miércoles, 4 de marzo de 2015

México: “Les puedo decir que entendemos”

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

El reconocimiento explícito que formuló desde el 20 de febrero el titular del Ejecutivo federal al rotativo británico Financial Times sobre que “hoy existe sin duda una sensación de incredulidad y desconfianza” en México, además de que “hubo pérdida de confianza y esto ha mostrado recelo y duda”, es un hecho declarativo que no por ello debiera subestimarse y tampoco por producirse allende el Atlántico y no en territorio mexicano, lo cual es una añeja práctica presidencial, asumir una conducta más abierta ante la prensa extranjera, particularmente la estadounidense y europea, que frente a los medios mexicanos.

Dada a conocer hasta el martes 3 en la edición impresa del Times, para hacerla coincidir con la visita de Estado que realiza Enrique Peña Nieto al Reino Unido, una de las dos que contempla la agenda de 2015 de la Corona británica, en la entrevista Jude Weber describe que EPN -“en quien confiaron los empresarios en sus primeros dos años de gestión”- “ha enfrentado desde entonces una marea de inquietud popular y un electorado cada vez más escéptico, donde el conflicto de intereses se suma a la sensación de que el gobierno de Peña Nieto no está en contacto con los votantes y que su campaña de dejar atrás las viejas prácticas era hueca”, registra el texto “México, plagado por la ‘incredulidad y la desconfianza’, admite el Presidente”.

La falta de contacto con los electores pareciera ser, en efecto, “una sensación” sin respaldo demoscópico, amén de que casi todas las empresas dejaron pésimo sabor de boca con sus cuentas alegres y uniformes sobre la aplastante victoria que auguraron para el tricolor y su candidato presidencial, mismo que todavía cuenta con el estigma de la compra de millones de votos, aunque el Tribunal Electoral acaba de jurar legalmente lo contrario.

Y “la marea de la inquietud popular” que tiene como principal bastión al movimiento por la presentación con vida de los 42 estudiantes de Ayotzinapa, pareciera por desgracia un dato del pasado, quizá hasta fines de noviembre, si me atengo a los reportes de Arturo Sánchez y Fernando Camacho: “Casi 4 mil personas acompañaron a los familiares de los normalistas en una marcha que pretendía terminar en la residencia oficial de Los Pinos” (La Jornada, 27-II-15). Presente que es el producto de un movimiento cada vez más aislado debido en buena medida a las políticas provocadoras y vandálicas de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero y la incapacidad de los padres de familia para no ser utilizados por los dirigentes de ésta.

Sabedor de aquellos y otros hechos, Enrique Peña asume que el primer domingo de junio él y su gobierno “serán puestos a prueba”, y aseguró al medio británico que “la crisis de confianza perceptible” en el país “es en realidad una oportunidad”, porque “aún estamos a tiempo de mostrar resultados y de dar beneficios a los mexicanos”.

También ajustó pendientes. “Les puedo decir que entendemos”, dijo en alusión al editorial de hace unas semanas en The Economist (“el Presidente no entiende que no entiende”), mismo semanario que antes le quemó incienso y seguramente lo hará en el futuro inmediato como todos sus pares británicos, porque el gobierno busca duplicar la inversión de Londres en México, en particular en materia energética, y para ello volverán a abrirse las puertas cerradas en 1938 por la dirección política que encabezó Lázaro Cárdenas del Río.

Tampoco es pertinente olvidar que ante los grandes negocios imperiales los derechos humanos, también los de los pueblos como el de Guerrero, pasan a un segundo y hasta tercer plano, como lo documenta el presente y la historia.

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