martes, 3 de marzo de 2015

Medios de comunicación, globalización y política: ¡La mentira al poder!

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)



Introducción

Según la tradición aristotélico-tomista, la realidad es una y dada desde siempre, puesta en forma indubitable a la espera de que el ser humano se contacte con ella. La realidad existe en definitiva, independientemente del sujeto que se relaciona con ella. En este marco, la verdad es la “adecuación del sujeto que conoce con la cosa conocida” (adaequatio intellectus et rei decían los escolásticos). La cosa, la realidad, está a la espera de que el sujeto se dirija a ella para aprehenderla y conocerla, por medio de sus sentidos y de la razón. Durante dos milenios, ésta fue la idea dominante dentro de la tradición occidental. Y es la concepción que sigue prevaleciendo en el sentido común. El peso está puesto en la realidad objetiva.

Desde el Renacimiento y a partir del cambio de paradigmas que se produjo en aquel fabuloso momento histórico de la humanidad, la noción de la realidad ha variado. En el mundo moderno y dentro del nuevo ideal de ciencia copernicana, la realidad pasa a ser “construcción”; es decir, producto de la forma en que el sujeto se relaciona con la cosa. La realidad deja de ser una, única, inobjetable. Llegados al presente, con el desarrollo de un pensamiento que se descentra cada vez más de la realidad objetiva como garantía misma de su existencia dada por un ser supremo creador, con un pensamiento mucho más centrado en el sujeto, interesa fundamentalmente el proceso de “construcción” de esa realidad. Los datos de las distintas ciencias sociales y de una epistemología que rompe vínculos con la tradición aristotélica ponen el énfasis en la relatividad de la realidad: la misma pasa a ser entendida como construcción histórica y, por lo tanto, cambiante, variada, siempre relativa. El peso ahora está puesto en el sujeto y en las relaciones que establece con la cosa. Así como una botella está medio vacía o medio llena, según el punto de vista, así comienza a entenderse esta nueva visión de la realidad. La verdad deja de ser un absoluto.

Todo lo anterior ayuda a entender que la realidad de la que queremos hablar en términos políticos es construida, no es absoluta ni terminada. Lo político, en tanto esfera en donde se juegan relaciones de poder entre grupos humanos, no es una realidad dada de antemano, asegurada por Derecho Divino, única e indubitable. Esa realidad política es producto de la historia y, por lo tanto, cambiante, dinámica y en perpetuo movimiento. En esa construcción, más allá de la bienintencionada idea de paz y rechazo de la violencia, el conflicto juega un papel determinante. La historia, la realidad política en definitiva, es producto de una conflictividad estructural. “La violencia es la partera de la historia”, se ha dicho como síntesis de esta relación y construcción. La realidad política tiene que ver con el juego de poderes que se va estableciendo, el que a su vez se encuentra, como ya se indicó, en continuo cambio. Por otra parte, la forma de la realidad tampoco es ingenua ni neutra. Lo que se sabe de la realidad política -que es una realidad social y por lo tanto determinada por factores sociales, económicos en principio, así como culturales en sentido amplio- es que ésta siempre es una construcción hecha desde el ejercicio del poder. Lo que se piensa, se sabe y se dice es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad y le confieren dinamismo.

Un pequeño grupo de pensadores -generalmente plegados a los poderes dominantes- es el que tiende a conceptualizar, organizar y dar forma a lo que las grandes mayorías luego repiten. Dicho de otra forma: “El esclavo siempre piensa con la cabeza del amo”. O también: “La ideología dominante de una época es la ideología de la clase dominante”. El pensamiento político es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad y le confieren dinamismo. Un pequeño grupo de pensadores -generalmente plegados a los poderes dominantes- es el que tiende a conceptualizar, organizar y dar forma a lo que las grandes mayorías luego repiten. En relación con lo anterior, algo inédito en la historia y que viene marcando una tendencia cultural desde inicios del siglo XX es el papel que juegan los medios masivos de comunicación modernos. Lo que la gran mayoría piensa, o más concretamente “piensa en términos políticos-ideológicos”, proviene cada vez más de esos medios comunicacionales: prensa escrita primero, luego radio, después televisión (con una fuerza arrolladora) y, actualmente, toda la diversidad de medios audiovisuales, incluidos el internet y los videojuegos. Los llamados mass media han crecido hasta convertirse en una especie de nuevo medio ambiente que hace que para muchas personas ya no haya otra realidad relevante que la que esos medios producen. Según una publicación de la empresa encuestadora estadounidense Gallup (no sospechosa de pensamiento crítico y de ideología de izquierda), 85% de lo que un adulto urbano promedio “sabe” hoy día sobre su realidad política proviene de esos medios masivos de comunicación, ante todo de la televisión. Es ya sabido (aunque sea una frase hecha -pero no por ello menos importante-) aquello de “si no está en la televisión, no existe”. Lo anterior caracteriza la realidad política actual: los medios de comunicación, tradicionalmente el “cuarto poder”, han incrementado drásticamente su importancia. Hoy en día constituyen uno de los factores del poder mismo, ya que construyen la realidad político-ideológica a escala planetaria. Buena parte de las apreciaciones sobre esa realidad es producto prefabricado que esas usinas culturales elaboran, cada vez con mayor sutileza y con mayor esmero.

El primado de la televisión

Para precisar mejor el razonamiento considerado en los párrafos precedentes, convendría realizar un pequeño recorrido por el medio de comunicación que más ha impactado a escala global en la población: la televisión. Sin duda, es uno de los inventos que más ha influido en la historia de la humanidad. Su importancia es tan grande -desproporcionadamente grande podríamos decir- que influye los cimientos mismos de la civilización: es la expresión máxima de los medios masivos de comunicación, parte medular de la cultura, de esta sociedad que llamamos hoy “sociedad de la información”. Lo es, de hecho, en forma cada vez más omnipresente, más avasallante. Sin temor a equivocarnos, es posible afirmar que el siglo XXI será el siglo de la cultura de la imagen, de la pantalla, cultura que ya se entronizó en las pasadas décadas del siglo XX y que, tal como se ven las cosas, parece afianzarse con más fuerza y sin posibilidad de retroceso. El “¡no piense, mire la pantalla!” parece haber llegado para quedarse. Hoy en día, esa pantalla ya no es sólo la televisión, tenemos también los teléfonos celulares, las agendas electrónicas y las sofisticaciones del plasma líquido que florecen por todas partes. En definitiva, la imagen va envolviendo cada vez más al público, según el modelo televisivo. Cuando la televisión se masificó, se inició también el debate sobre si, por fin, ese medio encarnaría el sueño de la educación al alcance de la población, si se convertiría en información veraz y objetiva sobre la realidad mundial, cultura para todos, programas de debate, aporte a las ciencias y a las artes. Luego de varias décadas de desarrollo, parece que ninguno de estos ideales se ha realizado (quizá muy poco a través de estos medios audiovisuales, pero menos aún en el caso de la televisión). Ello no sólo porque a la mayor parte de la población “no le interesa” este tipo de inquietudes -aunque sería un tanto superficial presentarlo así- sino, fundamentalmente, porque a quienes hacen televisión -más aún, a quienes la dirigen- parece importarles menos que a nadie. Como señaló el músico cubano Pablo Milanés: “El mal gusto está de moda”. Y se da ahí un círculo vicioso: ¿el público consume “basura mediática” porque eso recibe o es difícil (casi imposible) producir algo masivo (durante 24 horas al día los 365 días al año) con altos niveles de calidad? Con el transcurso del tiempo, la televisión ha sido más criticada pero, al mismo tiempo, es más consumida. Prácticamente desde el momento mismo de su aparición, no fue un medio informativo ni educativo; constituyó una fuente de entretenimiento y terminó siendo el centro de todo hogar moderno. Así, al igual que no se piensa dos veces si se compra una licuadora o una cama cuando una pareja de recién casados estrena residencia o cuando un joven se independiza, tampoco se deja de pensar en comprar un televisor. Hoy en día, incluso en los hogares de clase media es “obligado” contar con más de un aparato. Tal “objeto” se ha convertido en parte esencial de la vida de los seres humanos, ricos y pobres, urbanos o rurales, varones o mujeres, jóvenes o adultos. Se calcula que actualmente están funcionando no menos de 2.000 millones de aparatos televisivos y la tendencia es a seguir creciendo.

La televisión construye un mundo virtual muy especial. El poder de convicción de las imágenes hace que a menudo éstas reciban un estatus de realidad superior al de la realidad misma. En las modernas sociedades masificadas, en las que se aglomeran enormes cantidades de seres humanos que están paradójicamente muy separados unos de otros dados los patrones de individualismo y consumismo hedonista que el capitalismo ha impuesto -“es más fácil para la mayor parte de la gente encontrar un dinosaurio que un vecino”, dijo sarcástico A. Touraine- el elemento que une a esas grandes masas dispersas pasó a ser la televisión. Si “religión” quiere decir re-ligar, unir, no cabe dudas que este nuevo dispositivo tiene un valor “religioso” en las actuales sociedades.

La televisión construye un mundo virtual muy especial. El poder de convicción de las imágenes hace que a menudo éstas reciban un estatus de realidad superior al de la realidad misma. El punto de partida para entender esto es la dificultad que el sistema nervioso en su conjunto tiene para distinguir las imágenes de la realidad de las imágenes virtuales o de representación de la misma. Por ello es que lloramos viendo una película de ficción o nos emocionamos con los anuncios de bebidas. El cerebro ha ido evolucionando en los organismos más complejos, incluida la especie humana, basándose en la credulidad de lo que ve. Todo el mundo sabe que añadir una imagen a una noticia cualquiera le confiere un carácter de mayor veracidad. Las informaciones icónicas producen en el cerebro la sensación de ser algo intrínsecamente creíble. A lo largo de la evolución, no ha sido necesario desarrollar la capacidad de discriminar las imágenes virtuales de las reales, puesto que las primeras no existían o eran poco relevantes (espejismos, reflejos en el agua). La aparición de la realidad virtual cambió, en gran medida, la historia humana. La memoria tiene dificultades para distinguir la procedencia de las imágenes mentales que posee. De dónde proviene, por ejemplo, la idea que se tiene de la nieve si se vive en el trópico, ¿de la experiencia personal o de las películas que se han visto? Y la idea de la Edad Media, ¿de la imaginación, de los textos leídos o de las imágenes vistas? ¿Y la idea de un sindicalista? ¿La de los indígenas? ¿La de la guerra? ¿Cómo llegamos a los conceptos de los “buenos” y los “malos”? (los primeros, siempre blancos; los segundos, negros, indígenas, musulmanes).

En síntesis, la televisión influye más sobre la humanidad que todo el arsenal nuclear. La televisión crea la realidad cultural en la que nos desenvolvemos hoy día, con más fuerza que la familia, las iglesias o la escuela formal. Según apreciaciones de la UNESCO, en unas pocas generaciones más, el peso de la cultura virtual habrá desalojado la importancia de la escuela tradicional. La dificultad para distinguir entre imágenes reales y virtuales, junto con el aislamiento social y el tiempo dedicado a ver televisión (en promedio, dos horas diarias para un adulto y cuatro horas y media para un niño), borra las fronteras entre realidad y ficción e invierte el referente para conocer quiénes somos, cómo es la realidad y cuál es el mundo deseable. Por supuesto, a los círculos que detentan el poder, lo anterior les resulta “como anillo al dedo”. De allí seguramente el crecimiento exponencial de la televisión como pocos, o ningún otro, avance científico del siglo XX. Siguiendo esta misma línea, el resto de dispositivos audiovisuales como el internet se perfila como uno de los núcleos principales en torno al que ya se está tejiendo la vida del siglo XXI.

