miércoles, 8 de abril de 2009

Venezuela: No se puede gobernar para el pueblo sin romper con el capitalismo y la burguesía

MGR

En días pasados, se evidenció lo que veníamos advirtiendo desde hace mucho tiempo atrás en orden a que existía la intención de hacer pagar el costo de la crisis capitalista a las trabajadoras y trabajadores. Esta decisión no es solo un problema de voluntad del gobierno o del presidente Chávez. Considerarlo de esa manera sería un grave error para los revolucionarios y revolucionarias.

El gobierno se encuentra prisionero de sus propias contradicciones y una política de alianzas que lo ata a millones de macro y micros acuerdos con la alta burguesía, con la burguesía emergente y con empresas trasnacionales y gobiernos capitalistas. A la base de las últimas medidas económicas para enfrentar la crisis, se encuentra la camisa de fuerza del modelo capitalista de producción y explotación de las grandes mayorías. Solo en el marco del actual modelo capitalista en aplicación hoy en Venezuela, se puede entender el origen tanto de las medidas como de qué elementos las generaron.

Ha quedado claro que no se puede gobernar para el pueblo sin romper con el capitalismo y la burguesía, sin afectar sus intereses fundamentales y sin tomar medidas realmente revolucionarias. Es claro que todo esto se expresó en el paquete de medidas tomadas el pasado sábado. También ha quedado claro que las decisiones más radicales para afrontar la crisis aún están por venir, a pesar de que se ha producido una rebaja real del salario por la vía inflacionaria y el aumento del impuesto al consumidor.

En ninguna de las medidas figura el impuesto a las grandes ganancias, medidas sobre la doble tributación y otras que aunque fueran tibias medidas reformistas, podían haberse tomado para disminuir el impacto de la crisis sobre los más pobres. En boca de un dirigente de Empresarios por Venezuela: “la clase empresarial no fue tocada ni con el pétalo de una rosa”.

El análisis de la situación y el cuadro que genera es desalentador en toda la línea, y deja la sensación que son medidas iniciales, pero con un claro sentido de clase que apuntan a mantener la situación de los grandes capitalistas y que se profundizarán en el tiempo. La gran apuesta del gobierno consistió en tratar de minimizar el impacto de la crisis capitalista (Gobierno que aseguró que el país no seria golpeado por la crisis) tomando algunas medidas que apuntan en forma clara, aunque espaciadas en el tiempo, hacia hacer recaer el costo de la crisis en las trabajadoras y trabajadores.

Durante la semana anterior y como un coro trágico y premonitor, diversos personeros unieron sus voces para decirle a la clase obrera y al pueblo pobre y explotado que debía resignar sus aspiraciones de una vida mejor en aras del “socialismo del siglo XXI” tal como lo planteó el diputado Francisco Torrealba, quien además forma parte del Frente Laboral del PSUV y de la Central Socialista de los Trabajadores, creada bajo la égida del tristemente célebre ex ministro José Ramón Rivero, señaló que los sindicatos deben pasar por una transformación cultural que debe ser progresiva y que implica renunciar a las reivindicaciones, supuestamente para permitir la llegada al socialismo. Nada dijo este señor en cuanto rebajaría su sueldo y viáticos y otras prebendas que actualmente tiene en la Asamblea Nacional.

Todo apunta en la misma dirección, pero se hizo el esfuerzo para disimular el fuerte impacto que tendrían las medidas capitalistas en la población. Como por arte de magia, se habla de un aumento progresivo del salario mínimo, sin mencionar la directa relación que existe entre los salarios y la inflación, que el año pasado sobrepasó el 31%, produciéndose entonces una rebaja real en las remuneraciones de un 11%, sin contar con el impacto del aumento de tres puntos porcentuales en el impuesto al consumidor.

Tres países en uno solo

En medio de esta situación se siguen produciendo movilizaciones, huelgas y reclamos en muchos lugares de Venezuela, que empiezan a dejar ver que estamos en presencia de tres países distintos y que se mueven en planos diferentes.

