miércoles, 3 de septiembre de 2008

El Salvador: El sistema nacional de salud y la realidad

José Mario Zavaleta (especial para ARGENPRESS.info)

Cada día que pasa confirmamos la idea que tenemos sobre las verdaderas intenciones que los subsiguientes gobiernos salvadoreños han tenido con respecto a la salud de sus habitantes. Hemos asegurado que nunca han tenido el sincero propósito de cumplir lo que la Constitución manda ni de plantearse como prioridad desarrollar programas que verdaderamente vayan dirigidos a resolver los problemas sanitarios del país; mas bien, su errática trayectoria sólo explica su incompetencia – no sabemos si premeditada – y las reales miras de aprovecharse de las necesidades de la población para beneficiar a personas amigas y grupos selectos que no escatiman cualquier actividad para usufructuarlas.

Ya se ha señalado en esta columna de opinión y a través de muchos otros medios informativos sobre las carencias groseras que enfrentan las infraestructuras de nuestro sistema de salud, hecho que es más verificable por las experiencias personales de cualquier ciudadano. Hay detalles que de no ser patéticos resultan vergonzosos e increíbles que ocurran, como las escenas que recién vimos en las páginas de un periódico local donde en una foto aparecían las sábanas que se utilizan en el Hospital San Juan de Dios de San Miguel, tendidas en un patio y expuestas a los rayos del sol para ser secadas. Eso y otros muchos casos más dibujan el estado real de la salud que no parece importarles mucho a los funcionarios responsables del área; parecieran ignorar las crisis laborales y gremiales que han desembocado en huelgas y suspensiones de labores que arrecian a inicios de la década pasada, y que urgieron curar este sistema de salud materialmente enfermo. Tantas han sido las propuestas de los sectores sociales, laborales y profesionales que han forzado a que se empezara a hablar de la Reforma de Salud, que en quince años ha sufrido retrasos, postergaciones, intentos de engaño privatizador, y al final del camino el anuncio público de que se instituye formalmente el nuevo Sistema Nacional de Salud el jueves 21 de agosto pasado, a cargo del Ministro de Salud y el Presidente de la República.

El tan solo hecho que ese acto haya resultado ser anunciado y desarrollado sorpresivamente – al menos para quienes nos consideramos estar medianamente informados de lo que sucede en el país y en el mundo, pero que no somos coadjutores del statu quo - expresa el carácter autoritario e inconsulto que ha identificado a los gobiernos de derecha, especialmente los cuatro últimos del período llamado de democracia que, sin tomar en cuenta a los sectores que aportaron sus ideas desde fuera del oficialismo, realiza su ceremonia rodeado de sus funcionarios, colaboradores y grupos afines al régimen. Y como era de esperarse, el anuncio ha sorprendido a algunos o ha creado más escepticismo en otros; induce a  desconfianza porque a los voceros que han hablado del proyecto no se les cree, sobre todo por el momento en que deciden lanzarlo. En circunstancias en que la administración actual se encuentra inmersa en graves dificultades financieras para cumplir sus compromisos, y ahora decide lanzar lo que debiera ser el proyecto de proyectos, por su alto contenido social, humano y estratégico; pero eso sí en período preelectoral que necesita impactos mediáticos.

De tal manera que el evento parece no más eso, limitado de futuro, insignificante para el pueblo en quien ni siquiera se han creado el mínimo de expectativas, y lo más grave, sus ejecutores, los médicos, enfermeras, paramédicos y demás personal de apoyo y administrativo aún no saben de qué se trata. Pregúntese a cualquier trabajador de Salud Pública, el Seguro Social, Bienestar Magisterial y los otros sectores que participarían, si saben cuál será el rol que desempeñarán en este nuevo modelo de salud. Eso es grave, aunque no extraño, porque al igual cuando se crearon otros pasados programas – algunos desaparecidos o diluidos por el tiempo – como Escuelas Saludables, sólo para dar un ejemplo, a los trabajadores a quienes luego se les involucró de alguna manera no se les reunió y explicó los objetivos y estrategias que le sustentaban. De tal manera que un pacientito llegaba a un hospital a pasar consulta, decía que era de escuelas saludables, y pocos conocían cuál era el procedimiento que debía seguirse. Por supuesto, al margen de lo poco productivo que resultaba que existieran escuelas saludables pero que de todas formas los estudiantes tenían que recurrir a los centros de salud a recibir atención, fuera de los centros educativos.

Acá coincide lo que ha sucedido con todos los demás programas hechos y desechos según el antojo de cada administración. Recurre pues la improvisación y la falta de planificación estructurada, propio de este sistema caduco e ineficiente. Y cuando sabemos que con toda la pompa ya estamos en los albores del nuevo Sistema Nacional de Salud, sus máximos dirigentes ni idea tienen de cómo se ha de financiar. No se sabe de qué manera se regirán los diferentes sectores luego que el Presidente ha dicho que a pesar que el Ministro de Salud es el rector del modelo,  no tendrá autoridad ni incumbencia en el funcionamiento de ellos en particular.

A estas alturas pues, y a menos que surja la luz de la información sobre de qué se trata, nos mueve a pensar que este acontecimiento representa la mediatización del proyecto, la ya vieja estrategia de robar banderas o publicitar promesas que se quedan en eso; lo triste es que en la práctica cualquiera de esos intentos no representará el cambio que necesita el pueblo, ya que todavía los niños con cardiopatía congénita tendrán la vida en vilo a menos de la beneficencia o la solidaridad extranjera; los pacientes con insuficiencia renal seguirán en su calvario, los cardiópatas y diabéticos rogando hayan medicinas este mes, y los sujetos a cirugía todavía pendientes porque no hay camas ni dinero para costear al cirujano particular. No es nuestro intento de aguar la fiesta, pero los indicios ahí nos dirigen cuando los actuales gobernantes no son transparentes y francos con el pueblo, y como todo lo esconden no se sabe con qué saldrán al día siguiente. Lo que sí sabemos es lo que no han hecho durante todos estos años, y lo que han hecho para agravar la situación de la gente. Espérense tiempos mejores, el cambio de era, tal vez.

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