jueves, 12 de marzo de 2015

Genocidio cultural: ISIS y la conquista española

Fernando Andrés Torres (Desde Estados Unidos, especial para ARGENPRESS.info)

Repugnante ha sido mirar el video de la destrucción de estatuas y reliquias arqueológicas por parte de fanáticos del grupo insurgente ISIS (Estado Islámico de Irak y el Levante). Tan impresionante como auscultar como los medios informan de la situación sin darle su debido contexto. Amnésicos todos.

No había sentido tal repugnancia desde que los talibanes destruyeron en el 2001 la estatua del Buda en el Valle de Bamiyán, Afganistán, ni cuando por error vi aquella película donde el “arqueólogo” Indiana Jones destruye gran parte de milenarias culturas peruanas.

Los objetos destruidos en el museo de la ciudad de Mosul, Irak, provenían mayormente de la cultura del Imperio Asirio al norte de Mesopotamia, una zona importantísima para la humanidad; cuna de la llamada “civilización” donde los primeros asentamientos humanos datan del paleolítico y neolítico temprano. La zona está ubicada entre los ríos Tigris y Eufrates en lo que es hoy Irán e Irak.

Pero esta arremetida anti-historia no es la primera. Irak fue bombardeado e invadido por los Estados Unidos en el 2003, acción que también provocó saqueos y destrucción de sitios arqueológicos. A pesar de que muy pocos medios se atrevieron a informar, la antigua ciudad de Babilonia “pagó un precio muy alto después que los EE.UU. utilizó el sitio como cuartel militar durante 5 meses”. La construcción de una base militar, según John Curtis del Museo Británico, es producto de la “ignorancia y la estupidez”. Zanjas de 170 metros de largo y dos de profundidad “han causado daños irreversibles”. (Global Policy Forum / Agence France-Presse. Dic.8, 2008). Ejemplos como este abundan.

Los grotescos hechos de ISIS y los superficiales informes aparecidos en los medios nos revelan cuán cerca estamos del pasado pero cuán lejos de la memoria.

Y no estamos hablando de Hollywood, ni del saqueo del patrimonio egipcio por parte de las tropas de ocupación de Napoleón Bonaparte al finalizar los 1700 (hoy día exhibidas con orgullo en el Louvre). Estamos hablando de planes deliberados, “oficiales”, de gobiernos, de reinados, de borrar culturas que no son las de ellos.

Uno de los ejemplos más fatídicos sobre la destrucción de culturas y muy cómodamente olvidado por los medios de comunicación fue la conquista española y la introducción del cristianismo en las Américas. Junto al genocidio hubo un atentado premeditado - a través de la destrucción de templos y códices - de borrar la herencia cultural indígena de la faz de la tierra.

“El desenfreno de España por expandir su razón cultural abarca la devastación y represión de la cultura documental indígena” escribió el bibliógrafo mexicano Felipe Meneses Tello (Agosto, 2008).

El antiguo legado indígena “se perdió entonces para siempre. Hubo quemas de libros picto-glíficos, destrucción de templos, efigies de dioses y otros monumentos. A raíz de la conquista era riesgoso hablar de libros y de los monumentos con inscripciones y efigies de dioses. Mencionarlos y poseerlos significaba aparecer como idólatra y atraerse el castigo y la destrucción de esos vestigios testimoniales. (Miguel León–Portilla. Historiador mexicano. 1992). Como grotescos trofeos de guerra, iglesias y catedrales se construyeron sobre templos y monumentos originales de todas las culturas del continente.

El conquistador mata, la religión borra.

Lucien X. Polastron en su libro "Libros en llamas: historia de la interminable destrucción de bibliotecas", no habla de la quema de libros durante el golpe militar apoyado por los EE.UU en 1973 (el 9/11 chileno), sino que relata minuciosamente como el obispo de México Juan de Zumárraga, termina el trabajo inconcluso de Hernán Cortés y en 1529 traslada la biblioteca de la ‘culta capital de Anáhuac y el gran depósito de archivos nacionales’ a la plaza del mercado de Tlatelolco y le prende candela. “El obispo cumple su misión satisfaciendo su deseo consciente de destruir la memoria y el orgullo de los autóctonos” (Polastron. 2007).

La meditada destrucción de la historia es sin lugar a dudas una tragedia humana. Pero la intencionada omisión, la falta de contexto (enfermedad de los medios de información), la indiferencia con la historia, son crímenes iguales de cruento.

Los medios de comunicación son como una correa transportadora de los intereses geopolíticos de Washington. Si el Pentágono dice ese es el demonio; ese el demonio, si dice esos son los enemigos, esos son los enemigos, si se olvida que gobiernos y culturas aliadas también han cometido este tipo de guerra contra las culturas, a olvidar todos pues.

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