jueves, 12 de marzo de 2015

Obama amenaza a Venezuela

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)


Obama acaba de protagonizar otro acto de injerencia imperialista en una nación latinoamericana. El decreto que declara a Venezuela como una "amenaza a la seguridad nacional y la política exterior" es un verdadero atropello a la soberanía nacional. Es una extensión de una ley que ha votado el Congreso de mayoría republicana. La amenaza la esgrime, en realidad, Estados Unidos, que es una gran potencia, contra una nación de desarrollo económico y militar considerablemente inferior. Las invocaciones democráticas para justificar el decreto son (como siempre) pura apariencia, pues su objetivo explícito es intervenir en el desarrollo político de Venezuela a favor de los intereses del imperialismo yanqui. El demócrata afroamericano no encontró una sola palabra hasta ahora para condenar el movimiento opositor de derecha, que ha declarado su finalidad de producir el derrocamiento a corto plazo del gobierno chavista mediante acciones directas.

El decreto sanciona con medidas de embargo a siete funcionarios de alto rango, aunque las autoridades de Venezuela han desmentido que tengan activos en el exterior. El senador republicano y lobbista anticubano Marco Rubio se quejó, sin embargo, de que no haya sido sancionado el ministro de Defensa. La agresión de Obama no ha sido acompañada por la Unión Europea. China hizo un llamado al diálogo entre los dos países, y el presidente de la Unasur advirtió contra la 'radicalización de los ánimos'.

El decreto intervencionista se dicta luego de un colosal fracaso de la Unasur para reunir en una mesa de negociación al oficialismo y a la oposición. Para un sector de esta última, las medidas represivas del gobierno, con un carácter indiscriminado, advertirían de una intención del gobierno de amañar las elecciones parlamentarias, previstas para septiembre próximo, de modo que aseguren una mayoría artificial para el chavismo. Para la derecha, esas elecciones serían su última posibilidad de voltear al gobierno mediante un juicio político a cargo de una mayoría legislativa propia. Numerosos especialistas en opinión pública señalan que la oposición ha perdido respaldo popular en la etapa reciente, incluso cuando la imagen pública del presidente Maduro se arrastra por los suelos. En definitiva, el pretexto para el decreto de Obama es la caracterización de que el gobierno se orienta a un auto golpe, que podría favorecer las condiciones para enfrentamientos armados. Es lo mismo que, hace dos semanas, había advertido el uruguayo Mujica. Esto no cambia un ápice la naturaleza imperialista de la amenaza contra el gobierno de Venezuela.

Aunque, como es obvio, el gobierno de Cuba y el mismo Fidel Castro han repudiado la intervención norteamericana, no se observa, de otro lado, que el decreto en cuestión haya alterado el proceso de normalización diplomática entre los dos países. Tampoco ha ocurrido eso con las negociaciones de Colombia con las Farc; al revés, el presidente Santos aseguró que iban por buen camino, en una reciente gira a España. No se debería excluir, entonces, que uno y otro país hayan sido advertidos de antemano del dictado del decreto ejecutivo por parte de la cancillería norteamericana.

La agresión diplomática de Estados Unidos ocurre, asimismo, cuando la derecha republicana ha salido a defender a Netanyahu, que acaba de anular el compromiso del estado sionista de admitir la formación de un estado palestino. En la misma agenda figuran el rechazo a cualquier acuerdo nuclear con Irán y la normalización de relaciones con Cuba. Obama se ve obligado a cabalgar sobre una crisis al interior del estado norteamericano. Los republicanos prevén que América Latina les podría ofrecer un gran regalo: una sucesión macrista al kirchnerismo y hasta un juicio político a Dilma Rousseff, lo cual desbarataría las veleidades autonomistas de la burguesía del Mercosur. Es muy clara la transición política mundial que ha incubado la victoria de la izquierda en Grecia y la acentuada crisis de la unidad europea, por un lado, y los reveses sufridos por la UE y Estados Unidos en su tentativa de apropiarse de Ucrania, por el otro. La bancarrota capitalista mundial no cesa de acentuarse, con la yapa de la debacle de los países emergentes, como consecuencia de la fuga de capitales y la caída de los precios de las materias primas, cuyo punto más alto es la salida de 1 billón de dólares de China, en medio de una crisis financiera fenomenal en la banca paralela.

La respuesta de Maduro a la movida de Obama y al fracaso de la mediación de la Unasur, ha sido reclamar una Ley Habilitante para la seguridad nacional, lo que equivale a instaurar el gobierno por decreto -pues ya existe ese régimen en materia económica. Nada de esto pondrá fin a la catástrofe económica de Venezuela, que es alimentada desde las propias entrañas de este régimen. El sistema de cambios de Venezuela es un festival económico para los especuladores con conexiones con el aparato del estado. El chavismo rechaza la nacionalización del comercio exterior. Las nacionalizaciones realizadas se encuentran en bancarrota, a manos de sus propios directivos oficialistas. En los blogs chavistas se denuncia, con mayor frecuencia, tentativas de desnacionalizar las empresas estatales. La crisis política limita la capacidad del gobierno de proceder a una unificación del mercado de cambios, mediante una superdevaluación, y a una marcha atrás en la industria estatal. A diferencia de lo que acaba de ocurrir con Argentina, China se negó a extender un crédito de apoyo a las reservas internacionales de Venezuela. Esto explica que haya empezado a vender sus reservas en oro. Un gobierno por decreto es una amenaza para los trabajadores.

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