lunes, 16 de marzo de 2015

Raquel Disenfeld: "Ahora empieza la batalla de Yanina por vivir la vida que se merece"

LA RETAGUARDIA - ANRED

Pocos minutos después de conocerse la decisión del Tribunal Oral Criminal 2 de San Isidro de absolver a Yanina González, acusada por abandono de persona seguida de muerte, dialogamos con la psicóloga Raquel Disenfeld. En el marco de la transmisión especial realizada por LA RETAGUARDIA y ANRED, la licenciada se refirió al caso particular de Yanina, al acompañamiento que realizó y a la nueva etapa que emprenderá a partir de ahora: elaborar el duelo y luchar por la vida que se merece. También afirmó que la violencia de género y el terrorismo sexual tienen componentes en común con el Terrorismo de Estado.

“Mi tarea fue llevarle toda la cuestión de género a Yanina, acompañarla, escucharla, respetarla también, y poder ser un espacio psicológico. Esa es una forma de ser psicóloga y militante también, no es una forma tradicional. Lo importante era que ella tuviera la posibilidad de sacarse toda la cuestión de la culpa, del miedo. Y vemos también todos estos cambios que hubo en Yanina, en defensa de sus derechos, en sentirse escuchada, en sentirse acompañada con tantas compañeras que le hicieron el aguante, la iban a ver a la cárcel, y también todo el tema de respetarla cuando no podía hablar, porque ella sufría amenazas, vivía con terror. La acompañamos en el dolor que ella tuvo a fin de año, cómo lo iba a pasar sin su hija, sin Luli, a la que veía en sueños, a la que tenía presente todo el tiempo. Ella también me hablaba de su hijo Iván, que lo extrañaba, estaba preocupada pero que no quería que la fuera a ver a la cárcel. A ella le costaba reconocer que las personas que estaban cerca, como algunos familiares o la pareja la podían lastimar. Ella quiere a las personas que la rodean y sabe cuidar y sabe proteger. Ella no podía ver lo siniestro No nos podemos imaginar que alguien que queremos nos pueda hacer daño, como no podíamos imaginar los centros clandestinos en la dictadura”, describió Raquel Disenfeld en medio de los gritos y cantos de los integrantes de distintas organizaciones sociales que se habían acercado hasta los tribunales.

Estado de Terrorismo

Yanina González fue llevada a juicio oral acusada y juzgada por abandono de persona seguida de muerte. Su hija de dos años falleció como consecuencia de los golpes que le habría propiciado Alejandro Fernández, quien ejerció violencia de género contra la madre y la hija y actualmente está en libertad e incluso participó del juicio como testigo. Este miércoles 11 de marzo, el Tribunal Oral Criminal 2 de San Isidro la absolvió a pesar de que la fiscal Carolina Carballido Calatayud había pedido en su alegato 6 años y siete meses de prisión en su contra.

“El 17 de agosto de 2014 le pregunté, cuando hacía un año del asesinato de Luli, cómo es que ella estaba presa y Alejandro estaba en libertad. Ella me dijo ‘me embaucó’, y eso es lo que fue todo este juicio, una emboscada, una cosa que viene de lo siniestro, así como el Terrorismo de Estado decía a las madres que estaban buscando a sus hijos qué estaban haciendo, que no los habían cuidado, este juicio mostró a la justicia patriarcal, esta fiscal Calatayud fue funcional a la impunidad del presunto asesino, porque acusándola a ella garantizaba su impunidad”, aseveró Raquel Disenfeld durante la transmisión realizada en conjunto por La Retaguardia y Anred.

“Todos los días atiendo mujeres que sufren violencia –afirmó la psicóloga–, y algunas me decían ‘mi marido le pegó en la cabeza a la hija de 16 años porque no le hizo caso’. Y es algo que está tan metido también en nuestra cultura, era una mujer de clase media, con independencia económica. Pero desde los grupos en los que estoy, enclavamos a la violencia de género como el Terrorismo de Estado, el terrorismo sexual tiene a nivel del género los mismos componentes que el Terrorismo de Estado. Es bien determinada la forma de desaparecer, de pegar, de castigar, la cuestión de que las víctimas son culpables, que no tienen derecho, que son las que provocan, y también toda una legitimación social sobre la cuestión, que si le pasa algo a una hija es porque la abandonó la madre y la negación de la violencia hacia las mujeres y los niños, como se negaba la desaparición de las personas en el Terrorismo de Estado”.

