lunes, 9 de marzo de 2015

México: Más información y menos propaganda

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Se produjo el relevo en la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia, apenas una semana después de la publicación en Financial Times de uno de los reconocimientos explícitos más significativos, no sé si de aliento importante, a cargo de Enrique Peña Nieto: “Hoy, sin duda, hay una sensación de incredulidad y desconfianza (...) ha habido una pérdida de confianza que ha sembrado sospecha y duda”.

Está por verse si esto va más allá de la inmediatez de una confesión política a un importante diario londinense y rebasa el interés por aparecer autocrítico ante la opinión pública británica y por su conducto la de la Unión Europea, con motivo de la que resultó muy exitosa visita de Estado. Desde antes era obligado el relevo no porque David López produzca un giro en su carrera de 40 años en tanto que comunicador e inicie otra abiertamente partidista con la diputación plurinominal que seguramente obtendrá por el Revolucionario Institucional. Y afirman futurólogos que desde allí buscará la candidatura a gobernador para Sinaloa, lo cual sería una aventura a concluir en derrota.

Obligado era porque la “sensación de incredulidad y desconfianza” si bien surge por omisiones y errores en la conducción política a cargo del titular del Ejecutivo e incluso de su propio proyecto, tiene en su haber un aspecto importante de naturaleza comunicacional, sobre todo cuando en ésta se privilegió en exceso la propaganda, con frecuencia técnicamente muy bien hecha mas poco creíble, por sobre la información.

Más allá de la amistad, confianza y cariño que se ganó López de su jefe a lo largo de una década, desde la campaña por la gubernatura del estado de México -“Los Pinos siempre estarán abiertos, David, para recibir tu visita, escucharte, conocer la visión que tengas que compartir, que diariamente me compartías”-, están los ciclos cubiertos y los resultados obtenidos.

No otra cosa puede deducirse del lineamiento de trabajo que trazó Enrique Peña a Eduardo Sánchez: “que todos los mexicanos sepan, juzguen y valoren lo que hace el Poder Ejecutivo, muy señaladamente el presidente de la república”, en esa insistente práctica de hablar de sí mismo en tercera persona del singular. Para ello habrá que “emprender caminos de innovación, de acercamiento, de amplio respeto a los medios de comunicación; de entender los tiempos que vivimos, de mayor apertura, de tener una sociedad crítica y abierta, que es bienvenida en el México que hoy tenemos”.

Criterios anteriores que no comparte el gobernador mexiquense, pues el jueves 5 discurseó “estamos cansados” de la crítica de los que sólo ven lo negativo cuando hasta la reina británica reconoce los grandes logros de México y su presidente. Sostuvo en resumen el lisonjero Eruviel Ávila Villegas.

El otrora vocero de Peña Nieto y antes subsecretario de Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación, bajo la dirección del poderoso Miguel Ángel Osorio, juró que su trabajo -en sustitución de López Gutiérrez al que llamó maestro- con los medios seguirá basado en la transparencia, lo que implica divulgar información con oportunidad, claridad y precisión. Trabajaremos para ofrecer elementos de juicio suficientes, a fin de que los ciudadanos puedan evaluar el desempeño del gobierno.

En efecto, aparte de que “habrá que emprender caminos de innovación”, lo que se requiere es mucha más información del quehacer presidencial y menos propaganda que, como es sabido, atiende las emociones de los gobernados pero no disipa “una sensación de incredulidad y desconfianza”.

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