viernes, 10 de octubre de 2008

Argentina: Una monja que sigue sin callarse

LA ARENA

El ajetreo informativo que viven en la actualidad la región, el país y el mundo se ve multiplicado casi hasta el infinito por la enorme, fantástica maquinaria de los medios de difusión. El constante derrame de noticias sobre el ser humano se produce de distintos modos y a toda hora, sin distinción de lugares en esta era de globalización planetaria y a menudo con intenciones tendenciosas de sobreabundar en determinadas informaciones y escamotear otras.

Esa realidad, que más de una vez hemos destacado desde estas columnas – tanto en su aspecto positivo como negativo– contribuye también a que ciertos sucesos y personas relacionados con ellos se desvanezcan rápidamente en el tiempo y entren en un cono de sombra y olvido más o menos rápido y no siempre justificado. La observación le podría caber perfectamente a la monja Marta Pelloni, aquella que se atrevió a desafiar con la verdad el poder establecido en Catamarca en tiempos de los Saadi cuando el sonado caso de María Soledad. Su valiente actitud de compromiso fue retribuida por la jerarquía eclesiástica con el traslado a una alejada diócesis correntina, maniobra que la monja trató de resistir aunque finalmente terminó imponiéndose la orden de la superioridad que tuvo la inocultable intención de procurar acallar su voz.

Pero si esa fue la idea resultó mucho peor el remedio que la enfermedad, como suele decirse, porque en el pobrísimo entorno correntino Marta Pelloni detectó y denunció de inmediato otro aspecto de la infamia y miseria humana: el tráfico personas, niños especialmente, nunca claramente aceptado ni debidamente combatido por las autoridades, más allá del signo político que tuvieran. La religiosa, que años atrás fue entrevistada telefónicamente por este diario y reiteró sus denuncias, suministrando sobrados ejemplos y nombres de víctimas y culpables, ha seguido trabajando silenciosamente en los temas que la preocupan, olvidada o postergada por los grandes medios.

Un par de semanas atrás su voz volvió a escucharse, tan clara y firme como siempre, cuando opinó duramente en una nota publicada por una publicación porteña acerca de la sospechosa demora en la reglamentación de la ley contra la explotación y el tráfico de personas. La religiosa enfatizó que las políticas públicas en la materia "pareciera que se reduce a hacer allanamientos y rescates" pero sin extenderse ni profundizar en la imprescindible atención física y psicológica de las personas que han quedado severamente dañadas y virtualmente inhabilitadas para su reinserción social, laboral y familiar. Ese serio déficit de los gobiernos nacional y provinciales es advertido por otras voces que acuerdan con la apreciación de Pelloni y que hablan desde el conocimiento de tan delicado tema.

Con su habitual estilo frontal y directo –que se diría propio de quien con la verdad ni ofende ni teme– Pelloni acusa "porque ni desde el Ministerio de Justicia ni del Ministerio de Derechos Humanos (sic) vemos una decisión real de dar respuesta a las víctimas". Y remata: "el negocio de la trata es tan grande que hay un sistema de corrupción institucionalizado, que lleva a que no desarrollen políticas públicas específicas".

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.