que sea analizada.

Mañana continúa la ronda de testimonios. Ya son 454 las personas que prestaron declaración en lo que va del juicio que comenzó el 4 de diciembre de 2012.

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