Para mantener la atención, el negocio televisivo transforma todo lo que trata en espectáculo. El discurso político, el conocimiento, el conflicto, el temor, la muerte, la guerra, el sexo, la destrucción, entre otras, pasan a ser fundamentalmente espectáculo, comedia, “show!”. El espectador es acostumbrado a ver el mundo sin actuar sobre él. Al separar la información de la ejecución, al contemplar un mundo mosaico en el que no se perciben las relaciones, se crea un estado de aturdimiento, indefensión y modorra que propicia el crecimiento de la parálisis social. Como tecnología de implantación de imágenes en el sistema nervioso central, la televisión permite hablar directamente al interior de la subjetividad de millones de personas y depositar en ellas imágenes (que difícilmente se pueden modificar) capaces de lograr que la gente haga lo que de otra manera nunca hubiera pensado hacer. No olvidemos la ley de John Kenneth Galbraith: “Se publicita lo que no se necesita”. Es dable preguntarnos entonces ¿cómo se ha logrado suprimir las diversas maneras de comer que existían en los distintos territorios y culturas y sustituirlas (en una tercera parte del planeta) por hamburguesas de McDonald’s o vasos de Coca-Cola? Sólo una tecnología como la televisión podría ser capaz de lograrlo con la eficacia mostrada en el escaso margen de pocas generaciones, lo que no logró ninguna iglesia ni partido político. Aunque la televisión se inventó en la década de 1920, se desarrolló como tecnología de implantación masiva de imágenes, coincidiendo con el período de mayor bonanza y acumulación capitalista tras la Segunda Guerra Mundial, liderada por la gran potencia hegemónica: Estados Unidos.

La televisión, la economía y el poder

En estos momentos, la televisión es ante todo: a) vehículo de los grandes capitales para la promoción de sus productos y b) arma ideológica de control social implementada por los grandes centros de poder. Secundariamente, existen otras acciones para transformarla en medio educativo. El “socialismo real” en su momento o las propuestas alternativas para construir otro tipo de televisión no lograron torcer mucho este rumbo. Arte, hasta donde lo conocemos, definitivamente no es. Y las propuestas serias, educativas, críticas, son más bien marginales. En términos generales, se puede decir que, en todas partes del mundo, la televisión ofrece: a) entretenimiento ramplón, barato, de muy poca profundidad estética (la mayoría de la programación puede clasificarse dentro de este campo: desde deportes hasta telenovelas, series estandarizadas, reality shows, musicales y dibujos animados, preparados cada uno según el público-objetivo buscado); b) información, la mayor parte de las veces tendenciosa, haciendo del manejo de la noticia otro entretenimiento más; c) un porcentaje infinitamente menor de materiales educativos para la reflexión, programas culturales o científicos, así como arte. En la mayoría de casos, existe una fuerte carga ideológica, en general, mayor que la calidad estética. En lo que concierne a noticias, la situación es patética; en vez de informar con veracidad, se desinforma, se crean matrices de opinión en la lógica de defensa de los poderosos, se es chabacano y sensacionalista y no es para nada crítica. Una vez más: “El esclavo piensa con la cabeza del amo”.

La razón última de la televisión es vender publicidad; dicho en otros términos, obtener beneficios monetarios. Y la razón última de acumular beneficios monetarios es concentrar poder. El “rating” (la medición de la teleaudiencia) pasó a ser el elemento que guía la gran mayoría de las programaciones. Como alguien alguna vez lo dijo, “los programas son una excusa para presentar publicidad”. En la actualidad y tras varias décadas de desarrollo, las televisoras más importantes del mundo son propiedad de las cien compañías más grandes, las que, a su vez, son las que más se anuncian en televisión. La ABC es propiedad de Disney Corporation, la NBC de General Electric, la CBS de Westinghouse, Antena 3 de Telefónica. CNN es una super empresa que cotiza en bolsa moviendo fortunas. Las cadenas públicas o se privatizan o se mimetizan con las privadas y, en cualquier caso, quienes las financian son en buena parte las mismas compañías. En la actualidad existen conglomerados industrial-financiero-mediático-políticos (véanse los casos del magnate Silvio Berlusconi en Italia, Carlos Slim en México -una de las personas más acaudaladas del mundo- Ted Turner en Estados Unidos, propietario de CNN, Gustavo Cisneros en Venezuela -el segundo hombre más rico de América Latina-) que disponen de más poder político que un presidente de Estado. En ellos resulta muy difícil saber quién controla a quién, la política a las finanzas o los medios de comunicación a ambas, pues son todos en uno o hacia ello se encaminan.

El mundo es lo que la televisión muestra. El poder político, entonces, ha pasado en buena medida a quienes detentan ese potencial de los medios masivos de comunicación, quienes ya se constituyeron abiertamente en actores políticos de primera magnitud, más incluso que los desacreditados partidos, cada vez más tenidos por una casta de corruptos y mercaderes mercenarios (esto es igual en todos los países). La cultura audiovisual que el entramado del poder ha ido creando invierte la evolución de lo sensible a lo inteligible y altera la relación entre entender y ver, empobreciendo así la comprensión del mundo, atrofiando la capacidad de abstracción y, por lo tanto, de actuar sobre la realidad. La humanidad no es más tonta desde que ve televisión, sin duda; pero sí es más manejable, tremendamente más manejable y manipulable. Y lo peor de todo, sin que se dé cuenta de ello. El video-dependiente promedio de televisión o de las nuevas tecnologías que entronizan la imagen (cada vez más gente en el planeta) tiene menos sentido crítico que quien no depende casi exclusivamente de las imágenes como fuente de conocimiento, de quien lee y piensa reflexiva y críticamente. El esfuerzo de ver es mucho menor que el de leer. Consideremos la forma de dejarse llevar por imágenes: se suceden unas a otras, el orden está fijado, se trata fragmentariamente cada tema y no hay espacio para reflexionar (es decir, para “darle vueltas al asunto”, examinar el contexto global en que se produce un acontecimiento, integrarlo con otros aspectos con los que interactúa, darse el tiempo para pensar futuras acciones). No obstante, sería incorrecto achacar todos los males y esta cultura “light” del “no piense y mire pasivamente” al avance tecnológico. No cabe duda que las nuevas tecnologías modelan las problemáticas y perfilan cambios en la constitución subjetiva; sin embargo, el poder de crear, innovar, formar y participar en los procesos de transformación social sigue siendo, exclusivamente, responsabilidad nuestra. Como siempre, el vínculo interpersonal es el factor determinante en el desarrollo y uso de las potenciales capacidades intelectuales. La tecnología condiciona, pero el proyecto antropológico de base (“político”, para llamarlo propiamente) es el que decide cómo y para qué se usa dicha tecnología. Por último, la “culpa” de los males del mundo no es de la televisión, de los medios de comunicación, de la tendencia al consumo de imágenes ni de los medios digitales (televisión y la parafernalia que la acompaña: internet, pantallas de teléfonos celulares, tablas y todos medios cada vez más sofisticados que podrán venir en un futuro). Ellos, como instrumentos de enorme penetración, también pueden servir para otros fines, como ampliar el conocimiento y mejorar el análisis y la opinión crítica. La televisión y los medios de comunicación en general pueden ser un arma liberadora. Las experiencias conocidas hasta la fecha abren interrogantes. El “socialismo” real no dio una producción televisiva excelente, aunque el recurso humano que trabajaba tal sistema tenía gran preparación y amplitud de criterio. Por el contrario, se dieron producciones que fueron, si no propaganda ideológica pesada, programas carentes de creatividad, de chispa y que resultaban ser igualmente soporíferos.

Lo señalado anteriormente nos lleva a replantear la cultura de la imagen que está en la base de esta proliferación de medios masivos que cada vez más se van imponiendo. “Cuando se escribe un guión televisivo, hay que pensar que el potencial consumidor es un niño de seis años de edad”; así presentaba las cosas un prestigioso profesor de semiología para demostrar cómo se hace televisión. Quizá era un poco crudo, pero no estaba exagerando. “En la sociedad actual, el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”, se expresaba sin mayores tapujos Zbigniew Brzezinsky, asesor del ex presidente de Estados Unidos James Carter e ideólogo de los reaccionarios documentos de Santa Fe (1). En otros términos, el funcionario de Estado no decía nada muy distinto a lo que nos enseñaba aquel docente de comunicación social: “manipular a la gente tratándola como niñitos tontos”. Así de simple (o de monstruoso). La televisión -y junto con ella los nuevas tecnologías centradas en la cultura de la imagen- es parte fundamental de lo que los estrategas de la potencia imperialista llaman “guerra de cuarta generación”. Dicho de otra forma, guerra psicológico-mediática, guerra a muerte para controlar poblaciones enteras, la población planetaria, no con armas de destrucción masiva, sino con medios más sutiles, no sanguinarios, pero de más impacto final.

La humanidad no es más tonta desde que ve televisión, señalábamos, pues el núcleo del problema no está en el consumidor sino en el productor. Lo que debe enfatizarse es que ese productor de imágenes es, cada vez más, el gran poder político. En la década de 1960, el padre de la semiótica, el italiano Umberto Eco, decía: “Quien detente los medios de comunicación, detentará el poder”. Evidentemente no se equivocaba. Vale la pena recordar la afirmación del dirigente nazi Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (...) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de los alcances de entre aquellos a quienes se dirige [¿niño de seis años?]. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”. (2)

No hay ninguna duda de que la inmediatez y unidireccionalidad de los mensajes audiovisuales, de los que la televisión es el principal exponente (más que el cine, la foto, el internet o los videojuegos), generó una cultura de la imagen que hoy pareciera muy difícil, si no imposible, de revertir. En la dinámica humana, la conducta reiteradamente repetida termina creando hábito: “algunos puntos fuertes poco numerosos se imponen a fuerza de fórmulas repetidas”, enseñaba el ministro de Propaganda del Tercer Reich. Al igual que la intuición de Eco, tenía razón. La cultura de la imagen que hace años viene repitiéndose con fuerza creciente ya creó un hábito en todas las capas sociales en estas últimas generaciones. Hoy por hoy, pareciera imposible desarmarla. Pero en esa cultura anida un límite intrínseco, quizá imposible de ser franqueado: no importa el tipo de programa televisivo que se presente, mirar la pantalla no facilita la actitud crítica que sí posibilita, por ejemplo, la lectura. De todos modos, esa cultura de la imagen no parece que vaya a desaparecer con facilidad, por varios motivos. En el marco del actual sistema de libre mercado, la imagen es un fácil expediente para generar enormes ganancias y herramienta idónea para seguir incentivando el hiper consumo que la economía necesita. El negocio de la televisión mueve fortunas y ninguna de las corporaciones que lo manejan está dispuesta a perderlo. Por otra parte, la televisión se ha revelado como un arma de dominación terriblemente eficaz (guerra de cuarta generación, más “letal” que las peores armas de fuego). Los centros de poder no dejarán de usarla, por el contrario, apelarán cada vez más a ella. Es un instrumento de sujeción mucho más efectivo que la espada de la antigüedad o las bombas inteligentes actuales. Por ambos motivos entonces, fabuloso negocio y mecanismo de control social, la televisión es parte medular de los factores de poder que manejan el mundo. Además -y esto es incontratable- la imagen nos hace caer en ella como la luz brillante atrapa a los insectos. La cultura mediática (audiovisual en lo fundamental) prefigura cada vez más el pensamiento político. “Pensamos” política e ideológicamente en términos pasivos lo que el “espectáculo mediático” presenta, sin mayores cuestionamientos. Por ejemplo, que los musulmanes son unos fanáticos terroristas, que los narcotraficantes constituyen el nuevo demonio que mueve la política en los “narco-Estados” latinoamericanos, que las “temibles” maras son el principal problema en Centroamérica, que Osama Bin Laden y Al Qaeda o el recientemente aparecido Estado Islámico manejan buena parte del mundo desde las tinieblas con un proyecto de siembra de terror que nos paraliza, que estamos mal porque “los políticos corruptos se roban todo”. Y también, sin formulaciones críticas al respecto, que “la democracia” es un bien en sí mismo y que los países exitosos son tales porque han abrazado la democracia. Nuestro pensamiento, recordémoslo una vez más, muchas veces (¿siempre?) se moldea a través de poderes hegemónicos que imponen “lo que se debe pensar”. En el ámbito universitario, esto resulta ser descarnadamente cierto, aunque debería ser el lugar de la crítica por excelencia. La cultura de la imagen lo barre todo: el “copia y pega” pareciera haber llegado para quedarse. ¿Y acaso no son eso mismo los noticieros que nos llenan la cabeza de “información”?

