jueves, 25 de septiembre de 2008

Deshaciendo Buenos Aires

Pablo E. Chacón (especial para ARGENPRESS.info)

Entre otras promesas de campaña, el empresario y contratista del estado Mauricio Macri, actual jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, se guardó infinidad de ases en la manga: a la vista sólo están los pozos y el bacheo de apuro, las interrupciones de tránsito y las marchas opositoras a políticas puntuales.

Es difícil encontrar a alguien que diga yo lo voté, pero Macri sigue contando con el apoyo de gran parte de la clase media porteña. Sin embargo, ese sector, que desde el episodio Cromañón ejerce un desprecio sumario y electoral a las administraciones anteriores, llamadas progresistas, también empieza a quejarse de la lentitud en la gestión del hijo y heredero de Franco. Los ases en la manga de Mauricio (como lo llaman sus íntimos) son casi todas esas promesas de campaña (descentralización administrativa; elección de comunas; desarrollo del sur de la ciudad; ampliado de la red de subtes; inclusión social; policía propia; mejoras edilicias en colegios y universidades; limpieza (¿étnica?) del espacio público, es decir, de cartoneros y de otros elementos indeseables; solución a la crisis endémica del Teatro Colón; reconversión de Buenos Aires en un polo turístico; etcétera). Macri, que se presentó como un representante de la nueva política, como un emergente posterior a la crisis de diciembre del 2001, no ha hecho nada de eso pero sí ha hecho otro montón de cosas que no figuraban en la propaganda electoral porque sin dudas son el corazón de la política PRO. La serie encadenada de excusas (la crisis con la industria agroexportadora, la ausencia de créditos, el prometido y abortado traslado de policías y capital destinado a la formación de esa fuerza, la crisis financiera global), no impidió, sin embargo, el verdadero trabajo, la verdadera política PRO, timoneada por el Guasón, el jefe de gabinete Horacio Rodríguez Larreta y por sus aliados peronistas no kirchneristas dentro del partido. Pero como también hay que pensar en las elecciones del próximo año, conviene cumplir con alguna de las prioridades declamadas en su momento, so pena de una hemorragia legislativa (muy improbable igualmente), a causa de la debilidad de la oposición. Esa debilidad -como ya se ha dicho- es objetiva pero no eterna, y quien mejor lo sabe, podría sospecharse, es el propio Guasón, que habla con todos y sobre todo con la prensa, en momentos muy precisos y con interlocutores muy precisos también. ¿Esto quiere decir que la administración PRO es mala? La administración PRO es muy mala y trabaja para ciertos intereses, pero eso no la diferencia de otras administraciones (todas trabajan para ciertos intereses) y hasta suelen asociarse: el ejemplo princeps es el acuerdo para demorar la elección de comunas entre el PRO y el Frente para la Victoria en la legislatura; el otro es el mutis por el foro que Macri sostiene sobre la cuestión de los juegos de azar (donde la propiedad será compartida pero la mayoría accionaria tiene estampada la letra K). La vicejefe de gobierno, la católica y liberal Gabriela Michetti, según fuentes que pidieron estricto off, habría recibido la semana pasada un amoroso regalo, un libro sobre esa cuestión, para que piense en el bien de los porteños, acalle las críticas y entienda que existen negocios que tienen padrinos muy poderosos, negocios que no tributan pero que promueven la alegría pública. En efecto, la administración PRO es pésima, pero no se trata de la conspiración de un grupo de cruzados de derecha que salieron de sus cuevas para destruir todo lo que existe. Es más grave: están destruyendo todo lo que existe convencidos que es lo que hay que hacer. Es más grave porque muchos de los miembros del gobierno piensan, honestamente, que la mano invisible promueve la iniciativa privada y resuena como un clarín que atrae inversiones como la miel a las abejas. Los demás están, como siempre estuvieron, en el negocio. 

