miércoles, 24 de septiembre de 2008

Colombia: la geoestrategia del imperio

PRENSA DE FRENTE

En las últimas horas, se cometió en Colombia un nuevo asesinato de un líder campesino de la región del Cauca, fueron amenazados de muerte dirigentes de la Unión Sindical Obrera, y fue asaltada la oficina de una organización promotora del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) que juzgó a 43 empresas trasnacionales y al Estado por graves violaciones a los derechos humanos.

Los métodos utilizados en los recientes linchamientos de campesinos en Bolivia, son herederos del modelo paramilitar que sigue profundizando un genocidio silencioso en Colombia. La Red de Hermandad y Solidaridad (REDHER) difundió un importante documento que ayuda a comprender el momento por el que atraviesa el pueblo colombiano, y la trascendencia que adquiere su situación para todo el continente.

Por Redher - Elementos de Contexto – documento de Trabajo Nº1. Para entender de mejor manera la coyuntura colombiana debemos hacer un breve recuento de dos elementos estructurales que la definen:

1.Caracterización del régimen

El régimen en el poder, liderado hoy por Uribe, se ha estructurado para dar cumplimiento a un diseño específico de gobernabilidad que tiene como elementos principales: la seguridad para el crecimiento económico centrado en las actividades extractivas y especulativas, la acumulación de capitales desde el ejercicio de los consorcios trasnacionales, la eliminación o bloqueo estratégico de la insurgencia y el debilitamiento hasta la inocuidad del movimiento social y la izquierda no armada.

Este diseño expresa los intereses de un amplio bloque de clases y sectores sociales: una parte importante de la burguesía industrial, financiera y comercial, terratenientes, cúpulas militares y de la iglesia, políticos y estamentos asociados a los partidos tradicionales. A este bloque hegemónico se le suma desde finales de los noventa, abiertamente y sin restricciones, un poder económico, político y militar: el narcoparmilitarismo. Punto importante de reflexión merece el papel jugado por los miembros de las cúpulas militares en la conformación y sostenimiento de este régimen, hasta el punto de ponernos a pensar que se convierten en una casta ligada al poder y encargada directamente de ejecutar los planes de seguridad y represión, al tiempo que participan más directamente del ejercicio de gobierno. 

La llamada parapolítica es solamente la salida a flote de las relaciones y actividades desarrolladas por el narcoparamilitarismo en la esfera institucional y la administración pública, que evidencia un profundo pacto entre la llamada burguesía tradicional y un nuevo sector de ésta: la burguesía narcotraficante. 

No se puede decir que es un fenómeno meramente delincuencial, de infiltración ocasional o descomposición individual: Las cifras y el tipo de personajes involucrados dan cuenta de un diseño de copamiento institucional, de unión y consenso dentro del bloque dominante para usufructuar el lucrativo negocio de los narcóticos y desarrollar la estrategia paramilitar. Todo ello, dado el nivel de dependencia existente del país (sus gobernantes) frente al imperialismo de Estados Unidos, sería imposible de desarrollar sin la connivencia de los gringos. 

Uribe, es indudable, le ha aportado su estilo personal de gobierno, caracterizadamente populista, rodeado de un gran dispositivo de medios, (En su gran mayoría ligados a transnacionales españolas), que lo proyectan como un salvador en medio del caos. El diseño mediático es componente insustituible dentro del diseño de gobernabilidad. De hecho, muchas veces, se propagandiza más el estilo y carisma personal que los programas de gobierno, lo cual deja al bloque en el poder en aprietos al momento de darle continuidad a su proyecto, a no ser por medio de la reelección. 

Lo que está claro es que la continuidad del régimen y el modelo de gobernabilidad se buscarán mantener a cualquier precio: referendo, eliminación de opositores, promoción de cuadros de relevo (Santos, Vargas Lleras, entre los más publicitados). De ahí la importancia de generar oposición a esta iniciativa de corte dictatorial. 

