miércoles, 18 de marzo de 2015

Las mujeres toman la ciencia

Noemi Portela Prol (CCS)

En los 113 años de historia de los premios Nobel solo 15 mujeres han recibido el galardón en el ámbito de la ciencia. Marie Curie, Dorothy Crowfoot-Mayer o Barbara McClintok son algunas de las investigadores que tuvieron que luchar con el peso de ser pioneras en un mundo de hombres. Los años han pasado y las políticas de igualdad han aumentado. Parece difícil que casos como el de Rosalind Franklin y un largo etcétera de investigadoras olvidadas o infravaloradas se vuelvan a producir pero la desigualdad entre sexos es una realidad todavía vigente que se plasma en el mundo de la ciencia con especial virulencia.

Los largos años de carrera, la incertidumbre de no saber si el trabajo realizado tendrá sus frutos o la escasez de ayudas y becas son algunas de las pruebas a las que cualquier científico se enfrenta. Pero las dificultades aumentan cuando se es mujer. En ciencia la habitual brecha salarial entre hombres y mujeres solo es la punta del iceberg de un problema mucho mayor donde subvenciones, premios e invitaciones a conferencias llevan por lo general nombre masculino.

En la conferencia ‘Mujer en la ciencia e ingeniería’ celebrada en 2014 en Nueva York la cofudandora de The New York Stem Cell Foundation (NYSCF), Susan L. Salomon, lanzaba la pregunta que muchos ya se habían hecho con anterioridad: “Todas ustedes han llegado lejos en la carrera científica, ¿cómo lograron romper el código?”. Las destinatarias eran un grupo de treinta mujeres directivas e investigadoras de distintas ramas asistentes al evento. Todas coincidieron en denunciar la diferencia salarial, la menor posibilidad de promoción y el escaso número de mujeres invitadas a conferencias y eventos relacionados. Tampoco en los premios la situación es más igualitaria, pues según los datos arrojados por el estudio ‘Las mujeres en los premios científicos en España 2009-2014’, solo el 17,63% de los galardonados son mujeres.

En el marco de la propia conferencia surgió un grupo de trabajo, encabezado por Salomon, para tratar de buscar soluciones que equilibrasen la balanza. El resultado fueron siete estrategias que buscan conseguir dicha equidad. Las dos primeras, ambas de carácter económico, apoyan la creación de becas y fondos específicos para que las investigadoras puedan destinar una parte del dinero a pagar el cuidado de ancianos y niños o contratar mano de obra añadida con el fin de lograr cierta conciliación laboral que permita a la mujer poder desarrollarse en su trabajo. Otras tres pautas se refieren al plano cultural y consideran necesaria la creación de políticas que fomenten la equidad entre hombres y mujeres que formen parte de los distintos comités y departamentos. Además, abogan por la existencia de formación específica que aclare la situación de las mujeres en la ciencia. Por último, las estrategias restantes ahondan en la visibilidad de las científicas mediante la creación de informes que indiquen el número de personas de cada sexo en los distintos departamentos o la actualización de bases de datos dando la misma relevancia a hombres y mujeres para que estas puedan optar, igualitariamente, a empleos y actividades relacionados con su rama.

Cuando Rosalind Franklin obtuvo la Fotografía51 que demostraba la estructura de doble hélice del ADN, no podía imaginar que el descubrimiento permitiría ganar el Nobel a tres personas entre la que, irónicamente, ella no se encontraba. Maurice Wilkins, Francis Crick y James Watson, al igual que Rosalind, trabajaban en esclarecer la estructura del ADN cuando la científica hizo su descubrimiento. Wilkins, sin contar con el permiso de la científica, decidió mostrar su trabajo a Watson y Crick, con quienes posteriormente compartiría el galardón. En aquella entrega de premios Franklin no estuvo presente ni en el reconocimiento, había fallecido cuatro años antes y el Nobel no se concede de forma póstuma, ni en boca de los ganadores, quienes se repartieron los méritos obviando por completo al cuarto eslabón de la cadena. Una mujer. Medio siglo después, toca cambiar el curso de la historia.

Noemi Portela Prol es periodista.

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