La reconstrucción del estado municipal no se consigue cambiando de contratistas sino eliminándolos o al menos haciéndolos competir. Los sindicatos no se despejan poniendo en lugar de un histórico a un inédito que hace la política que hacía el histórico, presentándose como un eficiente administrador. ¿Por qué entonces el apoyo a Macri? Porque todavía no hay alternativas políticas articuladas y serias, consistentes, y porque los candidatos siempre son los mismos. Michetti, reunida con Cobos y con Binner, humilde y de fortaleza moral intacta, ¿evitará, acaso, con estos actos de contrición e imagen publicitaria, el exilio en una banca como diputada nacional que le tiene preparada el Guasón? Eso hablaría muy mal del Guasón. Gaby, el rostro humano del PRO sabe o cree saber que el mercado regula los cálculos y las acciones individuales. Ese sofisma teórico-práctico, destrozado entre otros por Jon Elster en su Psicología política, será tema de otra columna. 

El punto es inmobiliario. El pedido de ampliación presupuestaria concedido al gobierno de Macri hace unas semanas, no contempla la cuestión educativa, la salud ni el desarrollo social -eso que podría agruparse como soportes de inclusión. La marchita de recuperar el barrio, la familia, el espacio público, la alegría de los chicos, suena en los oídos de las abuelas como una música maravillosa, como un vals de Strauss o un imitador de Francis Ponge. Pero si se miran los números del ejercicio 2006 hasta finales de junio, en el apartado del presupuesto titulado Jurisdicción (45), bajo la Unidad Ejecutora (2452), en el rubro Asistencia Social en Adicciones, hay disponibles, como crédito vigente, 4.771.200,00 pesos, de los cuales se ejecutaron 9.000, 00 pesos, es decir, el 0 por ciento. Los 9 mil pesos gastados corresponden a sueldos.

Las adicciones -para usar un término caro a la psiquiatría medicamentosa y a la biologización de los diagnósticos- se refieren casi exclusivamente al consumo de pasta base de cocaína (paco), que hace estragos entre los chicos y jóvenes de algunas zonas de la ciudad en las que el PRO está muy interesada: el vértice donde La Boca casi se toca casi con la parte menos explotada de Puerto Madero. Y el Parque Roca, donde hace unas semanas falleció un niño de cuatro meses, asfixiado, por falta de apoyo sanitario. Ese hecho le costó al jefe de gobierno, a varios ministros, al interventor del IVC, al titular de la Corporación Sur y al procurador Tonelli, un enfrentamiento con el juez Gallardo, de final impensable. 

Sucede que en ese lugar, donde un asentamiento sirve como refugio a más de cuatrocientas familias, se transforma, después de la caída del sol, en una zona liberada para el consumo de paco; igual o peor en ese costado de La Boca. La policía federal no entra ni está cerca (ni lejos), pero los vecinos, los vecinos que votaron a Macri empiezan a mudarse, a causa de la amenaza o supuesta amenaza para la integridad de sus personas y propiedades. La consecuencia es que los terrenos se abaratan, aparecen los compradores que por migajas compran y se asocian para armar peatonales, embaldosar adoquines, levantar shopping centers y tirar desvíos de cemento, antes que tarde, hasta colonizar, en algún momento, toda la costanera sur; algo similar a lo que empieza a suceder en el Parque Roca. 

Si se piensa en una subejecución presupuestaria en drogas y en los negocios inmobiliarios que los PRO piensa como política civilizatoria (cemento es igual a cemento), habría que preguntarse qué pasa con las víctimas de ese supuesto progreso, con el patrimonio histórico y con la resistencia que determinados grupos de ciudadanos harán sentir sobre las calles de Buenos Aires, primero a la manera clásica, denunciando al patrón de la vereda, que sabe que las organizaciones no gubernamentales que hacen el trabajo que el estado en esos sitios no hace, no ignoran estos planes y que de dóciles no tienen nada. 

El PRO es un fenómeno conservador pero aggiornado y en ese sentido más audaz que -para el caso- el separatismo de los cruceños bolivianos. La violencia que se ejerce es sigilosa y muy destructiva. Se supone que los que nada tienen, nada tienen que perder. Es un error: no todos quieren perder la vida y el suelo. Para eso hace falta información y una estrategia de alianzas distinta a la puesta en práctica a la fecha.

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