martes, 9 de septiembre de 2008

El Salvador: El sistema nacional de salud y lo que se oculta

José Mario Zavaleta (especial para ARGENPRESS.info)

A partir del hecho que las reformas al Sistema Nacional de Salud han sido una demanda permanente de la población, en parte por las experiencias propias cuando se accede a cualquiera de los servicios establecidos por el estado salvadoreño, a la realidad que descubre las carencias, las crecientes dificultades para disfrutar de sus servicios y la conciencia creada por las contradicciones en su interior expresadas en conflictos laborales y luchas ante intentos privatizadores, tornan al tema en un paradigma que los salvadoreños no debemos perder de vista.

Acostumbrados a las manipulaciones políticas sobre las decisiones trascendentales por aquellos que no son transparentes y que al final no buscan resolverles las dificultades a los ciudadanos, no puede ser menor motivo para preocuparse que la actual administración al final de su mandato eche andar su proyecto de Sistema Nacional de Salud a espaldas de los usuarios, los trabajadores del mismo sistema y de los gremios y asociaciones civiles que precisamente han pugnado por sanear ese gran enfermo. A consecuencia de que el gremio médico en la década de los noventa al enfrentar amenazas a su estabilidad laboral y adversar las condiciones deplorables en las que se trabaja, decide al fin organizarse como tal a través de Asociaciones intrahospitalarias y luego en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social en torno a SIMETRISSS, se inicia una etapa de análisis del estado de la salud en el país y la difusión de denuncias en contra de anomalías crecientes y deficiencias desesperantes en todo el sistema, creándose el clima de efervescencia que lleva a los médicos a la vanguardia de una lucha a favor de reformarlo, y en contra de las prácticas de privatización encubierta y los proyectos gubernamentales, que por designios de los organismos financieros internacionales, han pretendido transformar la salud en una mercancía y negocio para el mejor postor; aspiración que por cierto aún no se abandona del todo, a pesar de las alharacas y golpes de pecho de los subsiguientes gobiernos de derecha. 

Precisamente una de las premisas del señor Saca en su discurso con motivo del lanzamiento oficial del Sistema Nacional de Salud el pasado veintiuno de agosto, ha sido la reiteración de que el proyecto es una realidad y que la salud de los salvadoreños no se va a privatizar, ufanándose de tal manera de cumplir una nueva promesa presidencial. Así las cosas, todo pareciera indicar que hoy sí estamos protegidos y que “lo mejor está por llegar”, al fin, aunque sea a ocho meses de concluir su gobierno. Sin embargo, en este trayecto hemos sido testigos, a veces impotentes, de los abusos e imposiciones que las diferentes administraciones han puesto en práctica.

Nuestros hospitales y demás centros de atención han sido sujetos de cambios internos y sectoriales amarrados a concesiones que a la fuerza del poder se han tornado como algo natural e indispensable. La ubicación de empresas privadas de seguridad ha sido una de las primeras medidas “fríamente calculadas”, convirtiendo a dichos recintos en amuralladas instalaciones, a veces inaccesibles hasta para los mismos pacientes, como si se tratara de fortalezas inexpugnables y libres de cualquier intento de desorden o perturbación subversiva. En muchas ocasiones hasta los trabajadores han sido sometidos a excesos y abusos de parte de tipos armados y delegados de autoridad por funcionarios que así han establecido pequeños ejércitos o guardianes de sus designios. Luego han desfilado las empresas de limpieza y alimentación, coincidentemente con decretos legislativos favoreciendo el retiro de empleados azuzados por un ambiente hostil e insoportable, para dar cabida a una necesidad forzada. En fin, un montaje preestablecido que no descansa, con intentos repetidos; y lo que se pretende introducir en el Seguro Social lo recuerda de manera exquisita, haciéndonos creer que ellos son buenos y que tienen brillantes ideas, sin olvidar sus promesas presidenciales.

En trabajos anteriores mencionábamos el proyecto de ampliar la cobertura del sector de trabajadores informales en el Seguro Social; e insistíamos que en el fondo se estaba aceptando como irremediable que dicho fenómeno acentuado por el neoliberalismo llegó para quedarse, y que en lugar de buscar estrategias por rescatar lo que se ha denominado empleo decente para la mayoría de los salvadoreños, se les limita a ofrecer atención médica según las posibilidades de sus bolsillos. Una estratagema conformista, pero además, en el fondo, sustentada en modelos privatizadores que venden la ilusión de un estatus de otra manera no alcanzable, convirtiendo a ciudadanos que día a día luchan con la intemperie y la inseguridad, en émulos de privilegiados del tal empleo decente.

