viernes, 27 de marzo de 2009

Brasil: La realidad inhumana de las mujeres cañeras en Pernambuco

COMISSAO PASTORAL DA TERRA

En este mes de marzo, en homenaje a la lucha de las mujeres trabajadoras, la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) y la Vía Campesina Pernambuco muestran, en este reportaje especial, la realidad de las trabajadoras rurales de la zona matorral del estado, víctimas de la explotación cotidiana protagonizada por el monocultivo de la caña de azúcar. Los relatos y testimonios de las cañeras muestran el lado todavía más perverso del modelo de producción basado en el agronegocio y son la prueba de la necesaria lucha contra el agronegocio y por la Reforma Agraria y Soberanía Alimentaria para el pueblo brasilero.

En el municipio de Água Preta, zona matorral de Pernambuco, a las 4 de la madrugada de un día en febrero, hombres y mujeres salen de sus casas, cargando marmitas y machetes, y caminan hasta el punto donde el ómnibus de las Usinas los llevan a trabajar en el corte de la caña en la región. En los períodos de la zafra de caña de azúcar, esa escena se repite todos los días con millares de trabajadores y trabajadoras rurales.

Todos los 43 municipios de la zona matorral - región de mayor producción de caña del estado - tienen el monocultivo de caña como la actividad económica hegemónica. Las plantaciones llegan a alcanzar un área aproximada de 450 mil hectáreas. En 2008, la producción de etanol (extraído de la caña de azúcar) en el estado, superó en 49% a 2007. Son record y más record de productividad extraídos de la tierra y del esfuerzo inhumano de los cañeros y cañeras.

Raíces de la pobreza en el campo: agronegocio y caña de azúcar

En tanto Brasil se destaca en el escenario internacional como uno de los mayores productores de etanol del mundo, las grandes regiones de producción de caña en el país presentan índices lamentables. La zona matorral pernambucana posee índices Gini de concentración de tierras que llegan alcanzar 0,9 – por el índice Gini, cuanto más próximo del número 1, mayor es la concentración de tierras – y el estado, como un todo, aparece con el quinto peor Índice de Desarrollo Humano (IDH) del país.

En Pernambuco, la pobreza en el campo siempre estuvo ligada intrínsecamente a la economía desarrollada por el modelo de producción de caña. Incluso cuando el estado era el mayor productor nacional de monocultivo - hasta la década del 70 - los niveles de pobreza eran uno de los mayores del mundo y fueron incansablemente denunciados por cientistas pernambucanos como Josué de Castro e Nélson Chaves. Actualmente, la cara moderna de la producción de la caña se reviste del discurso gubernamental “por la búsqueda de energía limpia”, pero, a costos sociales, ambientales y económicos muy altos.

La situación de miseria y esclavitud se agrava todavía más con el aumento de las inversiones estatales y privadas destinadas al agronegocio y para impulsar la producción de los agrocombustibles. Los números comprueban: la oferta de crédito rural del Gobierno Ferderal para la agricultura empresarial en esta zafra (2008/09) es de R$ 65 billones, contra apenas R$ 13 billones para la agricultura familiar. El pasado 6 de marzo, el Gobierno Federal anunció un nuevo “socorro” al sector sucro- alcoholero paulista y del centro-oeste, con dinero público. En la ocasión, fue divulgado la liberación inmediata de R$ 2,5 billones para financiar el stock de etanol y se prometió renegociar una deuda de R$ 3,45 billones de las grandes Usinas con el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que sólo el año pasado transfirió más de R$ 6,5 billones para varias empresas del millonario agronegócio sucro-alcoholero, utilizando recursos de la sociedad y de los trabajadores, a ejemplo del Fondo de Amparo al Trabajador (FAT).

Trabajo esclavo

El modelo de producción del agrocombustible, a través del etanol, no esconde que una de sus bases de sustentación es el trabajo esclavo. La introducción de nuevas técnicas productivas y el exceso de mano de obra disponible, aumenta la recaudación por mejores rendimientos de los trabajadores. Para garantir un salario, el trabajador precisa alcanzar determinados niveles de productividad que exigen esfuerzos inhumanos. "El salario aquí, si la persona empuja mucho. Si no empuja, no hace. Para hacer un salario aquí es un sofoco, tiene que trabajar mucho. El trabajo de la caña es muy malo. Es un salario y pronto, no, no pasa de un salario”, comenta Doña Sebastiana, del municipio de Água Preta, que trabaja desde los 11 años. "Es tres toneladas el salario. Yo trabajo con mi marido ¿y que tenemos que hacer? Seis toneladas”, complementa. Relatos de los problemas de salud, por cuenta del esfuerzo físico exigido, también son frecuentes: “Es mucho dolor que siento en mi cuerpo. Yo tengo problemas de gastritis y columna.
Incomoda mucho el agacharse, levantarse, agacharse, levantarse. Hay días que me acuesto dolorida y me levanto peor, tomo el remedio y lo mismo, nada. Yo tomo el remedio, voy al médico y el dolor no pasa. Voy a trabajar igual, un día buena, otro dolorida", se desahoga Doña Sebastiana.

