martes, 16 de septiembre de 2008

Argentina: Ferrocarriles. Historia de traiciones y de entregas (Parte I)


Armando Luchina (especial para ARGENPRESS.info)

“Tenían como única misión lograr y mantener la hegemonía económica de la metrópoli.” Señalaba el historiador José María Rosa, refiriéndose a Gran Bretaña.

Por su parte el ingeniero Horacio Giberti en el “Desarrollo agrario argentino” indicaba las razones del tendido de las redes ferroviarias: “Como la producción agropecuaria argentina se orientaba fundamentalmente hacia la exportación, los rieles que cual abanico recorrían la pampa en su busca, convergían hacia los puertos, en especial el de Buenos Aires.” 

El presente trabajo no trata solamente la historia del ferrocarril, sino la historia del propio país girando como un torbellino alrededor y a impulsos del “caballo de hierro”. A pesar de su extensión, no pretende ser más que pequeñas apostillas que recuerden y salven del olvido los hechos y las grandezas y miserias de hombres que fueron parte de una historia jalonada de traiciones y entregas. 

La organización nacional. La entrega del país

El 20 de febrero de 1852 los batallones brasileños triunfantes en la batalla de Caseros, desfilan por la calle Florida. La traición de Urquiza se había consumado y comenzaba el reparto y la entrega del país bajo las banderas del librecambio y el progreso.

Es el librecambio que permite a Inglaterra inundar el Río de la Plata con su producción industrial que se hizo imparable con la irrupción de la máquina a vapor.

“A partir de 1853 la historia argentina es la historia de la penetración económica inglesa”, señalaba el historiador José María Rosa.

Pero aún faltaba la segunda traición de Urquiza durante la batalla que se había realizado en las cercanías del arroyo Pavón en los pagos de Pergamino el 6 de septiembre de 1861. 

Mitre, desbandada su caballería y con su infantería a punto de ser diezmada, se refugia en una estancia donde es intimado a rendirse. Urquiza con su famosa caballería y lanceros sólo debía arrasar los restos del ejército porteño para asegurarse la victoria. En vez de eso, volvió grupas y se alejo al trote del campo de batalla, dejándole el triunfo a Mitre.

La batalla de Pavón marca el inicio de la organización nacional que da origen al Estado argentino. 

Los ferrocarriles se constru-yeron mucho después de Caseros y la historia oficial le adjudicó el progreso material del país, sin embargo el historiador José María Rosa señalaba que en los países coloniales “tenían como única misión lograr y mantener la hegemonía económica de la metrópoli.”, y en verdad el ferrocarril con su política de fletes imponía el monocultivo provincial, creaba “industrias” complementarias de las necesidades inglesas y mundiales y destruía la economía protegida basada en el sistema virreinal., desde 1835.

El dominio de la banca inglesa sobre las economías de los países fue total. Perú, Chile, Bolivia (que pierde su salida al mar por una guerra instigada por Inglaterra), Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay sucumben una tras otra, atenazadas por empréstitos de la banca inglesa (especialmente la Rotschild y la Baring Brothers) que terminan ahogando sus finanzas.

Por su parte los historiadores Ortega Peña y Duhalde son aún más drásticos, “Al comenzar la década del 60, Inglaterra intentó apoderarse, definitivamente, del continente americano”. “El sistema financiero-industrial de Inglaterra dio un golpe magistral contra América del Sud en la década de 1860 – 1870”. 

La agresión británica al continente y la Causa Americana

Era tan evidente la mano de Inglaterra en el apoderamiento de las economías americanas que para evitar que se apoderase comercialmente de Paraguay, EE.UU preparó una expedición en 1858 para invadir Paraguay para contrarrestarla.

No hay que olvidar que Inglaterra a través de la banca de los Rothschild había financiado la invasión de México con el propósito de apoyar a los Estados del Sur de los Estados Unidos, para inclinar la guerra de Secesión a favor de los sureños, para superar así la terrible crisis del algodón.

La cuestión del equilibrio del Río de la Plata había tomado proporciones de Causa Americana. Y Felipe Varela junto a Francisco Solano López encarnan la lucha americana contra la balcanización de la región y su apoderamiento. 

El primer ferrocarril. La Porteña

El Ferro-carril Provincial había sido fundado en 1854, siendo el primero que funcionó en el país. El viaje inaugural se realizó el 29 de agosto de 1857, cuando “La Porteña” hizo el recorrido entre la plaza o estación del Parque (donde hoy se halla el teatro Colón), y La Floresta, en Miserere. Perteneció 28 años a la provincia de Buenos Aires y en 1890 se vendió a la empresa “The Buenos Ayres Western Railway Ltd.” de Londres, que se constituyó más tarde como el Ferrocarril Oeste.

En 1862 la sociedad Ferrocarril de Buenos Aires y San Fernando se hace cargo de la concesión para establecer una línea que una la capital bonaerense y San Fernando. La línea pasó a llamarse Ferrocarril del Norte de Buenos Aires.

También se hallaba la línea Ferrocarril de Buenos Aires a la Boca & Ensenada que circulaba por el Bajo del Sur. Estas dos empresas crearon una terminal común: la Estación Central, levantada en el Paseo de Julio y Piedad (Leandro Alem y B. Mitre). En 1897 un incendio la destruye y deja de utilizarse.

