viernes, 6 de marzo de 2015

La situación económica y las dos plazas: Turbulencias de fin de ciclo en un año de cambio de gestión

Eduardo Lucita (LA ARENA)

Todo año electoral suele ser conflictivo, social y políticamente. Más este 2015 que será el último año de un gobierno que completa tres períodos completos: doce años. Una excepcionalidad histórica en nuestro país.

Transitamos un 2015 donde la economía está estancada. Con caída del superávit comercial y fuerte restricción externa; déficit fiscal creciente, inflación elevada, deterioro del empleo; debilitamiento de las relaciones con buena parte del capital más concentrado por los acuerdos con China; y creciente descontento del sector sindical, sea por ganancias, sea por la inflación. A esto hay que adicionarle la presión de los fondos buitre y del juez Thomas Griesa.

La anunciada crisis cambiaria y el estallido social, estimulados y alentados por los gurúes de la city porteña y los grandes medios de comunicación, no se consumaron. La economía atraviesa un período de "calma chicha" que podría extenderse todo el año y por ahora la conflictividad social no es significativa. Adicionalmente las últimas informaciones dan cuenta de que podría abrirse el mercado para reiniciar el ciclo de endeudamiento.

Sin embargo y como lo hemos señalado en nuestra columna anterior, la denuncia del fiscal federal Alberto Nisman contra la presidenta Cristina Fernández, su canciller Héctor Timerman, y otros por encubrimiento, así como su posterior y sospechosa muerte -en el marco del desplazamiento del "súper agente" de inteligencia Antonio "Jaime" Stiuso, lo que no es un dato menor- instalaron elementos de crisis política

En este contexto general el nivel de confrontación con las corporaciones ha escalado un nuevo piso. Esto es particularmente significativo con el poderoso sector de la justicia opositora.

Las dos plazas

Las convocatorias por el homenaje al fiscal Nisman a una marcha a Plaza de Mayo el 18 de febrero, y la movilización el 1 de marzo por la apertura de un nuevo período de sesiones en el Congreso nacional dieron lugar a dos plazas que confrontaron en cantidad, calidad y contenido.

No hay dudas de que el nivel de confrontación con la justicia fue la base del 18F, al que convocaron los fiscales opositores más el dirigente de los empelados judiciales Julio Piumato, formalmente como homenaje al fiscal muerto pero bajo el lema "Por la memoria de Nisman, por la verdad y la justicia".

Más allá de las discusiones acerca de la magnitud y alcance de la misma, la marcha fue significativa. Cierto es que su composición fue mayoritariamente de integrantes de las clases medias y medias altas, que el promedio de edad era elevado y que los jóvenes y las representaciones sociales brillaron por su ausencia, no así las políticas. De los dirigentes de la oposición derechista, ninguno faltó a la cita.

Pero el 18F no ha sido solo un hecho cuantitativo es también cualitativo, un verdadero hecho político. Lo que ahora algunos analistas comienzan a llamar "nueva derecha política" o "una derecha conservadora, moderna y democrática", ha demostrado que a la representación electoral -ya lograda y en crecimiento- se suma ahora capacidad de movilización. Lo que se había insinuado cuando el rechazo a la Resolución 125, o más tempranamente cuando la marcha de Blomberg -exigiendo mayores penas y mano dura-, o cuando los cacerolazos -por diversos motivos- parece haberse consolidado.

La oficialista

Diferente ha sido la concentración del 1M, un hecho político desde su convocatoria, pensada por un oficialismo a la defensiva para confrontar con la anterior. Entre una y otra convocatoria el juez federal Daniel Rafecas desestimó la denuncia de Nisman y de quien la debió investigar, Gerardo Pollicita, así la presidenta hizo frente a su último mensaje de apertura de sesiones sin la denuncia de encubrimiento sobre sus espaldas.

Aquí sí la juventud y los sectores populares se hicieron presentes. Entre el aceitado aparato de los barones del conurbano bonaerense; los contingentes juveniles de La Cámpora que hegemonizaron la concentración, sectores medios bajos y nucleamientos obreros de la UOM, Uocra, UPCN, Smata, entre otros, desbordaron la plaza de Los Dos Congresos y sus alrededores. Aquí otra vez la evaluación no es cuantitativa, aunque el número fue importante, sino cualitativa. El corte por clase entre las dos plazas fue notable.

A diferencia de 18F donde lo que primó fue el silencio, la plaza del 1M operó como caja de resonancia del discurso presidencial. Un discurso que transitó por lugares comunes de un balance de la década larga de administración kirchnerista ya varias veces expuesto -que resalta los logros, muchas veces con datos cuestionables, y omite las carencias- los anuncios de varios proyectos para la actividad industrial y energéticos y donde destaca la presentación de un proyecto de ley para "recuperar la administración estatal de los ferrocarriles". El discurso alcanzó un alto voltaje cuando incursionó en lo político. Con el caso AMIA, con la denuncia del fiscal Nisman, con la caracterización de la situación internacional, con la defensa del tratado con China, y sobre todo cuando elevó el tono de la confrontación con el poder judicial.

Consolidar las fuerzas

A diferencia de lo que se suponía el discurso no tuvo como eje la polarización con las fuerzas políticas opositoras, aunque algo siempre hay sino el kirchnerismo no sería lo que es, sino que, como en las últimas intervenciones de CFK, estuvo dirigido al núcleo duro del kirchnerismo, a consolidar un fuerza política que tiene que proyectarse más allá del 2015. Apoyos no le faltan. Si es inédito en el país que una administración de los asuntos públicos cumpla 12 años de gobierno, también lo es que una presidenta se retire luego de 8 años con el apoyo y la capacidad de movilización puesta en escena el 1M.

Así el kirchnerismo ha retomado la iniciativa mientras que la oposición derechista quedó nuevamente descolocada, a falta de propuestas concretas tendrá que encontrar un nuevo eje de intervención política, que no sea la mera denuncia.

A todo esto la izquierda a diferencia de otras veces, como cuando la Resolución 125 que hubo sectores que se sumaron al carro de los ruralistas; o cuando el caso Blumberg o los cacerolazos que alguna fracción participó de las manifestaciones derechistas, esta vez de conjunto ha mantenido su independencia de los bloques en disputa, exigiendo la creación de una comisión investigadora independiente para los casos AMIA y Nisman, la apertura de los archivos, la liquidación de los servicios de inteligencia y acabar con los secretos de Estado. Así la izquierda puede erguirse con autoridad ante la sociedad.

No es poca cosa en la crisis política actual.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.

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