martes, 17 de marzo de 2015

Latinoamérica con la integridad a prueba

Carlos Medina Viglielm (especial para ARGENPRESS.info)

El Imperio movió sus fichas y Latinoamérica las suyas. El gobierno norteamericano lanzó la, hasta ahora, mayor amenaza contra la República Bolivariana de Venezuela. El gobierno bolivariano encabezado por Nicolás Maduro tomó las medidas pertinentes y Venezuela fue respaldada por la Unasur. ¿Acaso la situación entró en un impase? Solo aparentemente.

El presidente Maduro anunció hace pocas horas que “Estados Unidos tiene los decretos para declarar el bloqueo a Venezuela”. En la sede del hemiciclo, aseguró que desde el Gobierno estadounidense “tienen listos los decretos para declarar un “bloqueo económico, comercial, financiero, energético y naval”. Agreguemos que también tienen la voluntad de hacerlo.

El paso siguiente a la calificación de Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” por parte de los Estados Unidos y en base a los numerosos antecedentes, hubiera sido un ataque militar directo. Algunos han dicho que en realidad fue una “movida” de Obama para tratar de ganar terreno en el Senado (las dos cámaras en contra), con el fin de sacar adelante alguno de sus otros proyectos de gobierno. Puede ser, tal vez. Pero Latinoamérica no puede jugarse la vida tras esas fundamentaciones. El peligro de ataque a Venezuela subsiste y ha sido permanente, desde hace 13 años.

Es muy posible que el ataque se hubiera efectuado como colofón de la última ola de desórdenes organizados por la “oposición demócrata”, responsable asimismo de poner en práctica la “guerra económica”, el acaparamiento de artículos de primera necesidad, de medicamentos, de combustible etc, etc. El mundo hoy sabe de los planes terroristas que estuvieron a punto de llevarse a cabo, con la participación de algunos militares de la Fuerza Aérea, con un avión Tucano artillado.

Es de suponer que tras el inicio de las hostilidades por parte de la contrarrevolución, y hechas las solicitudes correspondientes de “apoyo internacional” por parte de los “demócratas de la oposición”, los Estados Unidos habrían enviado prontamente la “ayuda humanitaria” necesaria en forma de bombardeos de objetivos militares chavistas y de paso, todo eso que bombardean (como siempre hacen), con el fin de atar a sus “protegidos” a las “deudas por la ayuda recibida”.

El ataque no prosperó. No es que se haya abandonado la idea. El ataque se pospuso. Tal vez porque la inteligencia chavista logró abortar la acción terrorista. Es muy posible. Pero es que a la toma de las medidas legales de defensa de la soberanía, hay que agregar las maniobras militares dispuestas por el gobierno bolivariano para poner a punto la defensa, maniobras que se realizan en conjunto con una fuerza militar amiga nada despreciable: la Armada rusa. Y todavía hay que sumar, para que Obama lo piense muy bien antes de jalar el gatillo, las expresiones de solidaridad de las naciones hermanas del continente, en la Declaración de la Unasur, pero también de la República Popular China.

¿Ha pasado el peligro? El que piense eso es iluso o irresponsable. El Imperio no cejará en sus intentos de apoderarse de las mayores reservas de petróleo del mundo pero además quiere cercenar la alternativa independiente y soberana de Venezuela como mal ejemplo. Solo espera por la ocasión oportuna. El peligro subsiste y se acrecienta por momentos, en la medida que los Estados Unidos siguen adelante con sus maniobras militares envolventes (contingente militar desplazado a Perú, una nueva base militar en Paraguay), mientras que sus aliados, principalmente España, siguen con su manipulación mediática y el apoyo económico concreto a la contrarrevolución.

El presidente español Mariano Rajoy acaba de recibir a Mitzy Capriles de Ledezma, esposa del que fuera alcalde de Caracas Antonio Ledezma, que hoy cumple pena de prisión por sus delitos contra la Nación bolivariana.

El régimen de Rajoy utiliza la Televisión Estatal, fuertemente dominada por el partido franquista (PP), para manipular la información referente a Venezuela. No es un detalle menor. El canal de Televisión Internacional de España llega a cientos de millones de hogares latinoamericanos.

Mitzy Capriles de Ledezma se reunió además con José María Aznar, jefe de la llamada Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales FAES (debe leerse Fascistas Españoles) y por otro lado con el ex presidente Felipe González. “Ambos, sin ninguna diferencia de criterios, están abocados plenamente y dispuestos a ayudar y apoyar a Antonio en todo lo que fuera preciso y no solamente a él sino a todos los presos políticos” dijo la Capriles.

La esposa de Ledezma también fue recibida por Pedro Sánchez, actual líder del llamado Partido Socialista Obrero Español, quien ha expresado públicamente su petición para que el alcalde conspirador sea liberado.

Y por supuesto que no podemos soslayar el apoyo a la contrarrevolución en Venezuela que ofrecen los grandes medios de comunicación y los políticos corruptos en diversas naciones del continente, archiconocidos como el senador Luis Alberto Heber en Montevideo, “socio” del ex presidente Luis Alberto Lacalle, amigo éste del Generalísimo Franco y de Augusto Pinochet.

Al conocerse la Declaración de la Unasur en respaldo a Venezuela, Heber acusó al gobierno de Nicolás Maduro de estar perpetrando el “terrorismo de Estado”.

Como dijo hace pocas horas la diputada venezolana Blanca Eekhout “Venezuela no es amenaza para ningún país del mundo sino una esperanza para otros Estados”. Habría que decir “esperanza para los pueblos del continente”. Los amenazados, sin duda, son los que forman las elites ricas que han disfrutado por centurias de los bienes mal habidos, los latifundistas, los grandes empresarios, los banqueros y todos esos asociados para delinquir en supuestos partidos políticos que los alientan y los protegen.

La integridad de Latinoamérica está a prueba. Conservarla depende de la rapidez, la sensatez y la valentía con que se tomen las medidas necesarias por parte de los gobiernos pero, principalmente por parte de los pueblos.

Nos esperan tiempos difíciles. Es bueno releer a Martí: “Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

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