De una parte se habla de socialismo, del Che, contra el imperialismo, contra la burguesía y el latifundio. Se solidariza con Cuba, se canta las canciones del gran Ali Primera y todos nos vestimos de rojo. Se habla que ser rico es malo, se llora junto al rostro curtido por la pobreza de alguna indígena anciana y nos entrevistamos con Fidel. Esa Venezuela existe, es real, esta junto a nosotros todos los días. Por doquier encontramos fotos de diversos personajes, con su camisa roja y al lado del presidente y con consignas abogando por el socialismo. Desde la prensa oficial se resaltan los logros del país y los avances hacia el socialismo. También podemos encontrar fogosos pronunciamientos en contra de la derecha y los “escuálidos” que por arte de magia pasaron a constituir una nueva clase social.

Pero existe otro país que se empieza a mostrar por todas partes. Es el país que se debate atrapado entre una derecha fascista que tiene intacta su fuente de riquezas (la explotación, que más podía ser), y una burguesía emergente que no termina de copar espacios y servirse de la renta petrolera. Este país habitado por millones de personas trabajadoras y explotadas, debe enfrentarse todos los días a una burocracia cada vez más soberbia y envilecida, a los cuerpos policiales corruptos e ineficientes; a los patrones ladrones y sinvergüenzas, al sicariato, a la pobreza, al hacinamiento, a la violencia de un sistema que permanentemente se reacomoda para seguir explotando, y ahora desde hace poco, a la criminalización de la protesta social y sindical en abierta violación de los derechos constitucionales. Ahora más encima debe calarse la reducción del salario y más encima le piden que se alegre de que sea de esa forma.

Existe también un tercer país donde todo es posible. Es el país de la burguesía tradicional y la burguesía emergente que se viste de rojo. Es un país hecho a su medida con todos los privilegios de quien todo lo posee y aun quiere más. Licitaciones de grandes obras de infraestructura, prestamos millonarios y condonación de deudas, dólares preferenciales, tráfico de influencias, yates, aviones, viajes por todo el mundo, mansiones fastuosas, los carros más caros, los mejores restaurantes, sueldos millonarios. Casamientos dignos de algún jeque petrolero, cientos de miles de millones en una danza grotesca, entregados a los enemigos del pueblo y todo esto bajo la consigna del socialismo del siglo XXI. Pero no solo esta situación favorece a la burguesía venezolana, no señores. Uno de los sectores más favorecidos con toda esta política es la más brutal de todas las burguesías latinoamericanas; la colombiana. 10 mil millones de dólares al año van a parar a las criminales manos de la burguesía colombiana por vía del intercambio comercial. Con parte de ese dinero el régimen colombiano financia la matanza de nuestro pueblo hermano provocando una verdadera guerra de exterminio. Nos gustaría que alguien nos desmintiera esta verdad trágica y pavorosa, pero sabemos que no existe explicación posible para justificar esta conducta repugnante.

Tres países, tres conductas. Hace apenas algunas horas fue posible conocer el sueldo percibido por los diputados de la Asamblea Nacional en un aproximado, pero que entrega muchas luces de cual es la conducta de una dirigencia que cada vez se aparta más de un pueblo que la votó confiado en que sería un elemento que ayudaría al cambio revolucionario. Tomando en cuenta lo que ganan estos señores y al calor de las declaraciones del presidente Chávez en contra de los trabajadores que pretendían “ganar tres mil bolívares fuertes”, es posible afirmar siguiendo las palabras del presidente, que nuestros diputados son entre 3 y 6 veces corruptos, de acuerdo con su escala de salario legal que es de 4 mil quinientos Bs.F pero que con “BONOS” llegan de 10 mil Bsf, a 18 mil bolívares fuertes. Para ellos si resulta el socialismo del siglo XXI.

