martes, 17 de marzo de 2015

“Ya no decimos crimen pasional, pero la forma de la noticia sigue siendo la misma”

LA RETAGUARDIA

La periodista y trabajadora social Eva Amorín nos habló de su tesina como Especialista en Educación Sexual que se dicta en el Profesorado Joaquín. V. González en la ciudad de Buenos Aires. Amorín investigó la forma en que se siguen abordando las cuestiones de género en los medios tradicionales. Afirmó que aunque hubo un cambio social en los últimos años que permitió una mayor visibilización de estas temáticas, todavía existen numerosos obstáculos para los trabajadores y trabajadoras de prensa que buscan realizar un tratamiento alternativo.

El objetivo de la investigación de Eva Amorín fue conocer cuáles son las miradas, las representaciones sociales, los prejuicios y las preocupaciones de trabajadores y trabajadoras de prensa en actividad en medios masivos, en relación a la violencia mediática: “si saben qué es, si se sienten co-responsables en su ejercicio, si en realidad entienden que lo que se construye y se dice en los medios tiene o no un efecto en las personas, en la vida real, o solo se queda en el campo del discurso. Mi búsqueda fue por ese lado”, detalló Eva Amorín en diálogo con La Retaguardia.

Para el desarrollo de su investigación, entrevistó en profundidad a trabajadores y trabajadoras de prensa con experiencia y trayectoria en la sección Policiales de medios gráficos, webs y televisión: “la primera gran pregunta fue qué cambió en relación a la perspectiva de género en los medios; porque preguntar directamente por violencia mediática no era tan fácil. Y nos encontramos con una respuesta doble. Por un lado, una buena noticia que es que la mayoría considera que sí, que algo cambió en los últimos 20 años, y es que hoy se cubren más y se visibiliza más lo que tiene que ver con las violencias contra las mujeres. Alguna compañera entrevistada decía ‘la diferencia es que el tema se instaló, hoy nadie se puede hacer el tonto o la tonta con respecto a este tema, existe, nadie puede decir que eso no existe’. Por otro lado, la mala noticia, decía otra periodista, es que ahora no decimos más crimen pasional, decimos violencia de género, decimos homicidio, sin embargo la forma en que se cubre la noticia, la carga detrás de la terminología sigue siendo exactamente la misma. Con esto se refiere a que cuando, por ejemplo, cubrimos el caso de Melina, que es muy reciente, la carga está puesta en qué hizo Melina, que iba a boliches y mostramos 25 veces por día a Melina caminando por un hall oscuro con un shorcito, entonces la carga sigue estando puesta en el mismo lugar aunque cambiamos la terminología”, detalló Amorín.

Cambio social y fuentes periodísticas

Según reflexionó Eva Amorín, en los últimos años hubo efectivamente un cambio social respecto a este tema: “una entrevistada historizó muy bien y me decía ‘cuando yo empecé en 1994, vos no podías hablar de violencia contra las mujeres o doméstica, porque ni las periodistas mujeres entendían que eso existía o de qué se trataba’. Lo cierto es que en ese sentido cambió la sociedad. Hay un marco normativo diferente, el conjunto de organizaciones sociales que se movilizan por este tema, pasamos de un feminismo completamente intelectual a uno popular donde hay un montón de organizaciones sociales, de mujeres, de base, de los barrios, que luchan. Tenemos el caso de Yanina (González) y Gallo Rojo, la organización popular que lo encarnó; y el caso de Reina Maraz hace poco es otro donde fueron organizaciones, antes llamadas piqueteras, hoy territoriales de base las que encarnaron la defensa; es decir que nos encontramos con que ha permeado en la sociedad de otra manera y por lo tanto en la prensa y en los marcos normativos también, y eso hace que el tema esté más presente y visible para todos y todas. Ahora falta que permee en las instituciones altamente patriarcales”.

Sin embargo, Amorín aclaró que aún se encuentran obstáculos en el modo en que los periodistas construyen una noticia y qué fuentes utilizan: “es un clásico del periodismo, para construir una información necesitamos preguntar a otros a quienes consideramos fuentes legítimas que nos cuenten qué pasó. Y ahí pasa que históricamente para el periodismo de policiales, su nombre lo indica, la fuente es la policía. Una periodista decía, ‘una tiene dos opciones, o ser la periodista policía y esto es que mi única fuente sea la policía, o el Poder Judicial y reproduzco sus palabras acríticamente, o salgo a la calle, salgo al territorio, pregunto a los vecinos y vecinas, trato de buscar en otros lados, trato de buscar las causas’. Hoy lo que pasa es que el fenómeno de la televisión hace que ya no sea tan fácil encontrar entre las vecinos y los vecinos, en la sociedad en general, algo que no esté permeado por lo mismo que se dice en el prejuicio de los medios, entonces está un poco más difícil que en otros momentos encontrar ‘la verdad’ en las fuentes de los barrios, a simple vista”.

La noticia como mercancía

Los medios de comunicación tradicionales juegan con la misma lógica del mercado, forman parte de él. En este punto, una información “sirve” o una noticia se transforma en “interesante” si vende, y desde allí se construye.

