martes, 19 de mayo de 2009

Reanuda los juicios en Guantánamo, no difunde fotos de torturas y perdona a la CIA

Emilio Marín (LA ARENA)

Cien días de gobierno suelen ser insuficientes para descalificar a un gobierno. Pero es un tramo donde se marcan tendencias. Y la administración Obama ya ha sacado una mala nota en derechos humanos.

Se nota que las cosas no marchan en la arena internacional tal cual el presidente norteamericano quería. En Afganistán sus aviones y helicópteros bombardearon el 13 de mayo a supuestos talibanes en la provincia de Farah y hubo 147 muertos civiles, entre ellos muchas mujeres y niños.

En Irak la situación no es mejor. A veces las bajas de los ocupantes se producen por balas propias, como el caso del soldado norteamericano que el 11 de mayo pasado abrió fuego y mató a 5 camaradas en un centro de asistencia psicológica en Bagdad. Esa gente está loca. Enloqueció bajo las órdenes de George Bush y no tiene cura con la continuidad de la ocupación.

En medio del apremio en los frentes de guerra, Obama considera que cualquier gesto a favor de la distensión podría ser visto como una muestra de debilidad. Y los republicanos están acusándolo precisamente de eso, de ser un flojo y bajar la guardia ante el "enemigo terrorista".

El afroamericano no quiere que lo acusen de poco patriota. En consecuencia, tomó varias decisiones para que sus opositores no puedan correrlo "por derecha". Quiere demostrar que él también se ocupa de la seguridad de los estadounidenses y que va a ganar la guerra, sobre todo la de Afganistán, con la que mayor compromiso tomó durante la campaña.

En primer término el presidente visitó la sede de la CIA en Langley, Virginia, y aseguró a los espías que habrá "Obediencia Debida" calcada de Argentina. Los que hayan torturado prisioneros políticos en Abu Ghraib (Irak), Guantánamo (Cuba) o en tantas otras cárceles secretas en los años anteriores, no tendrán juicios en su contra.

En segundo lugar, de los militares que hubieran incurrido en esa deleznable metodología, se ocuparán los fiscales castrenses, que por lo visto tienen otras preocupaciones. Luego de destaparse en 2006 las fotografías con las horribles torturas de Abu Ghraib, apenas si fueron sancionados un par de militares subalternos y otros pasados a retiro. De enjuiciar a los responsables en ese teatro de operaciones y a la Junta de Estado Mayor, ni hablar.

Obama recurrió a otro expediente también conocido en la Argentina de Jorge R. Videla: los "excesos" habrían sido cometidos por "unas pocas manzanas podridas". Se sabe que en nuestro país durante la dictadura y en Estados Unidos con Bush, hubo órdenes de los jefes, manuales, supervisiones, etc. Y todo eso fue aprobado por los gobiernos.

El actual ocupante de la Casa Blanca incurrió en una tercera capitulación: ordenó que las fotos sobre las torturas no fueran entregadas a la Asociación Americana por los Derechos Civiles (ACLU) pese un fallo favorable de dos instancias. De todos modos el canal de televisión australiano SBS difundió esas imágenes el 16 de mayo, por lo que la prohibición fue tan inútil como tapar el sol con la mano.

Política anticubana

Otra novedad de Obama fue que se reanudarán los tribunales militares especiales en Guantánamo, en la zona que EE.UU. usurpa a Cuba desde principios del siglo XIX. A poco de asumir, el 20 de enero pasado, había condenado las torturas y suspendido por cuatro meses el funcionamiento de esos tribunales.

Ahora los ha reanudado, pese al repudio de sectores del partido demócrata, pues seguramente el Caucus no estará de acuerdo, así como la citada ACLU, Human Rights y Amnistía Internacional.

La última entidad fulminó la medida diciendo que "un sistema que es básicamente injusto no se puede reformar". En cambio, planteó que el sistema penal norteamericano está acostumbrado a entender en casos complicados y ese es el ámbito adonde el gobierno debería llevar a los presos de Guantánamo que quiera enjuiciar.

En la actualidad hay aún 241 personas en ese limbo legal, que han sufrido torturas y trato degradante no de un mes o un año sino de mucho tiempo, pues algunos están en esos calabozos desde 2002. Hasta el año pasado hubo allí una decena de niños.

