miércoles, 3 de septiembre de 2008

Argentina: La muerte y los intercambiables

Oscar Taffetani (APE)

Los medios de masas y la dirigencia política argentina (pronto no sabremos distinguir qué es una cosa y qué la otra) acuñaron hace tres años el término borocotización, para referirse al súbito cambio de bando de alguna figura o referente, sin otra explicación que el soborno.

Eduardo Lorenzo, alias “Borocotó”, médico con mucha presencia televisiva que revistaba en las filas del macrismo, se pasó al kirchnerismo diecisiete días después de haber sido votado en las elecciones porteñas de 2005. Allí nació la palabra "borocotización".

Pero el intercambio de cuadros y dirigentes entre partidos y organizaciones comprometidas con el orden vigente (es decir, con este orden de injusticia y exclusión que padecemos) data de mucho antes.

Borocotización, entonces, es una máscara que oculta la compatibilidad de esos dirigentes y funcionarios que se van relevando e intercambiando a lo largo del tiempo, sin que las verdaderas lacras o las verdaderas heridas de nuestra sociedad se curen o siquiera empiecen a curarse.

¿Se borocotizó la licenciada Graciela Ocaña, actual Ministra de Salud y Ambiente Humano de la Nación, que revistaba en las filas del ARI hasta que Néstor Kirchner en 2004 y luego su esposa, en 2007, le hicieron la propuesta de integrar su gabinete?

Hasta allí, una digresión que tal vez nos permita entender actitudes y comportamientos.

Secreto de Estado

“La mortalidad infantil tuvo un importante crecimiento”, dijo a la prensa la ministra Ocaña hace unas pocas semanas. La titular de Salud se excusó de no dar mayores precisiones por carecer de estadísticas y datos fehacientes.

Poco después, el Director Nacional de Enfermedades y Riesgos del ministerio de Ocaña, Hugo Fernández, declaró que el aumento de la mortalidad infantil estaría vinculado “con el duro invierno que se padeció en 2007 y con la epidemia de enfermedades respiratorias, entre ellas la bronquiolitis”.

De modo que no sabemos si creció, ni cuánto creció, la mortalidad infantil en el país, pero el Ministerio de Salud dice que fue… a causa del frío.

Los últimos datos oficiales, del año 2006, fueron esgrimidos por Ocaña y su equipo al difundirse el informe de Unicef sobre Estado Mundial de la Infancia. Según esos datos, ya desactualizados, moría en la Argentina, a causa de la desnutrición y las enfermedades de la pobreza, un promedio de 25 niños por día.

Aunque 25 es una tasa horrorosa y que nos avergüenza ante el mundo, los datos extraoficiales indican que sigue en aumento.

Preparados para seguir

La ministra Ocaña y el director Fernández, cuando termine la presente gestión, seguramente hallarán la manera de reinsertarse en otra. Ellos pertenecen a la raza de los intercambiables. Saben cómo mentir a la población. Saben cómo engañar a la OMS y a Unicef. Están preparados.

Los que no pueden reinsertarse en la vida, ni mentir ni engañar a nadie, son esos 25 (o 30, o tal vez 50) niños argentinos que a diario se lleva la muerte, sin dejar rastro.

Así están las cosas en el país del récord de reservas, el país de las retenciones y el Tren Bala, el país de los funcionarios intercambiables.

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