En los últimos días la iniciativa de copamiento de todo el aparato estatal por parte del régimen se manifiesta en los ataques a la Corte Suprema de Justicia, especialmente al ente investigador de la parapolítica. El objetivo está claro: lograr el control de absolutamente todos los “poderes” del establecimiento en función del régimen de acumulación violenta. 

Debemos finalizar diciendo que las alianzas y pactos internos del bloque en el poder se manejan con gran flexibilidad, siendo el clientelismo exacerbado, la repartición del botín estatal y la permisión con el delito lucrativo, los mejores elementos cohesionadores. Ello no quiere decir que no hayan diputas internas por el poder, tensiones o negociaciones bajo presión, pero por el momento todo parece ser manejable entre quienes integran este bloque. 

2.La geoestrategia del imperio

Este diseño de gobernabilidad que lleva asociado un pacto de clases y sectores específico, es no solo útil sino necesario al diseño imperial de EU, metido a fondo en una disputa mundial por los energéticos, los recursos de biodiversidad y las plataformas de soporte comercial. Colombia, ya lo sabemos, es, geopolíticamente, nodo articulador en la región, al tiempo que no son nada despreciables sus recursos naturales. 

Desde mediados de los años 90s, los norteamericanos hicieron más sofisticado sus mecanismos de intervención en la región y para ello han diseñado y aplicado los llamados planes geoestratégicos: Plan Colombia, Plan Puebla-Panamá, entre muchos otros. Estos planes, en sus propósitos, coinciden con los objetivos de la seguridad democrática del gobierno, o más bien al contrario: los segundos fueron hechos a la medida de los primeros: aseguramiento de territorios, protección de la inversión extranjera, combate al terrorismo (categoría que incluye no solo a la insurgencia, sino a todos los opositores) y en los últimos años, contención o dique a los procesos democratizadores, (independientemente del carácter y alcance de éstos), que recorren América Latina. 

Esta alianza y comunión de intereses entre el bloque dominante y el imperio le adiciona estabilidad y confianza casi ilimitada al diseño de gobernabilidad implementado, tanto así que la planeación ya no se rige a través de los conocidos planes de gobierno de cada cuatro años, sino que toman visos de largo plazo (ver por ejemplo el plan 2019, que incide en los órdenes infraestructurales, políticos, ambientales y sociales y los nuevos planes territoriales y de otras instituciones que se han fijado el techo del 2028); siempre y en todo caso beneficiando la acumulación de capital a través de los consorcios transnacionales. 

Elementos de la coyuntura

Los elementos más dinámicos de la coyuntura tienen que ver con las tensiones y contradicciones expresadas en los siguientes binomios:

1. Solución Política – guerra.

A pesar de que la solución política a la crisis nacional , se ve como la mejor opción por parte de académicos, partidos políticos de oposición, una parte de la iglesia y gentes vinculados al movimiento social, en el terreno práctico ha venido perdiendo posibilidades de materialización. Ello en gran medida se explica por los golpes militares y políticos obtenidos especialmente contra las FARC y la pseudo desmovilización paramilitar, hechos magnificados, deformados y ampliados por los medios y que dan, como dicen los expertos, una sensación de seguridad.

Por ello, se viene creando la idea de que los diálogos con la insurgencia no son necesarios, mucho menos la negociación para buscar salidas políticas y que por el contrario hay que aportarle definitivamente a la salida militar. Ello justifica no solo la mayor presencia de asesores gringos, sino mayores presupuestos para la confrontación y mayor justificación para vincular a la población a una guerra que supuestamente se está ganando. 

La guerra antiterrorista (especialmente el discurso y la simbología asociados a ella) es funcional al diseño global de gobernabilidad. Hay unos malos y unos buenos, y el camino que se había avanzado para explicar las causas históricas del conflicto se puede empezar a perder. 

En este escenario de triunfalismo guerrerista, no se ve factible que ni las FARC, ni el ELN, le apuesten a nuevos escenarios de diálogo, ni siquiera como opción coyuntural. La única posibilidad actual reside en las iniciativas que se puedan mover desde la comunidad internacional, especialmente algunos países europeos acompañados por otros tantos latinoamericanos. Sin embargo, el terreno es difícil: la polarización de posturas frente a Venezuela y Ecuador, así como el manejo dado a la liberación de Ingrid Betancourt cierran el espacio a las labores de facilitación, reforzando el ya crecido patrioterismo implementado como parte del modelo de gobierno.

