martes, 9 de junio de 2009

Gana la derecha en Europa y en España: La corrupción y la paciencia

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Gana la derecha en Europa y en España, aunque sólo sea por dos diputados: 23 a 21. Los resultados en la Comunidad Valenciana y Madrid sugieren que los escándalos de corrupción no hacen mella en el PP. En el PP sólo, no. Al final no hacen mella en toda la España dominante a la que lo único que le falta es apoderarse de la Moncloa. Me refiero a la España eternamente triunfante: la empresarial, la bancaria, la dueña de las fincas, de los pazos, de los cotos de caza, de los latifundios, de los huertos solares y de las arcas públicas de numerosos municipios y variadas Autonomías; de la mayor parte del dinero circulante y fiduciario. En fin.

Y es que no sólo no hace mella la corrupción, es que la corrupción potencia al poder de hecho. Cuanto más corrupto, más poderoso. Cuanta más pederastia -un crimen-, más argumentos contra el aborto -un derecho. Cuanto más fascismo, caciquismo y latrocinio a la vista de todos, más éxito político, más euforia y más sensación de estar en posesión, los corruptos, los que les corean y les votan, de la verdad y de lograr el acierto. Hay muchas clases de corrupción, pero todas tienen en común que el corrupto aparenta honestidad y excelencia cuando realmente es un rufián. Al final apariencia, engaño, farsa, histrionismo. Por eso el corrupto tiene mucho de fascista.

Dice Chateaubriand en sus “Memorias de ultratumba”, hablando del fracaso de las tropas napoleónicas en España, que las represalias no hicieron mella porque en España la represalia era cosa natural... Lo mismo puede decirse de la corrupción. En España la corrupción es cosa natural, paraíso de los corruptos. Sus precursores son los pícaros... Pero, por lo que se ve, la epidemia alcanza también ya a la Europa "clásica". Y desde ahora, más. ¿De qué sirven los comités de investigación, los jueces, estrella o no, y los tribunales que hieden, si el tejido social representado por una amplia mayoría, compacta y feliz, premia constantemente en las urnas a los canallas que saben robar y corromperse?

La España decente poco tiene que hacer. Cuando la indecente habla en los mítines y en las emisoras de radio de competitividad, de esfuerzo y de "hacer los deberes" ¿a qué se refiere si no a las artes de la corrupción que procuran el poder doméstico y refuerzan el europeo? Atención, porque estamos asistiendo a un proceso de fusión de los fascismos nacionales cada uno con su peculiaridad.

La corrupción empuja al poder y a permanecer en el poder. La decencia, la voluntad de decencia, no se cotizan, no se venden, no interesan al conjunto de la sociedad occidental. Lo vemos por los resultados de ayer. Para eso aquí, tras el caudillismo, querían, y quieren, tantos la democracia. Para eso querían, y quieren, tantos la libertad: para violarlas como el proxeneta viola una vez tras otra a un niño, a un efebo o a una ramera desgraciados.

Aquí las leyes de la izquierda no sirven apenas para nada, las incumple o las transgrede la derecha directamente. Y cuando es la derecha la que legisla, prepara hábilmente sus leyes para burlarlas con facilidad.

Yo, francamente, no sé qué se puede hacer. Lo único que nos queda es la paciencia. Al fin y al cabo la paciencia es -dice Mao- la principal virtud del revolucionario...

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