miércoles, 22 de julio de 2009

El Salvador: Los líderes de la iglesia deben seguir el ejemplo de Monseñor Romero

Alma Vilches (COLATINO)

La acostumbrada homilía celebrada en la Cripta de Catedral Metropolitana tuvo como mensaje especial este domingo, que los pastores o líderes de la iglesia deben seguir el ejemplo y modelo de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien entregó su vida por decir la verdad.

El sacerdote encargado de la homilía, fray Óscar Antonio Granados, dijo que el evangelio de este domingo hace una motivación a los pastores a seguir la vida de los muchos mártires salvadoreños, especialmente el último de ellos, «el mártir ecológico Marcelo Rivera», quien fue secuestrado y brutalmente torturado, y que al parecer estuvo recluido por cerca de 10 días. Su cuerpo fue encontrado el primero de julio y entregado a sus familiares diez días después.

«Es un llamado a que podamos renovar nuestro compromiso con el Señor para que logremos ser realmente pastores, que sientan con la Iglesia y tengan sensibilidad humana para con lo que le ocurre a todos los cristianos de este país, para no dejar ninguna situación en el olvido, porque en todas ellas está la presencia de Dios», enfatizó Granados.

A criterio del religioso, en el caso de Marcelo Rivera se debe seguir el debido proceso de investigación y exigir a las autoridades competentes no seguir con el encubrimiento criminal, ya que debe existir transparencia en el uso de la información que se brinda a la ciudadanía.

Asimismo, se intercedió por los hermanos nicaragüenses, quienes conmemoraron el 30 aniversario de la revolución sandinistas, y de igual forma, por el pueblo hondureño que continúa su lucha por la búsqueda de restablecer la constitucionalidad y que pueda regresar al país el presidente electo Manuel Zelaya.

Al inicio de la homilía se recordó las palabras que hace 30 años pronunció Monseñor Romero, al referirse al pueblo de Nicaragua:

«Nuestro primer saludo de esta mañana es para nuestra hermana República de Nicaragua, los saludo con sentido de oración fraternal y solidaridad porque hoy más que nunca necesita ese apoyo espiritual.

La alegría que nos da el inicio de su liberación nos hace también preocuparnos por esa alegría de libertad, para que no vaya a ser una frustración sino que el Señor que ha sido bondadoso siga siendo la inspiración de ese pueblo».

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