Por otra parte, los norteamericanos se emplean a fondo en una guerra de baja intensidad en el vecindario, cuya estrategia central se ubica en las operaciones encubiertas de desestabilización. La oposición de derecha en Venezuela y Bolivia cuentan con el apoyo y visto bueno de los gringos y no se deben descartar acciones de corte terrorista como ocurrió en los años 70s y 80s en Latinoamérica por parte de la CIA y el FBI. 

Las acciones de desestabilización son otro escollo a superar en el proceso de integración latinoamericana, que se ha visto un poco mellada en los últimos días, y en el cual, el papel del régimen uribista ha cumplido su papel provocador. 

Terminemos este aparte con una breve reflexión sobre las elecciones norteamericanas: no van haber cambios en lo fundamental en cuanto a la política exterior. El cambio será más bien cosmético y de forma. Sin embargo, de ganar Obama, puede generarse una pequeña luz de oportunidad para tratar de frenar el agresivo imperialismo gringo, al menos coyunturalmente y en lo fundamental por la necesidad de los demócratas de diferenciarse de Bush. Ello implicará también un cambio en el apoyo irrestricto al régimen de Uribe y quizá algún cuestionamiento a sus políticas. Por ello el trabajo alrededor de la denuncia de las violaciones en los derechos humanos se debería reforzar en el escenario de la sociedad civil norteamericana, que mucho ha ayudado al movimiento social colombiano en los últimos años (el caso más significativo ha sido el bloqueo temporal al TLC). 

2. Oposición – Régimen

Algo que no se ve con claridad es que la guerra y ofensiva del régimen no sólo es contra la insurgencia, sino que se emplea a fondo contra toda la oposición, el movimiento social y cualquier expresión, popular o no, que se manifieste en contra del orden establecido. El discurso del terrorismo y de la amenaza a la democracia ha sido aplicado a estudiantes que protestan contra las reformas, a los indígenas que luchan por su tierra, a los sindicalistas, a manifestantes urbanos que luchan contra las tarifas de servicios públicos, a los parlamentarios del PDA, a los magistrados de las Cortes. 

El ejercicio del poder del régimen, dotado de una maquina cada vez más grande de terror estatal y para estatal, sumado a la satanización mediática es eficaz. En general hay temor, alejamiento en los más indecisos, en otros crece el deseo de congraciarse con el régimen para evitar represalias o bien en el cálculo de que se puede aprovechar algo de la popularidad de Uribe. Pero no nos hagamos ilusiones: la maleable opinión pública no es objeto de intervención por mero ejercicio técnico sino que responde a intereses concretos y por ello lo que en los medios suena a divino si es expresado por Uribe, es la peor estupidez si la dice alguien de la oposición. Por ello, los medios no están al alcance de todos sino que deben ser considerados parte activa del bloque dominante. 

Es aquí, en medio de estas adversidades, donde se nota con mayor agudeza el vacío que deja una oposición preocupada más por conservarse que por luchar. En un cálculo que históricamente ha demostrado sus falencias: el postergar la lucha, el no salir a la calle, el no emprender iniciativas que se saben riesgosas, puede estar condenando a la oposición de izquierda, especialmente al PDA y las fuerzas y partidos que lo componen, a su inocuidad, a ser un partido más, sin mayor trascendencia. 

Los partidos y movimientos políticos, y más aún los que se dicen de izquierda, se hacen en la lucha: los procesos populares colombianos de siempre y los latinoamericanos recientes son ricos en esta experiencia. Por ello, una tarea urgente es jalar al PDA a la lucha política. En este terreno no hay nada asegurado, se puede ganar o perder pero nunca tendremos la patente de victoria en la lucha social y política. 