Al respecto, Amorín señaló: “cuando uno pregunta cuáles son las causas profundas de que a Melina la muestren en shorcito, de que Candela sea el top de rating durante tantos meses y termine muerta, lo que ellos dicen es que lo cierto, sobre todo en televisión y en internet, es que hay una fascinación social -y no sabemos qué es primero si el huevo o la gallina- por todo lo que sea la sexualidad de los adolescentes, todo lo que alimente el morbo y todo lo que tenga que ver con eso; y en la televisión el rating es el que manda, y esto también sucede con las noticias, están tan medidas por el rating como un programa de reality show o una telenovela. Quien está produciendo y conduciendo el programa en ese momento tiene todo el tiempo una cucaracha, un auricular en la oreja, que le va cantando el rating. Una periodista con muchos años en policiales en la prensa gráfica, y que ahora trabaja en televisión como columnista en un programa muy conocido, decía con mucha angustia ‘para mí es muy angustiante, yo no le encuentro la vuelta, porque me dicen que la tele es show, y yo empiezo a contar una situación, si baja el rating me dicen que la corte, y por ahí yo no llegué a dar los números de servicio para que las mujeres sepan a dónde acudir ante una situación de violencia’, lo cual en una noticia de cobertura de violencia contra las mujeres es básico”.

En este punto, Amorín remarcó que la lógica de la mercancía que se impone desde las empresas periodísticas conlleva un segundo desafío para los trabajadores y trabajadoras de prensa que se dan cuenta de este mecanismo mercantil: cómo hacer coberturas alternativas a lo que aparentemente pide la audiencia. A esto se suma que la formación en periodismo y comunicación también se maneja, en su gran mayoría, con esa misma lógica. “En general, no entrevisté a lo más retrógrado del periodismo de policiales, sino a quienes podrían ser grandes agentes de cambio o lo intentan ser. Lo que cuentan estos compañeros y compañeras que trabajan en medios masivos y que tienen una mirada crítica sobre la realidad y que están todo el tiempo tratando de dar disputas es que un esfuerzo enorme. Es también un doble mérito, porque cuando construimos medios alternativos las discusiones las damos entre compañeros y compañeras, no tenemos la lógica de la ganancia en el medio, nos podemos matar. Igual hay prácticas recontra machistas en los medios alternativos, yo no analice eso, solo me ocupé de los medios masivos. Una colega lo decía con todas las letras ‘yo hace muchos años que me doy cuenta que quiero cubrir de otra manera, lo que pasa es que muchas veces no me doy cuenta de cómo hacerlo’. Y cómo hacerlo en un lenguaje para el pueblo, sin usar patriarcado que no lo entiende nadie, sin usar palabras que son muy difíciles o dándoles un sentido posible de comprender en un texto breve o en una nota de 20 segundos o de un minuto en la cual además intervienen tantas personas”, consideró Amorín.

Los por qué

La inmediatez, el minuto a minuto, los 140 caracteres con que hoy pareciera escribirse el mundo conforman un tratamiento superficial de la información. De esta manera se hace imposible analizar las causas de cualquier situación que se quiera contar o describir.

En diálogo con La Retaguardia, la flamante especialista en Educación Sexual recordó una vivencia que a ella misma le tocó en su profesión: “hace muchos años haciendo una nota sobre violencia contra las mujeres, el editor, que era muy copado y en una revista social, progre, no de estas que tienen la exigencia del día a día, me dice que es importante que ponga por qué es que existe la violencia contra las mujeres. Varias personas entrevistadas decían que la violencia contra las mujeres es cultural, forma parte del sistema en el que somos educados varones y mujeres, forma parte de la legitimación del poder. Entonces el editor me llamó y me dice que no se entendía, porque eso que yo había puesto significaría que potencialmente todos los varones son capaces de ejercer violencia, y yo le contesté que sí, que ese era el contexto. Y me dijo que eso no podía ser, que eso lo hacía un perverso, un loco, alguien desviado. Esta idea sigue muy vigente, en las entrevistas aparece como muy vigente. Dar cuenta de las causas profundas de estos problemas en pocas palabras y con todos los obstáculos que las personas tenemos para poder apropiarnos de algo tan fuerte como eso, entender qué es el machismo, el patriarcado, o una sociedad regida por valores de desigualdad, no es tan sencillo, ni lineal”.

Cambio profesional y personal

Esta investigación sobre violencia mediática y el modo en que se continúa abordando temas de género en los medios tradicionales fue la tesina con la que Eva Amorín alcanzó su postítulo en Educación Sexual Integral,que se dicta en el Instituto Joaquín V. González.

Sobre su experiencia en la carrera, la periodista destacó: “si bien está pensado a priori para docentes, algunas personas que no ejercemos la docencia también lo podemos hacer y para mí la originalidad que tiene es que nos permite ver la educación sexual integral no como un tema que sólo tiene que ver con la institución educativa en el sentido más convencional del nivel inicial, primario, secundario, sino que nos permite analizar las dimensiones de la sexualidad en la vida, en el mundo, en la historia, en la actualidad enmarcadas en relaciones de clase, en relaciones de género, y tiene la virtud de poder hacer eso para después aplicarlo precisamente para pensar cómo sería un programa de educación sexual para periodistas que claramente no tiene que ver con la escuela, pero sí con la sexualidad, la vida y las formas opresivas o emancipadores de poder entender algo de esto”.

Para Amorín otro de los grandes méritos del postítulo es su metodología de trabajo: “es bastante anti escolar porque no propone el sistema tradicional de estudiantes que nos sentamos mirando al frente y escuchamos una serie de exposiciones y leemos una serie de textos. Esto está pero básicamente el postítulo promueve de una manera muy inteligente y con personas adultas y con tantos años de otras experiencias educativas más convencionales mover las propias vivencias, trabajar desde la propia experiencia, del propio sentir, del propio cuerpo y desde ahí revisar, problematizar, confrontarse con las propias historias y pensar cómo podemos trabajar con otras y con otros la cuestión de la sexualidad, y esa es como la dimensión más rica y más original para mí del postítulo. Está el marco teórico, están los trabajos prácticos, vas a salir con un bagaje bibliográfico importante pero sobre todo vas a salir otra persona”.

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