viernes, 7 de noviembre de 2008

Estados Unidos: La energía prometida

Hugo Palamidessi (MORENO)

La coincidencia en el tiempo entre el estallido de la crisis económica y financiera y el proceso electoral en los Estados Unidos, ha puesto a ese país, más que nunca, en el centro de la atención mundial. Pero ante el martes 4, las medidas anticrisis y los resultados de las bolsas de valores quedaron un poco de lado, para atender a los resultados de los comicios en EEUU.

Pronosticado en las encuestas, el triunfo de Barack Obama no ha sorprendido. Lo que sí ha superado las expectativas es la gran concurrencia de votantes. Sin embargo la masiva inscripción de nuevos electores, en su mayoría jóvenes, y la votación en días previos, preanunciaban el interés excepcional del pueblo norteamericano en esta elección. No cabe duda que las consignas más difundidas en la campaña de Obama, “Change” (cambio) y “Hope” (esperanza), han sido la expresión de deseos con los que se identificó gran parte de electorado.

Es claro que el interrogante que se nos plantea es en qué medida podrá el nuevo gobierno de EEUU llevar a cabo los cambios que prometió el candidato Obama, y cual será la repercusión en nuestro futuro. Muchos estamos inclinados a pensar –y en Argentina algunos analistas políticos ya lo han manifestado- que poco cambiará, porque los gobiernos norteamericanos han estado, y seguirán sometidos, a los intereses de las grandes corporaciones financieras e industriales. Además, EEUU por sí solo no podrá manejar la crisis económico-financiera global, de modo que las políticas de otras potencias económicas influirán en su evolución, además de lo que haga Washington.

Con todo, el amplio triunfo de los candidatos demócratas, que lograron una significativa mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, dan al Presidente Obama un margen de apoyo importante para llevar adelante las reformas que requieran del aval legislativo.

Por otra parte ha sido evidente que la situación económica y social interna de los EEUU ha sido el centro de la campaña. En medio del proceso de déficit fiscal, enfriamiento de la economía, aumento del desempleo, crisis de pagos de las hipotecas y otros males, la vieja consigna “¡Es la economía, estúpido!” sobrevoló la campaña, y las propuestas de los candidatos apuntaron, en gran medida, a los bolsillos de los contribuyentes. Y si bien no pudieron evitar pronunciarse sobre las guerras en Irak y Afganistán –sobre todo por el peso que significan para la economía norteamericana- la agenda internacional, tanto de Obama como de McCain, fue muy escueta, y América Latina casi ni figuró.

La política energética, y en particular la referida al petróleo, fue parte importante de las propuestas de los candidatos. El mercado petrolero a nivel global está en un período de paulatino decaimiento de las reservas que pueden explotarse a bajo costo, y se extienden los conflictos relacionados con el dominio de zonas petrolíferas, entre otras: invasiones en Irak y Afganistán, situaciones de guerra entre facciones en África, atentados terroristas en Nigeria, tensiones en las relaciones con Irán; la mayoría con la intervención directa o indirecta de los EEUU. La crisis financiera internacional ha contribuido a desequilibrar también al siempre sensible mercado del petróleo, y hemos visto el aumento desmedido del crudo en los últimos años hasta alcanzar en julio último un precio de u$s 147 el barril por efecto de la especulación en los mercados a futuro, para caer ahora en más de un 50% en apenas dos meses.

Los Estados Unidos han llegado a un grado de dependencia de la importación de hidrocarburos, que está contribuyendo fuertemente al desequilibrio comercial. De gran productor exportador de petróleo hasta hace pocas décadas, EEUU importa hoy el 65% del crudo necesario para su consumo interno y, de seguir así, en el año 2030 deberá llegar a importar el 75%; en el gas se pasaría del 17% actual al 21%. Hoy el rubro hidrocarburos contribuye con más del 40% al déficit de la balanza comercial.

Por otra parte, el consumo sigue aumentando, los precios también, y con ellos la carga sobre la economía de los ciudadanos, básicamente en el consumo domiciliario (calefacción en primer término) y en los combustibles para automóviles.

Desde la administración norteamericana hace tiempo se vienen proponiendo, y en muy poca medida poniendo en marcha, iniciativas para tratar de resolver esa dependencia de la importación y el creciente costo de la energía. En las cámaras del Congreso proliferan los proyectos de ley que sufren demoras bajo las presiones de los intereses petroleros e industriales y los avatares de controversias entre legisladores.

Los ejes principales de las propuestas son: aumentar la extracción local de hidrocarburos, racionalizar el consumo –aumentando la eficiencia energética, principalmente en la construcción y equipamiento de viviendas, y en el rendimiento de los motores de automotores- y desarrollar fuentes alternativas de energía primaria y de generación de electricidad (biocombustibles, solar, eólica, nuclear). Al mismo tiempo las propuestas contemplan reducir las emisiones de gases generadores de lluvia ácida y de efecto invernadero, para evitar la contaminación y el cambio climático.

Las propuestas de campaña de McCain y Obama sobre la cuestión energética han coincidido en las líneas generales de acción, si bien con diferentes grados de detalle en los distintos programas. Particularmente en lo referente a la importación de petróleo, ambos han señalado la necesidad de reducir la dependencia de las compras en el Oriente Medio y a Venezuela. Igualmente han planteado metas similares para la promoción de fuentes alternativas y el mejoramiento de la eficiencia energética, otorgando subsidios para el desarrollo y comercialización de autos híbridos y de bajas emisiones de gases, y para la reducción de emisiones en la industria.

En su momento, McCain puso en primer término de sus propuestas la ampliación de la producción local de petróleo y gas, impulsando la exploración y explotación en la Plataforma Continental Exterior (explotación offshore en la costa atlántica) y en el Refugio Nacional de Vida Silvestre en el Ártico. Ambos proyectos, fuertemente criticados por el peligro de alteración del medio ambiente y de accidentes de contaminación, favorecerían la expansión de las grandes petroleras que se beneficiarían con el impulso estatal. ExxonMobil, que ha ganado más de u$s14.800 millones en el último trimestre, quizá no crea necesitarlo.

En cambio el senador Obama puso en primer término un programa de subsidios para ayudar a los consumidores de combustibles y prometió invertir 150.000 millones de dólares en 10 años para promover energías limpias, augurando que en esos programas se crearían 5 millones de empleos.

Más allá del mayor o menor realismo –y oportunismo- de las propuestas, y de la capacidad del futuro presidente para llevarlas adelante, no parece un signo menor para la política energética de Estados Unidos – y quizá del resto del mundo- que, a partir de enero, el presidente no sea el ex-dueño de la fallida empresa Bush Exploration, que el Secretario de Estado no tenga el extraño nombre de un barco superpetrolero –Condoleezza Rice- y que, por último, el vicepresidente no sea un ex-director de Halliburton, proveedora de petroleras y beneficiaria de grandes negocios en Irak.

Hugo Palamidessi es Ingeniero. Miembro de la C.D. del MORENO.


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