martes, 14 de julio de 2009

Latinoamérica despierta: El coletazo de las burguesías

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

Sin duda, lo que está viviendo América Latina en esta primera década del siglo 21 es un auténtico cambio de época. No es una época de cambios sino un cambio de época.

Quienes ya hemos vivido 50 o más años, y hemos estado atentos a manifestaciones varias, nacionales e internacionales, podemos dar fe de este cambio de época.

Lo que parecía imposible

¿Alguien pensó, en un ejercicio de ciencia ficción, que la vieja y corrompida OEA, que expulsó en 1962 a Cuba, por ser “un país comunista” y que toleró y apoyó cuanto gorilazo se dio en el pasado; en el 2009, suspendería a la Honduras del Michellette ese y le dé plazos para que restablezca en el poder a su legítimo presidente, el liberal progresista Manuel Zelaya?

¿Alguien pudo suponer siquiera que el gran imperio del norte, el que armó y financió a un ejército mercenario al mando del gorila Castillo Armas para que derroque por las armas al Presidente legítimo de Guatemala, Juan Jacobo Arbenz, solo porque este amenazaba los “derechos” de la Standar Fruit, ante el derrocamiento de Manuel Zelaya votara en la OEA contra este golpe de estado y permitiera que, desde su capital, despegara un avión venezolano con el presidente depuesto, volando a su capital, para recuperar el poder brutalmente suspendido por un gorilazo completa y totalmente fuera de tiempo?

¿Alguien pudo advertir que el Presidente Zelaya, un hacendado muy tradicional, elegido por el más tradicional Partido Liberal, “haya traicionado” a su clase política y económica y haya pretendido llevar a su país hacia una constituyente que reforme su vieja y ultra conservadora constitución, con miras a cambios y transformaciones que saque a esta sufrida nación de su postración política, económica y social, en la que los amos criollos la han mantenido desde siempre?

¿Alguien pudo suponer siquiera, que un presidente de Ecuador, de ese Ecuador de Ponce Enríquez, Sixto Durán, Oswaldo Hurtado, Lucio Gutiérrez, no solo que fuera primer actor de una actitud valiente y digna y haya volado a Washington para acompañar al Presidente depuesto, en su ensayo por recuperar el poder suspendido bestialmente?

Tales supuestos, sin embargo, son hoy en día perfectamente factibles en esta América Latina india, mestiza, negra y algo blancuzca.

Estamos diciendo basta

Alguien dijo hace poco que “si no hubiese habido un Allende, habría sido imposible que aparezca un Chávez, un Evo, un Correa, un Lugo, una Cristina, un Ortega, un Funes, un Zelaya y hasta un Lula.

Simple y llanamente, las grandes masas latinoamericanas están diciendo basta. Basta de tanta explotación, basta de tanta represión, basta de tanta ignominia, basta de tanta inequidad; y, por último, basta de tanta mentira disfrazada de “democracia y libertad”.

Y, lo más interesante: que esta ola revolucionaria (por lo menos, de cambios significativos) se esté dando a través del esquema de la “democracia representativa” que el Imperio y sus muchachos la estimaron insuperable. De manera especial, la tal democracia representativa le valió a la burguesía continental, para salir de las pesadas y criminales dictaduras militares y civiles del siglo pasado; y, a título de democracia y libertad, imponer gobiernos tan autocráticos o más que sus gorilas antecesores. En Ecuador se dio el caso patético del gobierno “democrático y constitucional” de León Febres Cordero (1984-1988) que fue un gobierno mucho más retardatario y criminal que la dictadura de los gorilas cuadrúnviros ((1963-1966) y que no tuvo punto de comparación con la llamada “dictablanda” del General Guillermo Rodríguez Lara (1972-1975)

El primero que logra un triunfo electoral inapelable y pretende introducir cambios estructurales en la pacata y ultra conservadora sociedad chilena es Salvador Allende. Ese ensayo socialista desde la democracia y la paz, fue víctima de una feroz conjura del gorilismo más puro y siniestro, auspiciado y financiado por el imperio, junto a una oligarquía (no solo chilena) ultrista, que no le perdonaron ni la vida y que introdujeron a ese genocida de Pinochet y su banda de asesinos, por 17 años en el poder más sangriento y feroz que se haya conocido en América Latina.

