lunes, 16 de marzo de 2015

España. La mujer en el Ejército: Abusos y desamparo

Antonio Maestre (LA MAREA)

Pedro Morenés rectificó la actitud que tuvo en el Congreso de los Diputados en los micrófonos de la Cadena SER: mandó todo su apoyo a Zaida Cantera, además de agradecerle los servicios pasados y futuros, y prometió que se aceleraría el protocolo de denuncia de los abusos sexuales en las Fuerzas Armadas. Un tipo penal, que a día de hoy, no existe en el Ejército. La justicia militar encuadra los casos de abusos sexuales en el delito de abuso de autoridad. Por ello, no existe una estadística jurídica fiable que ponga en perspectiva la realidad del problema.

En el cuadro de actividad de los órganos judiciales militares cerrado a diciembre de 2012 aparece que en ese año hubo 25 casos de abuso de autoridad, entre los que se encontrarían los abusos sexuales. Curiosamente, también fueron 25 casos los que se produjeron en otra figura penal en la que la jerarquía es la inversa, los insultos a un superior. En el Ejército, una mujer víctima de abusos sexuales por parte de su superior tiene que denunciarlo ante ese mismo superior. No es necesario detallar los problemas que tiene denunciar el abuso a la misma persona que lo comete. Si la desigualdad de la mujer en el ámbito civil es un problema, en el militar ese problema es más severo por la tardía incorporación de la mujer en el Ejército, que no se produjo plenamente hasta el año 2000.

El interés de diputadas por los abusos sexuales en el Ejército es constante y habitual. A pesar de ello, no se ha tomado ninguna medida para facilitar que una mujer que se encuentre en una situación de abuso sexual tenga facilidades para denunciar su problema. La diputada Irene Lozano (UPyD) atendió la petición de ayuda de la capitán Zaida Cantera y se preocupó personalmente de que su caso no cayera en el olvido. Otra diputada, Laia Ortiz (ICV), preguntó en diferentes ocasiones por los casos de abusos sexuales en el Ejército al Gobierno. Gracias a la diputada sabemos que en el año 2013 se habían recibido 62 quejas, de las que sólo 25 acabaron en una condena.

De la respuesta parlamentaria a Laia Ortiz llamó la atención que el Gobierno declarara que “en los últimos diez años no se han tramitado expedientes por conductas de actuación que afecten a la libertad sexual contempladas en el artículo 17.7 de la Ley Orgánica de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas”. Ese artículo dice explícitamente que será objeto de sanciones disciplinarias extraordinarias “realizar cualquier actuación que afecte a la libertad sexual de inferiores o iguales, del mismo o distinto sexo, prevaliéndose de la condición de superior que se ostente, de la mayor antigüedad en el servicio, en las Fuerzas Armadas o en la Unidad o destino, de superioridad física o de cualquier otra circunstancia análoga, cuando tal actuación no constituya delito”. Ninguna sanción en 10 años a pesar de que sólo en 2013 se recibieron 62 quejas por abusos sexuales que tuvieron como resultado 25 condenas.

En un reportaje de Patricia Dolz en El País se citaba a la comandante Presa, cuestionada sobre los abusos sexuales en el Ejército. “Puede que haya mucho menos acoso sexual en las FF. AA. que en la vida civil. Se juegan la carrera. Nosotras sólo tenemos que dar un parte”. A pesar de lo que declaran los mandos, lo cierto es que el protocolo de denuncia de abusos sexuales deja en situación de indefensión a quien tiene la desgracia de padecerlo. La impunidad para los oficiales de las Fuerzas Armadas en algunos casos alcanza límites difícilmente tolerables en un estado de derecho. Uno de estos ejemplos es el del capitán Juan Miguel Camarón, que en el año 2007 fue condenado a 17 años, cuatro meses y un día por abusar sexualmente de 28 mujeres que aspiraban a ingresar como soldado en el Ejército. A pesar de ello, el Código Penal Militar tan sólo le hizo cumplir 3 años y continúa su carrera. Algunos de los casos relatados en la sentencia condenatoria dejaban en evidencia el temor de las soldados a denunciar su situación: “Con la excusa de pesarle, aprovechando la situación de soledad en que se encontraba, se puso detrás de ella, la cogió con ambas manos entre las piernas, con las palmas abiertas, por la zona vaginal, y la levantó a la vez que la apoyaba contra su cuerpo. Al bajarla despacio se restregó contra ella, le dio dos besos y le dijo que cuando jurase bandera tenían que quedar para tomar algo. La soldado se puso muy nerviosa, molesta, sintiéndose humillada y tocada, con asco de sí misma por no haber sido capaz de actuar, al sentirse cohibida por tratarse de un mando”.

La incorporación de la mujer al Ejército

No fue hasta el año 1988 cuando una ley del gobierno de Felipe González permitió a la mujer entrar en el Ejército, pero sólo en 24 cuerpos y escalas de la milicia. La ley de 1988 no permitía a las mujeres ser tropa ni marinería. Una ley que intentaba dar solución a un problema discriminatorio contra la mujer nacía discriminando. Permitía a la mujer ser oficial o suboficial pero no soldados ni marineros. No fue hasta el año 1992 con el Real Decreto 984/1982 cuando se regulaba su participación como soldado profesional, ya que estaban exentas de hacer el servicio militar obligatorio. El decreto de 1992 también mantenía discriminaciones porque impedía a las mujeres integrarse en cuerpos especiales como la Legión o los Paracaidistas. La plena incorporación de la mujer al Ejército no se produjo hasta el 18 de mayo de 1999, cuando con el RD 17/99 se modificaron las condiciones de acceso a Militar Profesional de Tropa y Marinería estableciendo la integración de la mujer en un teórico plano de igualdad con los hombres.

Una de las pioneras en la incorporación de la mujer al Ejército fue la comandante María Pilar Frutos Hernández. Ingresó en el año 1989, es licenciada en Medicina y Cirugía, fue la primera mujer Caballero Legionario (la nomenclatura militar sigue masculinizada) y ascendió a comandante en el año 2003. Nombrada jefe de Sanidad de la UME en el año 2005, ha formado parte de diversas misiones internacionales en los Balcanes, Albania y Haití. En una entrevista en el año 2008 a Diario Sur, la Comandante dejó en evidencia con su respuesta el camino que todavía queda por recorrer para que se alcance la igualdad plena: “Detesto oír que las Fuerzas Armadas se están feminizando, afortunadamente no es así, lo que pasa es que cada día hay más mujeres de uniforme”.

La incorporación de la mujer al Ejñercito provocó conflictos con los soldados masculinos, al considerar estos que las mujeres contaban con privilegios por su condición. En una información del año 1996 en La Vanguardia se informaba de los celos de los soldados masculinos por los “privilegios de la mujer”. “Una de las cosas que más molesta en las unidades militares con soldados profesionales es el privilegio femenino en la vida cotidiana del cuartel. Varios mandos de unidades militares ya han recibido las quejas de los soldados que consideran un agravio comparativo el espacio de las camaretas en las que habitan las mujeres soldado en relación a las de ellos. También se considera un privilegio femenino de la milicia el ajuar reglamentario que reciben las mujeres soldado del cabo furriel. La ropa interior y los productos de aseo para la mujer son mejores que los que se destinan al hombre”.

“Se podría decir que hemos amariconado un poco el Ejército”, dijo una de las mujeres comandante en El País. El camino para la igualdad las Fuerzas Armadas es todavía largo.

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