lunes, 2 de marzo de 2015

Entrevista a Ricardo Antunes. La doble desertificación: política y real. Dilma no es un gobierno de izquierda, hace lo que la derecha le impone

Mario Hernandez (especial para ARGENPRESS.info)

M.H.: Ha llegado información preocupante, se habla de un impeachment a Dilma en medio de una situación que incluye una baja de popularidad de la Presidenta, los escándalos de corrupción en Petrobrás, la sequía en toda una región del país. De alguna manera, podríamos vincular estos hechos a la situación política que se vive en Argentina y al frustrado golpe en Venezuela. ¿Cuál es tu visión?

R.A.: La situación brasilera es muy complicada porque se trata de una conjunción de factores, primero la victoria de Dilma con la promesa durante las elecciones de mantener las políticas sociales, los derechos de los trabajadores, etc. Sin embargo, comenzaron los cortes sociales y una brutal política de controles del gasto público e intensificación del superávit primario. Eligió un Ministro de Economía de un gran banco brasilero para hacer los trabajos de la estabilización de la economía.
Ese fue el primer problema, pero se conjugan dos o tres elementos importantes, primero que la situación de Petrobrás es muy crítica, la percepción de un esquema de corrupción profundo, que no es de hoy y tampoco del gobierno de Dilma, ni del gobierno de Lula, viene de muchos años atrás. Pero, los gobiernos de Lula y de Dilma, tomaron muchas obligaciones con el partido de Maluf (PP) y con el PMDB que son partidos que conviven mucho con la corrupción. La sensación de corrupción viene de que muchos directores de grandes empresas están presos, también de una enorme red de corrupción creada y desarrollada por el propio PT para financiar sus campañas electorales. El PT se volvió, como ya lo dije otras veces, en un Partido del Orden, completamente integrado a los diferentes sectores que componen las fracciones burguesas en Brasil.
El tercer punto es que hay una crisis profunda de desertificación del clima, que ha mejorado en los últimos 5 años, pero a ciudades del sudeste les falta el agua, especialmente en la periferia, porque el gobierno de San Pablo del PSDB dice que NO hay racionamiento pero, en la periferia hay hogares sin una gota de agua. Todo esto crea una situación social crítica y difícil.
Sectores de la derecha apoyaron a Dilma, porque como yo ya he dicho en tu programa, el de Dilma no es un gobierno de izquierda, hace lo que la derecha impone. Lo que dicen Aécio Neves y los socialdemócratas (que son todo menos socialdemócratas) es que el gobierno de Dilma y del PT se ha apropiado del programa electoral del PSDB, que Dilma está haciendo el programa de Aécio.
Si bien es cierto que la corrupción ataca al corazón del PT, aunque no hay pruebas concretas, empíricas del involucramiento personal de la presidenta, el problema es que una parte de los recursos de la corrupción enorme de Petrobrás, así como de otras empresas públicas, porque todas las grandes empresas públicas que comparten proyectos con empresas privadas sufren de una corrupción profunda, son los que garantizaron el financiamiento de las elecciones de Dilma.
Entonces, empieza a hablarse de impeachment pero es una situación de riesgo muy grande, porque crearía una crisis social profunda, pero para la derecha, la banca, los agronegocios y las grandes industrias el de Dilma es un gobierno que los representa. No creo que los grandes capitales y los sectores dominantes apoyen esto, porque no les conviene una crisis social que podría crear una división profunda del país, significaría un riesgo que no creo que estén dispuestos a tomar.
Por otra parte, Dilma no tiene más el apoyo de las clases populares, es importante comprender esto, hay un descontento en todas las capas de la sociedad, entre los trabajadores rurales, las clases medias, los obreros industriales y de servicios, etc., hay una situación de mucha contrariedad y confrontación, con huelgas, manifestaciones de profesores, metalúrgicos, petroleros tercerizados, camioneros, etc. En mi opinión el segundo gobierno de Dilma es un gobierno de crisis profunda al que se le suma la crisis internacional que llegó con intensidad a Brasil. La política económica del gobierno está llegando al agotamiento, empieza a presentar falta de recursos para mantener una política social que es puramente asistencialista. Yo escribí un artículo que se va a publicar pronto, donde señalo que todas las acciones son en contra de los/as trabajadores -está claro que no hay una similitud con el gobierno venezolano-, aunque para la derecha pura, sean mejores siempre los neoliberales.
Creo que hay muchas diferencias, en Venezuela hay reformas profundas, hay una movilización popular efectiva, algunos intereses privados son atacados porque intentan boicotear la llamada Revolución Bolivariana, nada de eso ocurre en Brasil, y hay un gran descontento entre las capas sociales.

M.H.: ¿Es un fenómeno natural la falta de agua en grandes ciudades como San Pablo y Río de Janeiro? Porque se habla mucho del tema que se han gastado muchos subsidios en electricidad y que eso ha provocado falta de inversión.