Al parecer, se habían cerrado las vías para procesos revolucionarios, ni en paz peor en guerra de guerrillas. El imperio puso todo su empeño en cortar por lo sano todo empeño, proceso o movimiento que suene a Cuba revolucionaria. Había que preservar “la democracia y la libertad” (léase neoliberalismo) a cualquier precio.

Y entonces, llegó Hugo Chávez

Hasta que apareció en el firmamento del Socialismo Siglo 21, el coronel “golpista” Hugo Chávez Frías. Contra todo pronóstico (de la plutocracia, desde luego) ganó las elecciones presidenciales de 1998 y, desde entonces, precisamente a través de nítidos triunfos electorales y democráticos (10) ha ido imponiendo lo que en Venezuela se llama la Revolución Bolivariana. Una revolución que comenzó por liquidar políticamente al binomio plutocrático de adecos y copeianos (social demócratas y demócrata cristianos) que se repartieron el país, durante cuarenta años. Las misiones, la operación milagro, las escuelas y colegios, las clínicas y hospitales para los sectores marginales de Venezuela (que permanecían en la pobreza extrema y en la marginación total, a pesar de que eran la mayoría poblacional; y a pesar de la incalculable riqueza petrolera) convirtieron a la revolución bolivariana en una opción concreta; y a Hugo Chávez, en un líder indiscutido; un líder además que ha tratado de apoyar los movimientos de emancipación y de desarrollo con dignidad, que se están dando en otras latitudes, de esta América mestiza.

Contra Chávez, la retardataria clase económica y política, más una cúpula militar golpista y el consabido apoyo del imperio, ensayó un golpe de estado (abril/2002) y llegó a desplazarle del poder, por 48 horas. EE.UU más algún país europeo pretendieron “reconocer” al usurpador Carmona; pero, el pueblo venezolano salió a las calles y con el apoyo del sector progresista del ejército, restituyó a su legítimo Presidente en Miraflores (sede del gobierno venezolano)

Quizá este episodio marca dos hechos muy importantes: que la plutocracia todavía estaba viva en Venezuela y dispuesta a todo, con tal de parar el proceso bolivariano; y que el pueblo venezolano, apoyado por un sector progresista del ejército, no estaba dispuesto a dejarse arrebatar ni su revolución ni su líder.

Todavía están vivos

Lo ocurrido en Honduras (junio-julio 2009) es una nueva demostración de que los grupos de poder plutocrático todavía están vivos y dispuestos a jugarse el todo por el todo, con tal de detener estos movimientos transformadores de realidades ciertamente extremas. La oligarquía hondureña no estaba dispuesta a correr riesgo alguno, ni siquiera con una consulta popular que pusiera en riesgo su retardataria constitución “blindada”.

En una acción que creíamos ciertamente del pasado, un grupo “selecto” de su ejército, allanó el domicilio del Presidente Zelaya, lo sacó en pijama y lo llevó a Costa Rica. Después, los golpistas pretendieron “darle una cara constitucional” a su agresiva acción de armas. Pero, el ALBA, la OEA, los países centroamericanos y hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas, condenaron el hecho y resolvieron que la única salida sería la restitución sin condiciones del destituido por las armas Presidente Zelaya.

El mundo entero, América Latina en particular, esperan impacientes que termine de abortar el golpe gorilesco y que no solo se restituya la autoridad constitucional del Gobierno Zelaya sino que Honduras avance en su proyecto de cambio y transformación.

Lo contrario sería la admisión de que todavía ronda el peligro de que el gorilismo de los años 60 – 70 – 80 vuelva a imperar en nuestros países. Y que este se imponga como “fórmula grotesca” de parar los nuevos vientos que soplan con fuerza en América Latina.

¿Será posible tamaño despropósito?.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.