lunes, 2 de marzo de 2015

Los peruanos y Venezuela en marcha

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

El proceso venezolano interesa crecientemente a los peruanos. Y es curioso. Ellos ocurre, no tanto por la curiosidad de los ciudadanos de a pie, abrumados con la burbuja mediática referida a los “asuntos internos” que los cautiva día a día; sino más bien por la ferocidad con la que Medios de Comunicación, y políticos al servicio de la clase dominante, se expresan de modo cotidiano.

No es nuevo el tema. Ni siquiera se sitúa en la Venezuela Bolivariana, es decir, a fines del siglo pasado. Cuando en Cuba los guerrilleros de Fidel bajaron de la Sierra y se instalaron en La Habana, sucedió un fenómeno similar.

Todo lo negro que se dice de Venezuela hoy, se dijo de Cuba ayer: que vive en el caos, que la gente se muere de hambre, que hay dictadura, que encarcelan a opositores, que la represión campea, que los gobernantes son incapaces… Claro que nada de eso se decía cuando Batista, pero, a partir de Fidel, se convirtió en el pan del día, para los “grandes medios”.

Y probablemente la cosa no se inició tampoco con Cuba. En 1917, cuando los bolchevique tomaron el Poder en la vieja Rusia de los Zares, no faltaron las mismas “informaciones”: hay una dictadura, Lenin en un nuevo Zar, los bolcheviques asaltan los Palacios, los comunistas rusos incendian las iglesias, se comen a los niños… A ellas, añadían: ¡Ya va a caer el régimen rojo…!

La leyenda, entonces, no es nueva. En dos años más, cumplirá un siglo; y podrá mostrarse como expresión de la odiosidad alimentada por segmentos de la sociedad, empeñados en preservar los privilegios de los poderosos.

Antes eran los propietarios de “El Comercio”, que se burlaban de José Carlos Mariátegui y sus amigos, a quienes llamaban “los bolcheviques peruanos”. Y eran también los hombres de “La Patria Nueva” confortablemente instalados en a la vera de Leguía. Hoy, son los integrantes del cogollo alanista del APRA, y los voceros de la Mafia los que dicen lo mismo, de Venezuela contemporánea.

No debiera sorprendernos el que eso ocurra. Con muchas frecuencia asoma hoy en “los medios” el rostro de Luis González Posada para difamar a Venezuela, y asegurar a nuestro pueblo que desde el Palacio de Miraflores regenta la sociedad llanera una supuesta “cúpula dictatorial”.

Es bueno que se recuerde que éste González Posada, fue ministro de Justicia en el gobierno de Alan García, cuando la matanza de los Penales. Allí fueron asesinados más de 300 ciudadanos encarcelados. En unos casos, se les derribó a cañonazos -el Pabellón Azul en El Frontón-. Y en otros, se les mató de rodillas, uno a uno, con un tiro en la nuca -124 presos en el Pabellón Industrial del CRAS de Lurigancho-; pero el titular de “Justicia” -que tenía bajo su control el sistema penitenciario- no se dio por aludido. Y hasta hoy no ha rendido cuentas de hecho semejante.

Este mismo González Posada, hace varios años, fue públicamente señalado como funcionario de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. La denuncia fue pública, y muchos la recuerdan. Pero todos saben que el acusado, jamás se sintió aludido, y guardo sepulcral silencio hasta la fecha.

Pero igual, sale en todos “los medios” a decir que el régimen de Maduro es “una dictadura”, proporcionando una versión idéntica a la que nos remite, por la misma vía y en forma cotidiana, la Oficina de Langley, en Virginia. Cualquier parecido con el original, no es coincidencia.

Pero no es sólo González Posada. Es también Jorge del Castillo Gálvez, quien fuera Primer Ministro del Gobierno de García. El, nos asegura que la administración de Maduro “intercepta las comunicaciones de sus opositores políticos”. Obvia recordar que él, fue obligado a dejar su cargo cuando quedó en evidencia que interceptaba las comunicaciones de sus opositores políticos valiéndose de una empresa privada de espionaje, y que él mismo, tenía encuentros secretos con una compañía corruptora en los lujosos salones del Country Club de Lima. ¡Vaya!

Martha Chávez Cossio asoma también en las pantallas de la Tele para decir quejumbrosa, que el Presidente Maduro “maltrata a las mujeres” -aludiendo a Corina Machado- pero calla y se niega a recordar que en el gobierno de Fujimori -su ídolo, de barro- se maltrataba cruelmente a las mujeres: el caso de casi 4,000 mujeres sometidas a esterilización forzada, y la esposa del Presidente de entonces, emparedada en una habitación de Palacio de Gobierno, y luego sometida a tortura eléctrica en los calabozos del SIN, siendo “Primera Dama de la Nación”.

