viernes, 6 de marzo de 2015

Panamá: Las tribus NgÃñbe Buglé y la hidroeléctrica de la discordia

Osvaldo Rodríguez Martínez (PL)

El pueblo NgÃñbe Buglé sobrevivió a los conquistadores españoles a quienes derrotó múltiples veces, pero hoy está segregado a un pedazo de la geografía centroamericana, sin reconocimiento pleno de las líneas fronterizas que lo dividen: Costa Rica-Panamá.

La expansión minera y el boom de las hidroeléctricas para soportar la vida moderna llegó de la mano, para ellos desconocida, de la filosofía neoliberal, y el voraz capital extranjero penetró los bosques vírgenes para convertirlos en dinero.

Y otra vez el espíritu del cacique Urracá enardeció los ánimos, como en el siglo XVI, porque se atacó a la Madre Tierra y junto a ello limitan el sustento a la empobrecida familia que vive de una agricultura de subsistencia.

Barro Blanco es un intrincado lugar de la geografía panameña, tal vez desconocido para muchos nacionales antes de que estallara allí el conflicto por la construcción de una hidroeléctrica que perjudicaría a comunidades ancestrales, según denuncias de las presuntas víctimas.

Si en el buscador Google pregunta por ese nombre, le responderán con 98.600 resultados.

Y es que el tema se convirtió en un problema nacional que atendió personalmente el presidente del país, Juan Carlos Varela, quien nombró a su Vicepresidenta, Isabel de Saint Malo, al frente de una comisión de alto nivel para analizar el conflicto.

Desde la óptica de los NgÃñbe Buglé que habitan la zona, la represa sobre el Río Tabasará inundaría tierras de cultivo y algunas viviendas de los vecinos, además de dejar bajo las aguas un sitio sagrado donde se encontraron petroglifos que yacen en el lecho de la corriente.

Las enormes piedras grabadas por los antecesores de esta cultura originaria tienen también un invaluable valor arqueológico e histórico, y el hallazgo es defendido por las instituciones culturales oficiales.

Pero hay más en la rebelión de estos indígenas, y es el perjuicio de la obra sobre el medio ambiente, con énfasis en la flora y la fauna. Por ello la voz de la mujer que lidera a los rebeldes, Clementina Pérez, se alza llena de argumentos.

Nos levantamos a favor del agua, los árboles, la Madre Tierra, y estamos en pie de lucha. Denunciamos los daños a los recursos naturales y no vamos a permitir que desalojen a nuestra gente que vive en la ribera del Tabasará, dijo la cacica suplente de la región Kodrini de la Comarca.

El agua es la vida y la existencia de todo ser humano, por tanto, el pueblo NgÃñbe Buglé debe protegerla y estamos aquí defendiendo el medio, la familia y toda la población, enfatizó.

La espiral de la historia

Aunque Panamá le otorgó a esta etnia una Comarca con cierta autonomía y creó un cuerpo legal de protección a los pueblos originarios, algunos gobiernos violaron los códigos bajo el pretexto del desarrollo del país.

La investigadora Zady de Gracia, en su monografía NgÃñbe Bugle, Cultura aborigen en Panamá, recuerda que en el siglo XX fueron desplazados de sus tierras ancestrales, en las fértiles planicies del Pacífico y de las selvas a orillas del Mar Caribe, hacia las inhóspitas montañas de la Cordillera Central.

Es un pueblo luchador y trabajador, que desde los tiempos de la conquista supo pelear por sus derechos y exigir el respeto que merecen como seres humanos, y pese al modernismo, mantienen y siguen apegados a sus creencias y a sus raíces originales, refiere De Gracia.

Panamá fue testigo de la fiebre del oro, de ello daba cuenta en el siglo XVI el padre Bartolomé de las Casas en su Historia de las Indias, cuando relataba el afán de Cristóbal Colón en la búsqueda de minas durante sus expediciones en las tierras de Veraguas, en el actual occidente del país.

Y esa ambición por explotar el oro y otros metales no ha cesado, sino continúa hasta la actualidad con numerosos altibajos condicionados por los mercados internacionales, fundamentalmente.

Pero así como la ambición no es de reciente data, tampoco lo es la lucha de los pueblos que viven en esta región, aunque en la actualidad el protagonismo lo tiene la comunidad NgÃñbe-Buglé, que se ha movilizado para evitar la minería y la construcción de hidroeléctricas en su territorio.

Esta Comarca, ubicada en el noroeste del país, entre las provincias de Chiriquí, Veraguas y Bocas del Toro, ya estaba en pie de lucha contra los proyectos mineros de la región desde finales de la década de los setenta.

La otra cara de la moneda

Generadora del Istmo S.A. (Genisa), la principal constructora de Barro Blanco, comunicó recientemente a la prensa que envió una respuesta a la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), en la que incluyen evidencias del cumplimiento de los estudios de impacto ambiental del proyecto.

Antes la ANAM ordenó detener los trabajos por incumplimientos de la empresa en cuanto a solucionar las afectaciones al medio, principalmente a la comunidad residente en la zona de inundación de la presa y lugares adyacentes.

Genisa reiteró que no hay afectación alguna a la Comarca y que la obra solo incidirá mínimamente en 5,81 hectáreas de servidumbre de río que colinda con áreas anexas, por esta razón suscribió acuerdos de compensación con las autoridades del lugar.

Si bien el conflicto comenzó casi con el inicio de la obra, los trabajos no se detuvieron antes, y actualmente la central está al 95 por ciento de su ejecución, además de tener contratos para la generación de electricidad en el presente año.

Su diseño permitirá entregar un promedio de 124,83 gigawatt anuales y se invirtieron unos 130 millones de dólares con apoyo financiero de los bancos Alemán de Desarrollo e Inversiones, de Desarrollo Holandés y Centroamericano de Integración Económica, aseguró la constructora.

El guatemalteco Aldo López, gerente de Genisa, alertó a la prensa que los inversionistas del proyecto están "alarmadísimos".

El Gobierno, por su parte, vio la urgencia de atender el asunto, y si bien parecía inicialmente que darían la razón a la Comarca, las posiciones fueron variando a una postura mediadora entre indígenas y empresa.

Y fue tácito el pronunciamiento de la posición gubernamental: "búsqueda de un consenso que tome en cuenta los derechos humanos, la protección de los pueblos originarios, el medio ambiente, el desarrollo sostenible y la seguridad jurídica de la nación panameña....".

Cuando este artículo circula, en las riberas del Río Tabasará el conflicto continúa sin solución y algunos piensan que el desenlace podría no estar por el camino del consenso, porque son posiciones diametralmente opuestas: cancelar versus terminar la obra.

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