miércoles, 15 de octubre de 2008

Maternidad y el difícil arte de conciliar trabajo y familia

Alejandra Waigandt (ARTEMISA)

Actualmente 6 de cada 10 madres argentinas está inserta en el mercado laboral y sus salarios aportan del 50 por ciento del ingreso total del hogar. Las cifras no solo muestran que ellas también sostienen económicamente el hogar, sino que su educación, la situación socioeconómica, su lugar de residencia, y su relación conyugal determinan que la maternidad no sea color de rosa. Según recientes estudios del Observatorio de la Maternidad (OM), a las que se tuvo acceso exclusivo, en Argentina este sector está más exigido y menos compensado.

De 5,6 millones de mujeres madres que tiene nuestro país, el 60 por ciento (que tiene entre 14 y 49 años) decide serlo. De este grupo, el 48,7 por ciento no finaliza el secundario y el 6,5 no completa el primario. Significa que más de 50 por ciento (5 de cada 10 madres) no cuenta con los 12 años de estudio considerados imprescindibles para revertir por ejemplo las condiciones de pobreza en que nacieron.

Las mujeres que no terminan la escuela primaria tienen hijos/as a los 20 años. Las que comienzan el secundario pero no lo completan son mamás a los 22 y las que sí finalizan este nivel tienen hijos/as a los 23. Las que abandonan su estudio universitario o terciario son mamás a los 24 y las que completan el nivel superior tienen hijos/as a partir de los 27. Estos indicadores muestran que pasando de un nivel educativo a otro inmediatamente superior la maternidad se retrasa un año, y que las mujeres que completan el sistema educativo son mamás 6 años y medio más tarde que las que tienen primario incompleto.

Estos son los principales hallazgos de la investigación Las brechas sociales de la maternidad en Argentina (septiembre 2007); el informe Conyugalidad: Análisis del estado civil de las madres en la Argentina (septiembre de 2008); y Empleo maternal en Argentina (a publicarse en 2009 y al que tuvo acceso exclusivo Artemisa Noticias), estudios realizados por el Observatorio de la Maternidad (OM), centro de estudios cuya misión es generar herramientas para revalorizar el rol social de la maternidad.

De esta manera, la educación, la situación socioeconómica y el lugar de residencia determinan características vinculadas a la maternidad como la edad en que se es madre por primera vez, la cantidad de hijos/as que se tienen, la inserción laboral y conciliación familiar, y la relación conyugal. Estas características muestran brechas, inclusive realidades antagónicas.

Las investigadoras Carina Lupica y Gisell Cogliandro cruzaron datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) y del Ministerio de Salud y establecieron el universo de madres: existen más de 5,6 millones y nacen unos 700.000 niños y niñas por año.

Lupica, también directora ejecutiva del OM, explicó que cruzaron datos sobre educación y nivel socioeconómico para probar que las mamás menos educadas son las más pobres e indigentes. Un 30 por ciento son pobres y 10 por ciento indigentes. Aquellas con más recursos tienen 2 hijos/as, las más pobres tienen 3, y las indigentes tienen 4, dos hijos/as más que las madres no pobres.

Estas brechas educativas y socioeconómicas se acentúan en el interior del país. En la región del NEA, 5 de cada 10 madres son pobres, un 55,6 por ciento no completó el secundario y 11 por ciento no finalizó el primario; en cambio en la Patagonia 1,5 de cada 10 madres son pobres. En otras regiones como la Pampeana, 45,7 de las mujeres madres abandonó el secundario y el 5,7 por ciento no terminó el primario.

En cuanto a la situación conyugal, 31,8 por ciento de las mamás indigentes está casada; 41,1 de las pobres tienen marido y 60 por ciento de las mujeres con más recursos sostienen vínculos conyugales formales. Al cotejar la situación de madres de la misma edad, jefas de hogar o cónyuges, las investigadoras se dieron cuenta que cuando empiezan a tener hijos/as formalizan sus vínculos afectivos con los varones. También que en el interior del país hay más casamientos que en la Ciudad de Buenos Aires, donde las mujeres tienen menos hijos/as, a edades más tardías, pero en vínculos más informales.