En 1860 en la zona de Retiro existía un servicio de transporte: el tranvía de caballos o tranway. En la ciudad había dos de esos servicios. Uno dependía del Ferrocarril del Sud que iba desde la plaza de Monserrat hasta la de Constitución, y la otra iba desde el Paseo de Julio (Leandro Alem) y Rivadavia hasta la primitiva terminal del Ferrocarril a San Fernando o del Norte, que era un galpón en la esquina de Avda. Libertador y Avda. Ramos Mejía.

La Guerra de la Triple Alianza y la conquista de los ríos

Las oligarquías de Brasil, Argentina y Uruguay se lanzan sobre Paraguay, instrumentadas por el Foreing Office y Varela junto con López Jordán se sublevan con las tropas que preparaba Urquiza para invadir Paraguay.

La sublevación tomó tales proporciones que Mitre tuvo que designar primero, al coronel Arredondo con una columna enviada del Paraguay para enfrentar a los revolucionarios y luego hacerse cargo personalmente de la represión.

Por esa defensa americana del equilibrio del Río de la Plata, Rosas decidiría legarle el sable de San Martín a Francisco Solano López. Ese sable, Rosas lo había recibido de San Martín, cuando también en defensa de ese equilibrio se opuso a que la escuadra anglo-francesa transitara por nuestros ríos, enfrentándola en las aguas del Paraná, en el Combate de la Vuelta de Obligado. Luego de la caída de Rosas se estableció la primera línea de vapores que penetró en los ríos interiores.

La libre navegación de los ríos, era para Inglaterra una cuestión estratégica en la dominación económica de los países. La navegación del río Paraguay, le permitiría a los ingleses apoderarse del mercado paraguayo y llevarse el algodón, la yerba mate y el tabaco y luego ir por Bolivia.

Cuando se produce la guerra de Secesión y la crisis del algodón, Inglaterra debido al bloqueo norteño a los puertos sureños, no puede importar algodón en rama de los Estados Unidos. Esta situación repercute de tal modo en la isla que se produce la crisis financiera. Inglaterra piensa incluso en un ataque a EE.UU, pero lo desecha y decide buscar nuevas tierras donde instalar sus plantaciones de algodón que abastezcan sus fábricas. El norte argentino, Entre Ríos, Corrientes y Misiones entra en sus miras. Y en forma especial el Paraguay. Es entonces que Inglaterra vuelve con el antiguo plan de apoderarse de Paraguay y recurre a los viejos “socios” que derrotaron a Rosas para que invadan el Paraguay y venzan a Solano López. 

Groseramente Mitre coincidía con los intereses británicos: “Los soldados aliados muy particularmente los argentinos, no han ido al Paraguay para derribar una tiranía., aunque por accidente ese sea uno de los fortuitos resultados de su victoria. Han ido a (...) reivindicar la libre navegación de los ríos”.

Casi como una premonición de lo que sobrevendría y continuaría aún en nuestros días, el 26 de febrero de 1867 José María Roxas y Patrón, le escribía a Juan Manuel de Rosas, que el equilibrio de los dos mundos (América y Europa) era el problema más grande y que “sería una desgracia, un verdadero crimen dejar por herencia a las generaciones venideras; otra edad media, de dos o tres siglos de desorden e infortunios; en lugar de ocuparse en equilibrar el poder, las subsistencias, y los mercados para el expendio de los productos de la naturaleza y la industria, de los dos mundos”

Scalabrini Ortiz señaló las causas de esta sangrienta invasión. El Paraguay era la nación más próspera, adelantada y progresista de todo el continente sudamericano. Había construido el primer ferrocarril que se tendió en Sudamérica, el primer telégrafo, la primera fábrica de armas y los primeros altos hornos. Construía sus propios barcos en sus propios astilleros. Paraguay era un pernicioso ejemplo para todo el continente. La coalición guerrera, tras cinco años de una lucha sangrienta en la cual masacraron a más de la mitad de la población, dejó con vida sólo a los niños, las mujeres y los ancianos. El ministro británico en la Argentina, G. Petre, según reproduce Jorge Lanata en su libro Argentinos, escribió que la población de Paraguay fue “reducida de cerca de un millón de personas bajo el gobierno de Solano López a no más de trecientas mil, de las cuales las tres cuartas partes eran mujeres”, es decir que eliminó unos setecientos mil paraguayos, un verdadero genocidio.

Scalabrini Ortiz señalaba que apenas ingresaron al Paraguay vencido, lo primero que hicieron fue dinamitar los altos hornos. Se repartieron las tierras y los bienes y se transfirieron los ferrocarriles a una compañía inglesa. Y agregaba “Después la diplomacia inglesa se dio a la tarea de ir borrando las huellas de su intervención. Los rastros, se eliminaron. Los documentos se extraviaron o se expurgaron. Un incendio destruyó parte del archivo del general Mitre”. 

La banca Baring Brothers, una vez terminada la guerra de la Triple Alianza encadena las finanzas argentinas con sus empréstitos y liquida las posibilidades económicas provinciales con los ferrocarriles.

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