lunes, 29 de septiembre de 2008

Bush y el "intervencionismo estatal": Los caprichosos descubrimientos de Cristina en medio del crack capitalista

PRENSA DE FRENTE

Desbordante de entusiasmo “peronista”, Cristina Kirchner jugó en estos días a descubrir en George Bush a un tardío discípulo del General, y en el vergonzoso proyecto del presidente norteamericano de salvataje del sistema financiero con una inyección de 700 mil millones de dólares –a cuenta de los ciudadanos- un ejercicio, por fin, de justicia del mundo liberal hacia los lineamientos de la intervención estatal en la comunidad organizada según la doctrina justicialista.

Como si alguna vez, en Estados Unidos, en la Argentina o donde sea, lo del “Estado ausente”, o lo del “Estado bobo”, hubiera sido cierto y el Estado no actuara, siempre, según los intereses de la relación de fuerzas que expresa en cada etapa

"Se nos dijo a los países de América del Sur que el mercado todo lo solucionaba, que el Estado no era necesario, que el intervencionismo estatal era nostalgia. Sin embargo, se produce la intervención estatal más formidable de la que se tenga memoria, precisamente desde el lugar donde nos habían dicho que el Estado no era necesario", enfatizó Cristina en su discurso, al referirse a la crisis financiera internacional.” Eso fue lo que dijo Cristina en su mensaje ante las Naciones Unidas, para dejar inmediatamente en claro su acuerdo con la iniciativa de Bush a quien sin embargo, con ese doble discurso tan caro al “antiimperialismo” kirchnerista, parecía echarle un reto.

Para no ir demasiado lejos, sería interesante que Cristina explicara donde vio la “ausencia” del Estado norteamericano –cuyos “gerentes” son siempre multimillonarios ejecutivos de los más grandes grupos económicos, preferentemente petroleros o del complejo industrial-militar- en los gigantescos negocios repartidos entre el grupito de empresas que participa de la guerra en Irak, empezando por Halliburton Co, la firma de la que es accionista y durante muchos años principal ejecutivo el vicepresidente norteamericano Dick Cheney.

Una gigantesca intervención del Estado, en favor de los grupos económicos que colocan a presidentes y funcionarios de todos los escalones de la Administración. Como lo fue, en otra escala, la socialización de la deuda externa privada que concretó el muy liberal Domingo Felipe Cavallo en 1982, como titular del Banco Central. El mismo Cavallo con el que los Kirchner colaboraron con entusiasmo para privatizar YPF, en los muy liberales años 90, en los que también el Estado “intervino” para inventarle a los bancos el nuevo y floreciente negocio del sistema privado de jubilación.

En rigor, Cristina sólo jugó a la sorpresa o al descubrimiento, en la iniciativa de Bush, de la puesta en marcha de una lógica distinta de relación entre el Estado y los sectores hegemónicos en esta etapa del capitalismo.

Lejos del Estado redistribuidor y árbitro, el bonapartismo del primer peronismo, el modelo kirchnerista de gestión del Estado es también una fuente permanente de legalización e institucionalización de negocios. A esos están destinados los más de 30 mil millones de pesos de subsidios a grandes empresas dispuestos por el gobierno en estos tiempos. A eso estuvo destinado el riguroso y acrítico respeto a las partidas millonarias de compensación a los bancos por la pesificación del 2002 en los primeros presupuestos del gobierno de Néstor Kirchner, o sus favorcitos legislativos como la “ley Techint” de 2005. A eso están destinadas las “combativas” cancelaciones de los totales de las deudas fraudulentas, pagadas varias veces antes, con el FMI y el Club de París.

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