El mundo globalizado, la aldea global, se rige en forma creciente por un pensamiento único, por un continuo “copia y pega”, donde cada sujeto recibe el texto “pegado” que habrá de repetir acríticamente. En términos políticos, esa globalización viene a uniformar puntos de vista y a contar con parámetros universalmente compartidos. Al hablar de “globalización” -proceso hoy día en la cresta de la ola del discurso sociopolítico y mediático- debemos precisar de qué se trata pues, en verdad, el término no aporta nada nuevo en lo conceptual. Quizás pueda incluso ser un estorbo si no se lo delimita adecuadamente. Globalización es más que -o incluso no es para nada- la posibilidad de tener en cualquier parte del mundo, en medio de la selva o del desierto, un teléfono celular fabricado por una empresa japonesa en algún país del medio oriente, con chips elaborados a base de coltán africano y activado por una compañía telefónica de origen español, cuya buena parte del paquete accionario es francés o estadounidense. Éste es el detalle descriptivo, no más. La globalización es más que eso.

El proceso de globalización

Para una síntesis sobre qué entender por globalización, podríamos proponer (a modo de definición aproximativa) que se trata del proceso económico, político y sociocultural que está teniendo lugar actualmente a nivel mundial. Este proceso hace que exista una interrelación económica cada vez mayor entre todos los rincones del planeta, por alejados que estén, bajo el control de las grandes corporaciones transnacionales. Esto gracias a tecnologías que han borrado prácticamente las distancias, permitiendo comunicaciones en tiempo real y que sirve básicamente a esas enormes empresas, aunque se viva la ilusión que todos nos beneficiamos de ella. Tomando en cuenta lo anterior, el proceso de globalización (generalmente considerado en su faceta económica) implica que cada vez más ámbitos de la vida son regulados por el libre mercado, que la ideología neoliberal se aplica en casi todos los países con cada vez más intensidad, que las grandes empresas consiguen cada vez más poder a costa de los derechos ciudadanos y la calidad de vida de los pueblos y, por último, que el medio ambiente y el bienestar social se subordinan absolutamente a los imperativos del sistema económico (cuyo fin es la acumulación insaciable por parte de una minoría cada vez más poderosa). Acompaña a todo este proceso el desprecio de los valores culturales y sociales de las distintas comunidades del planeta, con la imposición de una matriz única, producida y exportada desde los principales centros de poder, fundamentalmente los Estados Unidos de América. Ahora bien, las características señaladas no son en realidad nuevas. Desde que el capitalismo comenzó a solidificarse en Europa, su expansión global no ha cesado. La llegada de los españoles a tierras americanas puso en marcha este proceso de universalización del sistema económico europeo, proceso que desde hace cinco siglos no se ha detenido. El capitalismo es, en definitiva, sinónimo de comercio a escala planetaria. La trata de esclavos negros en África, el saqueo de recursos en Asia o América y el crecimiento de los bancos europeos son parte de un mismo proceso. La globalización ya lleva varios siglos en curso. Como se dijo en alguna ocasión: en realidad comenzó la madrugada del 12 de octubre de 1492, cuando Rodrigo de Triana pronunció su infausto grito de ¡tierra! Con el final de la Guerra Fría y el triunfo del gran capital transnacionalizado, el discurso hegemónico -el del neoliberalismo en boga- se sintió en condiciones de decir lo que le placiera. No sólo de decir, sino también de hacer. Surgen así los mitos post caída del muro de Berlín que, como todo mito y construcción simbólica, responden a momentos, coyunturas sociales y entramados de poder. “El fin de las ideologías”, el pragmatismo, el discurso del posibilismo y la resignación; el inglés como lengua universal, “don’t worry, be happy”; Coca-Cola y McDonald’s como íconos; individualismo triunfalista y desprecio por lo local; aquello que evoque el pasado; todos éstos son distintos elementos que conforman los nuevos paradigmas. Como parte de los símbolos de la globalización, debe incluirse también lo que se ha llamado “flexibilización laboral” (eufemismo de la sobreexplotación de la mano de obra). Es decir, pérdida de derechos sindicales históricos obtenidos luego de décadas de luchas, contratos laborales precarizados, casi extinción de sindicatos. Se complementa esto con la “deslocalización”, o sea, la posibilidad de instalar centros productivos en los que la mano de obra sea más barata, con menor regulación y escasos o nulos controles medioambientales por parte de los Estados. La globalización es siempre la de los grandes capitales. Si algo posibilita todo lo anterior, es la universalización del dominio del capital financiero. Entre los íconos de la globalización se inscribe también el mercado, como punto máximo del desarrollo y la democracia, como expresión superior de organización política. Los medios masivos de comunicación, cada vez más globalizados y concentrados, juegan un papel clave en la expansión de este fenómeno y de sus mitos.

La relación entre medios masivos de comunicación y globalización, hoy en día en su apogeo, se perfilaba ya algunas décadas atrás. Así, por ejemplo, el Informe McBride de UNESCO en 1980 lo denunciaba explícitamente: “La industria de la comunicación está dominada por un número relativamente pequeño de empresas que engloban todos los aspectos de la producción y la distribución, las cuales están situadas en los principales países desarrollados y cuyas actividades son transnacionales. (…) Se deben adoptar medidas encaminadas a ampliar las fuentes de información que necesitan los ciudadanos en su vida cotidiana. Procede emprender un examen minucioso de las leyes y reglamentos vigentes para reducir las limitaciones, las cláusulas secretas y las restricciones de diversos tipos en las prácticas de información. (…) Con harta frecuencia se trata a los lectores, oyentes y espectadores como si fueran receptores pasivos de información”. (3)

Globalización, democracia y medios de comunicación

Se encuentran entronizados distintos mitos que recorren el planeta, de los que hoy pareciera imposible despegarse. Las ideas de libre mercado y democracia (entendida como democracia representativa y formal) parecen haber llegado para quedarse, inundando todo el mundo y no dando lugar a críticas o alternativas. Estar globalizados es participar de estos valores comunes, universales, fijados desde centros de poder omnímodos y que no dan ningún espacio para la actitud crítica. Cualquier disenso es tomado como “irrespetuoso acto de rebeldía”. Consideremos un ejemplo del impacto de esta construcción mediático ideológica en el pensamiento político dominante; analicemos así la noción de “democracia” entronizada hoy como un bien en sí mismo. “Con la democracia también se come”, gritaba en su campaña proselitista Raúl Alfonsín antes de convertirse en el primer presidente constitucional luego de la dictadura militar en Argentina entre 1976 y 1982. La promesa levantaba grandes expectativas; tantas, que le permitió ganar las elecciones. Hoy, con más de tres décadas de ejercicio democrático, el país no se termina de recuperar de la peor crisis de su historia. No es nada infrecuente que muchos de sus habitantes deban comer de los recipientes de basura (¡en el país de las vacas!) y tampoco fueron infrecuentes, en estos últimos años, saqueos a parques zoológicos para comerse algún animal. Parece ser que la democracia no ha dado mucho para comer. En el histórico “país de las vacas”, con la democracia se pasa hambre y los índices de desnutrición crecieron en forma dramática. Una investigación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2005 mostró con cifras elocuentes que 55% de la población estudiada apoyaría de buen grado un gobierno dictatorial si resolviera los problemas de índole económica. Ello llenó de consternación a más de un politólogo. Sin lugar a dudas, décadas de dictaduras militares y regímenes totalitarios dejaron una profunda marca política en la región. Pero ello no habla sólo de una cierta vocación autoritaria en la población latinoamericana, transformada ya hoy en hecho cultural; habla, más que nada, del fracaso de estas democracias formales aparecidas alrededor de la década de 1980, luego de los tristemente célebres gobiernos militares.

“Democracia” es una de las nociones más manoseadas y retorcidas del vocabulario político universal. Si intentáramos precisarla en pocas palabras, seguro que no lo lograríamos. El solo hecho de que pueda ser presentada como opción “buena” ante otras “equivocadas” alerta ya que no es universalmente aceptada y que es materia de equívocos, que alcanzan para todo. ¿Cómo es posible que en su nombre se produzcan guerras de conquista, como las de Irak o de Afganistán? ¿Cómo es posible que en su nombre se bombardee población civil no combatiente? Sin duda, la democracia es un tema explosivamente polémico, pero el insistente discurso -mediático en lo fundamental- lo ha colocado en un sitial de honor que casi no admite discusiones. Si en algún determinado país las cosas no funcionan del todo bien, el discurso dominante -dado en muy buena medida por los medios masivos de comunicación- dice que es porque aún ese lugar no vive “en democrática” o porque la institucionalidad democrática “es muy débil”.

En uno de sus informes, el Banco Mundial reveló que la República Popular China sacó de la marginación a 200 millones de personas en veinte años, sin que sus reformas se apegaran a las recetas neoliberales en boga. Más aún, con una organización política abominada por las democracias occidentales en la que brillan por su ausencia todas las libertades esgrimidas como logros democráticos. Como señaló Luis Méndez Asensio al analizar el fenómeno: “El ejemplo chino nos incita a una de las preguntas clave de nuestro tiempo: ¿es la democracia sinónimo de desarrollo? Mucho me temo que la respuesta habrá que encontrarla en otra galaxia. Porque lo que reflejan los números macroeconómicos, a los que son tan adictos los neoliberales, es que el gigante asiático ha conseguido abatir los parámetros de pobreza sin recurrir a las urnas, sin hacer gala de las libertades, sin amnistiar al prójimo” (4). Tan elástico es este vapuleado concepto de democracia que sirve para cualquier propósito: para comer -según Alfonsín-, para mantener un bloqueo contra Cuba, para invadir Irak o Afganistán, para deponer al presidente Jean-Bertrand Aristide en Haití o a Manuel Zelaya en Honduras, o para intentar hacerlo con Nicolás Maduro en Venezuela… Quizá, por tan elástico, en realidad no significa ya nada. Pero todo ello puede llevarnos a concluir que lo que pensamos rara vez es original, ya viene pensado por otro.

En el ámbito político, que es el que nos interesa fundamentalmente para el presente análisis, ese pensamiento viene muy marcadamente “preparado” por determinados centros de poder. Como tendencia siempre creciente, los medios masivos de comunicación juegan un papel cada vez más decisivo en la construcción de las imágenes políticas que las poblaciones tenemos de lo que somos, de por qué somos así y de lo que podemos hacer al respecto. Más allá de todo el despliegue científico-técnico con que nos movemos como una sociedad globalizada que entró en la modernidad -todos tenemos teléfono celular, el internet es un hecho y avanza portentoso, todos directa o indirectamente consumimos petróleo- en el ámbito ideológico-político seguimos apegados a mitos, a frases hechas, a estereotipos que repetimos sin la más mínima crítica. ¿Cuál es la diferencia entre cualquier mito tradicional (el Hombre-lobo, la Llorona, Santa Klaus, determinada virgen milagrera, María Lionza en Venezuela o Palas Atenea en la Grecia clásica) y los mitos en torno a la democracia? Entretanto, los medios masivos de comunicación, en vez de ser críticos al respecto, los alimentan generosamente.

