jueves, 19 de marzo de 2015

Gualeguaychú y Wall Street

Gabriel Solano (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

El resultado de la Convención radical de Gualeguaychú fue recibido con entusiasmo por “los mercados”. La suba de las acciones de empresas argentinas fue generalizada, tanto en la Bolsa de Buenos Aires como en la de Nueva York. Subieron también los títulos de deuda pública. No importó siquiera el fallo de Griesa, que prohibió al Citibank pagar los bonos emitidos bajo jurisdicción local, lo que significa en los hechos una ampliación del defol. El festejo de los capitalistas se extendió a los salones de la Sociedad Rural, donde centenares de empresarios pagaron 50.000 pesos el cubierto para financiar la campaña electoral del PRO.

Los convencionales de la UCR no protagonizaron un acto de democracia partidaria, como dijeron interesadamente algunos medios. Se limitaron a cumplir un libreto escrito por los grandes capitalistas, que reclaman un viraje; esto, después de haberla juntado en pala durante la década K. Detrás de bambalinas, actuaron los operadores vetustos del aparato radical, con “Coti” Nosiglia a la cabeza. Los mismos que, bajo el gobierno de De la Rúa, fueron a buscarlo a Cavallo para que se hiciera cargo del Ministerio de Economía. O que instruyeron a Fernando de Santibáñez, por entonces director de la Side, para que financiara las coimas del Senado. Los resultados son por todos conocidos. La vuelta a la palestra de “Freddy” Storani también es reveladora: su bautismo de fuego como ministro del gobierno de la Alianza fue reprimir salvajemente el corte del puente Chaco-Corrientes, donde la Gendarmería enviada por él asesinó a dos trabajadores.

Pero hay una diferencia sustancial entre la Alianza de los ’90 y esta versión remixada. En aquella oportunidad, la UCR se alió con el ‘ala izquierda’ de la burguesía, el Frepaso. Ahora, lo hace con el ala derecha, el macrismo. Las condiciones también son distintas. En ese entonces se reservaba la cabeza. Ahora está condenada a ir de furgón de cola del PRO, un partido virtualmente inexistente en todo el país con excepción de la Ciudad de Buenos Aires.

Más que una señal de fortaleza, el acuerdo es un resultado de la debilidad de sus partes. La UCR carece de votos y no tiene posibilidad por sí misma de mantener sus posiciones en el aparato del Estado. El PRO carece de un partido para poder gobernar, a pesar del crecimiento de Macri en las encuestas. Como si fuera poco, la presencia de Carrió en la coalición, una francotiradora que pululó por todas las formaciones políticas, muestra la precariedad de la nueva alianza. A poco de andar, los caudillos radicales perdidosos en la convención -como Gerardo Morales- se han apresurado a reclamar el "respeto" a los acuerdos que ya firmaron con Sergio Massa, para asegurar sus distritos. Pero esos arreglos comprometen también las listas de diputados nacionales, algo que la Convención radical reservó para el acuerdo con el PRO. El pacto Macri-Sanz, por lo tanto, no tiene comprado todavía el pasaje a las Paso, y podría ser el preludio de nuevas crisis y rupturas. El esfuerzo de la gran burguesía por polarizar la elección deberá enfrentar la tendencia a la desintegración de las fuerzas políticas del sistema, y no sólo de las históricas.

Shock de confianza

Los economistas de Macri ya han adelantado que su programa es aplicar un "shock de confianza" para atraer capitales, que serán beneficiados con tasas de interés sustancialmente superiores a las que existen a nivel internacional. En esa línea, Macri ha prometido el levantamiento del cepo. No dijo, naturalmente, que esa medida deberá ser precedida por una fuerte devaluación del peso, con la conmoción social y política que ello implicaría. Duhalde, que sabe de megadevaluaciones, ha saludado al acuerdo Macri-Sanz como el anticipo de un eventual gobierno de coalición. El programa de la nueva alianza es abrir un nuevo ciclo de endeudamiento, a partir de un arreglo con los fondos buitre. Como Argentina carece de las divisas para hacer frente a esos pagos, la deuda será cancelada con nueva deuda, llevando al hipotecamiento nacional total por encima de los 300.000 millones de dólares. La "nueva" opción opositora no sólo deberá hacerse cargo de una bancarrota nacional, sino que su orientación no hará sino agravar esa quiebra.

Macri en persona también prometió la eliminación de las retenciones a las exportaciones, lo cual supone un ajuste fiscal y, por lo tanto, un fuerte tarifazo. Precisamente, un abanderado de la liberación de precios de las naftas, el actual presidente de Shell, Juan José Aranguen, se anota como asesor de la nueva alianza y, eventualmente, como nuevo presidente de YPF. En cualquier caso, el programa macrista seguirá los lineamientos fijados por la nueva ley de hidrocarburos votada por el kirchnerismo. Los acuerdos comerciales con China seguirán vigentes, como lo prueba la presencia en la lista de legisladores del PRO de un capo de la Cámara de Comercio chino-argentina.

El kirchnerismo

Apenas conocido el acuerdo PRO-UCR, el PJ de Jujuy anunció el adelantamiento de sus elecciones provinciales, en un intento desesperado de despegar su suerte de la elección presidencial. Tierra del Fuego, otra provincia oficialista, siguió el mismo camino. Lo mismo hizo el gobernador de Río Negro, que había sellado un acuerdo político con Massa cuando las acciones de éste estaban en ascenso. Ahora, las cosas cambiaron y hasta los Bulgheroni, que pagaban su costosa campaña, pondrán su billetera al servicio del macrismo.

Este viraje también ha estrechado al extremo la base social del kirchnerismo. Esto explica que se refugie en su propia camarilla y que se baraje con insistencia la posibilidad de una candidatura de Cristina Kirchner, ya sea a diputada nacional o al Parlasur, e incluso para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. El revoleo de candidaturas muestra el carácter improvisado de la movida.

El repliegue de la camarilla oficial en sí misma ha reforzado las versiones de una ruptura del kirchnerismo con Scioli o, como variante alternativa, coparle por completo la lista e incluso digitarle el vicepresidente. Quienes desde el peronismo le advierten a Scioli que esto lo llevará a la derrota, le proponen que haga un frente con el decadente Massa, que podría aceptar ir a como candidato a gobernador. Por ahora, Scioli descarta esta variante tardía, porque sabe que dividiría al peronismo por dos y facilitaría aún más el triunfo de Macri.

Frente de Izquierda

La formación de la coalición del PRO-UCR introduce una modificación en el cuadro electoral. Asistimos al avance de una coalición de derecha que pretende explotar en su beneficio el retroceso inexorable del oficialismo. El programa antiobrero del macrismo y sus nuevos socios buscará ser encubierto con una demagogia republicana, una verdadera impostura si se tiene en cuenta que Macri está procesado por espionaje y que los capos del radicalismo se han ido del poder, con De la Rúa, asesinando a más de 30 personas en la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Luego de la Convención de Gualeguaychú, la campaña electoral nacional ya está en pleno desarrollo. El Frente de Izquierda tiene el desafío de enfrentar una tendencia a la polarización electoral entre fuerzas patronales que, sin embargo, albergan en su interior un fuerte potencial de disgregación política. Para explotar estas contradicciones, es necesario lanzar, sin demora, la campaña presidencial del Frente de Izquierda, apoyándonos en el lugar conquistado por Jorge Altamira como candidato. Esta campaña debe ser un apoyo para las elecciones locales que tendremos en los próximos meses.

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