El reinicio de los juicios en Guantánamo es una pésima noticia para los derechos humanos en EE.UU. y el mundo. Esto es así aún cuando Obama haya decidido mejorar la situación procesal de los detenidos con mayores garantías legales. Por ejemplo, se dice que no se podrán usar en su contra elementos de prueba obtenidos por la tortura, que era moneda corriente y el ex vicepresidente Dick Cheney sigue defendiendo con el mismo argumento de Ramón Camps:"permitió salvar vidas".

Y también es un mal gesto hacia Cuba. En la medida que Washington vuelva a darle ese uso inhumano a Guantánamo, eso acumula en forma adversa a las demandas del gobierno de Raúl Castro de que le devuelvan los predios y la bahía. Ya se sabe para qué los van a seguir usando los militares del imperio... Algunas entidades de pátina progresista de EE.UU. habían recomendado que cerraran la cárcel y destinaran las instalaciones al estudio de enfermedades tropicales, pero sin arriar la bandera de la barra y las estrellas, algo que los cubanos no iban a consentir. Ahora es peor. Seguirá siendo la capital de la picana y métodos más científicos para torturar la carne y la psiquis de los acusados de ser "combatientes extranjeros" de Al Qaeda.

La paja en el ojo ajeno

La justificación de la tortura corrió por cuenta del gobierno republicano, al calor de la "guerra contra el terrorismo" comenzada en octubre de 2001.

Pero sin la complicidad de amplios sectores de los demócratas, tal tortura no se podría haber implementado durante tanto tiempo y en tantas cárceles desparramadas a lo largo del mundo.

La demócrata Nancy Pelosi, líder en la Cámara Baja, fue señalada por Cheney y voceros de la CIA de haber sabido de aquellas metodologías y no haberse opuesto. Pelosi arguyó que fue engañada por la CIA, que le habría asegurado que la técnica del "submarino" (de introducir la cabeza del preso hasta el límite del ahogamiento) no se empleaba. Sus críticos dicen que sí sabía que era empleada esa y otras formas de torturas, que el ex vice de Bush califica eufemísticamente de "técnicas de interrogación mejorada".

No es descabellado suponer que Hillary Clinton, senadora por Nueva York durante los últimos años, también estaba al tanto de esos métodos aberrantes. Y si no lo sabía, desde 2006, con las fotos de Abu Ghraib, ya lo supo y no actuó en consecuencia, un criterio que también vale para el entonces senador Obama.

Una parte sustancial de las autoridades y de la propia sociedad norteamericana considera que en el combate contra "el terrorismo" vale todo. Así se entiende que 35.000 niños de 14 años participen del programa "Exploradores" en 2.000 centros policiales. Se preparan con armas para "combatir fenómenos como el terrorismo, la inmigración ilegal y la violencia en la frontera" (Jennifer Steinhauer, The New York Times y La Nación, 15/5).

Lo notable del caso es que pese a las violaciones pasadas, presentes y lamentablemente futuras que cometió, comete y cometerá EE.UU., aún así pretende erigirse en fiscal de los derechos humanos en el mundo. A fines de febrero último, ya con Hillary en esa cartera, el Departamento de Estado difundió su habitual informe sobre el cumplimiento de los derechos humanos en el planeta.

Allí hizo imputaciones a Cuba, Venezuela, Irán, Siria, China y una larga lista de países. Simplemente a modo de ejemplo, a la isla socialista le reprochó que "hubo un incremento de la supresión de la libertad de expresión y de asamblea comparado con el año anterior". A Caracas le imputó que "la comunidad de organizaciones no gubernamentales advirtió de una erosión de los derechos democráticos y los derechos humanos con consecuencias potencialmente severas". A China le cuestionó que "el balance en materia de derechos humanos sigue siendo malo y empeoró en varias regiones, como en la región autónoma uigur de Xinjiang y en el Tíbet".

Cada uno de los países acusados le respondió a la canciller Clinton. "Instamos al lado estadounidense a reflexionar sobre sus propios problemas de derechos humanos", dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores chino.

Pero ese pedido cayó en saco roto. Washington viola los derechos humanos en su casa y en el orbe, pero acusa a los demás con un informe falaz que omite lo más grave: el capítulo estadounidense.

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