martes, 30 de septiembre de 2008

Costa Rica: En cada país la crisis tiene sus propios responsables

Alvaro Montero Mejía

Amigas y amigos, compañeros y compañeras de la Hora del Silencio: Hoy lunes, 29 de septiembre 2008, ha sido bautizado como el lunes negro de la economía estadounidense.

En efecto, la Bolsa de valores de Nueva York comúnmente conocida como Wall Street, sufrió uno de los más serios descalabros de su historia. Ésa caída fue motivada, aparentemente, por el rechazo a la iniciativa de rescate financiero propuesta al Congreso por el gobierno de Bush, y que consiste en inyectarles a los bancos de los Estados Unidos, la cuantiosa suma de $700 mil millones de dólares.

Todo comenzó cuando los bancos, con la plena complacencia de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, vivieron años de fiesta y gloria especulando con el precio de los terrenos y las casas, prestándoles a las personas compradoras de viviendas, enormes cantidades de dinero y prácticamente sin garantía que, lógicamente, después no pudieron cobrar.

Para comenzar a entender el asunto, debemos saber que decenas de miles de familias estadounidenses de clase media o de menores recursos, ansiosas por tener una casa, compraron viviendas con la esperanza de poder pagarlas, aunque sabían que les estaban cobrando precios exorbitantes por ellas. Pero como de todos modos los bancos les prestaban el dinero sin preocuparse mucho por la garantía, pues sencillamente hacían lo que hace cualquier familia que desea tener una casa: asumían el crédito, ocupaban la casa y después se preocupaban por encontrar la manera de pagarla. Al final ocurrió lo inevitable. Miles de esos hogares no pudieron pagar, los bancos no pudieron recuperar el dinero prestado, comenzaron los remates y los desalojos, la burbuja se reventó y comenzó la crisis. Ese fue sólo el principio.

Como sabemos, los bancos no pueden funcionar sin dinero en efectivo, es decir, sin eso que los economistas llaman liquidez. Lo que los bancos tenían en su poder eran montañas de papeles, es decir, documentos de hipotecas incobrables y además, como ya explicamos, sus montos no representaban el valor real de los bienes hipotecados. De este modo, resultaba absolutamente normal que las aseguradoras y los bancos, comenzaran a quebrar.

Al principio, el gobierno comenzó a comprar aquellas gigantescas empresas en peligro de quiebra, con el propósito de restituir la confianza de los inversionistas y detener la crisis. Aclaremos que en los Estados Unidos, los inversionistas son las personas, empresas o intermediarios que se dedican a comprar bonos y acciones en la bolsa. Es con la venta de esas acciones como se financian las empresas. Si los precios de las acciones tienden a la baja y no hay confianza en el sistema, pues los inversionistas simplemente no invierten. La desconfianza los hace quedarse con su dinero, lo que a su vez provoca nuevas bajas en el valor de las acciones. Fue así como la crisis se profundizó y las compras que hizo el gobierno de algunas empresas al borde de la quiebra para inyectar confianza en los mercados, no resolvió el problema.

¿De quien fue la culpa? Algunos, como dice la canción, no quieren saberlo. Pero los responsables directos fueron los rectores del economía de los Estados Unidos que le dieron carta blanca a los banqueros, a los ejecutivos, gerentes, directivos, comisionistas e intermediarios para especular y enriquecerse. Éstos, en su condición de socios, ejecutivos o corredores de las grandes empresas financieras y constructoras, acumularon en pocas horas, fortunas inmensas, merced a sus maniobras especulativas. Muchos de estos millonarios allí están y nadie los toca.

Entretanto, aquí en Costa Rica, ha llegado el momento de exigir cuentas pormenorizadas, de lo que han hecho con los fondos públicos y los dineros de los ahorrantes costarricenses, los bancos públicos y privados, los grupos financieros, los corredores e intermediarios e incluso algunas empresas públicas y privadas que manejan fondos. Veremos si hay algunos que, montados en esa ola de aparente bonanza, han jugado de magnates en las bolsas de los Estados Unidos y Europa, con el dinero de los costarricenses.

Proponemos que algún Diputado exija la formación de una comisión legislativa que examine con profundidad y rigor científico, esto que planteamos. Recordemos lo que ocurrió hace algunos años con la quiebra de las financieras. Hubo responsables, por supuesto, pero nadie los investigó ni les exigió cuentas.

En medio de esta crisis comienza a aparecer una crisis global del capitalismo y el imperialismo, donde la punta del iceberg es la crisis financiera. Sin embargo, en sus profundidades volcánicas operan los directores de la guerra y la globalización, los amos del complejo industria militar junto a las auténticas mafias dedicadas al lavado de dinero, a la carrera armamentista, el comercio de armas y drogas, la especulación petrolera, alimentaria y de materias primas.

Es pertinente que lo repitamos ahora. Es a esa crisis y a ese mundo al que nos quiere enganchar, de una vez y para siempre, el gobierno de los hermanos Arias, ya de por sí decadente y abrumado por la parálisis. Con ellos viene a festejar esta misma semana la pérfida intervencionista Susan Schwab, aquella representante de la oficina de Comercio del Gobierno de Bush, que nos aterrizaba el fin del mundo si no aprobàbamos el TLC. Viene a Costa Rica a hacer coro con el embajador de Bush, a quien este gobierno, pese a sus declaraciones abusivas e injerencistas contra el propio Arias, no tiene las agallas suficientes para declararlo “non grato”.

Pero no sería justo solamente resistir, es necesario que respondamos al llamado de Eugenio Trejos e intentemos formar una coalición electoral para el 2010 y que el pueblo elija, en virtud de una Convención Patriótica y desde sus bases, todas las candidaturas de esa coalición triunfadora. No hay otra salida.

Leído en la calle, frente a la casa de Arias, el lunes negro de Wall Street, 29 de septiembre de 2008.

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