jueves, 25 de septiembre de 2008

Costa Rica: La derrota de Oscar Arias

Javier Solís (DIARIO EXTRA)

El hecho político más importante de los últimos once meses, para excluir el Referéndum sobre el TLC, es la confesión de su propia derrota por parte del Presidente de la República, con ocasión del pasado 15 de setiembre. Ya no será nunca el nuevo Figueres. 

Se jugó su grandeza y su paso a la historia forzando la Constitución, los poderes de la República, los recursos públicos y no en último lugar las conciencias, por la incorporación de Costa Rica a la sociedad globalizada del libre mercado usamericano.

Es una derrota irreversible. El libre mercado canonizado por Margareth Tatcher y Ronald Reagan, con su culto al consumo, a la desregulación, al enriquecimiento sin medida; su destrucción de la naturaleza; y su recurso a la guerra; acaba de explotar como un fuego de artificio, en su Vaticano, Nueva York, y en su basílica de Wall Street. Los sacerdotes del neoliberalismo inventarán mil explicaciones y justificaciones. Pero nunca podrán desmentir los hechos. Esa iglesia podrá sobrevivir, pero ya su mesías quedó sin resucitar.

Para salvar esa crisis los Estados Unidos y el Reino Unido han nacionalizado sus más grandes entidades financieras, bancarias y aseguradoras. Centenares de miles de millones de dólares de los ciudadanos que pagan los impuestos van a comprar esas empresas en quiebra. Las mismas entidades que se han opuesto acérrimamente a pagar impuestos, necesitan ahora del dinero de los contribuyentes de clase trabajadora para seguir a flote, para no perderlo todo y arrasar con el modelo mundial del mercado. Todo negociado en secreto (mano invisible), como Oscar Arias, mediante manipulaciones bursátiles, ocultándole a los trabajadores que la factura la van a pagar ellos. La onda expansiva sigue en Europa y se extenderá por todo el mundo.

Ese es el libre mercado por el que Oscar Arias se jugó su vida política. El Presidente de la República no será la primera víctima. Tampoco la última. Por el momento ya entregó, con la complicidad de la Sala Constitucional y 39 diputados, el patrimonio construido por el pueblo de Costa Rica en más de siglo y medio de historia republicana. Nos llevará a todos entre las patas, como dice la expresión popular. Muchos años han de pasar antes de que reconquistemos el bienestar, la paz social y la educación cívica.

Oscar Arias se ha quedado solo, sin pueblo según las encuestas; rodeado de algunos riquillos ticos socios de las corporaciones transnacionales, de funcionarios mediocres y de algunos que todavía esperan su contrato de consultoría en dólares.

Pero ya muchos de sus cómplices o sus compinches empezaron a hacer lo de las ratas.

Diputadas y diputados, magistrados, empresarios honrados y no tanto y un poderoso periódico y otros medios de masas. También cuatro o cinco fanáticos, que asumieron el libre mercado como una religión y se convirtieron en sus monaguillos, con su incensario de olor a muerto, sus santos, sus altares y hasta su 'espíritu santo', que ya no es paloma sino mano invisible. Ninguno de ellos quiere compartir esa derrota, ni quieren que su proyecto estratégico, la protección de sus intereses económicos, políticos o personales, se vea en peligro.

El tsunami de Wall Street nos va a golpear muy fuerte por años. La crisis nacional va a sermuy dolorosa. Ya nada será igual. Ni nuestro ordenamiento constitucional, ni nuestro sistema institucional. Todo ha de ser repensado, reformulado, refundado.

La campaña electoral, iniciada por el mismo Presidente de la República, pretenderá ocultar la derrota. Los mismos de siempre ya están apostando. Los ciudadanos no podemos permitir que esto ocurra. Debemos pasar la factura, no jugar a la misma ruleta electoral, llena de trampas, con dados marcados, con candidatos autoproclamados o patrocinados, con premios de fantasía, clientelismo y entendimientos de cúpulas.

Una nueva generación tiene que echarse a la calle, enfrentar la realidad heredada y emprender el camino de la refundación de la república. Con voluntad de ruptura, con control o auditoría ciudadana, con una organización horizontal moderna y con poder de revocatoria sobre los poderes elegidos por el voto popular.

Javier Solís es eriodista, ex embajador en España.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.