jueves, 25 de septiembre de 2008

El truco económico de “mandrake” Bush

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

El tema económico norteamericano va a dar por donde cortar por mucho tiempo, sobre todo porque no son pocos los analistas insistentes en que el programado desembolso por la Casa Blanca de 700 mil millones de dólares para intentar salvar a los grandes consorcios financieros en quiebra, tiene más de paliativo y de efecto, que de resultados positivos concretos. 

Frente a una evidente cadena de descalabros entre bancos y entidades de crédito e hipotecarias norteamericanas, George W. Bush decidió colocarse la capa, la chistera, y agitar la varita mágica con dos grandes intenciones. 

La primera, hacer creer a la gente que él va a conjurar la catástrofe económica provocada por sus costosas guerras y su contubernio feliz con los monopolios, y segunda, hacer olvidar que precisamente ha sido su administración para los ricos, la cómplice esencial en al drama interno al cual se abocan los Estados Unidos y tiene amplio alcance más allá de sus fronteras. 

Por eso, mientras el erario público vuelve a ser forzado a pagar las aventuras de los poderosos negociantes ahora en apuros, nada se analiza ni se habla del pasado y el presente que resultan causas claves de la crisis. 

George W. Bush ha sido ducho en reducir los impuestos de los grandes consorcios, mientras recorta al extremo los programas sociales. Al propio tiempo, ve con los mejores ojos los préstamos, hipotecas y rejuegos especulativos de los poderosos, sin intentar ponerle el menor freno. 

Por si fuera poco, sus guerras “antiterroristas” en Asia Central han costado, como mínimo, tres billones de dólares, según los cálculos publicados este febrero por el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en el libro The Three Trillion Dollar War. 

El ex asesor económico del presidente Bill Clinton asegura que la superpotencia gasta mensualmente 16 mil millones de dólares en las intervenciones militares en Irak y Afganistán, cantidad a la cual se debe sumar al presupuesto regular del Pentágono, equivalente al anual de las Naciones Unidas. 

Por si fuera poco, añade Stiglitz, debe considerarse también como pesada carga adicional, el billón de dólares que habrá tenido que pagar el país por concepto de intereses hasta el 2017 para financiar ambas campañas. 

Estos factores hacen a Estados Unidos poseedor de un disparatado déficit económico, y no deben ser pasados por alto. 

Si en un primer momento, por ejemplo, la noticia de la intervención gubernamental a favor de las empresas en quiebra alentó otra vez los alicaídos mercados petrolero y de materias primas, arrancó exclamaciones de júbilo entre los especuladores, e hizo pensar al ciudadano común que el carro había sido frenado al borde del abismo, lo cierto es que no hay confianza total en el futuro inmediato. 

De hecho, la erogación de 700 mil millones de billetes verdes ha sido emitida sobre profundos huecos financieros y enormes deudas oficiales y privadas. Se trata de una economía enferma a tal punto, que han podido más los temores que el jolgorio inicial, y unas 36 horas después del anuncio de la Casa Blanca, las bolsas volvieron a la baja en todos sus rubros fundamentales. 

Nada, que los trucos de “Mandrake” Bush no pueden ser más endebles y cargados de paradojas. 

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