La realidad obliga

Sobre la inserción de las madres en el mercado de trabajo, Lupica explicó que ingresaron durante la crisis de los '90 cuando muchos jefes de hogar quedaron desempleados. Este mercado precisaba mano de obra calificada, pero en condiciones más informales. Como las mujeres habían logrado ingresar al sistema educativo formal una década antes, equiparando el nivel de los varones, y al mismo tiempo necesitaban compatibilizar el trabajo con las responsabilidades domésticas, las madres se adaptaron rápidamente a esta situación de precariedad.

Actualmente 6 de cada 10 mamás se encuentra inserta en ese mercado, 5 desde la ocupación y una desde la desocupación, pero buscando trabajo activamente. Con sus salarios aportan el 50 por ciento del ingreso total del hogar, mientras que las madres en situación de indigencia garantizan el 70 por ciento. Estos indicadores muestran que las madres también sostienen económicamente el hogar.

En ese marco las madres asalariadas registradas están resguardadas por las normativas de trabajo, de modo que tienen más facilidades que las que trabajan en negro. Por ejemplo en el sector privado cuentan con dos descansos diarios de media hora cada uno para amamantar a sus hijos/as durante los primeros seis meses. Para las que viven en Ciudad de Buenos Aires es insuficiente porque dejar el trabajo, amamantar y retornar requiere más 30 minutos debido a las distancias y el tránsito. En esta región algunas de las empresas donde hay empleadas más de 50 mujeres y no cuentan con hij@s lactari@s como exige la ley, empiezan a flexibilizar los horarios de ingresos y egresos y permiten acumular el tiempo de descanso.

En las administraciones públicas existen dos descansos, de una hora cada uno. Todas estas madres no pueden ser despedidas porque la ley las resguarda. En cambio las no registradas, que en Argentina ascienden al 60 por ciento, no tienen esa protección, ni siquiera en el servicio doméstico donde se formalizó la situación de muchas trabajadoras, pero no se contempló la maternidad en la normativa.

El problema más importante que deben enfrentar es la conciliación entre lo laboral y lo doméstico. Influye que la mayoría de los varones que conviven en el mismo hogar no se ocupan de las tareas domésticas imprescindibles para su funcionamiento y tampoco se hacen cargo de los hijos/as. Las madres con más recursos recurren a guarderías privadas o contratan mujeres de niveles socioeconómicos más bajos para que se ocupen de sus hijos/as. Sin embargo las más pobres, que tienen más cantidad de hijos/as, deben dejarlos/as al cuidado de los y las más grandes o en centros de desarrollo infantil (comedores comunitarios).

En tanto, los gobiernos nacional y provinciales no facilitan la inserción ni la permanencia de estas mamás en el mercado de trabajo con la creación de guarderías y jardines maternales, que es justamente una de las demandas más importante de los sectores socioeconómicos más bajos.

Las investigaciones del OM demuestran entonces que en nuestro país las madres deben hacer malabares para cumplir con el trabajo y el hogar. También deben soportar la presión de estar ausentes los primeros años de vida del niño/a y la frustración de postergar su carrera profesional o laboral. Lupica aclaró que ''esta tensión se da de manera más intensa en las madres que tiene mayor nivel educativo''.

Además de estos diagnósticos, el OM formuló recomendaciones. Una es facilitar la permanencia de las niñas, adolescentes y jóvenes en el sistema educativo formal. También equiparar la legislación del servicio doméstico con relación a la maternidad, con las normativas del ámbito público y privado. Una tercera recomendación es la inversión en jardines maternales y guarderías.

Para la experta Carina Lupica la vivencia de la maternidad tiene consecuencias para las mamás y para las futuras generaciones. ''Tenemos que trabajar en propuestas para que ellas logren conciliar lo personal, lo profesional y la maternidad'', concluyó.

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