jueves, 19 de marzo de 2015

"Siria y cuatro años del plan para derrocar un gobierno"

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El resultado de los cuatro años de una guerra irregular en Siria, ha consistido en la peor catástrofe social y humanitaria post Vietnam. Esto ha significado cerca de 200.000 muertos, varios millones de refugiados, y un nivel de destrucción socioeconómica que llevará al menos 20 años de reconstrucción. Sin embargo, el objetivo principal de esta guerra inventada externamente para derrocar al presidente Bashar al- Assad no se ha alcanzado.

Al despuntar las llamadas primaveras Árabes en diciembre de 2010, el gobierno Sirio estaba en la línea de los que debían colapsar como en la teoría del dominó. Después de Túnez y Egipto entre diciembre y enero de 2011, donde estallaron los movimientos precoces, siguieron Libia, Yemen y Siria en marzo. Los gobiernos en Túnez, Egipto y Libia colapsaron en 2011 y en Yemen se extendió una violenta lucha interna hasta que Ali Abdullah Saleh le traspasa el poder al vice presidente Abd Rabbuh Mansur al-Hadi.

En Siria a partir de las primeras manifestaciones sociales contra el gobierno a comienzos de marzo,en un período muy breve de intervalo, estalla la escalada de ataques terroristas en respuesta a las acciones de estabilización iniciadas por el gobierno. Luego todo se precipitó hasta que comenzó a divulgarse tempranamente la idea de una guerra civil instalada.

El primer órgano que usó el término de guerra civil fue la Cruz Roja a mediados del 2011 justamente cuando la Secretaria de Estado Hillary Clinton declaró en la prensa el 7 de junio que Assad debía dejar de gobernar. Ese mes de junio Hillary Clinton nunca anticipó que el gobierno Sirio iba a resistir tres años a un nuevo tipo de invasión, basada en el envío de mercenarios y terroristas, insertados en un plan mayor que se sostiene a la luz pública en el llamado “ejército rebelde”. Con su declaración estimuló la mayor penetración de terroristas de que se tenga memoria en una nación.

Navi Pillay, la Alta Comisionada para los DDHH de la ONU en una declaración del 1ro de diciembre de 2011, cuando la cifra de muertes llegaba a 4,000, también contribuye a la confusión respecto al uso del término guerra civil: " Dije que a medida que hubiera más desertores dispuestos a tomar las armas - algo que dije en agosto antes de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU- iba a desarrollarse una guerra civil y en estos momentos es como defino la situación” (ONU).

El 8 de junio de 2011 China y Rusia en 2011 estuvieron en desacuerdo con un borrador de resolución del Consejo de Seguridad que conducía la discusión en el Consejo, a que se implementara finalmente una intervención militar en Siria por razones humanitarias. El borrador había sido preparado por el Reino Unido, Francia, Portugal y Alemania, con el beneplácito de Estados Unidos y la Comunidad Europea.

La postura de China y Rusia fue apoyada por India, Sudáfrica, Brasil. En futuros borradores de resolución, que planteaban una eventual intervención militar en Siria, o que sugerían un cambio de gobierno, las posturas de Rusia y China generaron más adhesión en las naciones miembros, por no estar de acuerdo con el concepto de “cambio de régimen o de gobierno”.

El posible uso del veto de China y Rusia para forzar un cambio de gobierno en Siria fue palpable, quedando la puerta abierta para utilizar cualquier estrategia unilateral que posibilitara el derrocamiento del gobierno en Siria.

Es así que surge la operación que adoptó tempranamente el rótulo de “guerra civil”, desarrollando una simbiosis entre mercenarios externos o terroristas, y un grupo minúsculo de opositores que se hacen llamar rebeldes. Se podría decir que esta operación generó el almácigo que finalmente derivó en la fuerza terrorista que se parapeta detrás del concepto de Estado Islámico, o Emirato Islámico.

Lo de Siria es el antiguo plan para derrocar el gobierno usando una estrategia diferente con terroristas y mercenarios. En la agenda de Estados Unidos ha funcionado en paralelo con el cambio de régimen en Irán, que es la gran agenda pendiente. Perder a Irán como aliado, es el mayor golpe que Estados Unidos ha recibido en la era post Vietnam y derrocar al gobierno en Siria funciona como un proxy. Se restablece durante la administración de George W. Bush con una ley del congreso de EEUU en 2002, específicamente para contener a Siria, (The Syrian Accountability Act.2002).

Se especuló que con la llegada de John Kerry como secretario de estado, Estados Unidos iniciaba una negociación política para ponerle fin a este plan. Por el contrario, Kerry adoptó una actitud muy opuesta a lo que se divulgaba en algunos medios de que él y el presidente Assad tenían cercanía, y para confirmar el punto, se exhibía una foto de ambos compartiendo socialmente. John Kerry continuó manifestando públicamente el apoyo la operación de cambio de gobierno. En su edición del 15 de marzo, The New York Times (Gordon), reproduce las palabras de un portavoz del departamento de estado: “El Sr. Kerry no ha señalado un cambio de política de Estados Unidos. No hay ninguna intención de formar una alianza con el Sr. Assad, para combatir al ISIS". La frase clave de la nota es aquella donde Kerry dice: "El resultado (del fin de la guerra), no puede contemplar la permanencia del presidente Sirio en el poder".

El mensaje es simple: el plan para derrocarlo continuará, en la medida que Bashar al-Assad decida seguir gobernando y mientras los que lo apoyan deseen que continúe, esto es el aparato de gobierno y el ejército. Las palabras de Kerry en Suiza, que fueron enunciadas en una declaración al salir de una reunión con Mohammad Javad Zarif , el ministro de relaciones exteriores de Irán, confirman lo que Estados Unidos intenta hace cuatro años: Que el presidente al-Assad deje de gobernar.

En la era digital, frente a la curva descendente de recursos naturales, con el apetito por la expansión territorial de los países y las compañías transnacionales, la diplomacia y la negociación en la política internacional, se internan en una zona de mayor secretismo al de la guerra fría. En un mundo en apariencia más abierto, el tema de la supervivencia y la sustentabilidad de los proyectos de las naciones, pende del manejo adecuado de ese hermetismo en donde la gente se sitúa en una zona muy distante para influir mínimamente. Lo internacional, que es determinante en la vida de las personas, se construye de una forma aún menos democrática que las actividades que inciden en lo local y doméstico. Este es el caso de una guerra que se le dejó a caer a 20 millones de sirios en 2011, por cuestiones alejadas a sus intereses y necesidades.

Detrás de la densa corteza de intereses geopolíticos y económicos que envuelve a este conflicto, donde se enfrentan la sempiterna Alianza Transatlántica liderada por Estados Unidos y los “otros”, en este caso circunscritos a Rusia y China y un puñado de naciones y donde resaltan el desarrollo nuclear de Irán y la obsesión de Israel por su protección, esta guerra en Siria que lleva cuatro años crueles e inexplicables, reclama una reflexión menos contraída a la saturación de un conflicto de ganadores o perdedores. Hasta ahora todos son perdedores y si es guerra civil o es el fracaso de un plan para derrocar el gobierno, el único mandato útil es aquel que permite detener la guerra. Ese mandato permanece en el limbo, porque los que deberían asumirlo no quieren detener el conflicto; son los que lo inventaron.

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