miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuba y Rusia serán de nuevo socios en la cooperación espacial

Andrei Kisliakov (RIA NOVOSTI)

Actualmente se puede constatar que Rusia recupera su influencia en el mundo. Y no sólo en la política sino también en procesos específicos relacionados con el desarrollo de la cooperación científica y técnico-militar entre Rusia y otros países. En particular, Moscú restablece sus relaciones con Cuba, en el pasado, el aliado más importante de la Unión Soviética en el continente americano.

En las actuales circunstancias, para Rusia, es incuestionable la importancia que tiene el vector geopolítico hacia América Latina en general, y Cuba, en particular.

En relación a la visita del Secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Pátrushev, a Cuba a comienzos del pasado mes de agosto, el presidente adjunto de la comisión de Asuntos Internacionales de la Duma (Parlamento) Andrei Klímov afirmó: "Rusia, en calidad de gran potencia debe afianzar allí su presencia tanto en la esfera económica como en los asuntos de seguridad".

Así mismo, al valorar la última ronda de negociaciones ruso-cubanas sobre la investigación espacial el presente mes de septiembre, el director de la Agencia espacial rusa Roscosmos, Anatoli Perminov subrayó que entre otros asuntos, "se estudió la posibilidad de crear un centro espacial cubano con asesoría rusa".

La idea de crear ese centro no surgió de la noche a la mañana, "las negociaciones con los colegas cubanos abarcaron el cumplimiento de asuntos acordados por la Comisión intergubernamental ruso-cubana hace dos meses, entre ellos, la preparación de un acuerdo de cooperación para la utilización del sistema ruso de navegación por satélite GLONASS y otros programas de tecnología espacial de aplicación civil en el territorio de Cuba".

De esta manera, se establecieron las tareas que desarrollará el centro espacial cubano que incluirá el procesamiento y análisis de datos recopilados por la flotilla de satélites rusos que permanente observan la superficie terrestre, y la utilización de esos satélites en actividades de navegación y telecomunicaciones.

Cabe destacar que además de la voluntad política, Cuba cuenta con los recursos científico-técnicos necesarios para desarrollar un programa espacial estructural y muy amplio con aplicación en sectores claves de la ciencia y la economía.

Las organizaciones que pueden participan en la ejecución de programas espaciales en Cuba sobrepasa la decena, y entre ellas se pueden destacar el Instituto de Investigaciones Científicas de Geofísica y Astronomía, el Instituto de Meteorología y el Instituto de Investigaciones Fundamentales y Técnicas de la Academia de Ciencias de Cuba.

Estos centros investigativos en cooperación con la Unión Soviética (URSS) a medidos de los años sesenta realizaron investigaciones en el campo de la física espacial que permitieron obtener valiosa información sobre el estado de las capas altas de la ionosfera. Con este fin en 1967, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba se puso en funcionamiento una estación de seguimiento para recopilar información de satélites soviéticos en orbitas altas.

La condición insular y la situación geográfica de Cuba planteó la necesidad de desarrollar una red de comunicación de telefonía y retrasmisión de señales de televisión vía satélite con otras regiones del mundo, y en 1973 a 40 kilómetros de la Habana se puso en marcha la estación de comunicaciones satelital "Caribe" que formó parte del sistema "Interesputnik" en su tiempo, un sistema de comunicación por satélite que aglutinó a todos los países de la entonces órbita socialista.

Con ayuda de la URSS en Cuba se hicieron trabajos de meteorología y teledetección con aplicaciones en la agricultura y otros sectores de la economía.

Décadas atrás, la cooperación espacial soviético-cubana tuvo un papel clave en la ejecución de los vuelos espaciales tripulados, en la actualidad, un asunto de vital importancia para el desarrollo de la aeronáutica.

Entonces, especialistas cubanos participaron activamente en las investigaciones relacionadas con la compatibilidad psicológica de las tripulaciones durante los vuelos espaciales y también en la compresión de los procesos de adaptación psicológica de los cosmonautas en misiones prolongadas a bordo de estaciones orbitales.

Un hito en la cooperación soviético-cubana en el campo espacial fue el vuelo del cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo Méndez, que en 1980 formó parte de una misión de cosmonautas que habitó la estación espacial soviética Saliut-6.

De esta manera, esas experiencias del pasado, enriquecidas con los actuales logros alcanzados por la ciencia y tecnología rusa permitirán a los dos países a marcar las pautas del desarrollo a la cosmonáutica global del futuro.

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