Estado de cautiverio

Yanina González tiene un retraso madurativo. Al respecto Disenfeld reflexionó: “hay temas que se relacionan con el retraso, como el pensamiento abstracto, la iniciativa. Si vos no tenés un pensamiento abstracto y no conocés alternativas es más raro que puedas imaginar otra situación. Ella de chiquita siempre vivió la violencia, y además muchas veces le habían dicho que cuando se les pega a los chicos la violencia es educación. Es real que hay un retraso, que hay dislalia. Yo también tuve dislalia, aprendí a decir bien la R a los siete años, y ahora no paro de hablar, pero antes de los siete años no hablaba porque por la dislalia te cargan. Ella tiene dificultades para la lectoescritura, pero lo otro, de los recursos, de ver cómo salir, eso viene de todo lo que tenemos que trabajar para dar información, para acompañar, para que ninguna mujer que sufre violencia esté sola. Además, ella estaba aislada. Lo primero que hacen los violentos es aislarse de las referencias, entonces para la persona que está sufriendo violencia es como un estado de esclavitud. Esto lo dije en el juicio, es como un estado de cautiverio. Cuando una persona está en la cárcel, del celador depende la comida, las visitas, depende todo. Lo siniestro no se puede imaginar. Yo no puedo pensar que alguien con el que en algún momento yo pude tener una relación, pueda matar a golpes a mi hija, no podemos imaginarlo, como la gente que estaba al lado de un centro clandestino podía tener información política, pero ninguno de nosotros podíamos imaginar lo que le hicieron a los detenidos en la dictadura”.

En este sentido, la psicóloga remarcó que las primeras reacciones de Yanina tras lo sucedido con su hija no tuvieron necesariamente que ver con su retraso madurativo, sino con el cautiverio psicológico que estaba sufriendo: “hay una obra de teatro que se llama ‘Muertos sin sepultura’ de Sartre, que cuenta a personas militantes lo que les ocasiona la tortura, y cómo ella lo contó, esa confusión, disociación, negación, relatos incoherentes, el relato que ella hizo fue producto de la amenaza, cuando ella dice ‘me embaucó’, es producto de la amenaza, fue lo que le dijo Alejandro Fernández que dijera; y por el otro lado un stress post traumático. Ella tiene un desorden de stress post traumático que le ocasiona negación, disociación, idealización del agresor, del victimario, cosa que le pasó a muchas mujeres que estuvieron presas en la dictadura también, el poder omnipotente del victimario, la baja autoestima, y lo que se puede relacionar con el retraso madurativo es no tener herramientas económicas, psicológicas, de información, pero también ese accionar de que responden porque para una mujer que sufre violencia el victimario es como Dios, es el que dirige su vida, le dice lo que tiene que hacer, lo que no tiene que hacer. Ella tenía una dependencia afectiva; afectiva porque la madre la abandonó de muy chiquita, entonces Alejandro para ella significaba el hogar, significaba sus deseos de tener una familia, su deseo de sentirse acompañada, cuidada, y encima con el amor romántico que a las mujeres se les mete de chiquita, necesitan un varón que las proteja”.

En diálogo con La Retaguardia y Anred, Diselfeld continuó con su reflexión: “No niego el retraso madurativo, pero también se relaciona con la violencia sufrida. Ella me dijo 'dicen que yo soy tonta, pero yo no soy tonta, es todo lo que sufrí'. Hoy sabemos que la violencia, el abuso, generan dificultades en el aprendizaje. Si además tenés dificultades para decir algunas palabras, no sabés la lectoescritura y todo lo demás, no tenés los recursos del estudio, estás incapacitado con respecto a otras personas que lo tienen, como para poder defenderte. Pero acá se juntó, el no poder imaginar, el no poder saber que alguien te hizo una trampa, y aparte con todo el sistema judicial. Pero lo que sí tiene Yanina, y eso lo dije cuando fui a testimoniar para la defensa, es que a los ocho años cuando vio al padre que le estaba pegando a una pareja, le estaba rompiendo la cara, Yanina le decía ‘pará papá, basta’. La segunda vez que fui a la cárcel, Yanina me decía, ‘yo tengo un hijo que está viviendo con el padrino, lo extraño, estoy preocupada’. Ella tiene esa cuestión de solidaridad, de preocuparse por todos, el dolor que tuvo con Luli. Esto de sentirse acompañada, de sentirse respetada, de sacar todo ese estigma de que el padre siempre le estuvo diciendo ‘vos sos como tu mamá’ y la mamá los había abandonado, todo lo que nos dicen a las mujeres, que somos putas, locas, tontas, y ahora está acompañada y está naciendo una nueva Yanina, porque cada vez que la iba a ver a donde estaba en la prisión domiciliaria, que está recibiendo visitas, está viviendo lo que es poder defenderse, conocer sus derechos, cada vez la encuentro con más vitalidad, con más iniciativa”.