En este terreno se inscribe la iniciativa de la Constituyente. Desde la perspectiva de la Oposición se necesita un instrumento o iniciativa que permita confrontar e interpelar la legitimidad y legalidad del régimen, al tiempo que se hace educación, movilización social y denuncia; es decir se hace movimiento. 

En opinión de algunos compañeros y compañeras el abordar el ejercicio de la ANC es riesgoso ya que Uribe puede terminar con mayorías en la misma. Eso solo lo podemos saber haciendo el ejercicio. Ahora bien, si esa no es la iniciativa hay que plantear otras, pero es urgente que desde el PDA se jalone una iniciativa concreta de confrontación y movilización. 

En ese mismo sentido se ha planteado por parte del PDA la propuesta de un Acuerdo Nacional. Esto nos lleva a la reflexión sobre las alianzas no solo al interior del Polo, sino en el conjunto social. Recordemos que lo que orienta a una fuerza social o política es su objetivo táctico. Si de lo que se trata es de debilitar el diseño de gobernabilidad del régimen, una forma de hacerlo es recuperando y elevando los niveles de movilización social y para ello solo hace falta ver la cotidianidad: entre los puntos débiles de este diseño está aquel de los impactos sociales que deja el impresionante proceso de acumulación de capital: carestía, inflación, desempleo, empleo precario, desplazamiento, entre muchos otros males. Como también lo enseña la historia, estos problemas han sido origen de imponentes jornadas de lucha social como el paro de 1977. Entonces la pregunta es: ¿qué fuerzas sociales y políticas están dispuestas a jalar una confrontación social por estos problemas? ¿Cuáles están por afectar el diseño de gobernabilidad hegemónico? Eso es una buena pista para determinar alianzas. 

Como hemos oído estos días el partido liberal se presenta como parte de la oposición. Pero esa oposición es: ¿al diseño de gobernabilidad? ¿A Uribe? Según declaraciones públicas de César Gaviria, presidente del partido liberal, se puede deducir que lo que hay detrás es una lucha por el poder, pero su claro respaldo a la firma del TLC, a la política de seguridad democrática, a la inversión extranjera, muestran que el liberalismo quiere ponerse al mando del gobierno pero para seguir con el mismo modelo.

Las crisis también permiten desnudar intereses, fortalezas y debilidades dentro de los agrupamientos y dirigentes dentro del PDA. Algunos de sus más reconocidos integrantes tratan de ponerse a tono con la formula de los raiting que postula que “lo importante es hacer noticia”. Lo único que hacen es darle prioridad a aspiraciones personales y para ello tratan de deslindar campos con todo lo que huela a izquierda radical. Vencidos y adocenados por la intensidad de la lucha de clases, buscan romper las precarias alianzas dentro del Polo y poder con total libertad acomodarse a las lógicas del poder. En este escenario la búsqueda de aliados se torna más compleja ya que no se puede resolver mediante la caracterización simple de los discursos sino que hay que mirar y analizar muy bien las prácticas políticas y personales. 

Reflexión Final

El movimiento social de izquierda, los partidos y movimientos políticos ligados al campo popular enfrentan en esta coyuntura una compleja trama de situaciones que los pone en desventaja: una ofensiva de terror combinada con una eficaz manipulación mediática permiten la acumulación de capital y la gobernabilidad para los intereses de una nueva burguesía, cuyo rasgo central es su carácter narcoterrorista, y para los consorcios transnacionales. Todo ello lleva a caracterizar el momento como de ofensiva antipopular y contrainsurgente, es decir contrarrevolución y antidemocracia. 

En este escenario los acumulados populares solo tienen la opción de resistencia y lucha, para lo cual la articulación latinoamericana y global es fundamental, ya que el carácter de la confrontación nos indica que nos solo se realiza contra fuerzas retrógradas de orden nacional, sino contra la alianza imperial que encabezan los Estados Unidos.

Sin embargo, por quijotesca y desigual que parezca la lucha, la historia enseña que los pueblos con dignidad se levantan por sobre obstáculos mayores y obtienen la victoria.

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