Estos medios, en manos de empresas capitalistas lucrativas, por supuesto que seguirán defendiendo el sistema a cualquier costo (además de seguir haciendo negocio, pues eso son en definitiva: buenos business). Lo seguirán defendiendo a costa de la verdad, más allá de las pomposas declaraciones de “defensa irrestricta de la libertad de expresión” y altisonantes palabras que nadie puede tomarse en serio. Lo defenderán, alejados de la pretendida objetividad de la que tanto se habla, pues lo que está en juego no es una verdad científica, neutra, sincera, sino la perpetuación de un sistema de explotación que beneficia sólo a algunos, justamente a quienes detentan esos jugosos negocios. Es por eso que todo lo que tenga que ver con medios de comunicación debe ser tomado totalmente con pinzas si en verdad se busca objetividad. El campo popular, en todo caso, tiene que estar siempre alerta, desconfiando y en actitud de discordia con el discurso mediático, porque allí hay, ante todo, el ocultamiento de una mentira. La política en tanto red de relaciones que determina a la totalidad de una sociedad, no guarda la más mínima relación con la verdad objetiva; la política es una forma de mantener el engaño sobre el que se edifican las sociedades de clase, asentadas en la propiedad privada de los medios de producción. De eso no se habla, y ahí está el meollo de todo.

En ese sentido, “política” no es sólo el oficio de los “políticos profesionales” que administran gerencialmente el sistema. La política está en el día a día, en la calle, en la comunidad, en la protesta ante los atropellos, en la reacción ante cualquier injusticia. Y de eso, los medios masivos de comunicación hoy absolutamente globalizados y monopolizados, no quieren saber nada. Por eso desconfiemos de esa mentira bien organizada, pensemos con nuestra propia cabeza, hagamos nuestra día a día aquella frase de “crítica implacable de todo lo existente”.

Notas:
1) Zbigniew Brzezinsky, “The Technetronic Society”, en Encounter, Vol. XXX, No. 1 (enero de 1968)
2) Joseph Goebbels. Artículo publicado el 30 de abril de 1928 en “Der Angriff”, órgano de prensa del Nacional Socialismo.
3) Sean McBride, Un solo mundo, voces múltiples: comunicación e información en nuestro tiempo (México: Fondo de Cultura Económica (FCE) y UNESCO, 1980), págs. 260-262
4) Luis Méndez Asensio, “¿Cuánto vale la democracia?”. En http://www.pa-digital.com.pa/periodico/edicion-anterior/opinion-interna.php?story_id=439652

Bibliografía:
- Buen Abad Domínguez, F. “¿Qué enseñan los medios de comunicación?” Disponible en: www.loquesomos.org
- Centro Knight para el Periodismo en las Américas. (2009) “El impacto de las tecnologías digitales en el periodismo y la democracia en América Latina y el Caribe”. Austin, Texas Centro Knight.
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El Rey de la pradera canadiense

Mario R. Fernández (especial para ARGENPRESS.info)

En esta crisis, quizás crisis civilizatoria de occidente y del mundo, los artífices de la propaganda se han encargado de tapar a través de la falsimedia universal las degradaciones que viven sociedades, pueblos, individuos. Para ello crean diferentes y frecuentes estudios y estadísticas sobre lugares -según hábitat, nivel de democracia, libertad de prensa, acumulación de riqueza, corrupción, salubridad, placer, que establecen fantasías universales entre los elegidos y los otros -que son generalmente los habitantes de los países periféricos, son fantasías que definen paraísos ficticios. Entre estos “estudios” los más frecuentes nos hablan de las ciudades y países mejores para vivir según su nivel de seguridad, costo de vida, entretenimiento, limpieza, medio ambiente, nivel de felicidad y perspectivas de futuro. Sabemos de antemano quiénes seguramente ocuparan los últimos lugares y quienes los primeros en este “ranking mundial.” Por supuesto Rusia, Venezuela, Corea del Norte, Irán, junto con algún otro lugar pobre de la tierra, estarán entre los últimos; y entre los elegidos encontraremos mayoritariamente ciudades y países del llamado “Primer Mundo.”

Canadá figura frecuentemente entre los países ejemplares, y otros, los “aspirantes a desarrollados” le admiran y tratan de imitar, de la misma forma que una niña admira a una estrella de cine imaginando que cuando crezca ha de ser como ella. Es una construcción ficticia muy bien pensada e implementada diariamente a través de la propaganda, pero el mundo es imagen, la información es poder, y todos los seres humanos parece que adoramos las fantasías. La crónica insistente de esta construcción magistral propagandística define términos como “democracia” de forma muy particular, se trata no tanto del nivel de participación significativa de los miembros de la sociedad canadiense sino más bien de ordenadas elecciones y transiciones de poder, resultado de bien planeados espectáculos. Porque, si analizamos la democracia canadiense de cerca nos encontramos con una situación bien diferente y una que le quita brillo a su supuesto éxito social.

La historia de los europeos blancos en Canadá no es de larga duración, tiene menos de dos siglos, tampoco se puede hablar en Canadá de un proceso de independencia, como en otros lugares del continente americano, por lo que en Canadá escasean los héroes. Aunque Canadá haya participado en las dos guerras mundiales y hayan perdido sus vidas más de 100 mil soldados canadienses de los casi dos millones que participaron en estas dos conflagraciones, ninguno de ellos es recordado individualmente sino en el general y anónimo. Por lo que, a través del tiempo, las élites canadienses y sus medios de información y administración, han impuesto héroes de su propia creación, héroes políticos entre los que figura uno, quizás de los más aclamados de la historia del país, Ralph Phillip Klein.

Ralph Klein considerado héroe estadista y folclórico, como se lo conoció popularmente, al que preferían nombrarlo en los periódicos que lo admiraban como el “King Ralph”, o el rey es un personaje de la pradera canadiense quizás más famoso. Político y Premier de la historia de los gobiernos de las provincias dentro de la federación canadiense, Klein nació y vivió toda su vida en la ciudad de Calgary aquí en Alberta. Criado modestamente, pues sus padres sufrieron necesidades y pobreza como la gran mayoría de los canadienses durante la gran depresión de los años 30, a Klein se le empezó a conocer cuando era reportero de una estación local de televisión y locutor de radio. En sus principios favorecía instancias populistas, como cuando apoyó a un grupo de chilenos que protestaban contra la dictadura en Chile. Pero cuando fue Premier de la provincia de Alberta se transformó en gran admirador del dictador chileno Augusto Pinochet, según él por su proyecto económico, algo que Klein hizo público. Fue debido a su popularidad que en el año 1980 fue elegido alcalde de la ciudad de Calgary, reelegido dos veces hasta 1989, y entonces se presenta de candidato a miembro del parlamento provincial de Alberta por el partido conservador que tiene el poder provincial durante los últimos 44 años. Es elegido y ocupa también el cargo de Ministro del Medio Ambiente y pronto, en 1993, es proclamado líder de su partido conservador provincial y se convierte en Premier o jefe del gobierno de la provincia de Alberta. Es a partir de este momento que comienza el “reinado” de Ralph y su fama, que se extendió por 14 años, reelegido tres veces como Premier por mayoría hasta el año 2006.

Cuando Klein logra el gobierno, la provincia de Alberta sufría consecuencias de la depresión de los años 80 debido a la caída del precio del petróleo, la economía de Alberta todavía hoy depende de este recurso. Se había acumulado un déficit y deuda Pública de 23 mil millones de dólares, y la misión de Klein fue definida por el mismo como el pago de la deuda provincial y para ello tenía todo un plan que fue llamado la “Revolución Klein.” Como primera medida Klein redujo el gasto público en más de un 20 por ciento, y con esto el salario de la mayoría de los empleados públicos se cortó en un 5 por ciento, se le prometía al trabajador que aceptaba voluntariamente el recorte de su salario la conservación de su puesto de trabajo, un engaño pues igual fueron despedidos miles de trabajadores públicos y esta medida fue usada extensamente para tratar a los empleados públicos de ineficientes, holgazanes y sobre pagados. La tarea de Klein no terminó allí, sus recortes se lanzaron afectaron a la salud pública, se cerraron secciones enteras de hospitales, camas y equipos, y hubo despidos masivos de enfermeras, técnicos y otro personal médico; los cortes de Klein afectaron también al servicio social, reducido a un mínimo, se impuso la ley mordaza que impedía que los trabajadores sociales pudieran orientar a los usuarios sobre los beneficios todavía a su alcanza y se recortó en $200 dólares al mes los beneficios por entradas a quienes recibieran beneficios sociales, la mayor parte mujeres y niños. Se redujo el gasto en la educación, el arte y la protección al medio ambiente, se desmantelaron la mayor parte del monitoreo de las muchas plantas químicas de la provincia y el gobierno se burló del tratado de Kyoto directamente en la prensa.

Con respecto a la salud pública, el proyecto de Klein fue crear un sistema privado paralelo al público; Klein no podía eliminar la salud pública por estar incluida en la constitución canadiense, su proyecto igual violaba el Acta de Salud que no permite la provisión de salud con fines lucrativos. Klein fue apoyado directamente por una organización medio fantasma la Coalición Ciudadana (Citizen Coalition) cuyo director ejecutivo era entonces quien hoy es el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, quien desde esta organización promovía la privatización de la salud pública canadiense. Fue un asalto a la salud pública y un problema para el “Rey Ralph” que continuaba insistiendo y culpando a las leyes federales por limitarlo usando un lenguaje agresivo. Eventualmente aparecieron algunos, muy pocos, servicios privados adicionales que temporalmente ocupaban el lugar del servicio universal público, y que no fueron considerados en violación de la ley simplemente porque el gobierno provincial había recortado tantos los servicios intencionalmente, que tuvieron que ser permitidos; con el tiempo, y para bien de todos, el proyecto de privatización perdió aire y se archivó.

Klein casi destruye los fondos de pensión de los trabajadores provinciales, vendió todos los bienes de valor de la provincia a precio de ganga, incluyendo las compañías de telecomunicaciones y de energía, y privatizó la distribución y la venta de bebidas alcohólicas que en Alberta, como en el resto de Canadá, pertenecen al estado a nivel provincial, empobreciendo al erario público de esta importante fuente de entradas. Además, privatizó el servicio de registración y licencias de conducir, los servicios de los parques provinciales, fomentó los casinos de juego y de máquinas tragamonedas hasta en las comunidades más pequeñas -el mismo Klein tenia adicción al juego. Algunos pueblos fueron capaces de organizarse y de realizar referéndums en oposición a estas máquinas y a las consecuencias catastróficas sociales que causan, culpables en gran medida de la adicción al juego, pero igual fueron ignorados por el gobierno provincial que las impuso en todas partes y de todas maneras.

Klein prácticamente destruyo las reservas forestales de la provincia, permitió la explotación de bosques en cualquier lugar, por ejemplo, a una empresa multinacional japonesa que construyó una gran planta de celulosa y papel le regaló 140 millones de dólares y el derecho a la explotación de 60 mil kilómetros cuadrados (el tamaño de un país) de bosques estatales. La lista de empresarios privados que recibieron concesiones, créditos sin intereses y regalías, en todas las áreas productivas y de servicios, es larga. Klein enriqueció a muchos de estos “emprendedores empresarios.”

Todas estas privatizaciones y cortes se hicieron bajo la supuesta meta de pagar la deuda provincial; Klein presento entonces un balance engañoso donde según él su gobierno había logrado esta meta el año 2005 y el balance del presupuesto era positivo en parte por las royalties del petróleo y el gas que habían aumentado. Klein, el populista, en vez de inyectar estos fondos públicos a la salud y la educación, donde urgentemente se necesitaban, hizo cómplice a cada habitante de la provincia al enviarles un bono de $400 que el llamo “bono prosperidad” o “billete de Ralph” y que tuvo un costo de mil cuatrocientos millones de dólares. Este billete de Ralph fue enviado por correo a cada residente de la provincia de Alberta, excepto a los presos en las cárceles, un golpe propagandístico importante, único en la historia de Canadá, y que recibiera alta cobertura de los medios canadienses y estadounidenses, y una tibia critica de parte de algunos académicos.

