martes, 17 de marzo de 2015

Juan Pablo Hudson: “La presencia de las fuerzas federales en Rosario sólo disminuyó en un 5% los asesinatos”

RNMA - ANRED

Durante el Enredando las Mañanas del viernes 13 de marzo, nos comunicamos telefónicamente con Juan Pablo Hudson, sociólogo, investigador de CONICET e integrante del Club de Investigaciones Urbanas de Rosario. Con él dialogamos sobre la situación actual en los barrios populares rosarinos en relación al avance del narcotráfico y el paso de las fuerzas federales, el rol de los movimientos sociales ante esta problemática y los nuevos desafíos que se presentan.

Enredando Las Mañanas: ¿Cuál fue la consecuencia de la presencia de gendarmería luego de 9 meses de intervención en Rosario?

Juan Pablo Hudson: En principio podemos hacer un balance de esa intervención que realmente modificó el paisaje de la ciudad toda, no sólo de los barrios populares, aunque los primeros meses la presencia estuvo mayormente en los barrios y ahí se produjeron las situaciones más represivas. En principio yo pondría un dato estadístico que me parece que es clave: las fuerzas federales desembarcaron con Sergio Berni a la cabeza el 9 de abril de 2014. Hasta ese día, habían ocurrido en Rosario 86 asesinatos; desde entonces con 2000 agentes que se sumaron, se produjeron 164 asesinatos más. Llegando a la cifra de 250 asesinatos. Es decir, tan sólo 14 menos que en 2013, año record en la provincia de Santa Fe. A su vez, llegamos a tener una tasa anual de 22 muertos cada 100 mil habitantes. En el conurbano bonaerense esa cifra es de 7 u 8 personas cada 100 mil. En Rosario en 2013 llega a 22. Ahora, en 2014, con 2000 agentes de seguridad atormentando a los jóvenes, armando pinzas en las puertas de los principales barrios para controlar los ingresos y egresos de las personas, pidiendo los papeles de las motos y los autos se produjeron sólo 14 asesinatos menos, es decir redujo en un 5%. Hay que recordar, para entender bien esta situación, que ese arribo tuvo un alto consenso, no sólo de la población céntrica sino de la propia población de los barrios populares cansada de la siniestra policía de Santa Fe, y también, quizás la mayor sorpresa, es que ciertos movimientos territoriales de izquierda independientes de la ciudad, nacionales y populares, apoyaron el desembarco de los federales. Era una violencia estatal de arriba que había que aceptar aún a regañadientes para poder disminuir la violencia de abajo. Sin embargo, nosotros decimos que esto fue al revés: esa violencia estatal encarnada por los federales y la policía provincial se juntó y enredó con la violencia de abajo generando una situación intolerable en la ciudad.

Este año aparecen algunas consecuencias que se preveían ya hacia finales del año pasado. Una es el retorno de las comercializaciones de droga más explícitas con la recuperación de búnkeres que antes, durante el desembarco, estaban más solapados. Después, el aumento del delito, una cantidad infernal de asesinatos. Nosotros decíamos que se estaba armando un combo muy complicado y complejo: la represión y el verdugueo constante a los jóvenes estaba acrecentando su descontento y esto al momento que se fuera gendarmería iba a provocar una salida violenta por parte de ellos. Esto ha sido así, no sólo han aumentado los delitos, sino también la violencia de esos delitos.
Por otro lado, tenemos el debut de la policía táctica, un ensayo más mediático que real del gobierno provincial, en uno de los barrios considerados más calientes de la ciudad volándole la cabeza a un inocente. Son jóvenes sin experiencia, incorporados a las apuradas durante el período de intervención de la gendarmería y la prefectura pensando en el momento en que la gendarmería se fuera. Son pibes de entre 18 y 25 años que apenas tienen unas clases en uso de armas de fuego. En enero, ante la denuncia de un robo menor en la calle confundieron al supuesto ladrón con un vecino que estaba lavando su auto y lo mataron de un disparo. En algunos barrios hay 2 o 3 integrantes de esta fuerza caminando cada dos cuadras y en febrero tuvimos otro episodio muy grave: ante el robo de dos remeras deportivas en el barrio Ludueña llegaron 15 móviles y realizaron allanamientos ilegales, le pegaron a la gente.

ELM: ¿Cómo se da la disputa en el territorio entre los narcos, las fuerzas policiales y las organizaciones populares?

