jueves, 19 de marzo de 2015

México: Vendaval autoritario

Cecilia Lavalle (CIMAC)

Con mi solidaridad para Carmen Aristegui

No es una buena noticia. El despido de Carmen Aristegui no es una buena noticia. No lo es para la sociedad mexicana. “El horno no está para bollos”, diría mi abuela. Pero todo indica que los cocineros no se dan cuenta de eso, o suponen que con controlar el horno se controla todo.

Hace tiempo que mi país me duele. Me preocupa, me indigna, me molesta; pero sobre todo me duele. Hace algunos años que lo oigo romperse, desmoronarse, deshacerse a girones.

Pero en el tiempo reciente, lo que más me preocupa y me duele es la indolencia de las autoridades. Todo indica que las más altas autoridades de nuestro país no leen correctamente todos los signos alarmantes que buena parte de la sociedad mexicana percibe y denuncia en los medios a su alcance.

Hay muchas libertades que deben ser sagradas en una democracia que se precie de serlo. Una de ellas es la libertad de expresión, sin la cual todas las demás quedan disminuidas porque no hay contrapesos al poder.

Cuando en la mayoría de los medios predomina un discurso único, una verdad única, cuando no hay pluralidad de voces, no hay reflexiones críticas, no hay miradas distintas a la del poder, estamos sin lugar a dudas ante un sistema autoritario por mucho que pretenda vestirse de demócrata.

Y hace rato que los signos son alarmantes. Las desapariciones y asesinatos de periodistas, que hicieron que México fuera considerado un país de enorme riesgo para ejercer el oficio, por encima de naciones en guerra, prendían signos de alarma ineludibles que se pasaron por alto, se menospreciaron, se ignoraron.

La escasez de voces críticas representó otro signo de alarma. Cuando muy pocas voces se destacan entre el coro de halagos, algo no está bien.

Y eso pasó con Carmen Aristegui. De pronto comenzó a destacarse. No sólo porque ella y su equipo hacen un buen periodismo. Sino porque lo que abundaba era un coro de halagos o de tibios silencios.

Las voces críticas de Denisse Dresser, Sergio Aguayo y Lorenzo Meyer cada lunes en su espacio matutino de noticias contribuían a la reflexión crítica, y se destacaban, de nuevo, entre el coro.

Por eso es que el despido de MVS de Carmen Aristegui y de parte de su equipo, casualmente el que llevó cabo las investigaciones de la casa a nombre de la esposa del presidente, es una pésima noticia para nuestra sociedad.

“No tenemos derecho a la claudicación, a aceptar lo que parece ser, ya no un aroma, sino un vendaval autoritario de regresiones”, afirmó Carmen el lunes por la mañana.

Y dijo más: “Hay un clima en México sumamente preocupante. Y este panorama no lo podemos aceptar. Los ejes fundamentales de la existencia de los medios y de los periodistas se tienen que reforzar. Esta es una batalla por nuestra libertad”.

Ni más ni menos.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.