R.A.: Es producto de dos elementos. Por un lado, para comprender la crisis de la falta de agua y la crisis energética hay que tener en cuenta la dimensión natural. Brasil vivió durante los últimos años una desertificación climática que tiene que ver con la destrucción ambiental que estamos viviendo a nivel global y que llegó a Brasil. Por otro lado, los gobiernos, tanto el de Dilma como el de Lula o el del PSDB en San Pablo, no imaginaron esto, jamás hicieron inversiones en ese plano como para contar con una alternativa. Yo tengo 62 años y es la primera vez que sucede una crisis del agua en esta proporción, ha habido otras, pero mucho menores.
El tercer punto es que los gobiernos utilizaron el precio de la nafta y de la energía eléctrica como control político, había un subsidio estatal muy grande para las empresas privadas de energía, para que los precios no subieran, para no comprometer la inflación y de ese modo garantizar la victoria del PT. Cuando terminó el primer gobierno de Dilma y comenzó el segundo, fue necesario corregir el precio de la nafta y de la energía eléctrica que estaban profundamente subsidiados, medidas que perjudican directamente al bolsillo de la población trabajadora lo que sumó al descontento social. En Brasil, las empresas que son públicas están casi todas privatizadas, y las de energía eléctrica son privadas o mixtas, o sea un poco públicas y un poco privadas, combinando una gestión un poco pública y muy privatizada.
El proyecto económico del PT de tener un “neodesarrollismo”, como anuncian ellos, no existe, lo que hay en Brasil es una variante del neoliberalismo. Lo que comenzó con Lula, con buenos resultados para los capitales durante un período sin crisis, después de la crisis mundial que se intensificó en Brasil en 2013, la situación cambió profundamente porque hoy las empresas privadas dependen del Estado, los sistemas de energía y de agua no tienen un plan alternativo. La suerte es que en el período del Carnaval desde el jueves pasado, empezó a llover mucho en el Sudeste lo que produce una pequeña mejora, por ejemplo, en una de las lagunas más importantes como reserva de agua de San Pablo, que estaba casi muerta.
En cuanto a los subsidios se ve una pésima gestión pública, un desbande privatista. Los sectores privados, que controlan el agua y la energía eléctrica quieren plata, quieren ganancias, ésta es la situación brasilera. Dilma, su antecesor, Lula y el PT, están en la vera de un precipicio. Vale aclarar que la relación entre Dilma y Lula no es la mejor actualmente.

El aislamiento de Dilma es muy grande en este momento

M.H.: Eso te quería consultar, porque leí unas declaraciones de Marta Suplicy donde afirmaba que el PT cambia o termina, y luego algunos analistas hacían referencia a que existe una división en el interior de la cúpula del PT entre Lula y Dilma.

R.A.: Es cierto, esa declaración tiene un componente personal porque Marta fue expulsada del gobierno de Dilma de un modo muy abrupto. El año pasado, en agosto/septiembre comenzó una campaña en el propio PT, “Vuelve Lula y no Dilma”, para las elecciones, que Marta apoyó. Hay también un tema político personal entre Dilma y Marta, pero claro, Marta expresa una posición del PT que está muy descontento, pero lo más grave es la relativa distancia entre Dilma y Lula. Cuatro o Cinco años atrás, cuando Dilma fue elegida por primera vez yo decía que no tenía ninguna experiencia política y que significaba un riesgo alto, porque en una situación de crisis política si el líder no tiene experiencia la situación se torna caótica.
Yo soy muy crítico de la acción política de Lula, pero es un ingeniero de la política, es un hombre, una variante moderna de semibonapartismo, capaz de conciliar a Dios y el Diablo, Dilma no, es aislada, es más dura, es una burócrata gerencial y no tiene la más remota capacidad de articulación política. En un momento de crisis ella se distancia de Lula, mientras el mismo Lula dice que tiene que conversar más con los sectores moderados, que Dilma tiene que ser más conciliadora. En cierto sentido el gobierno de Lula es todavía peor porque es la conciliación entre inconciliables, Dilma intenta hacerlo pero es incapaz políticamente, es muy dura incluso con los sectores sociales más próximos, agrede directamente a sus ministros, y cuando se pone nerviosa es profundamente autoritaria, no conversa con los sectores populares y su aislamiento es muy grande en este momento. Todavía más en una situación de crisis económica, social y política que no sabemos hasta dónde puede llegar.

M.H.: Quisiera que te refirieras aunque sea brevemente a lo que fue la huelga triunfante en el ABC Paulista, en la fábrica Volkswagen, la lucha por la readmisión de 800 trabajadores.

R.A.: Fue muy importante porque tanto el gobierno de Lula como el de Dilma dieron muchos subsidios para reducir los impuestos de los coches, que favoreció mucho a la industria automovilística, que vendió tantos autos que hoy no se puede caminar por las calles brasileras. El resultado es que cuando la crisis comenzó el año pasado, la industria automotriz entró en un proceso de reducción de las ventas y cuando esto sucede las transnacionales reducen personal. Habían firmado un acuerdo en 2012 con una de las empresas -Volkswagen-, que aseguraba que no dejarían a ningún trabajador fuera de su puesto hasta 2016, pero echaron a 800 y anunciaron que quieren hacer lo mismo con otros 2.000. Fue muy importante la respuesta de los obreros, porque se manifestaron en contra de esta medida de las empresas, que implica que cuando deben reducir un poco su tasa de ganancia (siendo que en Brasil, los precios de los coches están dentro de los más elevados del mundo), se ve reflejado en menos puestos de trabajo.
Hay un descontento general, ya sea más latente o más explícito tanto en los sectores de la periferia como en los trabajadores y en los movimientos sociales, esto es lo que llevará al aumento de las manifestaciones y huelgas.
Dilma perdió la paz que tenía en importantes sectores populares, el PT está rumbo al precipicio y el escándalo en Petrobrás está atacando al corazón político financiero del PT. Este es el cuadro general.

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