J.P.H.: Es una situación difícil porque nosotros venimos diciendo que no sólo el Estado, no sólo las escuelas, no sólo las instancias estatales que hay en los barrios están desorientados y padecen esta reconfiguración de los territorios, sino también las organizaciones populares. En ciertos casos creo que se insiste en metodologías que corresponden más a otros periodos históricos. En otros, aparecen situaciones de organizaciones con compañeros valiosos cuya imaginación política se cierra en torno a la desesperación y se consensua en torno a la represión. Después hay organizaciones que están intentando poder pensarse de acuerdo a esta nueva situación tan violenta. Yo quiero sumar un ingrediente que habitualmente no se nombra porque resulta incómodo para aquellos que venimos del campo popular y la izquierda independiente y es que la violencia que se vive en Rosario no es sólo la violencia narco, sino también un tipo de violencia interpersonal que no está incluida en mercados ilegales. Ahí hay un gran interrogante que tenemos que no logramos visualizar bien: ¿qué pasó en esta década que, aún con desigualdad, hubo un crecimiento económico importante que alcanzó también a los sectores populares vía subsidios, por ejemplo, para que se haya generado una subjetividad que resuelve los conflictos a través de las armas de manera letal? Si uno realiza la radiografía de los asesinatos en Rosario muchos de ellos son entre vecinos por cuestiones banales, para decirlo claramente. Situaciones que por ahí antes tenían mediaciones comunitarias o institucionales que las resolvían de otra forma. Eso es un factor que a las organizaciones territoriales las desorienta y dificulta la tarea, porque ya no es el temor y la dificultad para trabajar en su lugar con búnkeres que trabajan con pibes del barrio por dinero. El propio vecino de tu misma cuadra donde tenés tu organización territorial se mata con otro vecino por estas situaciones. Yo creo que hay que tratar de pensar un poco todo de nuevo y esa es una tarea muy difícil, muy complicada. Porque requiere tiempo y, a su vez, necesitamos instantaneidad en las acciones. Pero es indispensable darse lugar para pensar las estrategias. Está claro que el tipo de tarea encomiables que se vienen aplicando no está dando soluciones.

Por ejemplo, en Villa Banana en la zona Oeste de la ciudad, un barrio muy populoso con muchas dificultades económicas, unos compañeros habían construido un centro cultural donde había un bunker. Luego de eso, mataron a un vecino que colaboraba con el centro cultural. Luego empezaron las amenazas de los líderes del narcotráfico en ese territorio para que se fueran. Finalmente, el sábado pasado, en las vísperas de un festival que iban a organizar para darle respuesta a esas amenazas le pegaron tres tiros al referente de ese centro cultural en el barrio. Este tipo de situaciones marcan que, si no se logra pensar claramente de manera estratégica, el enfrentamiento va a ser directo.

Por lo tanto, en resumen, creo que es muy complicado y prima la desorientación, la perplejidad y las dificultades para las organizaciones populares. Tenemos esperanza de que vamos a poder avanzar, hacer cosas y cambiar la situación, pero para eso tenemos que comenzar a pensar nuestra práctica desde cero.

ELM: Pensamos que Rosario es un lugar de ensayo acerca de una nueva forma de control territorial, que lamentablemente se expande por toda América Latina, que combina las fuerzas represivas con la situación del narcotráfico, ¿qué puntos en común y qué diferencias pensás que tiene la experiencia de Rosario con otras ciudades de América Latina?

J.P.H.: Es difícil compararlo. Coincido en que esta es una tendencia regional. Uno rápidamente piensa en las ciudades con mayor nivel de conflictos sociales o mayor nivel de circulación y producción de drogas. Pienso en las principales ciudades de México y Colombia. Si uno compara las estadísticas, tanto Rosario como Santa Fe quedan muy por detrás de esas ciudades. De todas maneras, yo creo que la situación requiere de una modificación o un límite de pronto porque no sabemos qué imagen de futuro podemos tener en ciudades como estas. En distintas reuniones que tuvimos con compañeros del conurbano bonaerense lo que plantean tiene mucha similitud con lo que viene sucediendo en Rosario. Acá, por distintos motivos, hay mayor cantidad de asesinatos, pero el avance del narcotráfico es realmente explosivo. Esto, en un marco en el que va a haber un giro gubernamental cada vez mayor hacia la derecha en las próximas elecciones, es preocupante. Porque las salidas para esta situación van a ser por derecha y esto va a abundar en mayor represión. Nosotros estamos en una provincia que próximamente puede llegar a ser gobernada por Miguel del Sel, o sea por la derecha rancia de la provincia. La derecha más administrativa y empresarial es el socialismo de Hermes Binner. El panorama de Santa Fe va a ser doloroso, porque va a seguir la derecha cool o la derecha más rancia. La combinación entre crecimiento del narcotráfico y la derecha en el gobierno dándole vía libre a las fuerzas represivas va a hacer que esta situación sea cada vez peor y ahí sí podemos acercarnos a los índices de asesinatos y venta de droga de otras ciudades latinoamericanas. Realmente hay un nuevo conflicto social que tiene aristas muy difíciles de aprender para organizaciones formateadas en otras épocas. El desafío es poder pensarlas y estar atento a aquellas experiencias latinoamericanas que han podido revertirse.