Hay una cáfila de congresistas peruanos .que suman sus voces “indignadas” contra el gobierno bolivariano de Venezuela. Lourdes Alcorta es una de ellas. En abril del 2013, luego de asegurar que el Presidente Maduro era “un simio”, demandó la inmediata expulsión del embajador de Venezuela en el Perú y exigió que un avión de la Fuerza Aérea Peruana fuera a Caracas a “traer de vuelta” al embajador peruano y a su familia. Hoy, esa dama de tan alta alcurnia y exquisitos modales, es Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, y clama por lo mismo. Ni siquiera repara que, por mandato constitucional, la Política Exterior del Gobierno la dispone y la ejecuta no ella, sino el Presidente de la República.

Estos personajes, verdaderos cipayos del Imperio, se sienten alentados por presentadoras de la Tele, por lo general, bellas chicas que leen -con dificultad- telepronters que les hacen decir: “el dictador Maduro…”. Luego se preguntan “Si Maduro es un dictador, como hemos dicho, por qué Humala calla, por qué no rompe con él?”. Y claro, lo que desvive a estas mozas es ¿por qué los gobiernos de América no le dan la espalda al gobierno de Caracas y se alinean de una vez con los que hoy lo acosan?

Y eso es lo que los desvela. “Si nosotros decimos que el señor Maduro es un dictador, ¿por qué los Presidentes de América, no dicen lo mismo? Sollozan como beldades ensimismadas, solitarias, e incomprendidas.

Hay dos cosas que aquí aún poco se entienden: la sociedad venezolana no está quieta, no es estática, sino convulsa. Vive atravesadas por una dura lucha de clases. En ella, se generan y producen cambios sociales. Una parte minoritaria de la sociedad, pierde privilegios; y otra, la mayor, alcanza derechos. Esa realidad, genera confrontaciones; y ellas pueden derivar en violencia, como suele ocurrir en todos los países en los que hay cambios sociales. La experiencia dice que los poderosos, no ceden pasivamente sus privilegios; y que los pueblos, sólo adquieren conquistas, a través de la lucha. Ese, es el escenario de la confrontación en Venezuela ¿es difícil entenderlo? El caos y la violencia, la produce la derecha, que ya tiene el cadáver que buscaba: un niño de 14 años murió en Táchira. La Mafia, grita por él ¿Gritó por los niños Palestinos? Nadie lo supo.

Y la otra verdad: la lucha en Venezuela es parte de la que libran los pueblos de América por afirmar su independencia y su soberanía, recuperar sus riquezas y preservar sus recursos naturales. Se ha dicho -y es verdad- que al gobierno de los Estados Unidos no le importa mucho los gobiernos, sino los países. No viene por Maduro, Dilma, Correa, o Evo. Viene por el petróleo, el gas, el cobre, el oro, el agua, la bio diversidad; que busca llevarse a sangre y fuego.

Ahora El Imperio, coloca su agresividad en un nivel más alto. En septiembre vendrá al Perú un verdadero ejército de ocupación. Casi 4,000 soldados desembarcarán en nuestro territorio para “luchar contra el narcotráfico y el terrorismo” Si ésta “operación” se ejecuta sin resistencia, si la comunidad internacional la permite; entonces USA tendrá carta blanca para que sus soldados lleguen también a Bolivia, Ecuador o Venezuela a fin de restablecer la democracia” ¿No es así como se dice?

Si en lugar de Obama, hubiera anunciado el desembarco de tropa en tierras peruanas Nicolás Maduro; la “prensa grande” y sus áulicos de pacotilla, habrían puesto el grito en el cielo ¿o no?. Como es el amo del norte, “la voz de mando”, calla.

Los peruanos tenemos lazos perdurables con Venezuela. Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, vinieron de allá para concretar la Independencia. Simón Rodríguez, el Maestro, murió en Amotape en 1854 después de su largo exilio. Y dos años más tarde quedó también Manuelita Saenz -“la insepulta de Paita”, en palabras de Neruda- la Libertadora del Libertador.

Con los años, se han confirmados lazos solidarios entre nuestros pueblos. Nosotros deseamos vivamente que la paz retorne a la Patria Llanera y que los venezolanos puedan construir su dicha sin ingerencia alguna. Es bueno que eso, se entienda. Los mercaderes del odio, y de la guerra, pueden irse a otra parte con su insensata proclama de horror y de muerte. No los queremos.

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