El citado proyecto anunciado también por el señor Saca, es a todas luces una muestra de demagogia electorera y que esconde grandes dudas. En primer lugar por que nadie en este país desconoce las históricas deficiencias que enfrenta el Seguro Social para sus afiliados y beneficiarios. Se sabe que a duras penas logra dar cobertura a quienes actualmente están inscritos, que las administraciones previas y la actual han carecido de la habilidad de conseguirlo, y que aunque la finalidad de la institución es el trabajador, repetidamente es un bastión político y económico usurpado por el ejecutivo. 

Pero hay otros elementos de fondo que han de destacarse y que precisamente se han denunciado sin lograr explicaciones, no convincentes ni indiscutibles si quiera, sino tan solo una simple respuesta ante tan perversas condiciones a las que se someterían a los nuevos usuarios del Seguro Social. El Colegio Médico de El Salvador y los compañeros del Sindicato de Médicos del Seguro Social – SIMETRISSS – lo han expuesto claramente, y de nuevo los oídos sordos acostumbrados de esos que hoy se arriman a un descalabro por obra de la población que nunca fue tomada en cuenta y escuchada. Pero así son de arrogantes los tiranos y prepotentes. 

Si no, el amigo lector qué opina sobre que dicho plan que pretende dar extensión de cobertura de salud a los trabajadores informales no incluye a menores de catorce años ni mayores de sesenta. Establece diferencias del tipo de servicios que se recibiría de acuerdo a la capacidad de pago, o sea de compra, convirtiendo un servicio público en un seguro de salud que no envidiaría nada a los de carácter privado; con ello, introduciendo de manera descarada la salud como mercancía y otra forma de privatización encubierta. Y para colocar la cereza en el cóctel, la condición de que en los primeros doce meses de cotización no se atenderían enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, otras cardiopatías, insuficiencia renal, cáncer ni VIH-Sida; y previo a la aceptación del contrato – porque realmente así sería – los nuevos cotizantes deberían presentar una declaración jurada sobre su estado de salud. Es decir, la institución sanitaria más poderosa del país no se haría cargo de enfermos, porque serían una carga más.

Ante estas consideraciones que son éticamente discutibles, y en el marco de un Sistema Nacional que como ha anunciado el señor Saca con bombo y platillo ha llegado para darle salud al pueblo, resulta repugnante que se estén amparando en premisas de mercado para ofrecer un servicio a la población, a quien en lugar de buscarle la formalidad o el empleo, se le introduce en el trance de las oportunidades, de la misma manera que hacen las telefónicas para meterle los teléfonos celulares hasta por el alma a cualquier hijo de vecino. No muy fuera de contexto en esta decisión de última hora que se anuncia, está el hecho para nada sin importancia, que el sector empresarial se ha opuesto a la implementación de este modelo; por sus razones muy propias, quizás, pero sobre todo por reconocer lo que cualquiera puede ver, que la institución llamado Seguro Social no sería capaz de enfrentar este reto, ni por capacidad administrativa, ni por recursos humanos y materiales, ni por la infraestructura existentes. Ante tanta contundencia de argumentos en contra no podemos más que pensar que los impulsores de esta aventura todavía no se han enterado de las necesidades de la población, y se enceguecen porque se aferran al poder que han usufructuado y que se les escapa entre las manos; y si no se tratara de lo anterior, más oscuras serían sus intenciones por imponer esta chapucería que a quienes menos favorecerá es a los que en última instancia se sacarán sus dólares del bolsillo.

Pero esto no debe quedar así, debe demandarse de la misma sociedad una respuesta contundente para impedirlo; no se puede permitir que sigan destruyendo las instituciones y que los ciudadanos no sean tomados en cuenta ante su propio futuro. Suficiente daño les han ocasionado con sus imposiciones de mayoría simple. Ya basta de dolarizaciones y tratados impunes. Los gremios, los trabajadores de la salud y las agrupaciones sociales organizadas deben de nuevo orientar a su pueblo que otra vez es empujado a orillas de otro desfiladero.

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