viernes, 22 de mayo de 2009

Frenar la depredación

Ximena Cabral (HOY DIA - PRENSARED)

La imagen de topadoras arrasando sobre los campos parece una postal que muestra las formas de acumulación y depredación para el siglo XXI. Tanto sobre el bosque nativo, como sobre las viviendas y las comunidades campesinas, el avance de la frontera agrícola a partir de un desarrollo de modelo productivo agro-exportador va intoxicando generaciones enteras.

“Paren de Fumigar” gritan diversos colectivos en nuestra provincia preocupados por el avance de los agrotóxicos, mientras movimientos campesinos denuncian el hecho de un nuevo desalojo y enuncian “la tierra para quien la trabaja, la tierra para quien la sueña”. Otras mesas y convocatorias, por su parte, hablan desde derechos y la posibilidad de un nuevo ordenamiento territorial para frenar el desmonte.

La cantidad de acciones que se fueron desplegando en estos días ponen en evidencia dos cuestiones: la avanzada sobre los bienes comunes para el beneficio privado y las concepciones sobre para quien es la tierra.

Por los bosques

Hace siete meses que desde la Comisión para el Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (COTBN) vienen organizando talleres participativos sobre cómo es la situación de los bosques y cómo cuidarlos. Cruz del Eje, Sebastián El Cano, Villa Dolores, Río Cuarto, Ballesteros, Río Ceballos y Villa General Belgrano fueron parte de los escenarios donde se discutieron las comunidades locales sobre como debería pensarse el ordenamiento territorial de los bosques nativos.

Esta iniciativa de establecer zonas de desmonte, que fue promovida por una ley nacional (ley Bonasso), permite diferentes interpretaciones hacia dentro de las provincias. En Córdoba, ante la emergencia que viene provocando el desmonte indiscriminado, diversos actores sociales de la universidad, del movimiento campesino y otros colectivos crearon la COTBN. En ese espacio de articulación se realizaron talleres y se diseñó el mapa de Ordenamiento Territorial que será presentado en la Legislatura Provincial, donde será votado el proyecto definitivo-.

Y es desde allí, que la Convocatoria interpela al movimiento campesino, a la comunidad universitaria, a guardabosques, a la mesa de trabajo por los derechos humanos, y tantas otras coordinadoras y colectivos en defensa de los bienes comunes.

¿Porque tantos actores?, ¿porque considerar que los bosques son parte de los bienes comunes? Al problema de la tala se encuentra directamente asociado al modelo productivo.

El avance de la frontera agropecuaria en la Argentina sojera va de la mano del desmonte para generar mas superficie de producción y, al mismo tiempo, de la mano de las fumigaciones y el uso de agroquímicos.

Las denuncias por químicos en pueblos enteros como en Montecristo o en Las Peñas (Totoral) sumadas a la experiencia de barriadas como Barrio Ituzaingo y las Madres que fueron denunciando un genocidio encubierto tras las malformaciones, y los casos de cáncer, son parte de las últimas imágenes que recuerdan lo que estas comunidades hacen para no enfermarse, para no morir.

Claro esta que si no fueran estos mismos actores que siguen poniéndole el cuerpo, organizándose como resistencia, ni siquiera podríamos conocer que en Argentina hay comunidades enteras, pueblos, barriadas que se enferman y mueren.

Del otro lado, desde la política institucional, la Ley Bonasso sale apurada después de las inundaciones de Tartagal ¿se acuerdan de Tartagal, la tala y la necesidad ante el diluvio de que seamos “todos solidarios”? y atada a las interpretaciones arbitrarias que puedan sucederse en las pujas de intereses de cada provincia.

Mas allá, recordamos el veto a la ley de Glaciares, la llegada de Pascua Lama (el emprendimiento minero que eriza la imaginación al pensar en el cianuro y comprobarlo con la cantidad de denuncias que tienen en Chile donde ya extraen) y exhiben una forma obscena de la voracidad de los intereses y los lazos entre poder político y económico. ¿El costo? Generaciones hipotecadas.

La maquinaria

“En el término de 24 horas deben desalojar” lee Roberto Bustamante en el paraje rural “Las Chuñas”, la semana anterior. Roberto, Ezequiel Bustamante, su padre, trabajó allí para Ernesto Peña de 1976 a 1978. El patrón, abandonó el campo, a su empleado y su familia por más de 22 años. En cuyo lapso el cuidado del campo recayó en quienes son sus legítimos poseedores y dueños por más de 30 años.

Esta situación es reproducida hoy e intensificada después que se instala la Argentina como el país de los agronegocios. Los primeros testimonios de Ramona Bustamante como icono del desalojo lograron pasar las pantallas, pero desde allí se viene arrasando con las tierras de las familias campesinas desde el silencio en la escena pública mediática.

¿Cual es el lugar para Roberto si se lo expulsa de su tierra?, ¿venir a la periferia de las ciudades?, ¿o quizás luchar alguna esquina para limpiar vidrios?, ¿que lo lleven detenido por su portación de rostro “con las “modernas” topadoras de ciudad?.

En este punto, la pérdida de tierra implica pérdida de sociabilidad, de formas de vida, de encuentros, de patrones culturales, de formas de sueños.

Al respecto, Horacio Machado, docente-investigador e integrante de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) aclaraba que “este modelo agrícola, basado en la semilla transgénica y el uso intensivo de agrotóxicos y energía fósil, constituye en realidad una gran maquinaria extractiva, que absorbe y expropia no sólo las energías naturales de los territorios sino también las energías sociales de las poblaciones finalmente desplazadas de éstos, sus hábitats y sus fuentes alimentarias originarias.”

Al mismo tiempo, y en forma paradójica, aclaraba como quienes “tienen conciencia de este ‘saqueo a gran escala’ son, para el sentido común dominante, las poblaciones históricamente estigmatizadas como ‘atrasadas’, los pueblos originarios y las comunidades campesinas que a lo largo de sucesivas generaciones con-vivieron con el monte, administrando la ‘vida’ en su diversidad en una perspectiva de ‘sustentabilidad real’, que es la del largo plazo de los ciclos de vida.”

Agronegocios, herbicidas, plaguicidas y el después son parte de las formas de arrasar tierras, habitat, vidas en un modelo neocolonial extractivo. En este escenario defender el verde, el arraigo a la tierra, y la necesidad del “Paren de” son parte de las urgencias, por más que el empapelado de campaña nuble el bosque.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.