En 2008, fueron encontrados 529 trabajadores en situaciones de esclavitud y súper-explotación en las usinas de caña en Pernambuco. Uno de los casos más emblemáticos fue el de la Usina Vitória, localizada el municipio Palmares, cuando, en el mes de noviembre 2008, fueron rescatados de una sola vez, 241 trabajadores rurales en situaciones degradantes. Otro caso fue el de la Usina Ipojuca, que mantenía en un régimen de explotación a más de 150 cañeros. Ya en 2009, en el mes de febrero, en una operación del Grupo Móvil de Erradicación del Trabajo Esclavo, fueron rescatados 252 trabajadores rurales, entre ellos, 27 menores de edad. Todos encontrados sin las condiciones mínimas de trabajo exigidas por ley, en la Usina Cruangi, municipio de Aliança, también zona matorral del estado. La realidad de los trabajadores y las trabajadoras rurales que viven bajo esa condición es mucho mayor de lo que se tiene registrado. El Grupo Móvil no consigue seguir todas las denuncias del trabajo esclavo hechas por los movimientos sociales del campo.

Mujeres cañeras: resistencia en la zona matorral

El caso de Doña Sebastiana se repite en millares de mujeres que trabajan en la caña de azúcar. Según la Delegación Regional del Trabajo (DRT) y de los registros de los sindicatos en cada municipio, la participación de las mujeres en los cañaverales del estado varía de acuerdo a la región. Llega a ser el 20% la participación femenina en las usinas de caña en algunos municipios de la zona matorral sur del estado. Mientras que es casi inexistente la participación de la mujeres en la zona matorral y en proceso productivo de la caña. Líderes sindicales evalúan que la fuerza de trabajo femenino en el campo ha disminuido gradualmente en el campo en los últimos años. Para la directora de mujeres de la Federación de los Trabajadores de la Agricultura de Pernambuco (FETAPE), Maria Aparecida, Molica, los pagos de beneficios, como la licencia por maternidad, son algunos de los elementos que han contribuido para la disminución de la contratación de mujeres. La causa central es la búsqueda de índices elevador y permanentes de productividad, con el menor costo posible y sin garantir los derechos laborales.

Las historias de las mujeres que sobreviven en los cañaverales, muestran el lado todavía más perverso de la producción de monocultivo. Más allá del trabajo en la usina, hay trabajo en casa y con los hijos. “Me levanto a las 2 de la madrugada, tomamos el ómnibus a la 4 y terminamos allá por las 15 o 16 horas, dependiendo de la caña. Cuando llego a casa hay mucha lucha todavía, vio…yo voy arreglar mi casa y la casa de mi padre”, comenta la trabajadora rural Ivanusa Maria da Silva Ribeiro, de 46 años, cortadora de caña y pobladora del municipio de Água Preta.

Familias enteras son sometidas al trabajo degradante

La trabajadora rural Doña Maria José, de 46 anos, comenta que comenzó a trabajar en la caña a los 11 años. "Comencé en el lugar de mi madre, cuando ella se embarazaba y quedaba de de resguardo." El testimonio de Doña Maria José alerta sobre uno de los grandes problemas, consecuencia del modelo de producción de monocultivo en el estado: "Un gran número de familias de la región son prisioneras del modelo de producción de la caña de azúcar. Todos trabajan: padre, hijos e hijas. “El monocultivo creó una gran dependencia en la economía de la región. La mayoría es sometida al trabajo inhumano y no encuentra otra oportunidad de trabajo”, comenta Bethânia Mello, de la CPT.

Las mujeres cuando se embarazan, trabajan hasta última hora, para completar la producción de un salario. “Quedé medio así, pasando mal, fui al hospital cuando ya era tiempo de tener el bebé”, comenta una de las trabajadoras rurales del municipio de Água Preta.

Al salir para enfrentar el trabajo de la caña, muchas madres no tienen con quien dejar a sus hijos. Muchos de esos jóvenes no consiguen mantener el estudio y son obligados a trabajar. En muchos casos, la caña de azúcar es vista como la única oportunidad. "Yo tuve cinco hijos, cuando uno crecía se quedaba con los otros. Dejaba la comida pronta en casa y la mamadera. Cuando yo llegaba, daba baño, daba más comida. Así se criaron todos. Ahora son todos mayores. Todos trabajando en la caña de azúcar”, comenta Helena Maria da Silva, de 43 anos, que hace 27 trabaja en la caña de azúcar. En ese período, crió solita a cinco hijos, sin el padre de los niños. De acuerdo con Molica, de la FETAPE, las principales reivindicaciones específicas de las mujeres en la lucha sindical del campo, es la creación de espacios de guardería, la licencia para realizarse los exámenes preventivos dos veces al año, además de medidas de prevención contra el asedio sexual sufrido por muchas trabajadoras. Según Molica, a pesar de que esas reivindicaciones ya fueron aprobadas, ninguna de ellas es garantida por los patrones.

Pero las trabajadoras siguen resistiendo a esta situación impuesta por el estéril latifundio, que les niega la Reforma Agraria y la dignidad humana. Mujeres, compañeras capaces de generar vidas y maestras en el arte “descansar”, tienen la paciencia para cultivar la esperanza y soñar con otro Brasil en que la tierra sea repartida y que hay distribución de la renta. Las mujeres se niegan a dar continuidad a este modelo de esclavitud, causado por el monocultivo de la caña, como dice Doña Maria José: “No quiero generar ningún hijo para trabajar en la caña, no. Porque eso no tiene futuro. Aquí la gente no tiene nada, no somos nada.”

Traducción de Ernesto Herrera – AGENDA RADICAL


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