martes, 16 de septiembre de 2008

Argentina, Chaco: El Sauzalito

APE

Sequías, inundaciones y mortalidad infantil. Hechos repetidos en la geografía humana del Chaco.

Ninguna de las tres son plagas bíblicas. No son castigos de dioses caprichosos, sino consecuencias de políticas que privilegian otras cosas, que hacen otras cuentas en lugar de saldar deudas internas provenientes de saqueos de décadas.

En los años treinta del siglo pasado, los pobladores originarios del Chaco eran usados por sus extraordinarias capacidades para los distintos empleos que se necesitaban no solamente en la provincia sino también en Santa Fe, Tucumán o Buenos Aires.

A los más rebeldes, eso sí, balas, fusil y cepo. Torturas y persecuciones. Y de paso se iba despoblando la tierra para que quedara en propiedad de unos pocos.

Comenzó el desmonte, el exilio del algodón y las obras prometidas que jamás se hicieron y que desembocaron en inundaciones de antología y sequías de los infiernos.

Historia viva, llaga vigente.

No por un castigo metafísico sino por decisiones políticas que siguen iguales o parecidas.

En una comuna de la provincia, El Sauzalito, el gobierno de Jorge Capitanich, uno de los principales socios de la administración nacional, decidió cortar el envío de raciones de comidas para las trescientas personas que se alimentaban en un centro comunitario.

¿Qué poderosa razón de Estado argumentaría Capitanich para explicar esta decisión que condena al hambre a trescientas personas de las comunidades wichí y criollas del lugar? ¿En qué agenda de qué progreso figurará semejante ahorro como sinónimo de eficiencia y pragmatismo?

-La comunidad criolla y Wichi de El Sauzalito reclama la pronta respuesta del Gobierno de la Provincia del Chaco por el cierre del único Comedor que funcionaba en la localidad, atendido por la Municipalidad con fondos provenientes de Desarrollo Social a través de raciones alimentarías -clamó con desesperación el titular del departamento ejecutivo de El Sauzalito.

Palabras desesperadas ante una irracional medida que invita a la muerte.

No se trata de plagas bíblicas sino de decisiones que impulsan el desprecio permanente con los que más son y menos tienen.

Hace rato que sucede en el Chaco.

El jefe comunal de El Sauzalito sostuvo que la zona “ha sido afectada por la emergencia hídrica fundiendo la producción y esto es para algunas familias el único plato de comida de lunes a viernes, porque tampoco están recibiendo algún programa alimentario para compensar esta atención”.

No hay respuestas para las trescientas familias.

Sequías, inundaciones y mortalidad infantil. Un tríptico que no tiene nada de natural, sino que es la realidad concreta de un conjunto de medidas en contra del pueblo necesitado.

Allí está la comuna de El Sauzalito, en el corazón mismo de la historia chaqueña, reclamando “la pronta respuesta del gobierno”.

¿Cuál será esa pronta respuesta?

Más allá de las formas, es imprescindible que las heroicas resistencias de las miles de vidas ninguneadas en la provincia del Chaco comiencen a construir las respuestas por sí mismas, para que dejen de ser castigadas por sequías, inundaciones y mortalidad infantil. Porque hace rato se sabe que no son castigos bíblicos. El Sauzalito puede dar fe que se trata de una fenomenal política de exterminio.

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