viernes, 5 de septiembre de 2008

Argentina: La 31 y sus Guardianes

Néstor Sappietro (APE)

María y Ramón llegaron a “la 31” en agosto de 2001. Encontraron un lugar donde tender algunas de sus carencias, justo en el límite norte de la villa. Frente a ellos el paisaje era todo descampado. Hoy, siete años después, el paisaje cambió. El horizonte se pobló de casitas bajas, y otras de dos y hasta tres plantas.

Allí, al costado de Retiro y de los hoteles lujosos; allí donde habita el “Cristo obrero”, en ese preciso lugar desde donde el padre Mujica empeñó su vida en crear conciencia y predicar sobre el derecho de todo hombre a tener una vivienda digna. Allí, en ese lugar imposible de disimular para la ciudad burguesa preocupada por la estética urbana, la 31 sigue creciendo al mismo ritmo que crece la pobreza, el fantasma del desalojo y los inalcanzables alquileres...

La información dice que en el último año ha crecido en un 20% la cantidad de gente que habita la Villa 31. La demanda de vivienda empuja de manera inexorable la construcción en la altura sin reparar en ningún riesgo, porque nada es más riesgoso que no tener adonde vivir. “No tener casa es parecido a no tener identidad”, nos dijo alguna vez el psicólogo social Alfredo Moffatt, y todo aquel que anduvo por algún tiempo a la intemperie, sabe que es cierto.

María y Ramón tienen diez hijos. Tienen una casa con piso de cemento y planean seguir la construcción hacia arriba: "Para que los chicos estén más cómodos”, subrayan esperanzados. Ellos cuentan que dos años atrás, cuando el lugar todavía tenía un espacio descampado alisaron el terreno con los vecinos y pidieron al Gobierno porteño la instalación de canchas de fútbol y de voley para los pibes... “pero no pasó nada”, dice Ramón. Lo que terminó sucediendo fue que otras familias, con las mismas urgencias que tenía Ramón cuando llegó, se instalaron en el lugar.

La crónica describe una postal metálica y asfixiante que se multiplica en los seis barrios que componen las villas de Retiro: “A lo largo del playón, como se conoce a la calle principal de las villas 31 y 31 bis, cientos de escaleras caracol suben por el frente de las precarias casas de tres, cuatro y hasta cinco plantas. Están apoyadas unas con otras como buscando el sostén que quizá no tengan desde sus estructuras. Hay casas tan finitas que las escaleras casi se tocan con sus vecinas. La mayoría de las puertas son de chapa y en todas las ventanas hay rejas.”

La gente no vive hacinada por elección. Suena tan obvio que uno duda en escribirlo. Sin embargo, ante tanto prejuicio que existe en el imaginario social, no está de más señalarlo. La causa del crecimiento de las villas tiene que ver con la falta de trabajo, con la vida que se ha hecho imposible en el lugar de origen de los habitantes, con la exclusión, con la ausencia de todo. Con los Planes de Vivienda electorales que mueren en el olvido y con la asistencia sanitaria ausente en extensas zonas de nuestra geografía. La causa del crecimiento de las villas tiene que ver con las políticas que propiciaron décadas de saqueo y exterminio, políticas productoras de pobres que resisten desde los asentamientos que no dejan de poblarse.

María y Ramón, deben haberse cruzado con “Los guardianes de Mujica”, la primer murga del barrio de Retiro formada a mediados de octubre de 1999, con un grupo de jóvenes que, conmovidos por el traslado de los restos mortales del padre Carlos Mujica a su hogar: la capilla “Cristo Obrero”, donde viviera y trabajara defendiendo el derecho de los villeros a una vivienda digna, quisieron homenajear al “cura de los pobres” con la creación de un cuerpo de murga. Ellos entonan cantos de resistencia como este que les sirve de presentación: “Un bombo con platillo una vez sonó y desde entonces nunca más se calló. Por momentos jodidos este pasó, pero a pesar de todo no se rindió. Pero un tal Mauricio quiere callar, quiere desalojar y con la 31 quiere acabar. Los guardianes a su barrio van a cuidar, van a cuidar...” Ellos quieren quedarse en “la 31” a luchar por una vida más digna y por mejores condiciones para todas y todos. Ellos pelean por la urbanización sin desalojos, por un futuro de dignidad, la misma dignidad por la que peleó Carlos Mujica junto a muchos otros compañeros en el pasado... La lucha como resistencia y homenaje. La lucha por un lugar donde vivir.

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