jueves, 19 de marzo de 2015

Argentina, Tucumán. Ana Ramos: “Ahora tenemos más fuerza para seguir luchando”

PRIMERA FUENTE

Después de confirmar que los restos de su hermano, el periodista y poeta José Eduardo Ramos, estaban en el Pozo de Vargas, Ana cree que todavía hay mucho por andar para llegar hasta el fondo de la verdad, ante todo el daño que provocó la última dictadura militar.

Pasaron casi 39 años del secuestro de su hermano José Eduardo Ramos y ese día llegó. Para Ana Ramos el martes 18 de marzo de 2015 no será un día más, marcó el momento que tanto esperó, el que siempre se imaginó y que deseaba experimentar. Los análisis del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), confirmaron el hallazgo de los restos de Eduardo, en el Pozo de Vargas, donde funcionó centro clandestino de detención durante el proceso militar. “Cuando uno está ante el juez que notifica el hallazgo del cuerpo uno ya empieza a pensarlo como muerto al familiar. Pero pasa", dijo Ana a los micrófonos de Radio Prensa.

Sostuvo que en el momento de escuchar el informe del juez Fernando Poviña, la carga emotiva fue tremenda. "Esto cala hondo, tanto que nos atraviesa la vida. Uno ve el trabajo que han hecho estos bárbaros y parece increíble, pero a la vez uno empieza a abrazar a la justicia”.

En ese momento, la hermana del periodista y poeta que con apenas 21 años fue otra de las víctimas de la dictadura, destacó el trabajo de antropología forense y ponderó la labor de los tucumanos que “han trabajado en ese pozo tan terrible, faltándoles los insumos y dónde han tenido que fabricar hasta un ascensor”.

Luego refirió a su experiencia en ese lugar, en el Pozo de Vargas donde los bárbaros, como ella los llamó a los genocidas, sepultaron a por los menos 30 personas que ya fueron debidamente identificadas. "He bajado para ver cómo trabajaban los profesionales con esa entrega, ese profesionalismo”, por eso indicó que "no tengo que palabras de agradecimiento para todos ellos, al igual que para los profesionales de la salud porque hemos sido acompañados y contenidos desde el primer momento”.

"He recibido una atención extraordinaria de parte del Estado, pero nos queda mucho por lograr. Todavía hay genocidas con prisión domiciliaria que andan por la calle impunemente. Por eso tenemos que estar atentos", apreció Ana.

El haber encontrado a su hermano no significa para ella el final de una historia y así lo expresó, al señalar que "todavía hay mucho por andar y estamos convencidos que una sociedad que no va a fondo con la verdad de su historia, es muy complejo que el país pueda salir adelante”.

"Son innumerables la consecuencias que uno puede llegar a tener ya que uno de los objetivos que ellos (los genocidas) han tenido, ha sido romper el tejido social y a eso lo han logrado perfectamente. Gran parte de la sociedad quiso saber qué pasó realmente. Lo que ellos hicieron fue una deformación de la realidad perversa que hasta el día de hoy produce división grande en la sociedad”, manifestó Ana Ramos. Por eso, asumió que "el tema del genocidio no sólo afecta a los familiares sino a toda la sociedad. Por eso, el trabajo de los periodistas es fundamental. Los Ramos estamos muy agradecidos con ustedes los compañeros de mi hermano que sabemos que han vivido haciendo reconocimientos”.

Ana insiste en los daños infringidos al pueblo y abunda en los efectos. "Uno ve que se ha dejado una sociedad vacía, en la que se han perdido los valores”.

En referencia a su hermano, Ana dice que “era una persona muy sensible a las clases sociales bajas. Él tenía un programa, a fines del 75’, en el que expresaba su punto de vista y eso le valió el reproche de quien mandaba en Canal 10, un interventor, que discute y llega hasta las manos con este genocida y lo ponen preso una noche. Lo sacó mi tío, Mariano Ramos. Esa fue la primera condena que recibe mi hermano, pero luego le hacen saber: esto te va a costar caro".

Ana reconstruye lo que fueron los últimos hechos que derivaron en la desaparición de Eduardo. "Tiempo después, lo echan del canal a él y a un grupo de periodistas. El segundo incidente, es cuando sube al cerro y ve que era un fusilamiento y cuando vuelve a la redacción, señala que eso no era un enfrentamiento (entre militares y subversivos) sino que era un fusilamiento y fiel a sus convicciones, mi hermano les dijo (a los represores), que él no iba a mentir. Esa fue su segunda condena de muerte", relató emocionada Ana Ramos.

"Ese era el Eduardo profesional, el Eduardo humano era muy bohemio. Era estudiante de Filosofía y Letras, era poeta, era un tipo que se reía de la vida. Era un tipo anti violencia, no tengo registro de chica de haberme peleado con mi hermano, era un chico que no levantaba la voz, era, además, mi confidente", describe Ana y para la despedida, afirmó que "ahora tenemos más fuerza para seguir en la búsqueda de los que faltan y seguir luchando para que vaya preso hasta el último genocida”.

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