La situación en muchos casos es tan indignante, que el mismo presidente ha cursado instrucciones para que los dirigentes no se dejen ver en sus fabulosas camionetas y carros importados en los actos públicos para no herir los sentimientos populares. El pueblo se cansa en forma progresiva de esta situación.

Toda crítica es condenada como proveniente de la CIA

A los revolucionarios se nos empieza a señalar como ultristas, radicales, agentes de la CIA, aliados del imperialismo, socios de la derecha fascista y enemigos del gobierno popular. Si realmente se hiciera un análisis objetivo de quien esta detrás de todas estas políticas que señaláramos anteriormente, quedaría claro quien está con el pueblo y quien se conjura contra el.

Los Guevaristas no suscribimos el famoso “reimpulso productivo”, que significó todo un paquete de medidas a favor de los aliados estratégicos del gobierno, que no son otros que los altos empresarios en palabras del presidente Chávez. Los Guevaristas no respaldamos el intercambio comercial con el narco-gobierno de Uribe ni tampoco nos abrazamos a ese criminal, no hemos apoyado la rebaja de los sueldos de los trabajadores ni hemos suscrito ningún convenio con las trasnacionales en detrimento de la soberanía nacional. Los revolucionarios no hemos fijado los sueldos de los altos funcionarios ni tampoco hemos licitado los cuantiosos contratos de obras públicas que han llenado los bolsillos de la gran burguesía nacional y extranjera. No les dimos amnistía a los golpistas asesinos de trabajadoras y trabajadores y tampoco hemos condonado la deuda a los enemigos jurados de la revolución. Nunca nos identificamos con el asesino de Tony Blair, socio menor de Bush en Irak y Afganistán, ni tampoco nos hemos declarado socialdemócratas. No somos nosotros quienes tenemos que dar explicaciones por nuestras definiciones y políticas seguidas en resguardo del capitalismo. Nuestra definición es clara y transparente: con los trabajadores, contra la burguesía y por la revolución socialista. Le guste a quien le guste, somos una realidad política porque formamos parte de este pueblo cansado de tanta conciliación y protección a los burgueses y explotadores. Aquí estamos y llegamos para quedarnos. No pedimos ni daremos cuartel en esta lucha por terminar con el capitalismo y por conquistar la revolución socialista. Ese es nuestro compromiso.

El camino de los Guevaristas y la unidad de la izquierda revolucionaria

En este camino, nos hemos ido relacionando con diversos colectivos y organizaciones políticas hermanas. A todas ellas les hemos hecho algunos planteamientos, que por lo demás son públicos para todos los sectores y especialmente para nuestro pueblo. Con algunos sectores nos hemos ido reuniendo y acordando una agenda de debates sobre los temas que nos parecen importantes. En algunos casos ha sido posible avanzar en conversaciones previas de conocimiento mutuo. En otros casos, hemos avanzado un poco más en la dirección de caracterizar el actual periodo de construcción revolucionaria y existe un importante sector con el cual aún no se ha iniciado conversaciones.

Es preciso señalar en forma transparente con nuestro pueblo que producto de las conversaciones desarrolladas, hemos crecido en forma impresionante. Decimos esto porque hemos escuchado en forma directa la opinión de una parte importante de los actores sociales y políticos que le dan sustento al actual proceso de cambios reformistas. Allí nos hemos encontrado con honestos y sacrificados revolucionarios que se encuentran fuera de los círculos de poder construidos por el reformismo. Ellos en forma honesta y transparente nos han señalado en algunos casos que coinciden con nuestro diagnóstico de la situación que vive Venezuela. Que les gustaría que el proceso avanzara en la dirección socialista, que comparten en gran medida nuestras críticas y balances sobre el gobierno y que contamos con su comprensión y simpatía. También allí se nos ha manifestado en forma clara que aún se tiene mucha confianza en que el presidente Chávez logrará darle un sentido distinto al actual proceso y que se confía en el camino socialista elegido por el presidente.

