miércoles, 8 de abril de 2009

El pantano afgano

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

De mal en peor. Ese es el axioma que evidentemente están enfrentando en Afganistán las tropas norteamericanas y las restantes de la coalición, en total unos 62 mil soldados de 42 naciones incapaces de poner coto a la resistencia local.

En su reciente encuentro con los demás líderes de la belicista Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, realizado en Alemania en ocasión de las seis décadas de esa entidad, el presidente norteamericano, Barack Obama, llamó a sus socios a mayores compromisos con la guerra en aquella nación centroasiática.

“Europa, dijo el jefe de la Casa Blanca, no debería esperar a que los Estados Unidos cargue solo con ese fardo, porque es un problema que atañe a todos”.

Y como era de esperar, algunos “compañeros de viaje” de inmediato dijeron estar dispuestos a renovar sus adeudos en Afganistán, aunque internamente consideren que lo dicho por Obama no tiene una pizca de verdad.

Entre otras cosas, porque la guerra la organizó, incitó y materializó Washington en su afán de utilizar los atentados del 11 de septiembre de 2001 como pretexto para su soñada expansión al este que, entre otras cosas, debe asegurarle el control sobre las rutas energéticas.

En todo caso Europa fue invitada a aparecer en la lista por aquello de cubrir la forma y poder hablar de acciones conjuntas y no de afanes particulares.

Pero como la susodicha campaña global ha salido más cara de lo debido en todos los órdenes casi 686 mil millones de dólares solo en Iraq y Afganistán, según cálculos recientes y todo en vano en materia de avances militares, parece llegada la hora de agitar a los remolones del Viejo Continente para salvar la honrilla del cacique mayor en apuros.

Vale recordar en ese sentido a altos mandos británicos en suelo afgano que, en fecha reciente, manifestaron que no hay quien gane en los enfrentamientos contra los talibanes y otros grupos armados locales

Lejos de empeñar soluciones militares fallidas de antemano, lo más útil sería promover un arreglo diplomático al conflicto y evitar nuevos daños mutuos a las fuerzas contendientes y a la población civil, la cual ya no recuerda el significado de la palabra seguridad.

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