martes, 14 de julio de 2009

Los terremotos económicos de los G

Joaquín Rivery Tur (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

La región italiana de L’ Aquila, testigo reciente de un sismo devastador, pareció este fin de semana soportar las consecuencias del terremoto económico que estremece el planeta desde hace año y medio.

Ahora el sacudón estremeció los cimientos del G-8 (los países más poderosos del planeta). Tal vez simbólicamente por el significado del doble cataclismo, el tectónico y el económico, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, escogió esa localidad para celebrar una reunión sui géneris, algo más que el G8, pero menos que el G20 que va cobrando fuerza internacional.

Aunque las agencias han destacado sobre todo el acuerdo de los más poderosos de obtener un control ambiental encaminado a que el clima no suba más de dos grados hasta el 2050 en comparación con 1990, se trató de un logro parcial, pues encontró objeciones serias por parte de China, India, Brasil, Sudáfrica y México, economías que no se pueden desdeñar por su peso mundial.

Los no miembros del grupo élite no están de acuerdo con el supuesto consenso alcanzado, porque fue concretado entre los ocho más ricos y lo consideran completamente insuficiente e incluso inalcanzable.

Este no era el punto esencial. Lo fundamental era la crisis económica, que nadie sabe cómo atajar, a pesar de que la propaganda repite una y otra vez que hay señales de recuperación en Estados Unidos y otros países. Que se sepa de forma concreta, la única nación con los pies firmes y en desarrollo es China.

Sin China no parece ser posible lograr nada y Beijing hace esfuerzos porque el mundo no se hunda más en el abismo.

Incluso, la moneda norteamericana sufrió un ataque frontal en L’ Aquila, cuando las autoridades del estado asiático pusieron sobre la mesa la necesidad de crear una moneda de reserva que no sea la norteamericana. Fue otro escalofrío para Washington.

El G8 de las mayores economías se vio contrariado por el bloqueo de las discusiones con el G5 de potencias emergentes para reducir a la mitad las emisiones contaminantes antes del 2050, porque no lo creen posible.

Como los peligros de estallidos sociales se multiplican con la crisis, por parte de los más ricos volvieron a sonar las promesas de millonarias inversiones en el Tercer Mundo, que se vienen haciendo hace décadas sin cumplirse nunca.

Desde el inicio de la crisis, más de 100 millones de personas incrementaron el ejército de los hambrientos en el mundo, que por primera vez suman más de mil millones, según datos de la ONU.

En L’ Aquila hubo otra sacudida mayor, como si fuera una réplica del terremoto. El G-8 llegó a la conclusión de que ellos no pueden gobernar solos un mundo soliviantado y hambriento, y abogaron por la desaparición de su grupo para convertirlo en el G-14, en el cual se incluirían los países presentes en la ciudad italiana.

Ello lleva a un cóctel con las G, pues en realidad ninguno pretende desaparecer.

No se puede olvidar que también existe un G-20 de los más poderosos, e incluso un G-77, que se enfrentan a las maniobras que los más poderosos.

En resumen, la reunión de L’ Aquila no arrojó resultados concretos de ninguna clase. Igual que otros encuentros anteriores. La crisis se mantiene y ahora los más ricos se percatan de que no pueden regir un mundo ingobernable bajo el capitalismo.

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