A esos honestos compañeros con quienes nos reunimos hace poco, les queremos hacer llegar nuestro afecto y reconocimiento revolucionario. Agradecerles la oportunidad que nos dieron de ser escuchados y del importante debate desarrollado teniendo como norte la profundización del proceso. También les queremos hacer llegar nuestro aliento, nuestro compromiso y nuestra comprensión. Nada mejor que cuando se junta el pueblo a discutir y a resolver. No compartimos su visión en este momento ni tampoco somos optimistas sobre el carácter y la dirección que esta tomando este proceso reformista. Nuestro análisis y nuestra posición, es pública al respecto y seguiremos perseverando en el mismo camino; construir la unidad más amplia posible sobre un programa de gobierno revolucionario que acorrale a la burguesía y que se produzca el cambio cualitativo en la revolución bolivariana para que esta se transforme en socialista.

No creemos que ese cambio lo provoque un hombre o un montón de iluminados, por más intenciones o deseos que expresen en esa dirección. Creemos firmemente que es el pueblo alzado y en fiero combate en contra del capitalismo y la burguesía, el único capaz de darle el carácter y el sentido socialista a la revolución que se necesita. Es el pueblo, con la clase obrera a la cabeza, quien debe derrotar a los sectores reaccionarios, derrumbar el Estado burgués y empezar la transición al socialismo. Tarde o temprano el pueblo tomará ese rumbo, con Chávez o sin él, esa no es nuestra decisión. Es la decisión que tiene que tomar el presidente y decidirse a seguir a su pueblo rumbo al socialismo, o apoyar a la burguesía tradicional y emergente en su intento de maquillarle la cara al capitalismo. Si el presidente Chávez tomará esta decisión mañana mismo, los Guevaristas y todo el pueblo alzado y combatiendo, lo respaldaríamos y estaríamos dispuestos a rendir la vida en esa batalla si fuera necesario. Esto lo haríamos no porque creamos en mesianismos, o en la iluminación del “líder” como muchos piensan. Ese no es nuestro camino. Lo haríamos porque eso nos acercaría a nuestro objetivo y al objetivo estratégico de la clase obrera de realizar la revolución socialista.

Lamentablemente no creemos que se de ese escenario por el momento, y la clase obrera y el pueblo pobre y explotado, no puede amarrar su destino a los designios de una persona, más todavía si observamos la compleja política de alianzas interburguesas en las que se sustenta el actual gobierno reformista. Por lo tanto, solo podemos confiar en las trabajadoras y trabajadores luchando en forma abierta por alcanzar un nivel de vida digno. Ese camino necesariamente los enfrenta con los intereses de la burguesía y el gobierno se tendrá que definir de una vez por todas para quien esta decidido a gobernar. La disyuntiva es clara en este contexto y se acaban las excusas; o se esta con el pueblo, con las trabajadoras, trabajadores, pobres y explotados de la ciudad y el campo, o se esta con la burguesía, con el capitalismo, usando las reformas como dique de contención a las justas demandas de los explotados.

Hoy más que nunca se debe seguir perseverando en el camino de la unidad de los revolucionarios y del movimiento social comprometido con el cambio revolucionario. También es la hora de seguir por el camino de la lucha ideológica desenmascarando al reformismo y a la conciliación de clases que proponen los sectores de la derecha roja enquistados en el gobierno. Se debe impulsar un fuerte debate en el seno del movimiento popular y llevar la discusión a todos los rincones de Venezuela. No podemos temerle a la opinión de las masas, sino ir a escucharlas y a entregar nuestra visión con una sana vocación de síntesis. La organización social será vital para enfrentar el intento por derechizar aún más el actual proceso e iniciar la gran marcha al socialismo. Se impone la expresión de los estudiantes revolucionarios, de los trabajadores, de los campesinos, de los indígenas y de todos los sectores que quieran dar el salto adelante que cambie la actual correlación de fuerzas. Ese es nuestro camino.