Así el “Rey Ralph” fue líder de un gobierno que aplicó medidas comunes a nuestros tiempos, medidas que vienen practicando desde conservadores hasta socialistas conversos, y se convirtió en héroe en esta sociedad. Klein se hacía notar no tanto por su lenguaje coloquial sino más bien por su lenguaje agresivo, grosero incluso, y su actitud de desprecio por los menos afortunados de la sociedad. Por ejemplo, “Una noche de invierno en diciembre del año 2001 en una actitud insólita, Mr. Klein en estado de ebriedad visitó al salir de un bar, y junto con su chofer, un refugio de hombres pobres y sin hogar de Edmonton (capital de la provincia de Alberta) donde sorprendió bruscamente a los presentes insultándolos, llamándolos vagos, atorrantes, que no querían trabajar, y arrojándoles antes de irse, un puñado de monedas mientras desde afuera les gritaba improperios.” Este episodio no se hubiera hecho público si no fuera porque un residente llamó a un periódico local para informar del asalto que Klein había perpetrado y la tentación de la noticia fue muy grande. El escándalo no pudo ser detenido y unos días después Klein tuvo que aparecer disculpándose en la televisión, reconoció llorando su acción, al ser un agnóstico no pudo culpar al demonio, como han hecho algunos predicadores evangélicos en similares circunstancias, y tuvo que reconocer tener un problema de alcohol, pero nunca reconoció que era un alcohólico ni que tenía que tratarse sino simplemente prometió que se iba a moderar y se aseguró que nunca saliera de nuevo en la prensa en un episodio similar.

Los ejemplos de la indiferencia y grosería de Klein son muchos, por ejemplo a un periodista de un diario que le preguntó respetuosamente un asunto que lo molestaba le prohibió asistir a sus conferencias de prensa por lo que el periodista perdió su trabajo. Klein insultó a mujeres políticas y a los pocos opositores que tenía en el parlamento provincial, insultos que continuamente violaban la ética por lo que tenía que disculparse pero al hacerlo volvía a mofar de la persona. En una reunión en Ottawa con otros premieres y en momento que se trataba del beneficio de salud federal, Klein abandonó la reunión en forma despectiva y se fue a jugar al casino. La popularidad de Klein fue amplia y no solo entre los ricos, a quienes el adoraba y se sentía seguro defendiendo sus intereses, sino también entre muchos sectores de las clases medias y trabajadoras, muchos trabajadores lo admiraban y decían: “Ralph tiene las bolas bien puestas.” Se puso de moda en la provincia acarrear un par de bolas metálicas colgando detrás de las camionetas, símbolo de Alberta, una provincia “con bolas.” El orgullo del oeste de salir adelante a como dé lugar entremezclado para favorecer una sociedad poco solidaria, falta de conciencia y con muy poca participación política relevante se inclinó al fascismo de Klein.

Todo tiene su tiempo y Klein no fue excepción, el año 2006 en una revisión del liderazgo del partido conservador provincial, solo el 55 por ciento de los delegados apoyaron a Ralph Klein como líder, un porcentaje muy bajo para este tipo de revisiones de confianza, fue el aviso de que el tiemplo de Klein había terminado. Klein renuncia como Premier provincial y renuncia a la política, esperando seguramente el pago de los poderosos por su fiel cumplimiento a la tarea indigna que cumplió, la recompensa llegó y Klein fue consejero de una empresa jurídica aunque nunca fue abogado, y luego tuvo otras posiciones en directorios de corporaciones, además dio conferencias y fue asesor de empresas e instituciones. Ralph, rey, recibió numerosos honores durante y después de su reinado, incluso, y a pesar de su ignorancia y de comprobársele que había copiado un reporte, Klein recibió Doctor Honoris Causa en Leyes de la Universidad de Calgary, Golden Jubilee Medal de la Reina Isabel II del Reino Unido, medalla Oficial de la
Legión de Honor de Francia, Order of Canada y varios lugares y edificaciones llevan su nombre. Puede que pronto hasta se materializa la estatua al Rey Ralph.

Ralph Klein disfruto de fama y reconocimientos pero enfermó de demencia progresiva y una enfermedad pulmonar (EOPC) que le causaron la muerte el 29 de marzo del 2013 a los 70 años de edad. Todos los periódicos, estaciones de televisión y radio, autoridades políticas, representantes de empresas de todo tipo y hasta académicos, expresaron su admiración por la “grandeza política ejemplar, austera, humana y visionaria” de Ralph Klein, así de claro, cuestionarlo en Alberta es casi un pecado. Y sin embargo, quien fue realmente el Rey Ralph Klein. ¿Adicto?, ¿antisocial?, ¿fascista?, ¿demagogo?, ¿servil a los intereses de los ricos? Quizás algunos de estos o todos estos epítetos le caben a Klein. En Canadá, como en otros países, han existido políticos contradictorios, ladrones, adictos, autoritarios a nivel de senadores, diputados federales y provinciales, y alcaldes; ninguno de ellos ha sido condenado por la justicia.

Como resolución hace pocos días atrás el Parkland Institute de la Universidad de Alberta emitió un artículo-informe en voz de su director Ricardo Acuña, en el que se afirma que todos los cortes y penurias a los más pobres que el gobierno del Rey Ralph impuso fueron completamente innecesarios desde el aspecto económico y financiero.

Por ello no creo que la sociedad canadiense sea un modelo para otras, simplemente atendiendo a la existencia de Ralph Klein que violó los límites éticos y de funcionamiento en el ejercicio político. Canadá no ha sido nunca un paraíso en la política, pero desde fines de los años 40 y con la emergencia del Estado de Bienestar, proyecto más distributivo y de respeto a los derechos de la mayoría -con la excusión de los aborígenes, el representante político tiene que mantener un mínimo decoro para funcionar en su cargo, existía una mínima critica desde los medios de comunicación a su conducta como persona y hasta las clases dominantes canadienses eran más cautelosas en su lenguaje y acciones. Si pensamos que se trata de un proceso progresivo de la civilización, hoy vivimos una decadencia civilizatoria. Pero puede que las plutocracias, aristocracias y oligarquías y los ricos en general crean que ya han vuelto a su rol histórico y permitan o faciliten a sus representantes y administradores actuar libremente para oprimir, explotar y destruir todo derecho económico y social existente, asegurándose el fin de todo lo ganado por los pueblos en el siglo 19 y 20.

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¿Quién va a pagar la deuda K?

Héctor Giuliano (especial para ARGENPRESS.info)

Decididamente la administración CFK, en las postrimerías de su gestión, está dispuesta a hacer cualquier cosa para pasarle su Crisis de Deuda al próximo gobierno.

Al aumento sistemático de la Deuda del Estado que se ha producido durante la “década ganada” se suma ahora una arremetida final o nueva ola de endeudamiento - la tercera en importancia después del Proceso y la Convertibilidad - que tiene su explicación en la necesidad de supervivencia financiera y política de la actual administración.

Ni el oficialismo ni la oposición política, empero, dicen quién y cómo va a pagar esta Deuda, como no sea contrayendo nuevas deudas.

Evolución de la deuda K

El gobierno Kirchner - según datos del Ministerio de Economía (MECON) - heredó de la administración Duhalde-Lavagna una Deuda Pública de 152.600 MD (stock al 30.6.03, en Millones de Dólares).

La presidenta CFK dijo en Setiembre pasado que durante toda la administración Kirchner se pagaron más de 190.000 MD por concepto de Deuda, si bien no hay información desagregada alguna sobre este monto.

Hoy - última informe oficial al 30.6.14 - el saldo de la Deuda es de 210.800 MD (198.900 de Deuda Performing o regularizada y 11.900 de Holdouts o bonistas que no entraron en el Megacanje 2005-2010).

En este monto no están incluidos entre 10-15.000 MD de cupones PBI pendientes de pago, que el gobierno considera Deuda Contingente cuando se trata de deuda en firme pero no registrada como tal.

Además, la cifra de la deuda con los holdouts está subestimada porque después del fallo Griesa se estima que los reclamos de bonistas que no entraron en los canjes (fundamentalmente FB-Fondos Buitre) suman entre 20-30.000 MD, no 12.000.

Por otra parte, dada la fuerte toma de nuevas deudas desde mediados del año pasado hasta la fecha - datos que tradicionalmente el gobierno retacea con una injustificada demora en su publicación - agregando estos datos se puede estimar que la Deuda Pública en cabeza del Estado Central estaría hoy en los 240-250.000 MD.

Este saldo no comprende la Deuda Pública de Provincias/Municipios, Empresas del Estado, Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios, Banco Central (BCRA) y juicios contra el Estado con sentencia en firme.

Después del Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005 el gobierno se jactó de haber reducido la Deuda a unos 150.000 MD: 126.500 de Deuda Performing más 23.600 de Holdouts; sin contar la emisión de 30.000 MD de cupones PBI.

Tomado así, entre puntas (2003-2014), el crecimiento de la Deuda del Estado durante la administración K habría sido de unos 100.000 MD (250 contra 150 mil MD).

Por ende, no es cierto que la Argentina se haya ni se esté des-endeudando.

Crisis de la deuda K

Estrictamente hablando, el gobierno Kirchner nunca salió de la Crisis de Deuda: sólo refinanció y refinancia todas sus obligaciones a medida que vencen - a costa de abonar más intereses - pagó y sigue pagando deuda de terceros (organismos financieros internacionales y acreedores privados) con Deuda intra-Estado y toma nuevas deudas.

Eso es lo que técnica y prácticamente ha hecho durante toda su gestión, sin bajar el stock de la Deuda Pública sino, por el contrario, aumentándolo.

El gobierno no tiene capacidad de pago demostrada sobre estas obligaciones, no tiene Solvencia ni Liquidez para afrontarlas con recursos genuinos y sólo puede mantenerse en el Sistema de la Deuda con refinanciaciones permanentes.

Este esquema, sin embargo, parece haber llegado hoy a un nuevo límite de posibilidades para la administración K.

a) Fracaso del Megacanje

El Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005-2010 no fue una operación exitosa sino un nuevo pateo para adelante de la Crisis de Deuda, sin mejoras de saldo real: no es verdad que la Argentina tuvo una quita en la reestructuración porque esa quita - del 44 % promedio y no del 66 como dice el gobierno - fue más que compensada con cupones PBI por el 48 %.

Pero además este canje fracasó porque no logró el alivio esperado con el nuevo cronograma de pagos y a los dos años ya no se podía cubrir con recursos corrientes del Estado: por eso se apeló al aumento de las retenciones a las exportaciones de granos (Resolución 125/08), a la estatización de las AFJP (Octubre/2008) y al uso de las Reservas Internacionales (RI) del BCRA para poder pagar Deuda Externa (Enero/2006 al FMI y desde comienzos de 2010).

Paralelamente, el haber dejado afuera bonos impagos en manos de los holdouts por más de 20.000 MD (en su mayoría FB que compraron títulos argentinos a precio de bonos-basura) iba a traerle al país graves consecuencias que eran sólo cuestión de tiempo ya que esos títulos iban a ser reclamados judicialmente en el extranjero.

b) La crisis de los holdouts

La derrota legal ante los FB es básicamente culpa de la errónea estrategia legal, financiera y política de la administración K:

- Primero, porque el gobierno Kirchner no quiso plantear el problema de la ilegitimidad de la Deuda.

- Segundo, porque reconoció el Valor Nominal de las acreencias en lugar del Precio de Compra de los títulos.

- Tercero, porque después del Megacanje 2005 dictó las leyes cerrojo que dejaron vulnerable al Estado frente al reclamo del Pari Passu.

El gobierno Kirchner parece que recién se dio cuenta que los FB eran “malos” y perseguían ganancias extraordinarias cuando perdió, con el fallo Griesa, el juicio-testigo en todas las instancias legales de los Estados Unidos.

Pero tanto o más grave aún es que la presidenta CFK habría contado con que su “vocación pagadora” le iba a facilitar una consideración favorable - o al menos dilatoria - por parte de la Corte Suprema Norteamericana para poder transferirle el problema de los holdouts al próximo gobierno después de haber aceptado los laudos del CIADI, de haber reconocido las indemnizaciones a Repsol por YPF, de haberse allanado a las exigencias totales del Club de París, de renovar los planes trienales de financiamiento con el Banco Mundial y con el BID, y de haber comenzado a emitir Deuda en Pesos y en Dólar-Linked.

