martes, 16 de septiembre de 2008

Declaración final de UNASUR no logra aplacar diferencias entre países

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Esta vez, por la urgencia y el dramatismo con que se ha desarrollado la crisis boliviana, la declaración conjunta pasó la prueba con un claro apoyo a la institucionalidad actual del Gobierno boliviano. 

Sin embargo, todavía resta conocer la reacción de la otra parte que ha permanecido en silencio: EEUU y sus aliados al interior de Bolivia. El apoyo de UNASUR a estas alturas es, digámoslo sin eufemismos, una contra intervención al intervencionismo estadounidense. Está por verse cual es más eficaz, y está por verse también cuan sólido es este apoyo de UNASUR al observar a Brasil bastante renuente a adoptar las posiciones más inequívocas de Bolivia y Venezuela respecto al rol de EEUU en el levantamiento de las regiones. 

Después de la reunión de cinco horas hablaron con naturalidad la Presidenta Cristina Fernández, el propio Hugo Chávez, y Evo Morales así como Rafael Correa. Pero conspicuamente Lula Da Silva, el presidente brasilero, guardó silencio. Curiosa figura. El presidente del país que está destinado por tamaño, ambiciones y correlación de equilibrios internacionales a jugar un rol de contrapeso en la región a la avasallante gestión exterior estadounidense de esta particular administración, como que de repente se transformara en el poder sub rogante y quisiera reservarse para discutir “en privado” sus propias opciones para sacar a Bolivia de la crisis. 

Claramente, y no es ningún misterio, hay una fisura en UNASUR por mucho que esta coyuntura de la reunión haya forzado a elevar la apuesta para una unidad en el bloque que no fue tal. 

EEUU y la percepción que se tenga de él, continúa dividiendo y sin haber escuchado a Lula al interior de la reunión, la conducta exterior de Brasil es predecible, por lo que se juega en otras instancias. 

Brasil, por intereses más universales, posterga sus lealtades más básicas en la región. En el fondo los que han sacado la cara por Bolivia han sido Ecuador, Venezuela, hasta cierto punto Chile, y Argentina en una posición cada vez más antagónica a la ambición brasilera de convertirse en una mini potencia global. 

Al observar la escueta declaración final de UNASUR después de casi cinco horas de debate, queda la sensación de un gran esfuerzo por contener o evitar el abordaje al problema principal: EEUU y su conducta exterior desatada en los cuatro meses que le restan a la actual administración republicana. Como en todos los planes que fabricaron durante este periodo de ocho años, la cúpula neoconservadora llegó tarde. 

El plan de derrocar a Evo Morales se tejió quizás muy lentamente y también se subestimaron las condicionantes nuevas en la política boliviana. Se subestimó no sólo a Evo Morales sino también a la población boliviana que masivamente le presta apoyo. Se jugaron por el separatismo de las regiones, estrategia utilizada en las guerras civiles en Angola y Mozambique. No hay que revisar el tema de los Balcanes. Es tan o más rudimentario que eso. La estrategia del diseño político republicano es apostar a la federalización de las relaciones internacionales. 

En este sentido, hay que observar la retórica de Hugo Chávez como algo mucho más serio que la de un militar nacionalista, o un populista de izquierda, como lo pretenden caricaturizar en algunos sectores. 

A EEUU y la Alianza Transatlántica le interesa la desintegración del actual sistema de naciones en el Hemisferio Occidental Sur. Si bien en estricto rigor no hay tal sistema -muy por el contrario, se mantiene la fragmentación y la dispersión histórica que caracteriza a la región-, al observar las coordenadas actuales de la globalización, que ni las transnacionales ni las potencias tradicionales pueden manejar centralizadamente, el mensaje es federalizar ese sistema de naciones del Hemisferio Sur a través de países que cada vez se vean más como territorios corporativos de alto rendimiento, que como entidades de Estado-nación inservibles a la lógica de la fábrica global. 

En este sentido, la declaración de UNASUR, suena bien para un lado de la ecuación, y suena como un anatema para el otro lado, donde se sitúan precisamente los instigadores de la división de Bolivia, el primer paso a federalizar la región.

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