miércoles, 4 de marzo de 2015

Lo que la Presidenta no dijo en su último discurso

Juan Pablo Olsson (INFOSUR)

Un discurso que cierra el ciclo kirchnerista de 12 años.

Al escuchar las palabras de la Presidenta, consideramos que lo más significativo del ciclo kirchnerista que se está cerrando -compuesto a su vez por varios ciclos diferenciados- es la especial capacidad de promover políticas de entrega del patrimonio público y hechos escandalosos de corrupción, que están llevando a la Argentina a una encrucijada dramática, fundamentados por un relato que apela a las mejores tradiciones populares de nuestro país y de América Latina.

En su último discurso de apertura de las sesiones parlamentarias, Cristina Kirchner ha presentado un panorama donde algunos datos son sin duda ciertos; pero predomina una descripción de la realidad que claramente se basa en información del INDEC oficialista. Es justamente en lo no dicho durante su exposición, donde pueden detectarse algunos de los puntos más críticos del modelo.

En nombre de la soberanía energética, con la Ley de Hidrocarburos concreta una política de entrega a perpetuidad de todos los recursos de gas y petróleo del país, a favor de grandes corporaciones extranjeras y grupos locales amigos del poder. Lo llamativo en este punto, es haber señalado que “las grandes potencias que pretenden dominarnos requieren de cómplices locales…”, como si el matrimonio fuera ajeno a este histórico proceso de entrega. El ciclo kirchnerista en este campo se inicia con el protagonismo que tuviera Néstor Kirchner junto al presidente Carlos Menem y a los ministros Domingo Cavallo y José Luís Manzano en el vaciamiento y la privatización de YPF, a comienzos de los años 90´. Tarea que en el 2007 lo llevaría a avalar la prórroga por 40 años del Yacimiento de Cerro Dragón -10 años antes de que finalizara la concesión-, en beneficio, entre otros, de la British Petroleum. Hace pocos meses, esta corporación se auto-incriminó ante la Comisión de Valores de Estados Unidos por haber pagado coimas para conseguir esa concesión; sólo resta preguntarle a quienes se las pagó. Sin considerar además los arreglos espurios en el 2008 para la compra del 25% de Repsol a través del grupo Ezkenazi. Como la Presidenta basa la épica y la mística de su discurso en haber enfrentado a las corporaciones, cabe preguntarse en qué categoría ubica a empresas beneficiadas como la British Petroleum, Chevrón, Monsanto, Barrick Gold, Minera La Alumbrera, Telefónica y Telecom de Argentina, Bunge, Aceitera General Deheza o la firma china Cnooc Ltd: habría que apuntarle que no son Pymes.

En otro de los puntos salientes del discurso reivindicó la estatización de la ANSES, silenciando sin embargo que Oscar Parrilli -integrante del riñón del kirchnerismo- fue el principal defensor y el miembro informante de la privatización de los Fondos de Pensión para la creación de las AFJP. Sin mencionar que la política de desendeudamiento con el sector privado externo ha significado extraer recursos del fondo de sustentabilidad de ANSES a cambio de bonos en moneada nacional que ponen en riesgo el equilibrio del sistema. A su vez, el aplaudido anuncio de la nacionalización de los ferrocarriles, elude mencionar el potencial que tendría la creación de una industria nacional capaz de sustituir irracionales importaciones llave en mano provenientes de China, que incluyen hasta los durmientes de cemento. Tampoco mencionó quiénes son los actores y cuál es el negocio existente detrás de estos acuerdos: debe recordarse que en la primera de estas compras de material ferroviario por 10 mil millones de dólares, el intermediario Franco Macri obtuvo una comisión de 400 millones de dólares, que seguramente repartirá con funcionarios locales. La nacionalización de los ferrocarriles significa en realidad dar de baja las escandalosas concesiones que permitieron descomunales hechos de corrupción entre funcionarios y concesionarios, con su desenlace más dramático en la tragedia de Once: una evidencia de que la corrupción mata.

En el campo de los Derechos Humanos, el ciclo kirchnerista se inicia con la total indiferencia del matrimonio Kirchner y su implícito o explícito aval al indulto a los miembros de las juntas, decretado por el gobierno menemista del cual formaban parte. Luego de la crisis del 2001, Néstor Kirchner tuvo la inteligencia de percibir una demanda de la sociedad por Memoria, Verdad y Justicia y con actos simbólicos como la entrega del edificio de la ESMA, el cuadro descolgado de Videla y los Juicios a los genocidas, tocaron una fibra muy sentida para gran parte del pueblo argentino. Pero pretendieron apropiarse con exclusividad de esas banderas históricas y, sin contar el episodio de la Universidad de las Madres con el escándalo “Sueños Compartidos”, el ciclo culmina con la designación del general César Milani como su aliado estratégico, desconociendo las denuncias de las Madres sobre su participación en los crímenes de lesa humanidad, como el asesinato del conscripto Alberto Ledo durante los años oscuros de la dictadura militar.

Otro de los ciclos que se cierran está referido al marcado incremento de la fortuna familiar, que tiene su origen en la capacidad de lucrar con la dramática Ley 1025, por la cual pudo despojarse de sus viviendas a familias desesperadas, en favor de jóvenes abogados exitosos. Más tarde, sus habilidades financieras fueron orientadas sucesivamente al manejo de los fondos públicos de la provincia de Santa Cruz y, ya en la presidencia, de los fondos públicos nacionales, en sociedad con personajes como Ricardo Jaime, Amado Boudou o Lázaro Báez. En este aspecto, el contraste al final de sus mandatos entre la figura presidencial de Pepe Mujica en Uruguay y Cristina Kirchner en Argentina habla por sí mismo.

Juan Pablo Olsson es sociólogo. Referente de Proyecto Sur CABA.

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