martes, 11 de agosto de 2009

La España proteica

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Jano es un dios de la mitología griega que tiene dos caras. Pues bien, una de las caras de ese dios residente en España es fea como un demonio: la del corrompido, la del ladrón de guante blanco, la del marrullero, la del intrigador, la del conspirador, la del cínico...

La otra cara está un poco más acicalada por los maquillajes, pero tampoco es agraciada. No llega a la otra fealdad pero el paso del tiempo y la pérdida de maquillaje van poniendo también al descubierto su asquerosa faz.

La fea fea es la de la derecha española. Dividida entre el espíritu conservador al que no hay nada que oponer y el espíritu depredador salvaje, es éste último el que predomina aliado a la alta corrupción que da grima a su aspecto general. En cuanto a la otra, la que representa el socialismo, del socialismo que predicó la izquierda oficial y que le proporcionó el poder no queda ahora nada más que el polvo de los cadáveres vivientes súbitamente cesados por la estaca o el conjuro.

La cara de la derecha es la del cinismo en persona. La de la izquierda, la de la hipocresía también encarnada. Y como ésta ahora ostenta (¿o detenta?) la gobernación, anula la esperanza pues su presente desalienta. No sólo traiciona la bandera de su socialismo primigenio con su repentina devoción por la monarquía; no sólo gratifica a una Iglesia enemiga suya enquistada en un Estado laico; no sólo se entusiasma con la economía de mercado y el capitalismo; no sólo es miedosa y mezquina su distribución fiscal de la riqueza... Es que a todo eso se añade haberse convertido en uno de los principales escuderos del imperio. Después de enviar tropas a Afganistán y abrochar allá la indecencia estadounidense, ahora es el único gobierno occidental que celebra las bases del imperio en Colombia contra el parecer, además, de la mayoría latinoamericana.

Y es que en este asunto de la panhispanidad, a diferencia de la pananglosajonización, la derecha de Aznar, una cara, y la izquierda de Zapatero, la otra, se pintan solas para distanciarse del espíritu mundial de habla hispana con tal de recibir unas migajas del imperio o una caricia en la espalda de los emperadores que atracan al planeta con sus maniobras, fechorías, rapiñas y guerras de saqueo.

La España de Cervantes, o bien –como se quieran ver- las dos Españas, la de Madariaga o la de Albornoz, en la versión política de la derecha y la izquierda oficiales, nada tienen que ver ni con la dignidad ni con la gallardía ni con la Política que aspira a ser modelo de democracia y paradigma de políticos. Rivalizan justamente en indignidad y en injusticia.

En tales condiciones, no hay que ser muy sagaz para otear que la abstención electoral e invalidante es el futuro.

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