La burla de las expectativas K desnudó las falencias de arrastre en materia legal y precipitó la nueva crisis financiera de Deuda, que necesitaba de la Hoja de Ruta Boudou - arreglo con Holdouts y Club de París - para volver a colocar más Deuda Externa en el Mercado Internacional de Capitales.

La propuesta de Convención Multilateral sobre Reestructuración de Deudas Soberanas ante la Asamblea General de la ONU - en línea con la iniciativa del FMI que otrora planteara la vice-jefa Anne Krueger en 2002 - aparentemente resultó insuficiente para cambiar los términos del problema concreto de los holdouts en general y del fallo Griesa en especial.

La última argumentación del gobierno - el peligro de la cláusula RUFO, para tratar de eludir el derecho de los bonistas que entraron en el Megacanje - iba a transformarse en su último embrollo: la exigencia a coro de los FB y del mediador Pollack, desde afuera, con el acompañamiento del establishment financiero local, esperando el fin de la “excusa” del gobierno K para sentarse a negociar de una vez por todas la forma de pago a los acreedores.

Ante la reticencia del gobierno a volver a la mesa del mediador designado por Griesa - que en la práctica actuaría ya como coordinador de una nueva reestructuración de Deuda con los FB y el resto de los Holdouts - el juez formalizó el Desacato y la Argentina quedó en una posición de rebeldía que muy difícilmente tenga resultado favorable pero que pudiera cumplir el objetivo de dilatar a cualquier costo (costo que pagará el país) sus responsabilidades de negociación traspasándoselas a la nueva administración electa.

Mientras tanto - como muestra de la complicidad del gobierno K y de la partidocracia opositora con el Sistema de la Deuda - yace cajoneada en el Congreso la creación de la Comisión Investigadora de la Deuda Externa que contempla la Ley 26.984, paradójicamente titulada Ley de Pago Soberano.

c) La deuda intra-Estado

La clave de la supervivencia financiera de la administración K reside en la utilización en gran escala de la Deuda intra-Sector Público, es decir, de la toma de nueva deuda proveniente de dinero administrado por el propio Estado, fundamentalmente ANSES, BCRA y Banco Nación (BNA).

Esto ha significado que la Deuda con Terceros - básicamente la Deuda Pública Externa - se fuese pagando con Deuda intra-Estado, lo que implica transferirle el costo irrecuperable de la deuda pagada al Estado y, por ende, al Pueblo Argentino.

Ha sido y es una forma de decir: pagamos todo lo que se nos exige - sin cuestionar su legitimidad - a costa de “tragarnos” nuestra propia deuda.

Pero, ¿cuál es ese costo para el país?:

1. El desvío de altísimos fondos públicos aplicables al crecimiento económico hacia pago de servicios de la Deuda por Capital, Intereses, cupones PBI y Honorarios/Gastos.

2. El desfinanciamiento del Sistema Previsional - cuyos recursos, en más de un 60 %, se encuentran prestados al Tesoro sin capacidad de recupero - y de gran parte de los Fondos Fiduciarios o Fideicomisos Públicos (como el FFRE y otros).

3. La descapitalización del BCRA, que sólo cuenta como disponibles la mitad de sus Reservas Brutas (17.000 sobre 31.500 MD), que tiene el 66 % de su Activo prestado al Tesoro (85.300 MD) sin capacidad de recupero, que acumula una deuda cuasi-fiscal por Lebac/Nobac con Bancos equivalente a 35.200 MD - una deuda que renueva y aumenta cada semana (pagando tasas de interés del orden del 30 % anual) - y que aumenta progresivamente su rubro de Otros Pasivos - que ya suman 6.300 MD - con préstamos de Bancos Centrales extranjeros (Francia, China y BIS de Basilea).

Este último punto - como ya lo hemos observado en múltiples oportunidades, significa que, en la práctica, el BCRA se encuentra en estado de quiebra y que la distribución de utilidades contables que está realizando no sólo no se corresponden con ganancias genuinas sino que constituyen una forma de vaciamiento del Banco.

El endeudamiento en Letras/Notas del BCRA supone además una vulnerabilidad jurídica que no escapa a las denuncias de los FB ya que, por la teoría del Alter Ego, se cuestiona la independencia del banco en relación al Poder Ejecutivo y se evidencia la conformación de una Deuda Pública indirecta tomada por vía lateral al Fisco.

Así es como el Kirchnerismo ha venido aguantando su Crisis de Deuda y así es como está difiriendo una crisis financiera inevitable a costa de aumentar a niveles impagables la Deuda intra-Estado.

La combinación de fracaso del Megacanje Kirchner-Lavagna, Crisis de los Holdouts y Deuda intra-Estado define la encrucijada en que se encuentra la administración Kirchner hoy, después de sus 12 años de gestión.

Futuro de la deuda K

Hoy el relato kirchnerista hace agua: es el producto de un Gobierno sin Política - sujeto a improvisaciones, desprolijidades y corruptelas en su manejo del “día a día” - de la falsía del Des-endeudamiento y del mito del Modelo.

El stock de la Deuda Pública del Estado Central - que, como hemos visto, estaría actualmente en el orden de los 240-250.000 MD - y la falta de Solvencia y Liquidez Fiscal para poder atender sus servicios llevaron al gobierno CFK, en el último tramo de su mandato, a acelerar la vuelta del país al Mercado Internacional de Capitales, en línea con la Hoja de Ruta Boudou.

El gravísimo traspié de la Crisis de los Holdouts - ratificaciones del fallo Griesa, mediación Pollack y formalización del desacato - ha venido dificultando obviamente las negociaciones de refinanciación de vencimientos pero no habría significado, sin embargo, el fin de las expectativas de volver a colocar Deuda Externa sino sólo el problema de la jurisdicción bajo la cual hacerlo.

En los hechos, la Argentina sigue colocando Deuda Externa, aunque lo hace en forma indirecta.

Las colocaciones de bonos en dólares a tasas altísimas - del orden de un 9 % anual - por parte de YPF y varias provincias (empezando por la CABA y siguiendo por las gestiones de la Provincia de Buenos Aires, que son los distritos más endeudados), viene a constituirse así en una forma de obtención de divisas con deuda, como en los viejos tiempos de Martínez de Hoz y de la Convertibilidad menemista.

El Presupuesto 2015 permite al gobierno tomar deuda este año por un total de hasta 133.600 MD: 46.100 por Operaciones de Crédito Público de refinanciación de deudas, 50.300 por Operaciones de Endeudamiento Adicional para Obras Públicas e Infraestructura y 37.200 por Operaciones de Crédito para el trienio 2016-2018.

Esto es, que al stock de deuda impagable de los 250.000 MD antes citado éste gobierno K está facultado para añadirle más de 100.000 MD, igualmente impagables.

La mayoría de estos nuevos préstamos - cuyos desembolsos han comenzado - proviene actualmente de China: 4.700 MD para las represas de Santa Cruz (Kichner y Cepernic), 2.100 MD para compras de vagones y materiales ferroviarios (Ministro de Interior/Transporte Randazzo, pre-candidato presidencial K), 423 MD para la compra de barcazas fluviales, 430 MD para proyectos de riego en la Provincia de Entre Ríos (gobernador Uribarri, pre-candidato presidencial K) y, lo más importante, el swap de monedas por 11.000 MD (de los que se llevan utilizados 3.100).

Toda esta formidable masa de Deuda Nueva K - que se suma a la deuda pública impagable existente - se está instrumentando “delante de las narices” de todo el mundo; y la Clase Política (Oficialismo y Oposición) no dice nada al respecto.

En conclusión

Frente a esta situación de endeudamiento crónico, creciente e impagable - frente a esta trampa de Deuda Perpetua - ¿la Clase Política es idiota o cómplice?

En principio, son las dos cosas a la vez pero prevalentemente la segunda: los políticos no se equivocan tanto como parece; saben que la obsecuencia y la servidumbre al Sistema de la Deuda es conditio sine qua non para aspirar al gobierno.

Por eso, con la Deuda pasa lo mismo que con la Droga y otras formas de Corrupción: nadie pelea en el mundo “contra la droga” sino “por la droga”, porque de allí provendrán ingentes fondos electorales y políticos.

De allí que la partidocracia - los candidatos más probables (Macri, Massa y Scioli) y los de menores chances (De la Sota, Uribarri, Randazzo, etc.) - estén todos empeñados, en mayor o menor medida, en la misma carrera de endeudamiento que el gobierno K.

Saben que la adscripción al Sistema de la Deuda - el mecanismo de refinanciamiento permanente y toma de nueva deuda que, como todas las administraciones anteriores, utilizó y utiliza la administración K para mantener su supervivencia financiera y política - es el sistema cuya continuidad tienen que garantizar ellos para tratar de llegar al gobierno, cosa que luego quién lo logre rotulará burlescamente “acceso al Poder”.

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La impactante aparición de China en la Argentina

Susana Merino (especial para ARGENPRESS.info)

Últimamente se ha puesto de manifiesto una situación que está despertando opiniones contrapuestas y sobre la que me gustaría contribuir a separar la paja del trigo. Me refiero al controvertido tema de los acuerdos con Pekín sobre la ocupación de un sector del territorio patagónico. En primer lugar creo que una cosa es la presencia de China en nuestro país y otra son los métodos y condiciones en que se están llevando a cabo los convenios. Sobre la presencia china no me caben dudas de que, como tantas otras, se debe a una ineludible y combinada consecuencia, de nuestra dinámica histórica y de la del resto del mundo. No voy a opinar sin embargo sobre los aspectos formales o contractuales del caso porque exceden a mis conocimientos, pero sí me interesa dilucidar cuales son algunas de las verdaderas razones que han desembocado en esta situación

Muchos recordarán sin duda que Estados Unidos creció sobre la base de la cruenta ocupación de colonias francesas y españolas y de parte del territorio mexicano y por último del más grande y boreal de sus estados Alaska adquirido a Rusia en 1867, esta vez sí previo pago de alrededor de unos 7 millones de dólares y posteriormente desarrollado sobre la base del oro y el petróleo. Nuestra Patagonia heredada del Virreinato del Río de la Plata, también ha sido motivo de codicia, aunque no concretada salvo por parte de Inglaterra en 1833 en el caso de Malvinas y que a partir de entonces estableciera como propias en calidad de Territorio Británico de Ultramar y el del conflicto por el Beagle y sus islas, disputados por Chile y que fue causa de un laudo arbitral del Vaticano.

Sin embargo no han faltado los ojos que han seguido viendo en la Patagonia una reserva de tierras casi deshabitadas como potencial objeto de colonización. Tal el caso de la propuesta, que ciertamente solo quedó en ilusorio y efímero proyecto, del líder sionista Teodoro Herlz, quién en 1882 proponía comprar tierras en Palestina o en la Argentina para la creación de un Estado judío, siguiendo precisamente el ejemplo de la compra de Alaska por Estados Unidos.

Tampoco podemos ignorar lo poco que, desde la independencia, ha hecho nuestro país, para habitar y desarrollar ese extenso territorio que atesora seguramente ciertas y aún ignoradas riquezas y que la dinámica de la historia conducirá a su futuro y casi seguro poblamiento o voluntariamente argentino o inversamente para nosotros involuntariamente extranjero. Y de ese “poco hecho” forma también lamentablemente parte la famosa “Conquista del desierto”, precedida de la similar, aunque menor, “Campaña de Rosas al desierto” alrededor de 1834 y emprendida con mayor énfasis por el general Julio Argentino Roca en la década del 70 del siglo XIX que derivó en la asignación arbitraria y nepótica de grandes extensiones de tierras a las consideradas “familias argentinas patricias”. (1)

Y aunque hubo alguna visión de futuro (2) acorde con el pensamiento socio-económico político de la época, lo cierto es que el territorio patagónico sigue ostentando una densidad poblacional además de un escaso desarrollo capaces de despertar un fuerte interés ocupacional por parte de naciones que están llegando al límite de sus capacidades territoriales habitables, como sucede especialmente en los países de la cuenca asiática.