En los próximos días entregaremos una propuesta concreta a las organizaciones políticas y sociales que quieren avanzar al socialismo y derrotar a la burguesía y al capitalismo. Esperamos que todos los sectores que honestamente quieren avanzar al socialismo, nos acompañen en este proceso unitario y de lucha que hoy empezamos a dar los revolucionarios que más allá de colores y partidos, nos hemos comprometido con el futuro y tratamos de enterrar para siempre el actual sistema podrido y caduco en el que se apoya la burguesía para mantener sus privilegios.

Las definiciones que el pueblo esta esperando del gobierno

No quisiéramos enfrentar al gobierno en el cual creímos y al cual respaldáramos con nuestra movilización y nuestros votos. Nos gustaría ver al gobierno nacional enfrentando en forma resuelta a la burguesía parasita que ya no tiene nada que aportar a Venezuela y ponerse en forma decidida al lado de los explotados.

Nos gustaría ver al gobierno enfrentado con la burguesía que todos los días comete el crimen de la especulación sobre las tierras y propiedades urbanas situando el alquiler de una vivienda en algo inalcanzable. El promedio de alquiler de un departamento en Caracas bordea los cuatro mil bolívares fuertes (US 1860) a vista y paciencia del gobierno. Mencionamos este hecho solo como muestra, pero igual situación se repite en salud, educación, y en toda la variada gama laboral. Algunos mencionan la existencia de las Misiones Sociales como una alternativa para el pueblo, pero esas misiones necesariamente tenían el carácter de medidas de emergencia mientras se transformaba el Estado capitalista de explotación y no pueden verse como permanentes si realmente se quiere avanzar al socialismo. Esa situación consagraría la existencia de venezolanos de primera, segunda y tercera categoría social, lo que resulta inaceptable en el marco del socialismo. Las Misiones Sociales, son medidas de carácter asistencialista y temporales que no atacan el origen de la desigualdad social como es la existencia de la propiedad privada y la extracción de plusvalía a los trabajadores.

En ese sentido, es el gobierno quien tiene la palabra y quien tiene que definirse sobre para quien gobierna. Las trabajadoras, trabajadores, pobres y explotados de la ciudad y el campo, hace rato que vienen reclamando una definición precisa del gobierno en orden de atacar los intereses de los burgueses y capitalistas.

La actual correlación de fuerzas

Por el momento se observa una correlación de fuerzas en construcción que inclina la balanza hacia la burguesía, la corrupción, la burocracia y el parasitarismo. Pero las situaciones en política cambian rápidamente en ciertos momentos históricos y dependiendo muchas veces de factores subjetivos que actúan como verdaderos catalizadores de fuerzas que crecían en forma larvada e incipiente. A veces en la historia la dignidad, el decoro y la consecuencia política revolucionaria, han sido capaz de cambiar el curso de la historia a partir de hechos y actos concretos que vienen a interpretar el estado de ánimo de las masas y que tienen la importancia de inaugurar un nuevo escenario político donde nada volverá a ser como antes.

A pesar de que la actual correlación de fuerzas no favorece a los sectores revolucionarios, ya estamos en presencia de la aparición de voces y actores críticos que se empiezan a replantear los reales avances de los últimos diez años. Muchos honestos revolucionarios de base que le dan sustento de masas al actual proceso y al partido reformista en el gobierno, ven con desesperación creciente como muchos de los dirigentes que respaldaron siguiendo las instrucciones del presidente, hoy son consagrados empresarios y se siguen enriqueciendo mientras hacen gárgaras con el socialismo. Los sectores de base que repulsan esta situación cada vez son más como lo demuestran las movilizaciones de los estudiantes de la Universidad Simón Rodríguez, de las continuas denuncias en contra del Alcalde de Tinaquillo por el lucro con la salud que hacen él y sus familiares en la zona y las movilizaciones y tomas de industrias de los trabajadores en distintos sectores del país. Todo esto demuestra lo falso de la disyuntiva con la que se pretende chantajear al pueblo en general diciendo que si no se esta con el gobierno, se tiene que estar con la oposición fascista y ser contrarrevolucionario. Este chantaje se empieza a desmoronar en forma creciente aunque todavía no en forma masiva y orgánica. Va quedando claro que solo la organización con independencia de clase es capaz de construir una alternativa realmente revolucionaria que apunte hacia el socialismo. Esta tercera posición que establece su lucha en contra de la derecha fascista y contra las políticas que desde le gobierno pretenden perpetuar la conciliación de clases con una clara orientación reformista, esta destinada a crecer y extenderse por todo el territorio nacional como una nueva realidad.

