lunes, 9 de marzo de 2015

Colombia: Urge desminar la sociedad

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)



Más que la sed, la tirantez y la mirada de la ansiedad de esta niña chocoana, quien trata de calmar la sed bebiendo agua de un charco cualquiera; impresiona la lesión en la piel que evidentemente es una lesión Leihsmaníasica, una enfermedad endémica en regiones denominadas por el gobierno “zonas rojas” o donde se desarrolla más intensamente la confrontación armada del conflicto colombiano.

La foto es tomada de una noticia aparecida en el portal del partido Liberal la Ola Política para informar la muerte (desapercibida) de 19 niños chocoanos por beber aguas pútridas y contaminadas. (http://olapolitica.com/content/mueren-19-ni%C3%B1os-en-el-choc%C3%B3-por-problemas-de-agua-potable)

Y sintetiza en una imagen, las múltiples discriminaciones y tajos profundos que separan a los colombianos: 1-Niña (sexo y edad) 2-Negra (racismo abierto) 3-Chocoana (región periférica colombiana abandonada por el gobierno central) 4- Además “zona roja” o de orden público, en donde fue capturado por un comando guerrillero (16 Nov 2014) el re-conocido general Alzate, y 5, con una lesión Leihsmaníasica o de una zoonosis que en esas regiones periféricas de población dispersa se ha constituido en una endemia, porque la principal droga inyectable para su tratamiento, al ser también considerada de “orden público”, es rigurosamente controlada por el ejército colombiano, pues los estrategas militares (con un muy buen sentido que pudiéramos denominar humanitario) suponen que al no llegarles esa droga a los guerrilleros y no tener posibilidades de curación, más rápido se exterminarán: la típica combinación de todas las formas de lucha o de guerra con sus “ collateral damages” o efectos colaterales en la población civil .

Una noticia de estas, era hasta hace unos días un asunto “subversivo” y quien se atreviese a publicarla, así fuese muy matizada o maquillada, corría la suerte de ser calificado de “guerrillero vestido de civil” y debía esperar lo más pronto posible la llegada del terrorífico hombre de la motocicleta. Algo debe de estar cambiando en Colombia que nosotros los exiliados no alcanzamos a percibir del todo; pero me atrevo a suponer, y no estoy seguro de no equivocarme que, a partir de la apertura del proceso de paz de la Habana, nos está embargando una sensación de realismo, como la que se apodera de los pasajeros de un avión cuando este comienza a descender para aterrizar, nunca antes visto en la sociedad colombiana tradicionalmente dividida escolásticamente entre los Buenos del cielo y los Malos de la tierra con sus infiernos.

Creo en el efecto positivo (no bueno sino positivo) de todos, es decir todos, los acuerdos a los que se ha llegado y se habrá de llegar en la Habana para sacar a la sociedad colombiana de la pesadilla a la que fue conducida lentamente desde hace más de 70 años, por una “dirigencia” errática, corrupta y obstinadamente comprometida con la guerra fría anticomunista de los EEUU (para no decir la insultante “oligarquía cipaya” que nos ha dominado durante siglos) y que parece también empieza a dar “algunas” muestras de realismo, aunque más político que económico, como lo demuestra el antipopular plan nacional de desarrollo recientemente aprobado por el gobierno Santos.

Pero, así mismo se debe celebrar como un hecho definitivo y de gran objetividad política, la designación por parte del gobierno de los EEUU del diplomático republicano Mr Bernard Aronson, como enviado especial para los diálogos con las FARC y, como una señal contundente de que la “dirigencia” estadounidense está en el camino (no del todo despejado) de entender que forma parte inherente de la guerra sucia contrainsurgente adelantada en Colombia, como también en el proceso de abandonar a su agente Uribe Vélez, el san Jorge colombiano, quien con la ayuda institucional de Ordoñez y mi homónimo Pinzón, iría de una vez por todas a matar, con la lanza de la fé-en-la- causa, al dragón infernal del comunismo en Colombia; tal como lo recomendó (tan desafortunadamente y en tan mal momento) el historiador James Henderson cuando en su libro (1) no de historia, sino de opinión sesgada de “columbian peace corps” sobre la globalización del narcotráfico en Colombia, escribió en el último párrafo lo siguiente:
... ”Lo fundamental es que no importa qué piense el mundo de Colombia. Lo importante es que, el día de las elecciones de 2002, los colombianos decidieron arreglar las cosas. Con su voto, hicieron de Álvaro Uribe su agente para el cambio. Uribe justificó su decisión y, con la ayuda de muchísimas personas condujo su programa de seguridad democrática hasta su exitosa conclusión. Desde esta perspectiva, quizás sea mejor ver a Álvaro Uribe y sus dos periodos presidenciales como un símbolo de la capacidad de los colombianos para actuar cuando están suficientemente motivados”… (Página 340).

Hoy, ya no les cabe duda que, después del derrumbamiento del aparato de Justicia de Colombia, finalizado con el estrepitoso colapso de la Corte Constitucional, generado por uno de esos agentes “muy motivados” de Uribe Vélez, el magistrado Pretel (no es insegura su parentela con Sabitas) encargado de cuidar la “juridicidad” de la Constitución del 91, o manida Ley de Leyes de los santanderistas dominantes con su enredadera judicial ; se hace más que necesaria otra juridicidad realista, emanada de los acuerdos de la Habana.

Lo cual solo se hará posible con la pronta definición bilateral de la Comisión de Esclarecimiento y No Repetición CENRE y finalmente, con una Asamblea Nacional Constituyente, democrática, justa y soberana; para lo cual se hace indispensable “desminar la sociedad” definitivamente de la explosividad social que va a generar el plan de desarrollo gubernamental antes citado, así como de artefactos tan letales e impredecibles por su explosividad política como Uribe Vélez y sus puntas de lanza institucionales, el procurador Ordoñez y el minguerra Pinzón; pues la loca de las naranjas, Alfredito Rangel y Anamercedes de Akerman, en su reciente viaje en contra de la paz realizado por Europa, ya se dieron en las narices con la puerta de la indiferencia; cómo será que ni siquiera Aznar y el PP español les apoyaron su huevito huero de la salida militar para el conflicto en Colombia.

Nota:
1) Henderson D. James. Víctima de la Globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. Siglo del hombre Editores. Bogotá. 2012. 382 páginas

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