Vale la pena recordar que según el último censo (2010) nuestro país tiene un promedio de 14,4 hab/km2 con un total de casi el 40% de la población en el Gran Buenos Aires y un mínimo de 2,2 hab/km2 en la Patagonia. Mientras que China ronda los 142 hab/km2. Pequeño detalle…

Un caso emblemático del desarrollo que debió llevarse a cabo en el resto de la Patagonia y que debería servir de ejemplo de lo expuesto es la provincia de Tierra del Fuego. Escasamente habitada (12 mil habitantes a comienzo de los 70) y en la proporción de un 10 a 15% de argentinos y un 85 a un 90% de chilenos cuenta hoy en día con alrededor de 145 mil habitantes, el equivalente a casi 7 hab/km2, unos cuantos más ciertamente que nuestra extensa Patagonia. Actualmente la relación se ha revertido, la población extranjera y argentina en la isla es de 15% a 85% respectivamente. Y ese crecimiento poblacional y su desarrollo se deben sin duda al acierto de la formulación y aplicación de la Ley 19.640 sancionada a principios de la década de los 90 y cuyos objetivos eran fomentar la actividad económica y el establecimiento permanente de población argentina en la región (1). Ejemplo que sin duda pone de relieve lo anteriormente expuesto: la falta de planes integrales que contemplen el desarrollo equilibrado del país lo que es a mi entender la causa principal de nuestra actual debilidad ante las tendencias geopolíticas mundiales y evidencia de la urgente necesidad de revertir esta situación.

De modo que no es extraño que China esté siendo en nuestra Patagonia un adelantado, como lo fueron en su momento los navegantes españoles y portugueses, en búsqueda no solo de recursos naturales sino de espacios vacíos a los que en algún momento pueda acceder y por ahora pacíficamente por cierto a solucionar sus problemas de crecimiento demográfico y económico, algo que no es común en un mundo en que los imperios tienden más bien a la ocupación bélica de los territorios que codician casi siempre por razones, casi exclusivamente económicas.

Estas reflexiones solo tienen la intención de ver las cosas desde una óptica más global y no simplemente desde el ángulo específico de un determinado gobierno. Creo, en tal sentido, que nuestro futuro estará condicionado no solo por nuestro pasado, o por lo que hemos hecho o dejado de hacer, sino por la evolución y el devenir de un planeta que ha ido ocupando progresivamente sus espacios habitables, aún los más inhóspitos en búsqueda de su supervivencia y de su imparable crecimiento poblacional y al cual ya le están quedando muy pocos lugares disponibles.

Notas:
1) Borruto, Mariel: Comentarios a la ley 19640 - Universidad Tecnológica de Tierra del Fuego
2) Osvaldo Bayer sostuvo que “es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar.
3) Fragmento del Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino respecto de los resultados de la guerra:

“Es evidente que en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba”.

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Sentencia de Rafecas: Arbitraria, prevaricante y panfletaria

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

Rafecas en su sentencia dice que no hubo delito de encubrimiento, porque este no se consumó. En efecto no se consumó. Pero hubo tentativa de delito de encubrimiento y este se frustró por razones ajenas a la voluntad del gobierno argentino quien, al hacer aprobar por el congreso el memorando, cumplió íntegramente su parte en la concertación delictiva con Irán tendiente al encubrimiento de los autores de los atentados.

La tentativa se frustró porque la Cámara Criminal y Correccional Federal declaró inconstitucionales el Memorando y la ley del Congreso que lo aprobó e INTERPOL se negó a levantar las notificaciones rojas, como quería el Gobierno iraní , porque dichas notificaciones afectan a altas personalidades políticas de ese país. Lo que condujo a que el Gobierno de Irán se desinteresase del Memorando y a no someterlo a la aprobación de su Parlamento.

La Cámara declaró inconstitucional el Memorando con el fundamento de que … “el riesgo o peligro de que su implementación torne abstractos o inexigibles (o, si se quiere, inoperantes por el efecto inevitable del tiempo sobre la prueba pendiente en la causa) los requerimientos de asistencia judicial cursados, y que asimismo resulte afectada la independencia de la jurisdicción y la autonomía del Ministerio Público o los derechos de las víctimas es serio, actual y concreto”.

En el Código Penal argentino la frustración de la tentativa es la no consumación del delito por razones ajenas a la voluntad de quien proyectó el delito (art. 42 del Código penal). Y la tentativa frustrada es un delito punible. En ese caso (frustración de la tentativa), la pena es la que corresponde al delito consumado reducida de un tercio a la mitad (art. 44 del Código Penal). Pero agravada por la gravedad del delito encubierto (La escala penal será aumentada al doble de su mínimo y máximo, cuando: a) El hecho precedente fuera un delito especialmente grave, siendo tal aquel cuya pena mínima fuera superior a tres (3) años de prisión (artículo 277, inciso 3 (a) del Código Penal).

Rafecas DESCONOCE los artículos 42 y 44 del Código Penal, pues repite varias veces en la sentencia que no hubo delito porque éste no se consumó. Omisión prevaricante.

Rafecas se detiene largamente en la debilidad de las pruebas presentadas por Nisman en su denuncia (las escuchas, si Timerman pidió o no a INTERPOL el levantamiento de las notificaciones rojas, etc).

Rafecas olvidó dos cosas:

1) Que la presentación de Nisman es una denuncia, que es la primera etapa de un proceso en el curso del cual se pueden aportar nuevas pruebas. Eso lo sabe el Fiscal Gerardo Pollicita quien pidió 46 medidas que Rafecas ignoró pasando directamente a desestimar la denuncia.

2) Que en la denuncia de Nisman está la prueba fundamental del pacto delictivo con Irán que es el Memorando de Entendimiento que el Poder Ejecutivo hizo votar en el Congreso y promulgó inmediatamente, con lo cual cumplió íntegramente con su parte en el “iter criminis” tendiente a consumar el pacto delictivo.

Se trata entonces de una tentativa frustrada por razones ajenas a la voluntad delictiva de encubrimiento del Poder Ejecutivo (arts. 42 y 44 del Código Penal).

Los artículos 42 y 44 del Código Penal, son normas vigentes que Rafecas ha olvidado en la sentencia. Además, hay una abundante bibliografía sobre el tema de la tentativa frustrada como delito.

Podemos mencionar:

Sebastián Soler, Derecho Penal Argentino, Editorial La Ley; Buenos Aires, 1945, Tomo II, página 225: Tentativa y frustración; Hans-Heinrich Jeschek, Tratado de Derecho Penal, Parte General, Editorial Comares, Granada, 1993, págs. 472 y siguientes; Francisco Muñoz Conde, Teoría General del delito, 4ª edición Editorial Tirant lo Blanch, España, 2007, págs 163-169;

Juan Pedro Orellana Valencia, Desarrollo jurisprudencial de la tentativa y frustracion: Corte de Apelaciones de Valdivia y Corte Suprema. Memoria para optar al grado de licenciado en ciencias jurídicas y sociales. Universidad Austral de Chile. Facultad de ciencias jurídicas y sociales, 2007.(http://cybertesis.uach.cl/tesis/uach/2007/fjo.66d/doc/fjo.66d.pdf)

Y, especialmente: Marcelo Sancinetti, Ilícito penal y participación, Cap. I, par. VII, págs. 33 a 46. Primera edición 1997. AD-HOC, Buenos Aires. (http://fr.scribd.com/doc/36279055/Sancinetti-Marcelo-Ilicito-Personal-y-Participacion#scribd)

En la última parte de su fallo, un verdadero panfleto propagandístico pro- Kirchner, Rafecas proporciona, sin querer, argumentos a favor de la intención criminal del Cristina Kirchner y sus colaboradores de encubrir con un manto de impunidad a los autores de los atentados de 1992 y de 1994 y de la voluntad de Nisman de buscar todas las alternativas para lograr el castigo de aquéllos.

Es el tema de la actuación ante las Naciones Unidas.

Rafecas cita los discursos de los Kirchner ante la Asamblea General de la ONU, en los que éstos pidieron a Irán que colaborara, cuando era evidente que Irán no estaba dispuesto en absoluto a colaborar. Los Kirchner y sus colaboradores tenían que saber que la Asamblea General de la ONU no podía hacer NADA para obligar a Irán a plegarse. Es decir, los discursos ante la Asamblea General de la ONU eran puro teatro en un escenario internacional imponente, destinado al consumo interno, particularmente para los familiares de las víctimas.

Por otra parte, Rafecas alude al documento encontrado en la Fiscalía AMIA, firmado por Nisman entre diciembre de 2014 y enero de 2015 donde éste “Solicita al Poder Ejecutivo Nacional se arbitren los medios para dar inmediata intervención al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”. El encabezamiento de este documento lo publicó Página 12 el 27 de febrero. Nisman tenía que formular la petición al Gobierno, porque sólo éste puede hacer la presentación al Consejo de Seguridad.

Hay, al respecto, el antecedente del caso Lockerbie en el que, a pedido de los Estados de la nacionalidad de las víctimas, intervino el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que dictó tres resoluciones: la 731 de enero de 1992, 748 de marzo del mismo año, reclamando a Libia que respondiera a las peticiones de colaboración para determinar las responsabilidades en el atentado y la 883 de noviembre de 1993 ordenando embargos contra Libia por no haber respondido a dichas peticiones de colaboración. Presión internacional sobre Libia que llevó al juicio de los implicados ante un tribunal escocés (territorio donde se consumó el atentado terrorista) que funcionó en un país tercero, los Países Bajos.

No hay contradicción en la actuación de Nisman, como dice Rafecas. El Gobierno tenía que saber que sólo el Consejo de Seguridad tiene medios coercitivos para hacer plegar a Irán. Sin embargo nunca emprendió esa vía pudiendo hacerlo, lo que prueba una vez más su voluntad delictiva de encubrimiento. Quizás Nisman pensó que con su solicitud oficial al Poder Ejecutivo ponía a éste en la alternativa de actuar positivamente o ponerse en descubierto. Pero finalmente guardó dicha solicitud definitivamente o la dejó para más adelante y optó por denunciar por encubrimiento a la Presidenta y a sus colaboradores. Como no hemos leído este documento de Nisman, no sabemos si en él elogia toda la actuación del Gobierno desde 2004 hasta la actualidad, como escribe Rafecas . En cambio en su denuncia, que sí leímos, elogia la actuación de Néstor Kirchner pero habla de un giro en la actuación del Gobierno en 2011, cuando comenzaron las conversaciones confidenciales del Gobierno con Irán - con exclusión de la DAIA, la AMIA, los familiares de las víctimas y del Fiscal Nisman- que llevaron a la firma del Memorando a principios del 2013.

Leyendo la sentencia de Rafecas y los comentarios elogiosos de la misma que han formulado algunos abogados, cabe constatar cómo algunos juristas han trocado la toga de jueces o de abogados por la librea de lacayos.

Ver también:
- Argentina: La no aparición forzada y la segunda muerte del fiscal Nisman
- Los servicios nacionales y extranjeros en el eje de una trama delictiva generada por un gobierno al servicio de las grandes potencias y del capital

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A tres años de la masacre de Once, avanza el juicio

Darío Balvidares (LA DEUDA ETERNA)

Hablamos con Paolo Menghini, papá de Lucas, víctima de la masacre.