ELM: ¿Qué lugar ocupa en todo esto el negocio inmobiliario y la sojización creciente de la provincia de Santa Fe?

J.P.H.: Es interesante la pregunta porque la especulación inmobiliaria atraviesa transversalmente a la sociedad. Por un lado, aparece de manera más explícita y ostentosa en la zona norte de Rosario, sobre la costanera que es el territorio más apetecido por el mercado inmobiliario y que el gobierno de Rosario ha entregado de manera escandalosa. Todo lo que es la zona norte y centro que mira al río está agotada, ya no hay más tierras por entregar ni construir. Ahora lo que aparece es la zona sur. El gobierno de la ciudad está licitando y creando pequeñas obras para crear las condiciones después de años de dejar caer la zona sur para que los emprendedores inmobiliarios privados empiecen a invertir en esta zona. Por un lado, siguen apareciendo asociaciones entre sectores ligados a la producción de soja, el dinero en negro que circula en Rosario, la violencia, el narcotráfico y otros mercados ilegales, más algunas empresas financieras, hacen que se inflame la especulación inmobiliaria. Pero yo no quiero perder de vista que en los barrios populares aparece una especie de especulación inmobiliaria, con otros montos y otras cifras, pero que también perjudica a los sectores populares. En esto que contaba del grupo de narcotraficantes que le pegaron tres tiros a los compañeros del centro cultural, está claro que ocupaban casas desalojando a la fuerza a las personas para instalar un bunker o vender esos terrenos. Esto es como el mundo financiero, la especulación inmobiliaria está regida por el mundo financiero, y eso tiene su negocio en las altas esferas con las cuevas, los bancos. Aunque también abajo con los créditos blandos que se entregan a los sectores populares por parte de empresas usureras que van creando una especie de endeudamiento general en los sectores populares y que marcan una situación preocupante porque si vos hablás con vecinos de barrios populares de Rosario la mayoría está endeudada. En este modelo de sociedad donde la inclusión social se da vía consumo, y el consumo es una marca identitaria tan fuerte, hace que el endeudamiento sea indispensable para alcanzar los estándares que marca el capitalismo o el neo desarrollismo actual.

Hay un barrio que se construyó para los sectores populares y recientemente bandas de delincuentes, ni siquiera narcotraficantes, han desalojado a las personas para luego vender las tierras a mayor precio. Una especie de especulación inmobiliaria lumpen que realmente provoca grandes problemas. Si algo no ha hecho y no va a hacer esta ciudad, ya sea en manos del PRO o el socialismo, es limitar la especulación inmobiliaria.

ELM: Para ir finalizando queremos que le cuentes a nuestros oyentes qué es el Club de Investigaciones Urbanas y dónde se pueden encontrar producciones de ustedes.

J.P.H.: Nosotros lo llamamos un espacio de investigación militante no partidaria. Hacemos investigaciones no académicas ni universitarias, aún cuando muchos de ahí trabajamos en CONICET. Estamos en coordinación con movimientos territoriales amigos con la idea de poder investigar la especulación inmobiliaria y el mundo financiero en los sectores populares y en las altas esferas, y también los cambios en los territorios a partir del avance de la violencia, sea narco o interpersonal. Para los que tienen facebook tenemos una página que se llama Club de Investigaciones Urbanas de Rosario, ahí pueden encontrar materiales. Sino en youtube pueden encontrar el documental que hicimos hace dos años que se llama “Rosario, ciudad del boom ciudad del bang”, donde muchas de estas problemáticas que estuvimos charlando están reflejadas.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.