Poder elegir

Casi al final de la comunicación, cuando los aplausos, gritos y cantitos se multiplicaban, y contagiaban la alegría de la absolución, Raquel Diselfeld hizo una solicitud especial: “quisiera hacer un pedido a todas las compañeras que trabajan en educación popular, o que quieran enseñarle oficios, porque Yanina quiere tener su casa, quiere vivir con su hija que nació en la cárcel, que es hermosa, la vi jugando con el agua, y es alegre, sociable; y con su hijo Iván, que está viviendo con el padrino, pero para que veamos también cómo ella se comunica con sus hijos, Iván que hace cuatro años que no está viviendo con su mamá le esté diciendo que quiere vivir con ella. Entonces lo que podamos ayudarla, económicamente pero también con recursos, para que ella pueda tener trabajo, pueda aprender oficios, que se sienta acompañada. Ahora ella puede empezar a elegir por primera vez en su vida, y puede vivir feliz con sus hijos, porque ella es buena madre, es una persona solidaria. Ahora vemos que el abuso sexual, la violencia, el maltrato psicológico, físico generan problemas de aprendizaje también, pero cuando alguien recibe amor, estímulos, generalmente aparece toda la riqueza que todas las personas tenemos. Ella ya tiene toda una base, porque tiene esa capacidad de amor, tiene ese aguante de que pudo sobrevivir estando en la cárcel también, y que pudo sobrevivir a todas las violencias y que tiene sus valores, tiene esta cuestión de dignidad, de que no le gusta que la manden, que la sometan, entonces hay que acompañarla, en que ella pueda construir su camino de libertad”.

Disenfeld adelantó que probablemente Yanina seguirá viviendo en la localidad de Moreno: “todos los que puedan compartir y jugar, porque ella tuvo una infancia en la que nunca jugó, nunca recibió ternura, excepto de algunas vecinas. Yo aprendí mucho con toda la gente del barrio; tenía una vecina Noemí, que ella contaba que cuando el padre le pegaba, la maltrataba, ella iba a pedir refugio a la casa de la vecina”.

Una nueva batalla

Hoy Yanina empieza otra etapa de su vida, otra batalla como lo definió Disenfeld: “ella aún no pudo elaborar el duelo por la muerte de su hija, y eso es algo siniestro también. Ella no fue al velorio, no fue al entierro. Lo primero que decía Yanina cuando le preguntábamos qué iba a hacer cuando esté en libertad, era ‘ir a la tumba de mi hija, quiero que alguien me acompañe pero que se quede esperándome lejos, porque yo quiero estar sola con Luli’. Ahora que está suelta, en libertad, tiene que empezar a elaborar el duelo”.

A su vez, Yanina podrá – también en palabras de Disenfeld – vivir la vida que se merece: “tener su casa, estar con sus hijos y tener trabajo, por eso necesita que estemos acompañándola. Y que ninguna mujer o chico que esté sufriendo cualquier forma de maltrato esté solo. A mí me despertó esto que siempre tuvimos del compromiso, de que si vemos a algún chico o mujer agredidos respondamos todos y todas. Esto lo parimos entre todas. Las chicas haciendo el aguante, las que la fueron a visitar, Carina y sus hijos con la generosidad de ofrecer su casa (donde Yanina pasó su prisión domiciliaria) y estar todos los días con ella, el arroz que comimos acá, hacer una olla popular en tribunales, todo esto es empezar a construir otra historia, no solamente la de Yanina, sino la de todas nosotras y la de toda la sociedad”.

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