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Un nuevo método para desalojar familias en La Boca

LA RETAGUARDIA

La dificultad para acceder a una vivienda digna es una de las problemáticas que más afecta al barrio de La Boca. Los conventillos y los desalojos forman parte de su vida cotidiana y en el último tiempo, a los civiles y penales se han sumado los desalojos administrativos. “Viene una guardia de auxilio del gobierno de la Ciudad, te toca el timbre y te dice ‘me permite pasar, que quiero ver cómo está el estado de su casa, de su conventillo o de su casa tomada’, entran y dicen que se está por caer, que hay que clausurar, y las familias afueras”, así describió la periodista Martina Noailles lo que caracterizó como “el nuevo mecanismo de limpieza de los pobres de La Boca”.

El objetivo es colaborar con el negocio y la especulación inmobiliaria para cambiar el barrio y transformarlo “en otro, para otros”. Martina Noailles, del periódico barrial Sur Capitalino, explicó cómo se extiende esta nueva práctica del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: “Estas guardias de auxilio están visitando familias, nos estamos enterando de a poco, ya tuvimos dos casos en la calle Necochea, por eso creemos que tiene vinculación con un proyecto de remodelación de las cuatro cuadras donde estaban las cantinas, porque justamente estaban en esa zona. Estamos tratando de relevar a través de la Defensoría Tutelar que es a donde suelen llegar los vecinos que quedan en la calle para ver cuáles son los otros casos”, explicó Noailles en diálogo con La Retaguardia.

En este sentido, la trabajadora de prensa del periódico Sur Capitalino señaló que para las familias es muy complejo poder defenderse ante estas situaciones: “tendrías que poner tu propio perito y para eso tendrían que darte tiempo y no entrar y decirte que te ponen la clausura en ese momento y te quedas en la calle. Son como casi automáticos. No hay una notificación como hay en los desalojos judiciales. Son administrativos y es prácticamente nula la oposición que podés hacer, salvo que no los dejes pasar, por eso estamos viendo el mecanismo para ello. Estamos viendo si podemos empezar a advertir a los vecinos que no los dejen entrar y poder poner peritos de parte nosotros, para ver cómo hacemos para frenar esto, o quizás pedir que se puedan remodelar las casas con subsidios, créditos, pero la manera no es dejarlos en la calle porque sabemos que después terminan del otro lado del Riachuelo”.

A su vez, Noailles manifestó que si efectivamente el gobierno porteño se interesara por el estado de las construcciones del barrio de La Boca, haría algo con el 80% de los conventillos que está por derrumbarse: “hay que ver entonces cómo selectivamente van a empezar a entrar en diferentes zonas, o dueños que empezarán a gestionar de esta manera los desalojos, me parece que es una estrategia que se suma a las otras, y por eso estamos nuevamente alertas para ver qué pasa con esto y denunciarlo. El panorama es muy oscuro, no pareciera que nadie lo vaya a frenar, supongo que el gobierno del PRO va a seguir en la ciudad, y me parece que no hay oposición política que pueda frenar este proceso tampoco. No hay de parte ni del gobierno nacional, ni de las fuerzas que lo componen una oposición clara a este proceso, esto lo hace aún más complicado. Somos algunos de grupos de vivienda, algunos movimientos del barrio que estamos saliendo a exigir y a reclamar y a llevar propuestas a la ciudad, pero estamos bastante solos”, agregó.

“Son miles los que tienen problemas de acceso a la vivienda que poco a poco están siendo expulsados del barrio – advirtió además Noailles –, pero en vez de ayudarlos a poder tener una vivienda digna, lo que hace el Estado es habilitar el negocio inmobiliario con sus políticas de distritos que ayudan y dan beneficios impositivos y de otro estilo, y esto lo que hace es que se estén multiplicando los desalojos. Tras la feria judicial, tuvimos el primero de los desalojos de parte de los oficiales de justicia, y por lo que sabemos ya hay unos doce previstos para los próximos meses. Los desalojos están siendo cada vez más rápido, y los dueños de los conventillos o los que dicen ser dueños, están iniciando estos procedimientos express de desalojo. La justicia penal de la ciudad tarda unos seis meses, en la nacional un poco más, pero están siendo bastante acelerados. Alguna fuente judicial me ha dicho que hay jueces que están comprando terrenos en La Boca, así que estamos muy preocupados porque se están multiplicando (los desalojos), además de los proyectos que tiene la ciudad para el barrio, porque no está solo el Distrito de las Artes, también quieren sacar el asentamiento Lamadrid, que ocupa tres manzanas, ya que por ahí quieren pasar una vía que vaya de Puerto Madero a Caminito, y ahora también quieren ‘remodelar’ la calle Necochea, donde estaban las cantinas, donde hoy vive gente”.

A partir de una ley aprobada en 2012 en la Legislatura porteña se creó en el barrio de La Boca el Distrito de las Artes. Según explicaba Noailles en una entrevista con La Retaguardia realizada en 2013, en este distrito “se ayuda a los inversores, se los atrae a través la exención de impuestos. Esta es una ley que salió luego de una negociación entre el macrismo y el kirchnerismo, que perjudicó claramente al barrio. Y aunque los vecinos se oponían a su aprobación, fue votada igual en la Legislatura. Es una norma similar a lo que ocurrió en Parque Patricios, con la diferencia de que en Parque Patricios no había que desalojar a nadie, en cambio en La Boca hay que sacar a todos los pobres que no van con el negocio que quieren hacer”.

Respecto a la aprobación de la ley, Noailles sumó en esta última charla nuevos elementos: “el Plan Procrear recién ahora va a empezar a construir en terrenos ubicados atrás de la cancha de Huracán, linderos a la villa 21, eso ya es Barracas. Esto se decidió al mismo tiempo que la Legislatura porteña negoció y aprobó el Distrito de las Artes para La Boca, o sea que fue un intercambio de favores que perjudicó claramente a nuestro barrio. De lo poco que interviene la Nación en nuestro barrio, encima pasa esto de que se devuelven favores y terminan hasta perjudicándonos”.

El negocio de Casa Amarilla

En poco tiempo se entregará el primero de tres edificios que componen las 438 viviendas ubicadas en terrenos de Casa Amarilla. Se trata de un programa de vivienda social que impulsó Aníbal Ibarra en 2005, pero construyó Mauricio Macri. Eso sí, el líder del PRO lo hizo obligado por una orden judicial: “en realidad eran 1200 viviendas, pero la disputa judicial hizo que terminaran siendo menos, en una negociación con algunos vecinos que querían tener estas viviendas y con otros que querían tener terrenos libres, que ahora son terrenos codiciados justamente por el club Boca para su hacer su nueva cancha”, explicó Martina Noailles a La Retaguardia.

Estas tierras siempre fueron del Estado, en un comienzo una parte pertenecía al ferrocarril y otra al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC). Esta última pasó a manos de la Corporación del Sur, que es la que la administra: “tiene posibilidad de vender terrenos que son de la Ciudad, a diferencia del IVC que en realidad no puede vender, ni negociar. Todos habían sido de la Ciudad, pero allá por los años ’90 una parte pasó a Boca. A cambio, el club tenía que construir ciertos sectores, como la Bombonerita y otras áreas del club y brindarle al barrio espacios deportivos, ese era el acuerdo. Pero desde que comenzó la presidencia de Mauricio Macri (en Boca) esto no ocurrió. Esa apertura que tenían que tener para el barrio, nunca la tuvieron. Más allá de esto, quedaron varias hectáreas libres que es donde se terminó construyendo este programa iniciado por el gobierno de Aníbal Ibarra, que después se truncó por una disputa judicial de un sector de vecinos del barrio que no quería que se construyera ahí porque quería que se conservara como espacio verde, y pedía que la vivienda se diera solamente en los espacios ociosos que tiene el barrio, terrenos y viviendas que no estaban siendo utilizadas. Esto generó una disputa en la justicia, la parte de los que sí se habían anotado en estos programas que eran 5.000 familias lo llevó a la justicia, y finalmente la justicia ordenó construir”, detalló Noailles.

En el medio de la disputa judicial, la cantidad de viviendas a construir se redujo a un tercio, a partir de una negociación que tuvo al club de la ribera en el medio.

El periódico barrial Sur Capitalino inició una investigación para determinar quiénes eran los destinatarios de estas viviendas que comenzaban a construirse: “todo estaba muy hermético y cerrado, lo que obviamente nos hizo sospechar que algo pasaba. ¿Quiénes son? ¿Cómo se van a elegir los adjudicatarios? De aquellos 5.000 iniciales pasaron a ser 1200 para terminar siendo 438, queríamos saber cómo se dio eso, sobre todo porque había vecinos que se habían anotado en el programa y que nos venían a contar que se estaban quedando afuera sin ningún motivo. Esto no era como el Procrear que se sortea u otros planes de vivienda que quizás hay un puntaje, que tiene en cuenta que cuanto más vulnerable es tu situación más posibilidades tenés de tener tu casa, o ciertas condiciones para poder pagarla a treinta años a poco costo. En este caso, como se judicializó, turbiamente una ‘asociación civil’ liderada por una persona, Diego Basualdo, que estaba muy ligada al PRO y a (Daniel) Angelici (presidente de Boca), es la que termina decidiendo quiénes son las 438 familias que iban a ingresar allí. Esta persona es quien había hecho la demanda contra el Estado porteño para que esas viviendas se construyeran, por lo que la justicia le otorga extrañamente, porque son viviendas sociales que construye el Estado, a su asociación civil, es decir a un privado, la posibilidad de elegir a las familias”, detalló Noailles.

Finalmente, Sur Capitalino consiguió las listas de los beneficiarios. Solo el 20% eran vecinos de La Boca, es decir, alrededor de 80 familias que, según señaló Noailles, implica más o menos la población de cuatro conventillos del barrio: “nos dimos cuenta que esas listas estaban plagadas de irregularidades, con muchos barras de Boca dentro del listado, incluso había uno que estaba en ese momento preso por una causa de carnet truchos, vinculado a la barrabrava, y otros tantos. También encontramos irregularidades como que una familia tenía tres departamentos, uno el padre, otro la madre y otro un hijo, muchas cosas que sonaban extrañas. En aquel momento, la denuncia pública no fue tomada por la justicia, ni por ningún político opositor al gobierno de la ciudad y quedó flotando en la nada hasta que finalmente el año pasado Iván Kerr, que es uno de los directores del IVC, nos dio un reportaje después de pelearla un año y medio porque no querían hablar. Allí intentó aclarar, oscureciendo aún más la situación. Dijo que ellos iban a chequear quiénes eran esas 438 personas, que no nos podían decir, pero que iban a chequear y ver si estaban en el programa original, pedimos los listados del programa original pero no nos los dieron. La semana pasada volví a hablar por teléfono con él, me explicó que las viviendas ya estaban por entregarse y que había habido una limpieza en esas listas, pero hay otro ingrediente que es quién decide quiénes entran por las personas que se dieron de baja. Es decir, la asociación civil vinculada al PRO pone 438 familias, se supone que algunas de ahí no cumplían con los requisitos, entonces se tienen que meter nuevas familias, pero quién define de las 800 familias que quedaban qué familias entran ahí, es también la asociación civil de Diego Basualdo. Cuando esta persona tuvo que elegir, empezaron a circular los pedidos de plata. Muchos vecinos se acercaron a contarnos que estaban pidiendo 30.000, 50.000 pesos para estar en la lista e ingresar en esos huecos limpiados por el IVC”, agregó la periodista.

Riachuelo

Todas las viviendas sociales que construyó Mauricio Macri en sus ya más de siete años de gestión fueron por orden judicial. Al ejemplo de Casa Amarilla se suma la causa Mendoza, que afecta a los vecinos de Villa 21 y Villa 26 que debieron abandonar sus casas para liberar el camino de sirga del Riachuelo.

En 2004 un grupo de vecinos presentó una demanda para reclamar la recomposición del ambiente y la creación de un fondo para financiar su saneamiento. En 2008, la Corte Suprema determinó que la Nación, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires, además de 14 municipios, debían llevar adelante las acciones y las obras de saneamiento. Así fue como Macri se vio nuevamente obligado por la justicia a dar una respuesta social a los vecinos.

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