En esta misma perspectiva es que hoy se debe hacer el mayor de los esfuerzos no solo en denunciar al sector de la derecha roja que se encuentra en situación de alianza con empresarios y políticos fascistas, sino en proponer en forma simple y compresible para todos, una alternativa al actual estado de cosas en el país. Esta propuesta no puede ser otra que un programa de gobierno revolucionario que contemple las medidas más urgentes a tomar para corregir el rumbo de la revolución y avanzar al socialismo.

El programa revolucionario tiene que definir en forma clara que no basta con hablar de nacionalizaciones, ya que estas se han transformado en la práctica en jugosas ventas de empresas para la burguesía y no han significado ningún avance en torno al control de las empresas “nacionalizadas” por parte de los trabajadores y las comunidades. Un ejemplo concreto de lo anterior lo constituye SIDOR donde el trabajo tercerizado es uno de sus principales pilares de gestión en materia laboral, mientras que el precio de los productos terminados que produce tal empresa, siguen en aumento como es el caso de las cabillas afectando el precio final de las viviendas.

Hoy se tiene que avanzar por el camino de profundizar nuestro concepto de socialismo y dotarlo de un programa concreto que tome en cuenta los reales intereses de la mayoría trabajadora y explotada. No basta con gritar a los cuatro vientos que se esta en contra de la conciliación y las medidas que afecten a los trabajadores. Debemos proponer y hacer política en serio sobrepasando la mera denuncia y avanzando en la organización tanto política-social, como política orgánica y constituir las fuerzas materiales con un sentido estratégico.

El combate ideológico y la lucha de masas

En esta hora y en adelante, se profundizará el debate ideológico en todos los sectores y el marxismo revolucionario seguirá recibiendo distintos certificados de defunción expedidos por los interesados en quitarle a la clase obrera y al pueblo explotado, no solo un método de análisis que le permita comprender la realidad, sino su arma más formidable para transformar esa realidad en un verdadero sentido revolucionario.

Las lecturas fragmentarias, sacadas de contexto y comparar al marxismo con el estalinismo, serán tareas cotidianas de la socialdemocracia y el reformismo. También el post-modernismo hará lo suyo tratando de ganar adeptos y neutralizar a los futuros combatientes venidos del campo popular. Uno de los principales agentes neutralizadores de la idea y el instrumento revolucionario, lo constituye el autonomismo en cualquiera de sus variantes muy extendidas en Venezuela. Debemos ser claros y contundentes en esta materia y desarrollar la lucha ideológica en cualquiera de las tribunas que se nos presenten acompañando nuestros dichos con una práctica política consecuente.

Esta lucha ideológica debe partir de lo simple a lo complejo desnudando los errores en las lecturas que pueden tener buena intención, pero que carecen de un diagnóstico objetivo de la situación concreta. Debemos salirle al paso a las ilusiones reformistas que bajo distintos ropajes encubren su falta de confianza en las masas y esconden posiciones de clase de clara orientación burguesa. Hoy se trata de llevar a las masas conceptos difusos y contradictorios entre si tratando de hacer entender la realidad como algo sin vinculo entre si, desestructurado y fragmentario.

Se pasa por alto el análisis de las situaciones concretas para afirmar que avanzamos al socialismo de la mano de la burguesía, que no es necesaria la lucha de clases, que estamos en presencia de un proceso de liberación nacional y muchas otras yerbas. También se habla de las tres R y de trasladar el poder a las comunidades. Todos estos argumentos tienen algo en común entre si y es tratar de justificar el hecho cierto que el actual proceso lo dirige la burguesía vieja y emergente. Cuando se habla de trasladar el poder a las comunidades, es como si estas vivieran en un micro sistema aisladas del sistema capitalista central. Nada se dice del marco jurídico, político y económico que se tendría que dar para lograr este paso ilusorio. Lo único que se logra con estos argumentos es adormecer al pueblo y seguirlo cegando con una irrealidad.

Otro de los argumentos repetidos hasta el cansancio es que es necesario lograr un alto grado de desarrollo de las fuerzas productivas y que esto solo lo puede producir el capitalismo y la burguesía. Con este argumento se justifican las posiciones de retaguardia en el mejor de los casos que juega la izquierda tradicional y su fracaso evidente en tratar de conducir a la clase obrera y al pueblo explotado hacia la revolución. Según estos sectores la revolución no se puede producir porque el número de obreros y su capacidad organizativa no son suficientes aún para el salto revolucionario. Esta posición esconde el reconocimiento a la propia incapacidad para generar una política acertada que las masas entiendan justa y estén dispuestas a pelear por ellas.

Cuando se habla de liberación nacional, no es otra cosa que retroceder en el tiempo a los años treinta del siglo anterior, exculpando a la burguesía nacional de tener vínculos con el imperialismo y afirmar que la burguesía tiene un potencial patriótico y nacionalista. Estas dos últimas afirmaciones no solo son falacias teóricas, sino que encierran el propósito de llevar adelante una alianza de largo plazo con ese sector social donde sean los trabajadores los que sigan resignando sus esfuerzos productivos para ir a mantener y sustentar a la burguesía parásita.

Cuando se habla que Venezuela es de todos, se esta hablando que todos los parásitos, ladrones y asesinos de trabajadores también tienen cabida en este proceso. Es la expresión sintética del intento de conciliar a las clases, como si el señor Cisneros o Mendoza, tuvieran algo que ver con los campesinos, trabajadores o explotados. De las tres R mejor no vamos a decir nada y dejaremos que sean los propios hechos los que hablen por nosotros.

Frente a toda esa suerte de maletín de mago ideológico que posee el capitalismo para engañar y mantener la explotación, a los revolucionarios se les impone derribar piedra por piedra todas esas falacias en el seno del pueblo utilizando la propia experiencia de las masas como una gran escuela de formación política. Allí estaremos los guevaristas en primera línea enseñando y aprendiendo de nuestro pueblo.

Estas horas que empiezan a mostrar ya los efectos de la crisis capitalista en Venezuela solo queda luchar con los trabajadores, contra la burguesía y por el socialismo. Nadie puede detener la rueda de la historia y nadie será capaz de paralizar eternamente a la clase obrera y al pueblo explotado por este sistema caduco y podrido como es el capitalismo. Las tareas planteadas para los revolucionarios no serán fáciles de lograr y nadie nos regalará nada en este combate. No importa lo afrontaremos todo con la alegría que produce combatir por las causas justas y en la certeza que venceremos finalmente.

Nadie puede sentirse abatido en el seno del pueblo por el rumbo que sigue tomando este proceso reformista. Ha sido un tiempo de largo aprendizaje y tarde o temprano se expresará toda la rabia contenida en contra de la burguesía y se retomará el camino revolucionario hacia el socialismo. Allí nos encontraremos compañeros llenos de fervor revolucionario y convencidos más que nunca que todo se logra luchando. Ese es el camino guevarista y ese será el camino que finalmente adoptará nuestro pueblo.

MGR: Movimiento Guevarista Revolucionario


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